S?bado, 11 de enero de 2014

Un mal día los gobiernos de todo el mundo decretaron el final del pensamiento, el fin del razonamiento y de la razón crítica, con el fin sustituir a los ciudadanos por súbditos, a los seres racionales y pensantes por irracionales susceptibles de ser conducidos en manadas, fáciles de aleccionar, obedientes, temerosos. En lugar de individuos libres, pensantes, con capacidad de crítica y de autocrítica, sólo hubo cuerpos para el trabajo, y trabajo para la subsistencia, y para el consumo dirigido por el poder si es que creían haber conseguido algún excedente en sus salarios.

Con ese fin se eliminó, de las escuelas primero, de las universidades después, todo aquello que pudiera propiciar el ejercicio de la razón, del pensamiento crítico. También en vistas a lograr esta finalidad se encarecieron los libros, se empobrecieron las bibliotecas hasta que terminaron cerrando. Se dejó de subvencionar públicamente la producción de las artes escénicas, el cine y el teatro, al mismo tiempo que se gravó con tal carga impositiva el acceso de los espectadores a lo que quedaba de ellas, que se convirtieron en algo residual. No hay dinero para la cultura. La cultura es inútil, no produce bienes fungibles. Un poco más tarde se quemaron los libros que aun quedaban en las casas. Sí, a 451º Farenheit.

La vida de los antes ciudadanos se empobreció hasta la imbecilidad. De un trabajo, quienes lo tenían, sin ningún sentido para su propia existencia, en el que pasaban las horas que “el mercado” les exigía de acuerdo con sus conveniencias, pasaban a contemplar, como zombies, la basura informativa-manipuladora y la basura de “entretenimiento” que les ofrecía esa pantalla de plasma tan grande como se habían podido permitir. Sí, la mayor ilusión de los grupos-familias, disociados entre sí, era llegar a cubrir las 4 paredes de la casa de maxi pantallas de TV, para no estar nunca solos, para no estar nunca en silencio, para no poder dialogar, para no poder pensar.

Orwell dijo que esto pasaría en 1984. Puede que tarde unas décadas más en culminarse el proceso. Pero el proceso hace tiempo que está en marcha. Y va deprisa. Sobre todo en nuestro país, donde la Filosofía es ya una asignatura optativa, en el mejor de los casos, y sólo para el Bachillerato de Letras. Si este gobierno conservador -que sólo conserva lo peor y recupera lo nefasto- pudiera, eliminaría la Filosofía también de la Universidad. Es más, su tendencia es hacer desaparecer los Departamentos y las Facultades de Filosofía. Y eso es lo que hará, si los que aun podemos hacerlo no reaccionamos. Porque conocer en qué consiste la actividad y la actitud filosófica, conocer la Historia de la Filosofía, hace posible que comprendamos lo que diferencia lo mítico de lo científico y de lo racional, nos permite reconocer un sofisma, un razonamiento engañoso con apariencia de verdad, una incoherencia lógica, una mentira, un engaño, en definitiva. Hace posible que estemos en situación de reconocer los instrumentos y medios de los que se vale el poder económico, político o religioso (siempre en connivencia entre ellos), para oprimirnos, sojuzgarnos y privarnos de capacidad  de decisión libre, y así, al reconocerlos, podamos tener la capacidad, ahora sí, de librarnos de ellos. Esa es el arma a la que más teme el poder, porque ninguna fuerza puede vencerla.

Amparo Ariño es doctora en Filosofía y Profesora Titular en la Universitat de València.


Publicado por NataliaEsVedra @ 10:59
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