Viernes, 02 de agosto de 2013

A veces a la gente de otros países le cuesta imaginar la magnitud y la diversidad que caracterizan a Rusia. Y digo caracterizan porque este factor está presente en la mentalidad y la cultura de su pueblo, en su historia, en su geografía. En Rusia conviven el frío y el calor, el blanco y el negro, la realidad y la fantasía, literal y figuradamente. Las combinaciones resultan ser tantas que sería imposible sistematizarlas. En Rusia todo es posible. 

Lo digo por saberlo en carne propia: lo malo de la diversidad es que es, por decirlo así, incómoda. Es muy difícil organizarla, hacer que distintos elementos se pongan de acuerdo, encontrar algo cercano a la estabilidad. Nos sacude un abanico de emociones que son tan intensas como en ocasiones contradictorias; la razón, la lógica nos son tan característicos como el romanticismo, la búsqueda del ideal, de lo eterno y de lo que va más allá de la razón. Hay motivos para el conflicto en cada uno, ni que hablar si hablamos del conjunto... Será por eso que somos más tolerantes a las diferencias y que, para poder entendernos, muchas veces no nos alcanzan las formas de comunicación verbales y tenemos que recurrir a la intuición.

Pero, de todos modos, me inclino cada vez más por pensar que la “incomodidad” es inerente a todo lo que está vivo. Y cuanto más vivo, más difícil. La comodidad implica sistematizar, clasificar, optimizar, planear... y prefiero dejar de enumerar porque cada una de estas palabras tiene olor a encierro. La comodidad implica no dejarle lugar a lo inesperado, encerrar tu futuro en una jaula recta y prohibir todo lo que esté fuera del sistema: que el control asfixie cada aspecto de nuestra vida y de nuestro propio ser.

Hace unos días tuve el honor de hablar con uno de los principales representantes de los distintos pueblos autóctonos de Rusia. El que se basa en estereotipos jamás diría que es ruso, sus razgos son más bien atribuibles a los grupos étnicos mongoloides y su piel más bien oscura. No recuerdo el color de sus ojos, pero sí la bondad y la sabiduría que transmitía su mirada. Modesto, tranquilo y equilibrado con un profundo sentido de la dignidad. Si tuviera que caracterizarlo con una sola palabra diría “tierra”, que no será un adjetivo pero, en este caso, resulta más representativo.

Como suelen contestar los sabios, sus respuestas eran cortas, simples sin perder por eso profundidad. Muchas de sus palabras me dejaron lugar para la reflexión y, seguramente, con el tiempo, volveran a mi mente otras, esas que, en algún momento, seré capaz de entender y que hoy quizás no veo. Pero ya que hablamos de la diversidad, me gustaría compartir contigo, querido lector, un momento en particular.


Pável, entre otras cosas, es profesor de universidad y me contó que una vez, uno de sus alumnos de la facultad de economía y recursos petrolíferos, con el pragmatismo que requiere su especialidad, le hizo el siguiente planteo:

“El pueblo del que usted proviene cuenta con apenas unos mil habitantes. Para mantener la cultura, las tradiciones de su gente, es necesario que el Estado tome toda una serie de medidas, que la sociedad tenga que adaptarse para poder satisfacer sus necesidades particulares, que difieren del resto. ¿Vale la pena que la sociedad opte por protegerlos?” (Más allá de lo inhumano que suene el planteo, desde el punto de vista económico se basa en un razonamiento lógico: es más fácil y más barato hacer 110 libros iguales que 100 'a' y 10 'b', por poner un ejemplo).

Yo creo que, estando en su lugar, me hubiera ofendido que me hicieran una pregunta que de alguna forma está sugiriendo que sería mejor que maten a mi gente. Incluso no estando en su lugar, la idea me parece fascista y, consecuentemente, inaceptable por definición.

Pero Pável, que es mucho más sabio que yo, no se fue del aula dando un portazo, ni se enojó con el alumno. Según sus palabras, lo escuchó, le dijo que el planteo era interesante y le respondió: “si tomamos como referencia la población china, todo el resto, en mayor o menor medida, es proporcionalmente insignificante. Si nos basamos en tu planteo, pues lo lógico, entonces, sería exterminar a todo aquel que no sea chino”.

Puede que así el mundo se sienta más cómodo... no lo sé. Lo que sí puedo decir es que aquel estudiante, en ese momento, probablemente se sintió muy incómodo. 



Texto completo en: http://actualidad.rt.com/blogueros/detras_de_las_camaras/view/53177-tierra-cruz-credo


Publicado por NataliaEsVedra @ 10:56
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