S?bado, 08 de noviembre de 2008

Estamos hablando de fórmulas de protección como las usadas por Comercial Mexicana para garantizar una cotización peso-dólar, que la atraparon en la ratonera.

 En la polémica se coloca en la picota al ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alan Greenspan, por haber promovido la alternativa en sus formas más exóticas… y riesgosas, bajo la promesa de proteger a los inversionistas de pérdidas.

 

Al intento del Senado del país de allende el Bravo, en 2003, de regular el esquema, el hombre al que se le dio talla de “oráculo infalible” se opuso tajantemente al calificarlo de “vehículo extraordinariamente útil para transferir el riesgo de aquellos que no debieron correrlo hacia aquellos que están dispuestos y capacitados para hacerlo”.

 

La postura se contrapuso a la de Warren G. Buffet, ubicado en la última lista de la revista Forbes como el rico más rico del mundo, quien calificó en aquel entonces a los subproductos de mercado como “armas de destrucción masiva financiera, entrañando peligros que, aunque ahora latentes, son potencialmente letales”.

 

La frase se volvería premonitoria cinco años después.

 

Ahora que, en la catarata, el prominente inversionista George Soros ha confesado que jamás ha recurrido a la alternativa de los derivados, señalando sin más que “realmente no entendemos cómo funcionan”.

 

Ahora que al fragor del escándalo que coloca al mundo en el escenario de una crisis financiera que el propio Greenspan señala que se trata de “el tipo desgarrador que se presenta una vez en un siglo”, éste se defendió ante un auditorio de la Universidad de Georgetown:

 

“El problema no es que los contratos fracasaran. Más bien la gente que los usó se volvió codiciosa. Su falta de integridad generó la crisis”.

 

Como usted sabe, colocados sin sustento riguroso del riesgo miles y miles de créditos hipotecarios en Estados Unidos, al estallar la crisis de pagos las deudas se colocaron ante terceros bajo el marco, justo, de instrumentos derivados, que extendieron la hecatombe a todo el planeta… con derivados de derivados.

 

El caso es que el mercado de derivados concentra en este momento en Estados Unidos el escándalo de 531 billones de dólares, frente a los 106 billones de 2007, en un horizonte cuya valuación real se vuelve incierta.

 

Y el caso es que en México la revelación de su uso para protección crediticia dejó en el limbo el prestigio de empresas tradicionalmente respetadas como Cementos Mexicanos y los grupos Alfa y Vitro, digo por señalar un puñito de nombres.

 

En la carambola, mientras Comercial Mexicana hace intentos desesperados por desconocer los contratos, y el Congreso presiona para reglamentarlos, algunas empresas hacen lo imposible por desmarcarse del embrollo que los coloca en problemas de credibilidad.

 

El grupo Bimbo, por ejemplo, redactó un documento en el que reconoce el uso de los instrumentos, “como lo hacen otras empresas globales”, como fórmula para administrar los riesgos de sus operaciones y darle certeza a sus clientes, accionistas y empleados.

 

En la definición señala que la adquisición de derivados es similar a comprar un seguro, ya que ofrecen una cobertura frente a imprevistos futuros, lo que ayuda a las empresas a trabajar con certidumbre.

 

Y más: “Correctamente utilizados y para fines asociados a la administración de riesgos, los derivados permiten a las empresas participar en los mercados financieros de una manera más flexible y asegurarse contra movimientos adversos”.

 

La firma que encabeza Daniel Servitje Montull señala que, en su caso, su uso se restringe a acotar los riesgos en la variación de precios de diversos insumos de su cadena productiva (por ejemplo, las materias primas que tienen cotizaciones internacionales), así como la fluctuación de variables financieras que inciden en sus pasivos e inversiones.

 

El Grupo Bimbo señala además que no utiliza ni ha utilizado los instrumentos financieros con fines especulativos, concretándose a la cobertura de posiciones que implican riesgos, y “no para generar posiciones que crean nuevos riesgos a cambio de beneficios inciertos presentes o futuros que no estén asociados a su ámbito de negocios”.

 

La firma, a diferencia del resto de las que le apostaron a las coberturas cambiarias, ganó 30 millones de dólares en la jugada.

 

Por lo pronto, en intento de atenuar la tempestad que le cerca, el ex gurú Greenspan acaba de declarar que bien a bien los derivados no son tan confiables. ¿Intoxicó a las empresas la medicina?


Tags: Capitalismo, mundialismo, conspiraciones

Publicado por cultural-thule @ 15:02
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