Viernes, 19 de septiembre de 2008
Por fin deberá surgir Europa
3000 años de evolución de nuestro Continente
Extraído de Signal


Renacer de europa


Los soldados de Alemania han avanzado con prodigiosa rapidez desde la frontera septentrional de Grecia hasta los puertos meridionales del Peloponeso. Nombres famosos suenan junto a su marcha triunfal. En la nieve y cumbre del Olimpo, antigua morada de los dioses, ondea el pabellón alemán. Sobre las osamentas de Leónidas y su tropa se desencadenó la lucha con las retaguardias británicas. El Pireo, este laberinto de ensenadas destinado por la naturaleza a ser puerto, se ha convertido en la tumba de innumerables barcos griegos e ingleses. El punto cardinal de toda la historia griega, el Istmo, ha sido cruzado por las tropas de Alemania. Se pasó delante de las tumbas de Agamenón e Ifigenia, a través de Argos, y de la isla de Pélope, de dulce melancolía y radiante de una suave severidad, hacia Esparta, en la soledad del valle del Eurotas, a través de Mesenia con sus pendientes cubiertas de asfódelos.

Con el corazón henchido de alegría hemos seguido esta marcha, se ha despertado el entusiasmo de nuestra juventud y la Hélada sagrada aparece de nuevo ante nosotros y hay que volver atrás la mirada. Nos preguntamos: ¿Qué ha ocurrido aquí? Para decirlo con una frase: Europa ha reconquistado Grecia. Y esto ocurre unos tres milenios más tarde, después de que Grecia descubrió, conquistó y defendió en tenaces combates este Continente.



Hace 3000 años: la madre Europa se defiende contra Asia

Al principio de la historia de Europa se registra la gran guerra sobre la llanura de Escamandro por la Ilión santa. Aquí vemos por primera vez el gran afán de expansión de este interesante Continente, sobre cuyo nacimiento sabemos tanto como nada. Europa se extendió al Asia. La insigne madre de este Continente, es decir Grecia, se encargó de la gran misión de estabilizar a Europa como una roca de bronce. Todavía estamos conmovidos ante los túmulos bajo los cuales yacen los héroes de la batalla de Maratón. Y sobre la bahía de Salamina se cree percibir todavía el ruido al saltar en pedazos los barcos persas. En estos dos lugares se rechazó la tentativa de una represalia de Asia por la conquista de Troya. Europa se había acreditado, pero todavía no se había hallado a sí misma y tampoco se conocía. Es cierto que el famoso Herodoto sabía contar del legendario río Eridano, en cuya desembocadura se halló el precioso electrón, el ámbar. Durante mucho tiempo se creyó poder identificar el Eridano con el Po, solo que esta tesis tenía la desventaja de que en sus riberas se encuentra la preciosa resina fósil en cantidades insignificantes. Ni se podía imaginar, que el gran historiador, el Padre de la Historia, hubiera podido pasear su mirada más allá que sobre la llanura ante los pies de los Alpes Orientales. Carl Schuchardt ha comprobado ahora que al hablar del Eridano se trata del Elba.

Este error es importante por cuanto que ha tardado casi tres milenios hasta poder llegar al convencimiento de que no eran tan escasos los conocimientos de los griegos respecto a Europa. Duró todo este tiempo hasta que se estuvo seguro de nuestro Continente, puesto que apenas rechazada Asia, se concentraron los intereses de Grecia en sí misma. La Hélada constituía entonces el concepto estatal de Europa, pero las ciudades-república de Grecia se desmembraron. Ni siquiera se presentó la idea de una unión, una comunidad más profunda, en una palabra lo que hoy llamamos un imperio.



La antigua Grecia no pudo configurar a Europa

Esta desgracia, como la podemos llamar, no dependió sólo de la naturaleza de los helenos. ¿Cómo se iba a conocer Europa a sí misma, una vez que en flor de su juventud o mejor en su pequeñez embrionaria había tenido que confortarse en el líquido madre de la superficie azulada del Mediterráneo? Pero tres continentes tomaban parte en estas aguas tan singulares geográficamente y tan cargadas en el terreno político-histórico. El pueblo que creó las aventuras corridas por Ulises se deleitaba en las orillas del Mediterráneo y no volvía a sí mismo. Se mezcló la economía que según una palabra muy imprudente debería ser la política. La economía es exactamente lo contrario de la política, es su destructora en el momento en que se eleva al poder y no quiere permanecer por más tiempo solicita sirviente de la más alta idea. Las ciudades-república de Grecia buscaron llevar cada una la ventaja. La consecuencia fue que la Hélada se desmoronó y se desangró por las heridas causadas por ella misma, y en vista de lo cual no estaba en condiciones de configurar a Europa.

El Estado de Grecia pereció y tenía que perecer de este modo. Quien vaya por el Peloponeso, cuyo nombre lleva una de las guerras más funestas y absurdas, podrá aprobar sólo las palabras de un hombre inteligente que en vista del estrecho espacio –la península es tan grande aproximadamente como Sajonia– profirió indignado la frase siguiente: «Esto fueron sólo riñas de campesinos». Es bien verdad que estos campesinos eran personas sabias y altamente artísticas y hombres heroicos en una abundancia aplastante.



Descubrimiento de Europa

Roma surgió después de que la Hélada se había retirado de este modo de la escena mundial. Europa se cristaliza en el momento en que la Ciudad Eterna, a orillas de Tíber, asume la dirección de la historia del Occidente. Toma vida la idea de Imperio. Si Grecia tuvo que librar la lucha con el Asia, Roma tenía que defenderse contra África. El nombre de Aníbal tiene un sonido poco tranquilizador que recuerda el toque de trompetas lejanas, el cual no deja de hacer impresión todavía en nuestros días, aunque sólo sea en los bancos de la escuela. Le domina ruidosamente el nombre fulminante de Escipión. Y cuando por fin el genio –este título es difícil de dispensar, pero aquí está indicado– de un Cayo Julio César se convirtió en Colón del Continente, Europa estaba descubierta.



César fue más que un Colón

Los pensamientos de César eran europeos por completo. Siendo un espíritu prodigioso, fue también más allá del Mediterráneo. ¿Quién negaría que todos sus esfuerzos se encaminaron hacia el Continente, del que procedía y con el que tenía que equiparar naturalmente la naturaleza de Roma? Sus «Comentarios de la guerra de las Galias» son leídos desde siglos por muchos muchachos como una emocionante novela de pieles rojas. César fue realmente más que un Colón, no se lanzaba a zonas lejanas, sino que ganaba el propio suelo. César fue asesinado, pero los conjurados aceptaron la peor herencia de Grecia, precisamente la particularista y partidista. César no contaba demasiada edad y hubiera podido vivir todavía otro cuarto de siglo; no murió con él un gran hombre, sino la idea de Europa.

Lo que ocurrió después fue una verdadera catástrofe. Los emperadores romanos se sucedían rápidamente. No se presentó la menor idea y mucho menos causó efecto alguno. Las guerras con los partos y otros pueblos parecidos dispersaron los grandes pensamientos de César. Así es como tuvo que desaparecer la idea de Europa y también este Continente volvió sobre sí en este retroceso a su estado primitivo, no por cierto satisfactorio aun cuando los nombres de los grandes godos, vándalos y longobardos se destaquen con caracteres de fuego del negro horizonte de esta era.



Bizancio como peligro

Parecía como si Asia quisiera otra vez arrebatar para sí el poderío, pues el Impero Romano de Oriente no era otra cosa que la avanzada de Asia. Es muy lamentable que se acostumbre a dar por terminada la historia de Bizancio con un encogimiento de hombros. Consideremos sin embargo que este Imperio existió un milenio, es decir más tiempo que Grecia y casi el mismo que Roma. Significaba un inmenso peligro. Fue una gran política, tal como desde el Bósforo se valieron de los distintos pueblos germanos, enfrentándoles, por un lado, unos contra otros y combatiéndoles abiertamente por otro. Nunca estuvo Europa tan amenazada como en aquellos siglos. Los jóvenes pueblos nórdicos que, a pesar de contar en sus filas con algunas grandes personalidades, eran todavía demasiado faltos de experiencia para comprender lo que aquí ocurría, si, llegaban incluso a creerse honrados si se les tendía el lazo alrededor del cuello con palabras amables. Godos, longobardos y vándalos que se habían propuesto revivificar los pensamientos de César corrieron a la muerte por un Bizancio completamente antieuropeo.

Resta el mérito imperecedero de Carlomagno de asentar de nuevo el punto esencial con ímpetu grandioso en el Oeste de Europa. El Imperio del poderoso franco era la nueva expresión de Europa, casi un milenio después de la muerte de César. Pero ocurrió lo increíble: sus sucesores destruyeron en nefando egoísmo el precioso conglomerado.



El Papado llegó a ser antieuropeo

Comienza una tragedia sin igual: la tragedia de Europa. El Imperio del Centro, el corazón del Continente se despedaza y se desmiembra cada vez más. Mientras tanto se constituye una potencia: el Papado. Pero como formula pretensiones de poderío seglar, llegó a ser antieuropeo. Alemania fue la más afectada a pesar de que este pueblo había comprendido y hecho suya con sorprendente rapidez la idea de Europa y, gracias a sus emperadores, se esforzaba en realizarla. Las tendencias antieuropeas eran ya demasiado fuertes para no influir peligrosamente en la vida de Europa. Cierto es que los mayores genios italianos saludaban a los emperadores alemanes como a sus soberanos, pero Italia se desmembró como Alemania en muchos pedazos pequeños. La idea de la unidad tenía que ceder ante intereses de corto alcance. Tal vez tuviera que darse este rodeo y que de estos distritos limitados pudiera crecer la gran idea después de muchos siglos.

En Alemania se desarrolló el particularismo de la rivalidad no de las peores cabezas entre sus príncipes contra la política italiana de los emperadores, que adoptaba a veces formas inquietantes. Ya Otón III (982-1002) había tenido un imperio fantástico en Roma; el más frío y poco romántico Federico II (1212-1250) había viajado sólo en raros casos al imperio de sus padres, de modo que más de una vez amenazó un desplazamiento peligroso del centro de gravedad alemán sobre la Península Apenina.

Cabe preguntarse si esta evolución, aun cuando no fuera la mejor o única posible, era tal vez preferible a si se hubiera cumplido fácilmente el proceso histórico. El sentimiento de comunidad creció en pequeño y se consolidó con tanta mayor fuerza gracias al ejemplo de hombres de largo alcance. «La necesidad con su rayo santo» reunió a los genios. Estados más felices, como Francia, encontraron antes la unidad, pero se desvaneció también rápidamente el pensamiento de homogeneidad. Se ha dicho con frecuencia a los franceses que fue su a veces ufano patriotismo el que les hizo convertirse tan rápidamente en gran nación. Parece a la inversa, que la rápida unificación del pueblo produjo la fraseología que tan a menudo resultó fatal para los franceses.



La época de la riñas campesinas; la depresión de Europa

En Alemania se registró lo contrario. El mapa de esta época recuerda los productos que señoras de edad hacen pasar por alfombras, cosiendo restos de telas. Es de distintos colores pero no bonito. Todos estos pedazos se odiaban a muerte. Si se leen las biografías de hombre más o menos esforzados de la época de la Reforma como las de Götz von Berlichingen o del capitán general Schertlin von Burtenbach, hay que soltar a menudo la carcajada, puesto que estos paladines arriesgaron su vida por pequeñeces insignificantes y defendieron una paja con un gesto de energía que hubiese sido digno de una causa verdaderamente mejor. No se paraba en menudencias puesto que un pleito ante los tribunales se hubiera dilatado de tal modo que la vida de los partidos se mostraba forzosamente demasiado corta. Así, el vecino se enfrentaba con el vecino y la palabra de riñas campesinas, pronunciada con la dulce melancolía del paisaje peloponense, hubiera estado aquí mejor autorizada. Se había alcanzado la depresión de Europa, pues si Alemania representaba también el caso peor, no era mucho mejor la situación en otros lugares. Por todas partes se registraban sublevaciones. En Inglaterra se sucedían las guerras, tal como lo conocemos de las tragedias reales de Shakespeare. Españoles y flamencos se batían el cobre y en Italia, especialmente en su parte septentrional, cambiaba la fortuna en los campos de batalla. Sólo Francia estaba consolidada hasta cierto punto, si no era acosada desde fuera o se comprometía por sí misma en un conflicto. He aquí tal vez la razón por la que esta nación formuló pronto el derecho a la hegemonía en Europa, que durante una época esperaba lograr únicamente si el monarca francés llevaba al mismo tiempo la corona de emperador de Alemania.



Asia entró de nuevo en acción

El punto cumbre lo alcanzó la confusión y falta de sentido de la guerra de los Treinta Años. Los frentes cambiaban con gran rapidez. Se necesita recordar sólo a Wallenstein. Richelieu, el gran cardenal de Francia, favoreció abiertamente a los protestantes de Suecia, para reducir al odiado vecino, el Imperio alemán, y mantenerlo en su debilidad. Esta locura no pudo llevarse a más y, en realidad, se produjo una repercusión, no inmediata y no rápida.

De nuevo entró Asia en acción. Hasta las puertas de Viena rompió el «Alá il Alá» y sólo la táctica superior del Príncipe Eugenio logró, a últimos del siglo XVII, alejar el peligro que desde tiempos inmemoriales se cernía sobre Europa. El Gran Elector de Brandeburgo tuvo que seguir todavía una política contraria a sus sentimientos. Por seguir una política de largo alcance le fue otorgado el título de Grande, una política cuyos frutos apenas pudo imaginarse y mucho menos prever. Su famosa frase «Exoriare aliquis nostris ex ossibus ultor» (Que nazca algún día un vengador de mis cenizas), salía más bien del pecho atormentado de un hombre que de un estadista.

El vengador llegó en la persona del bisnieto de este brandeburgués. Resta el mérito de Prusia que reconocieran los soberanos de este Estado: sólo cuando sane de nuevo el corazón del Continente europeo podrá curarse entonces todo el organismo. En Brandeburgo de Prusia surgió de nuevo la idea de Europa, que se refleja en la amplia inteligencia del más prusiano de todos los prusianos, en Federico el Grande. La idea de Europa pareció realizarse primeramente por Francia gracias al hijo de la isla italiana de Córcega. El experimento fracasó a pesar de que para su cumplimiento se dispuso de un genio cesariano: Napoleón.



La política de Inglaterra no fue nunca europea

Napoleón siguió en efecto una política extraeuropea. Su aventura egipcia se malogró. Intentó seguir una política inglesa e Inglaterra se apoderó paulatinamente del mundo. Es dudoso si se puede contar entre Europa a esta isla al otro lado del Canal. Cuando Britania comenzó a seguir una política colonial del mayor estilo, se separó definitivamente del Continente en el que a pesar de una guerra de cien años y gracias a un ser extraordinario, la Juana de Lorena, no pudo poner pie. La metrópoli del Imperio británico se convirtió forzosamente en avanzada de dos Continentes, Asia y América, que vigilaba ahora constantemente para conservar en su poder, desde ultramar, el control que no era capaz de ejercer desde el Continente. La política de Inglaterra nunca fue europea y no pudo serlo. Tal vez porque los fundadores del Imperio insular habían vuelto prematuramente las espaldas a Europa. Tanto más incomprensible es que Britania nunca intentara entrar por vía pacífica en íntima relación con el Continente.

Napoleón hizo renacer la idea de Europa. Los grandes estadistas que le siguieron, tampoco abandonaron esta idea. Sin embargo, los Estados luchaban todavía unos contra otros.



Alemania hace surgir Europa

Para renacer a Europa se necesitaba el empleo de las tenazas. El doloroso proceso se cumplió en la guerra mundial. Esta necia matanza era antieuropea por completo. Comenzó la «negroización» de Francia. Inglaterra cedió el dominio universal a América o entró por lo menos en la vía de su decadencia. Versalles con sus desastrosas consecuencias, la inflación, la ocupación de la cuenca del Ruhr, &c. acosaron de tal modo el corazón de Europa, que no faltó mucho para que no dejara de latir.

Por sorprendente que parezca, este «dictado» que se osó llamar tratado de paz, redundó muy en beneficio de Alemania en un plazo increíblemente breve. Alemania se hundió, pero se hundió al propio tiempo en sí misma. Se volvió seria. Recordó sus virtudes que tan a menudo olvidara antes de la guerra mundial y al cabo de apenas un cuarto de siglo surge consolidada, fuerte como nunca, sobre bases firmes y formula de nuevo el derecho a sanar a Europa, de crear un firme complejo de Estados, del que soñaran antes los antiguos emperadores, en una palabra: de hacer surgir por fin este Continente.


Wolfgang Goetz
número 12 [Sp 12]
páginas 16 y 27
Berlín, junio de 1941  

 

El idioma materno de Europa
Extraído de Signal

«Casi todos los idiomas de nuestro Continente son un puente hacia los otros»

–¿Para qué quieres la gramática letona de Bielenstein? En los Balcanes no tendrás que hablar en letón con nadie.

Mi hermano concluyó tranquilamente de hacer el trato con el propietario del puesto ambulante de libros y después me dijo sonriendo:

–No es más que un recuerdo del Japón. Llevaba allí cuatro semanas cuando un colega japonés me presentó en la Universidad una nota con un par de palabras garrapateadas en letón y me pidió que las tradujese. Los dos nos quedamos no poco sorprendidos. Yo estaba contratado como profesor de alemán y dominaba acaso el francés y el inglés, en la forma que se aprende en nuestras escuelas. Ahora me exigían letón. El colega japonés, por su parte, no podía comprender que yo encontrase dificultades en un idioma europeo, pues todos ellos le parecían muy semejantes en léxico y construcción. Cuando menos él aprendió inglés con sorprendente rapidez tan pronto como consiguió dominar el alemán. ¿Y no es el letón también un idioma indoeuropeo? En resumen, tuve que sentarme y estudiar la nota. Cuando caí en la cuenta de que el «meitu gegheris» equivalía al holandés «meisjesjager» o al «Mädchenjäger», que en español quiere decir «tenorio», había ganado la mitad de la batalla. Todavía pude traducir «¡Ojalá me hubiera ahogado mi madre de pequeño!» Mi amigo japonés supo todo lo que deseaba. Pero yo aprendía en Kochi, en el Japón, lo que hubiera podido aprender mucho más fácilmente en Europa, es decir, a no sentir temor ante ningún idioma europeo, pues todos los indoeuropeos, están emparentados entre sí.


Indoeuropeo-indogermano

El japonés llamaba indoeuropea a esa familia de idiomas. La ciencia alemana, primera que descubrió esta conexión, ha conservado el antiguo nombre de «indogermánico». Ambas denominaciones significan lo mismo; es decir, que desde Calcuta y Madrás en la India; desde Teherán, en Persia, y Eriván, en Armenia, pasando por Roma, Atenas y Bucarest, Sofia y Belgrado, Moscú y Riga, hasta Berlín, Londres, París, Madrid y Lisboa, y, más al Norte, hasta Islandia, a través de Copenhague, Estocolmo y Oslo, todos los idiomas tienen la misma fuente y se asemejan en riqueza de palabras como en la construcción y, según veremos, en la concepción del medio ambiente.

Naturalmente que no se piense al decir esto en el enjambre de palabras que siguen a la civilización por todo el mundo como pajes de cola, como hotel, estación, capital, social y moderno. Cada año surgen nuevas palabras semejantes a éstas. En lo esencial proceden del latín, que se ha afirmado en nuestro tiempo como idioma internacional religioso, oficial y erudito. El griego y las lenguas vivas contienden con él en este aspecto. Ni Cicerón ni Horacio han conocido un «restaurant» pero ambos podrían reconocer rápidamente el significado de tal inscripción sobre la puerta de un establecimiento si volviesen a la tierra; es un neologismo erudito francés tomado del latín. También puede ser que aquí una y allá otra de estas palabras reciban la misma acepción: en los países alemanes, escandinavos y eslavos, el enfermo puede enviar a la «Apotheke»; en Roma y París se llama «farmacia» y «pharmacie». Ambas palabras son de origen griego: «Apotheke» es el almacén o depósito de mercancías; «pharmacie» es la colección de medios terapéuticos.


Se empieza con el yo y el tú

Pero no hablamos aquí de estas palabras de la civilización. No, los términos que cada idioma considera propios desde un principio, pueden se comprendidos sin necesidad de aclaración por todos los habituados a este idioma, porque presienten sus «raíces», portadoras del verdadero sentido; estas palabras aparentemente las más peculiares de cada uno son comunes a la mayor parte de los idiomas europeos.

Se comienza con el yo y el tú. Ambas palabras no son en general las primeras que pronuncia un niño. Ya es un progreso importante en el conocimiento que un pequeño ser diga por primera vez «yo» y se separe así del resto del mundo. Importa mucho más que el niño entre en seguida en buena relación con el «tú», es decir, con el resto del mundo, con lo que el yo y el tú quedan bien definidos para toda la vida. El filósofo griego Platón decía «ego», lo mismo el emperador Augusto, un pequeño romano de hoy dice «io», el portugués «eu», el holandés «ik», el danés y el noruego «jeg», el francés «je» o «moi», el iglés «I». Los griegos decían «ü» a la segunda persona; los latinos «tu», como lo hacen hoy los portugueses y los españoles, como también los letones y lituanos; «ti» los serbocroatas, «Thou», el inglés cuando se refiere a Dios. El holandés cortés no tutea a la gente, sino que le dice de «gij» (usted). ¿Y en indio? Seguramente han oído ustedes hablar ya de la gran enseñanza del budismo: «Tat tvam asi», «también tú eres esto». «Tvam» contiene la raíz idiomática de nuestro «tú» («du» en alemán).

Al principio pertenecemos a nuestra familia. Los nombres de parentesco –padre, madre, hermano, hermana– constituyen un ejemplo especialmente hermoso de nuestro caudal y recorren, modificados poco en su fonética desde Calcuta hasta Islandia. Quizá diga un francés «Pero mis père», «mère» y «frère» suenan de manera completamente diferente que los «Vater», «Mutter» y «Bruder» alemanes o que los ingleses «father», «mother» y «brother». Sólo necesitamos recordar que Napoleón I prohibió la «recherche de la paternité» o que la revolución francesa transformó en consigna la «ègalité, liberté, fraternité» y tenemos ya dos términos –«paternité» y «fraternité»– en su forma completa. Por lo demás, también el sueco acostumbra a contraer sus «fader» y «moder» en «far» y «mor».

También puede ocurrir que un idioma utilice un término propio para expresar una de tales palabras. El «Bruder» alemán es en español «hermano» y en portugués «irmâo». Pero el portugués llama al hermano religioso «freire», y en Sevilla la cofradía –«Bruderschaft» en alemán– recorre las calles en procesión. También el griego pide la palabra: hermano es para él «adelphos», palabra que nos es conocida de Filadelfia, la ciudad del amor fraternal. Podemos objetar a los griegos que, además de «adelphos», sus antepasados conocían la palabra «phrator».

¿Hace falta continuar con los apelativos de parentesco? Los antiguos prusianos, los actuales lituanos y letones, los rusos, servios y búlgaros llaman «mati» a la madre. Las palabras padre, madre, hermano y hermana se repiten hasta la India. También en la denominación de los restantes parentescos existen amplias coincidencias en la familia idiomática indoeuropea. Los filólogos comprueban que en el parentesco es mayor la atención hacia la familia del hombre que hacia la de la mujer. ¡Decide el derecho paterno, no el materno!



Buenas noches a través de toda Europa

¡Pero dejemos a los parientes! Les deseamos buenas noches a todos y continuamos. Aquí tenemos ya otra palabra común. «Gute Nacht» dice el alemán, «god nat» el danés, «god natt» dice el noruego, «good night» quien habla inglés, «buona notte» el italiano, «bonne nuit» el francés, «boa noîte» el portugués y «buenas noches» el español cortés. Es siempre la misma palabra en latín «nox noctis», en griego «nüx, nüktos». También el serbocroata desea «laku noc». Y así sucesivamente, hasta Teherán y Madrás. Al contrario de la noche, el día, «Tag» en alemán, se le llama «dag» en Amsterdam, «Dag» en Copenhague, «dag» en Estocolmo y Oslo, «day» en Londres y en Lisboa «dia», mientras Roma yParís parecen hacer excepciones con «giorno» y «jour»; pero ambas palabras proceden del adjetivo «diurnus», diario, más cómodo en boca de los latinos que «dies», el verdadero sustantivo. La tarde, «Abend» en alemán es «avond» en holandés, «aften» en danés, «afton» en sueco, «evening» en inglés. El sueco tiene aún otra palabra, «kväll». Los filólogos enseñan que el mozo hace un «Kiltgang» en los Alpes alemanes cuando visita de noche a su novia y que este «kilt» y el «kväll» sueco son una y la misma raíz, que ha perdurado en las montañas escandinavas y en los Alpes alemanes.



Todas las cosas buenas son tres

Hemos reunido ya tres grupos de palabras: los calificativos de las personas, del parentesco y de las horas del día. En ruso podemos hablar de una «troika», o triga. «Todas las cosas buenas son tres (drei)», dice el alemán. Quizá opinen ustedes que la propia Trinidad se ha preocupado de que recorra todo el mundo la designación del tres sagrado. Pero, para hablar de otro idioma, en Budapest se dice «három». El húngaro, el estonio, el turco y el finlandés no pertenecen ya al grupo lingüístico indoeuropeo. Naturalmente, no es sólo el tres común a los indoeuropeos, sino también las demás cifras: «octo» en latín, «otto» en italiano, «ocho» en español, «huit» en francés, «eight» en inglés, «okto» en griego, «acht» en alemán, «otte» en danés, «åtte» en noruego, «åtte» en sueco.



Tres árboles y tres animales

En alemán hay tres nombre de árboles: «Birke» (el abedul), «Buche» (el haya) y «Eiche» (el roble) y tres de animales: «Bär» (el oso), «Wolf» (el lobo), y «Schaf» (la oveja). «Birke» es en holandés «berken»; para el danés «birk»; «breza» para el serbocroata; «bereza» para el pequeño ruso. «Buche» es «bukva» para los eslavos, mientras el sueco tiene en sus bosques «bok», «björk» y «ek». Al pronto, el latino «fagus» o el italiano «faggio», como el portugués «faia», parecen extraños a «Buche» y «buk», pero los sonidos «f» y «g», se modifican en la boca, el uno más suave y el otro más ásperamente. Sin embargo el «fagus» latino nos permite explicar el significado del nombre «Buche»: encontramos la raíz «fag» en la palabra «anthropophage» (comedor de carne humana). El «fagus» o el «Buche» era el árbol de los frutos comestibles.

«Bär» (el oso) ha recibido su nombre del color. Es maese «Braun» (marrón). Lo propio ocurre con gran parte de las lenguas indogermanas. También la raíz «Wolf» (el lobo) experimenta las más peculiares variaciones de sonido cuando pasa de un idoma a otro: «lükos» en griego, «lupus» en latín, «lôbo» en portugués, «visk» en antiguo eslavo, «Wolf» en alemán y «ulo» en danés.

El antiguo nombre alemán «Egenolf» significa lobo agudo. «Ege», «Ecke», «eckig» es la modificación fonética del «acus» latino (aguja), en italiano «ago», en rumano «ac» y «acies» (agudeza, frente de batalla). Ya conocen ustedes la palabra «akut» (agudo)

Dejemos a un lado el refrán alemán: «Zum Wolf gehört das Schaf» (la oveja acompaña al lobo), a pesar de que podría encontrarse también en otros idiomas y tomemos la palabra «Aue», del dialecto de la Baja Sajonia. En holandés existen dos semejantes, «schap» y «ooi». Desde «Aue» o «ooi» la distancia es relativamente reducida hasta el inglés «ewe», el griego «ois», el rumano «oaie», el latino «ovis», el eslavo «obtsa» o el antiguo indio «avi». Ustedes saben que la oveja era el animal sagrado. El Indra védico, es decir, casi la más antigua divinidad india, se representa como un carnero. El Zeus griego tenía ante su rostro una máscara de carnero, para no perjudicar a Hércules con su mirada. El dios germánico Donar fue arrastrado al cielo por dos carneros y diseminó belemnitas por los campos. Antiquísimas pinturas rupestres del Sahara representan carneros sagrados; son las pinturas más antiguas de la humanidad.

Los idiomas escandinavos parecen dejarnos en mal lugar con la palabra «Schaf», para la que tienen «Faar», o «får». Son conocidas las islas danesas Feroe o de las ovejas. Los filólogos nos enseñan que «faraz» es una deformación fonética de la raíz del «pecus» latino, en alemán «Vieh» (ganado). También los italianos llaman con frecuencia a las ovejas «pecore», el ganado. En el «pecus» latino se basa también una expresión rumana para pastor, «pacurar». Otra vez nos encontramos ante un término indoeuropeo que, por lo demás, todos conocen. En la Edad Antigua, como todavía hoy en muchas partes de África, se pagaba todo con ganado, que era la moneda y por tanto el capital. Así, los latinos llaman al dinero «pecunia», el hato o tropel. Quien se hallaba en dificultades «pecuniarias», carecía de dinero con que poder pagar.

Aunque somos pobres, nos resta la participación en los elementos de vida generales. Tomemos de ellos el agua, «Wasser» en alemán. El antiguo romano decía «aqua» mientras el de hoy dice «acqua». En francés, la raíz se transformó en «eau» y en plural «eaux», al que corresponde el término más antiguo de «aix», como en Aix-les-Bains, el magnífico balneario saboyano al que el Emperador Graciano dotó de grandes termas. También del agua ha tomado su nombre la ciudad imperial alemana de Aachen (Aquisgrán), cuyos baños fueron un regocijo para Carlomagno. Los bávaros llaman «Ache» a un torrente, el Achensee y el Salzach, cerca de Salzburg han dado a conocer la palabra. Más al Norte, sólo queda la «a» de «aqua». Fulda y Werra se llaman los dos ríos alemanes que forman al unirse el Weser.

Otra denominación del elemento líquido de la tierra es «Wasser» en alemán; «water» en holandés e inglés; «vatten», en sueco; «woda», en serbocroata y ruso. Cuando usted bebe wodka, toma una «agüita». «Woda» está emparentado con el latín «umides», húmedo, o «unda», la ola, y el griego «hydor», o con el antiguo indio «ud», lo que hoy significa todavía «húmedo» en rumano. También podríamos mencionar, el persia o el armenio.



A propósito de la taza

Usted prefiere mejor que agua una taza de café. «Taza» es un extranjerismo de origen árabe y no nos concierne en nada. Pero los ingleses toman «a cup», los holandeses un «kopje» y también el alemán habla de un «Tassenkopf». La palabra significa vasija y cabeza. Entre latinos e italianos se ha conservado el término «cupa», «cuppa», «coppa», vasija y vaso. La cabeza es la vasija, el revestimiento del encéfalo. En el litoral alemán se bebe una «cáscara de café». La filología relaciona etimológicamente esta crátera con la palabra «Schädel». Por lo demás, el romano tenía todavía una palabra para vasija, «testa». Significaba primitivamente cacharro o tarro y con el bajo latín adoptó el significado de cabeza. El monte Testaccio, en Roma, fue durante mucho tiempo el barrio pobre de la ciudad. «Testa» engendró «tète» en francés que extremece quizá a propios y extraños por su cercano parentesco con «Gefäss» y «Kopf». Nos acude a la memoria que con el cráneo del enemigo vencido se fabricaba antiguamente la crátera del vencedor. El rey lombardo Alboin obligó a su esposa Rosamunda a beber en el cráneo de su padre, a quien había vencido y matado en la lucha. Tuvo que expiarlo con la muerte. Pero así nos conducen súbitamente a tiempos remotos dos palabras que usamos inocentemente en gran parte de Europa y también de Asia.

La pregunta es natural: ¿Cómo llegan a tener los pueblos el mismo acervo de palabras? ¿Se emplean quizá confundidas? Los filólogos nos previenen contra la deducción de consanguinidades a partir de los idiomas. Un pueblo imperante puede haber impuesto su lengua a otro sometido, para lo que la coacción no necesitaba ser cruel. Pero, ¡cuántos pueblos han sido romanizados por los romanos y hablan hoy un idioma romano, una lengua hija del latín y no necesitan para ello ser todos latinos! No obstante tal cautela, los filólogos están convencidos de que una vez existió un pueblo aborigen –el «indoeuropeo» o «indogermánico»– del que procede no sólo el idioma sino también la sangre de los pueblos indoeuropeos. ¿Cuándo y dónde ha vivido este pueblo?



¿Dónde estuvo la residencia primitiva de los indoeuropeos?

Es el sino de la ciencia tener que convencerse a veces –constantemente dicen los sabios– de que su ciencia era errónea. Así, se ha supuesto que la residencia primitiva de los países indoeuropeos radicaba en los países más diversos, hasta que llegó a probarse que se encontraba en un país nórdico. «Birke», «Buche», «Eiche», «Wolf» y «Bär» no pueden sustituirse por palmera y caña de azucar, león y tigre. La ciencia busca todavía hoy, en general, palabras indoeuropeas para todo lo que caracteriza a la zona tórrida, a pesar de que gran parte de los indoeuropeos viven en la misma. En cambio, «Schnee» (nieve) se llama en latín «nix, nivis», «neve» en italiano y portugués, «neige» en francés, «sneuw» en holandés, «snö» en sueco, «sniegas» en lituano, «sniegs» en servocroata y «nipha» en griego. La raíz llega hasta la India, en tanto que Hungría, por ejemplo, le llama «hò». Los idiomas eslavos parecen tener su propia raíz –«led»– para «eis» (hielo).

Falta un término común para el mar, de manera que la residencia primitiva no se encontró junto a él, pues de otra manera no hubiera sido olvidado. Los indogermanos no tenían buques, sino carruajes (Wagen). Esta palabra, que indica el vehículo de cuatro ruedas, no prevalece, pero el «Karren» tiene sus equivalentes en el «currus» romano, el sueco «kärra», el noruego «kjerre» y los españoles «carro» y «carreta». La carreta tenía dos ruedas. Por consiguiente, el carruaje automóvil lleva impropiamente su nombre: le corresponde como máximo al remolque de dos ruedas. También el carro del triunfador romano era de dos ruedas, como el griego de carreras de Delfos o el de guerra de Aquiles.

Sabemos ya que los indogermanos primitivos sabían hilar y tejer y que cultivaban avena cuando labraban el campo, pero que eran principalmente pastores nómadas. En el cuadro del linaje común indoeuropeo trabajan hoy la filología comparada –el estímulo más poderoso en este aspecto se produjo en 1808 con la obra del romántico alemán Friedrich Schlegel «Uber Sprache und Weisheit der alten Inder» (Sobre idioma y ciencia de los antiguos hindús); le habían precedido el danés Raske y el inglés Jones– y la investigación prehistórica. En la vida diaria nos recuerdan las numerosas palabras y grupos de palabras que aprendimos. Las palabras son formas acuñadas del espíritu. La belleza adquiere también una forma que no puede desaparecer una vez que surgió en el mundo. Cuando menos comprendemos claramente que la ciencia puede determinar con certeza la forma indogermana de una palabra, a pesar de no haberse conservado ninguna tradición escrita de este pueblo, sólo filológicamente investigado. Pero cuando tenemos ante nosotros la historia de tales palabras y actúa sobre nosotros, ya no parece imposible considerar como un conjunto a los idiomas europeos. La demanda del japonés tenía cierta justificación. Sólo que el uso diario ha desgastado de tal manera las palabras, y en cada pueblo de distinto modo, que en general ya no las comprendemos. Johann Peter Hebel cuenta la historia de un centinela francés de la época revolucionaria que gritó a la guardia alemana, a través del Rin: «¡Filou!» (granuja). El suabio entendió: «Wieviel Uhr?» (¿qué hora es?»Gui?o y contestó inocentemente: «¡Las cuatro y media!». No todos los malentendidos se desarrollan así. Haríamos bien en recordar en Europa cuán emparentados estamos.



número 15 [Sp 15]
páginas 21-22
Berlín, agosto de 1941
 

 


El significado de la lucha
por la libertad y unidad de Europa
Extraído de Signal


Cuando Alemania se decidió a iniciar la lucha contra la Unión Soviética y el bolchevismo, sonaba una hora memorable para la Historia Universal. El temor al bolchevismo había sido una especie de pesadilla para la humanidad a través de un cuarto de siglo. Parecía incluso como si no hubiera medio contra los preparativos que durante años se efectuaron en este gigantesco país para una revolución mundial. Y en Moscú se jugaba la vida y la suerte de muchos millones de personas para estar dispuestos el día en que el comunismo pudiera emprender su marcha por el mundo. Se dejaba a las masas de millones de este enorme país sin calzado, prendas de vestir y todo lo necesario, únicamente para construir fábricas de cañones y aviones.
Nada había cambiado cuando en otoño de 1939 estalló la nueva guerra inglesa. Llegó sólo demasiado temprano para Moscú. Todavía no se habían terminado todos los preparativos y tampoco se sentían suficientemente fuertes para tomar parte desde un principio en le gran juego. Stalin firmó con Alemania un pacto de amistad y esperó. Tanto los franceses como los alemanes tenían una línea defensiva de acero y hormigón al Oeste de Reich. Todos creían entonces todavía que no habría recursos de ataque contra semejantes medios de defensa. Si se hacía aquí la guerra, tendría que durar forzosamente largo tiempo y conduciría al agotamiento de Alemania y de las potencias occidentales. La Unión Soviética podría entretanto continuar armándose para caer finalmente como última potencia poderosa sobre los demás países agotados por la guerra.



El cálculo de Stalin era falso

No ocurrió así. La guerra en el Oeste duró sólo poco tiempo. Ni siquiera un año entero. Francia fue atropellada. El cálculo de Stalin había sido falso. Para lograr no obstante su antiguo objetivo, debía evitar ahora que Alemania pudiera terminar la guerra. Mediante las continuas amenazas y creciente aglomeración de tropas en la frontera occidental rusa, mediante la ocupación de posiciones desde las cuales podía arremeter más cómodamente por las espaldas contra Alemania, no pudo el Reich destacar por completo sus fuerzas contra Inglaterra.

Comenzó con la agresión de los rusos sobre Finlandia. Siguió la absorción completa de Lituania, Letonia y Estonia. Aquí pudo presenciar el mundo lo que significaría para Europa, si los bolcheviques hubieran logrado derrotar a Alemania y proceder con todos los demás Estados europeos como con los países bálticos. Con la ocupación de éstos había avanzado la Unión Soviética un trozo bueno e importante en el Mar Báltico. Este más es precisamente de la mayor importancia para la vida de Alemania así como de todos los países del norte de Europa.



Rumanía debía dar la iniciativa

Aún más evidente se hizo el plan de los bolcheviques, cuando irrumpieron en Rumanía. En Moscú se esperaba probablemente con la entrada una confusión general y que toda la vida del Estado se derrumbaría, siendo fácil entonces llevar desde allí la revolución roja a los países vecinos. También aquí debería alcanzarse a Alemania en un nervio vital, pues para el abastecimiento de víveres y materias primas de Europa central era importante que reinase paz en todo el Sudeste, en el Danubio como en los Balcanes, se cultivaran los campos con tranquilidad y trabajasen las minas. No se logró estorbar esta calma. Por el contrario, Bulgaria, que había sido siempre el objetivo preferido por la política soviética, se unió más íntimamente a Alemania. Se recordará que fue censurada por ello por Rusia, a pesar de que Stalin se había comprometido en el pacto con Alemania a guardar cierto límite con Europa, que ya había rebasado en Rumanía. Cuando el Gobierno yugoeslavo se dirigió a Moscú, firmó la Unión Soviética un tratado con el mismo, que dada la situación de entonces no podía significar otra cosa que una grave provocación a la Gran Alemania.

Es de suponer que en este momento se reconoció en Moscú que se había ido demasiado lejos. Por esta razón se aparentó hacia el exterior como si se diera gran importancia a las buenas relaciones con Alemania. Pero el Mando del Reich no podía ser engañado por más tiempo. Durante la visita de Molotow a Berlín a fines del pasado año, los bolcheviques habían demandado ya la entrega de Finlandia, la entrega de Bulgaria y también el sacrificio de Turquía. El Gobierno de Reich recibía cada día más noticias sobre la creciente actividad de los centros comunistas y de un sabotaje y espionaje practicado con nuevo celo a Alemania y otros países europeos. Y simultáneamente hizo avanzar Moscú a la masa de sus fuerzas a la frontera oriental de Alemania.



El avance del Ejército rojo

Cuanto más se manifestaba los síntomas de una victoria alemana sobre Inglaterra, tanto más enérgicamente adoptaba medidas la Unión Soviética mediante las cuales fueron retenidas las fuerzas militares del Reich en el Este y con ello apartadas de sus decisivas misiones. Se convirtió en fiel aliado de Inglaterra, que desde hace años se había esforzado ya para conseguir la amistad de los soviets.

El 1º de mayo marcharon 118 divisiones de Infatería, 20 divisiones de Caballería y 40 brigadas motorizadas y de Carros de Combate a la frontera oriental alemana. Esto significa:

el 70 por ciento de todas las divisiones de Infatería
el 60 por ciento de todas las divisiones de Caballería y
el 85 por ciento de todas las brigadas motorizadas y de Carros de Combate.

Los aeródromos de la frontera están ocupados completamente por unidades de combate y caza. Hay también dispuestas a intervenir formaciones de Paracaidistas con numerosos aviones de transporte.

Son tropas puramente ofensivas, las destacadas en las inmediaciones de la frontera: formaciones de Carros de Combate, Infantería motorizada, Artillería motorizada y pesada, Paracaidistas y formaciones de bombardeo.

Han sido constituidos cuatro cuerpos de ejército.

El situado más al Norte amenaza directamente la Prusia oriental, entre Memel y Suwalki. Consta de un 70 por ciento aproximadamente de formaciones de Infantería y del 30 por ciento de formaciones de Carros de Combate y motorizadas.

Al Sur del mismo han marchado varios ejércitos en la zona de Bialistok, que se introduce en Alemania. Al Este hay dispuesto un ejército de reserva. El 35 por ciento aproximadamente de estas tropas son de Carros de Combate o rápidas.

En el sector de Lemberg que penetra asimismo en el territorio alemán se halla otro grupo de fuerzas muy poderoso del Ejército rojo. Las divisiones de Carros de Combate, motorizadas y de Caballería constituyen aquí el 40 por ciento aproximadamente.

Otro grupo de ejército amenaza desde Besarabia directamente a Rumanía y los demás Estados balcánicos.

Este no es un avance para la seguridad de la frontera sino una preparación para una gran operación ofensiva de amplios objetivos. Si bien estos hechos señalaban demasiado los planes de la Unión Soviética, fueron evidenciados mediante el descubrimiento de instrucciones secretas comunistas y el hallazgo de importantes documentos y planos del Estado Mayor en los que las rayas tácticas y los objetivos están marcados hasta gran profundidad dentro del territorio alemán. Así por ejemplo en el informe del agregado militar yugoeslavo en Moscú del 17 de diciembre de 1940 se dice textualmente: «Según datos de los círculos soviéticos está en plena actividad el armamento de la Aviación, del arma de Carros de Combate y de la Artillería en virtud de las experiencias de la guerra actual y estará terminado en lo esencial hasta agosto del 1941. Este es probablemente el máximo límite de tiempo hasta poder esperar cambios sensibles en la política exterior soviética.


Toda Europa se levantaba como un solo hombre

El hecho de que todo el mundo reconocía muy bien este desarrollo y se había imaginado también lo que ocurriría si tenía éxito la agresión contra Alemania, se hizo patente cuando en virtud de la decisión del Führer, se adelantó al Reich a este ataque por detrás. En todos los países de la tierra, incluso en los amplios sectores de Inglaterra y Norteamérica se oyó con alegría que Alemania había tenido la fuerza y temeridad de ajustar cuentas con el antiguo enemigo de Europa en el Este, todavía antes de su decisión con Inglaterra. Los aliados de Alemania, a su cabeza Italia, Rumanía, Eslovaquia y Hungría declararon la guerra a la Unión Soviética. También Finlandia formaba al lado de Reich. Suecia permitía el paso de tropas alemanas. En todas partes se organizaban ejércitos de voluntarios. Primero en España, que todavía no ha restañado sus heridas de la lucha contra el comunismo, después en Dinamarca, Noruega y Holanda, también incluso en Francia, que asimismo rompía sus relaciones con Moscú. En una palabra: Toda Europa se levantaba como un solo hombre en la guerra contra Rusia. Desde tiempos inmemoriales nunca había estado tan unidos los pueblos de Europa, pues de la victoria sobre la Unión Soviética depende la suerte de las naciones e incluso del mundo entero.

No se trata únicamente de destruir para siempre el bolchevismo, se trata también de la compensación completa de otra presión sentida hasta ahora sólo por el Oeste, allí donde Inglaterra y los Estados Unidos intentaban cortar las importaciones a través de los Océanos a todo el Continente europeo. Ya durante la guerra mundial de 1914 hasta 18 ocurrió que la estrangulación del Continente por los ingleses desde el mar, nunca hubiese conducido a su objetivo, es decir a hacer morir de hambre a Europa, si Rusia no hubiera cerrado simultáneamente desde el Este las puertas hacia Europa. Es cierto que se logró entonces derrotar a Rusia, pero era demasiado tarde y faltaban también los medios para aprovechar los territorios conquistados a favor del abastecimiento de Europa central. Como Inglaterra por el agua que le rodea, Así Rusia estuvo protegida entonces y anteriormente por su gigantesca extensión que hacía imposible a los ejércitos ocupar todo el país.


La tenaza se romperá

Hoy es diferente. Las batallas ganadas hasta ahora en esta guerra han demostrado que con la ayuda del motor es posible cubrir rápidamente grandes recorridos. Contrario a la cansada Alemania de 1917. europa está hoy también en condiciones de aprovechar semejante ventaja, no sólo para sí misma, sino también para todos aquellos Estados a los cuales no les son permitidas tanto por Inglaterra como por Norteamérica las importaciones necesarias a través del mar. Mediante las victorias alemanas en Rusia, que mantienen en suspenso a todo el mundo, será ineficaz a la larga el cierre desde el mar incluso para toda Europa. Se romperá la tenaza en que el Antiguo Continente debería ser sujetado. Europa, que estaba preocupada siempre por su exceso de población, si podía recibir por vía marítima bastante alimento y también bastantes materias primas para sus manos de obra, será liberada no sólo hoy, sino también mañana y para todos los tiempos de la tiranía de aquellos que le podían poner siempre en un aprieto, si así lo deseaban.

Europa no será únicamente libre, se esforzará también en mantener su unidad y una colaboración entre todos los países, que posibilite la defensa contra las amenazas desde el exterior. Este es el significado de la lucha por la que Alemania se ha hecho cargo ahora del peso principal en beneficio de todos los pueblos de Europa.


número 15 del año 1941 [Sp 15]
páginas 4-5
Berlín, agosto de 1941
 

 

Alemania y Hélade: lo que han sido y serán
Extraído de Signal


«Que cada uno sea a su manera un griego, pero que lo sea» (Goethe)
«La lucha desencadenada hoy se ha entablado por grandiosos objetivos: lucha por su existencia una c

Tags: Europa, socialismo, sentido común

Publicado por cultural-thule @ 11:41
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