Jueves, 05 de septiembre de 2013

D. F., profesor de español en un colegio secundario useño, explica algunas de sus impresiones de su primer viaje por España (en cambio conoce Méjico bastante bien). Me parecen significativas, aunque otras son más positivas.

--He visto fiestas populares en directo y en televisión. Gente emborrachándose, consumiendo droga, danto saltos y gritos sin sentido, vomitando, bandas de música estridentes y con un rock muy bruto… todo con una euforia infantil. Me han parecido, en general, un espectáculo simiesco. ¿Son siempre así?

--Hay de todo, pero es verdad, las fiestas han degenerado mucho. Cuando yo era joven había una alegría más natural, menos chabacana, menos “simiesca” como usted dice. Pero ¿no pasa lo mismo en todas partes? Por lo menos vienen muchos extranjeros a participar en el jolgorio.

--No sé cómo será en otros países europeos… Otra cosa que me ha llamado la atención es la vulgaridad de las mujeres, su manera de vestir y su manera de hablar. Siempre con lo que llamáis palabrotas y alusiones sexuales, hasta las más impropias. He oído a muchas decir que estaban “hasta los cojones” y cosas por el estilo. Y blasfemias. He prestado oído a conversaciones en la calle, en los bares y en el transporte público, tanto de chicas muy jóvenes como de las que podrían ser sus madres y hasta sus abuelas. He sacado una tremenda impresión de embrutecimiento de las mujeres.

--Bueno, en gran parte ha sido por influencia de la telebasura, que ha moldeado mucho las costumbres. Pero no todas las chicas son “chonis” o “poligoneras” como las llaman ahora. Además, ¿acaso no hablan igual en su país?

--Sí, muchas hablan igual, pero no tantas. Mucha menos proporción. Y no gritan tanto ni tienen tan poco sentido de pudor. En el metro he oído conversaciones en voz alta en que contaban intimidades… Bien, ya sé que estoy generalizando y eso es incorrecto, seguro que muchas son distintas, pero mi impresión no es buena. Le diré algo: yo conozco bastante la historia rusa. Allí el alcoholismo siempre ha sido un problema grave, y en tiempos de la servidumbre más aún. Los hombres se emborrachaban casi sistemáticamente, se embrutecían. El alcoholismo tiene efectos terribles, y he leído que incluso tiene efectos genéticos. Eso tendría haber degenerado la raza, pero no ha sido así. ¿Por qué? Yo creo que la causa es que las mujeres, en su mayoría, no se alcoholizaban. Ya sé que en España siempre ha habido tendencia a emplear un lenguaje soez por parte de los hombres, como decía Sánchez Albornoz. Pero si se contagia a las mujeres, eso no puede tener buenos efectos. No quiero ofenderles, pero he sacado la impresión de un país muy, muy decadente.

 -- A mí no me ofende, siempre es bueno tener en cuenta críticas exteriores, si no son estúpidas o mal intencionadas, aunque usted no ha estado tanto tiempo aquí como para hacerse una idea precisa del país. Por mi parte, recuerdo lo que contaba una profesora que daba clase a alumnos de primaria en Almería, hace más de veinte años: las instrucciones de las autoridades autonómicas eran que no se reprimiese el lenguaje a base de palabrotas, porque eso era cultura popular. No sé si solo en Andalucía han seguido esa línea vamos a llamarle educativa, en todo caso el resultado ha sido el mismo en todas partes.


Publicado por NataliaEsVedra @ 10:39
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