Martes, 29 de octubre de 2013

TdE/A veces, ante graves problemas, quizás la solución más sencilla y directa es aquella a la que -por ser tan evidente- no prestamos atención. Creemos -o más bien nos han hecho creer tras largos años de constante bombardeo propagandístico- que una solución de ese tipo es completamente inadmisible; no serviría algo tan sencillo para solucionar un problema tan extremadamente complejo que escapa por entero a nuestras cortas inteligencias. Probablemente quienes nos digan esto sean los mismos que crearon o se beneficiaron del sistema imperante.

En cuanto a los problemas económicos que nos afectan, quizás la solución pueda ir por ahí.

Este problema tan fundamental, tan complejo, tan espeluznante es en general el económico y en particular el de la deuda. Hablemos ahora del segundo.

El Estado español gastará 36.520 millones de euros del presupuesto del año 2014 (1) en el pago de intereses de la deuda.

Actualmente tenemos tres actores que actúan -nunca mejor dicho- en este circo:

Por un lado, las agencias de calificación. Merced a tropecientos datos y variables, elaboran informes y estimaciones complejísimas de las posibilidades de pago, índices de crecimiento, etc. etc. de estados y grandes empresas, que todos creen a pies juntillas. Ahora nadie se acuerda de que dieron la máxima calificación -tan sólo unos meses antes- a los bancos que quebraron en el primer capítulo de la crisis y que prendieron la mecha de la bomba que nos explotó en la cara. Pero sus dictámenes siguen siendo incuestionables. Resulta curioso que a muchos progres –y otros que no se la dan de tanto- de champan y caviar (o progres con bocadillo de chorizo y cerveza, tanto monta…..) les resulte tan sorprendente la infalibilidad del Papa de Roma y sin embargo acepten -sin rechistar- las de estas agencias, o el sistema económico que nos impusieron.

El segundo actor de esta tragedia -no se me ocurre un nombre más apropiado- son los inversores: se basan en esos informes para comprar empresas, deuda o lo que sea, incluyendo “jugar” con el precio de los alimentos, acaparándolos para que suba el precio por la escasez y matando o empobreciendo a millones de personas. Y en base a esos informes, ponen precio a los bienes: son ellos los que ponen el precio que hemos de pagarles por comprar nuestra “deuda”. Y lo mejor de todo es que nos prestan un dinero que no existe -por mucho que nos quieran hacer creer lo contrario- sino como apunte contable en la memoria de un ordenador, por el que tenemos que soportar recortes, recortes y todavía más recortes. Y rescates y rescates y todavía más rescates. Son estos especuladores los que nos empobrecen, los que nos matan poco a poco sin que vayamos dándonos mucha cuenta de lo que realmente nos está sucediendo. Y no olvidemos a las bolsas: ¡¡horror, terror y pavor!! Las bolsas han caído un “no secuantos” por ciento, nos dicen los telediarios y la prensa tremendamente alarmados por el dato. ¿Y qué quiere decir esto? pues muy sencillo, que no sé dónde un señor -por llamarlo de alguna manera- ha perdido dinero con sus acciones. Pero no olvidemos que ese señor tiene una auténtica fortuna, no le va a pasar nada por no tener unos cuantos milloncejos de más o de menos. Además, en la próxima especulación que haga, puede recuperarlo e incluso doblarlo o mucho más. Realmente, esto no debería afectar a la economía de un país en absolutamente nada, si lo miramos de forma objetiva.

Y no olvidemos que muchos de los accionistas de esas esas empresas de calificación son también -qué curioso- estos mismos inversores. Algo así como el dicho popular: yo me lo guiso, yo me lo como; así de sencillo.

Y el tercer actor -imprescindible, completamente necesario y quizás el más culpable de los tres- son los políticos. Son ellos los que consienten -por acción o inacción- todas las felonas tropelías de los dos primeros. Son ellos los que, o antes o después de su función pública, ocupan cargos de consejeros en grandes empresas, generalmente relacionadas con la actividad que tuvieron en el sector público. Son los que han hecho que perdamos nuestra soberanía como estado. Son los que nos precipitan al abismo…..pero cada cuatro años, la inmensa mayoría del rebaño los vuelve a votar, creyendo que esta vez -sí- nos sacarán del atolladero en que ellos mismos nos metieron. La perdición del hombre es el olvido.

Y teniéndolo todo listo, que comience la función. ¡¡Suena la música en las tres pistas del circo!!: los primeros han escrito la partitura de la música (son los compositores), los segundos interpretan esa partitura(los músicos) y los terceros ejecutan los números ya ensayados, al son de la música (los artistas). El cuarto integrante de este circo somos nosotros: espectadores necesarios y sufridos que no podemos actuar en la pista, sino simplemente ver cómo se desarrolla la farsa circense. Podríamos irnos de la función -algunos ya lo hacen, otros incluso no hemos llegado a entrar nunca- pero quedan muchos en las gradas, ya que han comprado la entrada -han depositado su voto- para participar, al menos como espectadores.

Dos leyes han hecho posible semejante disparate. Y de paso, diremos que no es raro que hayan sido ignoradas por la prensa, ya que sabemos que -cada vez más- los grandes grupos empresariales extienden sus interesados tentáculos a todas las actividades para poder ir controlando la situación, hacer campañas de prensa en favor de sus intereses y encauzar a la opinión pública hacia sus dogmas incuestionables.

Por un decreto-ley de 1962 se nacionalizó el Banco de España, “….configurándolo en todos los órdenes como un apéndice directo del Gobierno, mantuvo su tradicional función de financiar al Estado”. Con la entrada en la Unión Económica Europea esto cambió radicalmente: por la ley de 30/1980 de 21 de Julio, el Banco de España “no podrá adquirir directamente del Tesoro valores emitidos por éste, sin perjuicio de que pueda efectuar operaciones en el Mercado de la Deuda Pública” (2).

Es decir; antes el Banco de España tenía la potestad de financiar al estado sin inversores, mercados, primas de riesgo ni nada que se le pareciese. La diferencia entre un sistema y otro es brutal: con el primero, la soberanía estaba más o menos asegurada, al no tener que depender del exterior. Sin embargo con la segunda, sí dependemos del exterior, con lo que ello lleva implícito: altos intereses creados artificialmente por las causas anteriormente descritas.

La segunda de estas leyes es la reforma de la Constitución. Cada vez que se habla de modificar la Constitución, todos los partidos dicen lo mismo: no se puede hacer deprisa y corriendo, esto necesita consenso, etc. Sin embargo, en tan sólo una semana, PPSOE reformó la Constitución para añadir esto: ”los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos Y SU PAGO GOZARÁ DE PRIORIDAD ABSOLUTA”(3). Las mayúsculas son mías. Pero esto es ya brutal porque la prioridad del estado no es el bien común, ni aplicar la justicia, ni velar por los ciudadanos; la prioridad del estado es PAGAR a los inversores que -no nos cansaremos nunca de repetirlo- nos prestan un dinero que no existe sino como apunte contable.

Y los más curioso fue la fecha en que se hizo esta modificación; diez días antes de las últimas elecciones generales. Ganase quien ganase, ganarían los de siempre: mercados, inversores y demás ralea.

Por otro lado, también dice la Constitución: “Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su aprobación”(4). Tengo mala memoria, pero no recuerdo que esto se haya sometido a referéndum, porque está bastante claro el resultado que habría obtenido. Y eso no se lo podían permitir.

Así mismo, la Unión está redactando -quizás haya sido finalizada ya- una nueva Ley por la cual podrá, incluso, anular el presupuesto de cualquier estado miembro, si éste no se atiene a las directrices comunitarias. Probablemente, tampoco los medios le darán cobertura de ningún tipo a esta, para que no nos enteremos de que nuestra soberanía ya no es nuestra, sino de otros.

O el tratado de Maastricht, que se votó en dos países -creo recordar que fueron Irlanda y Holanda- y el resultado de la votación fue negativo…..y el resto de países no lo sometió a referéndum, para que saliera adelante como fuera. El presidente español Rodríguez, en un ejemplo de transparencia democrática, consideró -o le hicieron que considerara- innecesario que los ciudadanos se pronunciaran. ¿Es esto el gobierno del pueblo?

Y ¿qué podemos hacer?

Está claro que con “mareas ciudadanas”, ”huelgas generales de un día”, ”indignación callejera” y “regeneración democrática” no llegamos a ningún sitio al que merezca la pena llegar. Ellos nos estarán esperando justamente ahí. Se impone una Revolución profunda, ya que las causas de esta debacle que vivimos viene de su falta absoluta de valores, de su materialismo y de un sistema político -la democracia- que ni es el gobierno del pueblo, ni es beneficioso para él, como se ha demostrado ya en los tiempos que vivimos.

En lo económico, la solución de manera muy esquemática, ya que no es el propósito de este artículo, pasaría por:

La nacionalización de los bancos: son nuestros; hemos pagado el rescate entre todos.

Impago de la deuda y sus intereses: es obvio que lo más justo es el bien y el progreso de la inmensa mayoría del empobrecido pueblo, no de una reducida minoría ya asquerosamente muy rica.

La financiación del estado por los bancos nacionalizados: sin interferencias de capitales extranjeros, primas de riesgo, calificaciones de agencias etc., etc.

¿Esto es utópico, descerebrado y nada realista?

Pues sí, lo es. Pero así, con ideas revolucionarias, valor y confianza en el destino se hicieron las grandes y las pequeñas gestas de la historia. Y esta es la que nos ha tocado a nosotros realizar ahora.

“La distancia más corta entre dos puntos es aquella que pasa por las estrellas”(5).

(1)Presupuestos Generales de Estado 2014

(2)Todo ello se puede consultar en la web del Banco de España

(3)Artículo 135/3 Constitución española

(4)Articulo 168/3 Constitución española

(5)José Antonio Primo de Rivera

Juvenal


FUENTE . http://www.tribunadeeuropa.com/?p=17542


Publicado por NataliaEsVedra @ 10:56
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