Martes, 09 de julio de 2013

[La reseña de 1984, de George Orwell por Rothbard aparecida en Analysis, septiembre de 1949, p.4]

En años recientes, muchos escritores nos han dado su visión del inminente futuro colectivista. Al cambiar el siglo, ni Edward Bellamy ni H. G. Wells sospecharon que las sociedades colectivistas de sus sueños estuvieran tan al alcance de la mano. Al germinar el colectivismo tras la Primera Guerra Mundial, muchos observadores sagaces creían que no había una gran diferencia entre los paraísos idílicos retratados por Bellamy y Wells y las condiciones reales las diversas “olas del futuro”.

Notables entre esas previsiones revisadas del mundo del futuro fueron Un mundo feliz, de Aldous Huxley y ¡Vivir!, de Ayn Rand. Ambos mundos futuros, aunque malvados tenían algo que los salvaba. El futuro de Huxley estaba espiritualmente muerto, pero al menos las masas eran felices; los dictadores de Ayn Rand eran hombres tímidos y estúpidos que permitirían que un individualista renaciente escapara del estrangulador mundo colectivista y empezara una nueva vida.

La utopía colectivista de George Orwell ha cerrado todos los huecos. No hay esperanza en absoluto para el individuo o la humanidad, así que el efecto sobre el lector es devastador. El futuro de Orwell está dirigido por un Partido cuyo trabajo es el ejercicio total del Poder y realiza su trabajo con diabólica eficacia e ingenio. El Partido se muestra a sí mismo como la encarnación del Ingsoc o Socialismo Inglés. Estos principios resultan ser: obediencia ciega y sin preguntas al Partido e igualmente odio ciego a cualquier persona o grupo que el Partido proclame su enemigo. Esas emociones son las únicas que se permiten a nadie; todas las demás, como el amor personal y familiar, se eliminan sistemáticamente.

Por supuesto, todas las ideas son traición y subversión: solo se permite vivir a quienes repiten sin pensar la línea del Partido. A cualquier hombre inclinado al pensamiento independiente se le alienta sutilmente su herejía por parte de la Policía del Pensamiento. Luego, cuando llega a entender la naturaleza del régimen y lo odia completamente, el Ministerio del Amor se lo lleva y, a través de las más horribles formas de tortura, elimina de él cualquier atisbo de dignidad humana. Finalmente el hereje va a su matadero convencido de la bondad de sus perseguidores. Muere amando al Partido y a su mítico líder, el Gran Hermano. Ni siquiera se permite el martirio en el infierno del futuro.

Para lograr su propósito de destruir mente y corazón humanos, el Partido usa: propaganda constante, induciendo a todos a amar al Gran Hermano y a odiar a sus enemigos; la destrucción de la verdad alterando constantemente los registros históricos para que estén conformes con la siempre cambiante línea del Partido (así se destruye la historia y toda la verdad fluye del Partido); la destrucción del lenguaje para hacer imposible tener pensamientos independientes (confundiendo el significado de las palabras e introduciendo una nueva jerga) y la destrucción de la lógica mediante un proceso conocido como doblepensar, definido como la capacidad de tener en la mente dos creencias contradictorias al mismo tiempo.

Un método importante que usa el Partido para permanecer en el poder es conseguir mantener a su país siempre en guerra con otro. Los otros países están asimismo dirigidos por partidos similares, aunque cada uno tenga un nombre distinto. Por el proceso de doblepensar, todo miembro leal del Partido cree que su parte acabará conquistando el mundo, aunque también reconoce que todos los países se dedican tácitamente a una guerra que nunca se vuelve demasiado “caliente”. Así, cada Partido tiene una disculpa para hacer pasar hambre y aterrorizar a sus súbditos en nombre de las necesidades militares, mientras su gobernante permanece a salvo de cualquier desastre bélico.

“Entiendo el cómo”, decía Winston Smith, el hereje patético de 1984, “pero no entiendo por qué”. ¿Por qué hace todo esto el Partido? Uno de sus líderes explica:

“El partido busca el poder solo por sí mismo. No nos interesa el bien de otros, solo nos interesa el poder. Somos diferentes de todas las oligarquías del pasado en que sabemos lo que estamos haciendo. Todas las demás fueron cobardes e hipócritas. Nunca tuvieron el valor de reconocer sus motivos. Sabemos que nadie accede al poder con la intención de entregarlo. El poder no es un medio, es un fin. El objetivo de la persecución es la persecución. El objetivo de la tortura es la tortura. El objetivo del poder es el poder. ¿Cómo puede un hombre afirmar su poder sobre otro? Haciéndole sufrir. Si no sufre, ¿cómo puedes estar seguro de que obedece a tu voluntad y no a la suya? El poder está en infligir dolor y humillación. El poder está en hacer pedazos las mentes humanas y volver a reunirlos con nuevas formas que elijas. En nuestro mundo no habrá emociones, salvo el miedo, la ira, el triunfo y la autodegradación: un mundo de miedo y traición y tormento. Si quieres una imagen del futuro, imagínate una bota estrellándose eternamente en un rostro humano”. El mundo colectivista del futuro de Orwell es indudablemente una pesadilla, ¿pero es solo un sueño?


Publicado el 4 de julio de 2013. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.


Publicado por NataliaEsVedra @ 10:08
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