Jueves, 26 de junio de 2008
 En el muy revelador artículo que sigue, se desvelan  misterios casi
esotéricos respecto de algo tan  cotidiano como el Dinero. Y desde luego desconocidos para el común de los mortales
que usan su tarjeta de crédito, y guardan el dinero en cualquier Banco.
Es curioso, yo siempre he pensado que es mejor guardarlo debajo del colchón, y después de que uno se entera de ciertas
cosas,todavía más. El desconocimiento del funcionamiento del sistema bancario es uno de los logros más exitosos por
parte de  quienes se encargan de gestionar esa curiosa cosa que puede valer para todo, ó no valer para nada,
dependiendo de razones que escapan a los inocentes mortales que lo usan, es decir, casi toda la Humanidad. Y añado,
felices y dichosos los que son capaces­que los hay­ de vivir su vida sin este invento del maligno.
Kolnikov #Logomaquia
Cómo la Reserva Federal de USA y los bancos manejan el mundo
Stephen Lendman
The Rebel
Hace años leí el excelente libro de William Greider, publicado en 1987, sobre el funcionamiento del 
Sistema de la Reserva Federal de USA. Detallado y explícito, es una lectura maravillosa e 
informativa, con la excepción de la solución que sugiere para un inmenso problema.
Fue, por lejos, demasiado tímido. Este artículo propone una solución muy diferente. Greider llamó su 
libro “Secrets of the Temple” [Secretos del Templo] con un subtítulo: “Cómo la Reserva Federal 
maneja el país.” Un subtítulo mejor podría haber sido como la Fed (y muchas otras bancas centrales 
esenciales) manejan el mundo. Este artículo trata de resumir lo que hace, cómo lo hace, a quien 
beneficia y a costa de quienes. Para los que no están al tanto, prepárense para informaciones y 
comentarios sorprendentes.
Aclaremos algo desde el inicio:
La Reserva Federal de USA, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón y el Banco Central Europeo
(de los 12 países europeos que adoptaron la moneda común europea en 1999) son instituciones con un
poder enorme, mucho más allá de lo que puede imaginar la gente en algún sitio del mundo. Estos
bancos centrales, los más dominantes de todos, así como la mayoría de los demás, tienen una
poderosa influencia en las condiciones financieras en casi todos los países, incluyendo, desde luego,
los suyos, en un mundo financiero con cada vez menos fronteras, en el que un evento económico
importante en una nación puede afectar, para bien o para mal, a la mayoría.
Otro poderoso banco forma también parte del mundo financiero actual. Hay que mencionarlo por su
importancia, aunque requiere un artículo separado para explicar de modo más completo cómo trabaja.
Es el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), hermético, inviolable y sin
responsabilidad ante nadie, fundado en 1930 y basado en Basilea, Suiza.
Este banco, del que la mayor parte de la gente jamás ha oído hablar, es el banco central para sus
bancos centrales miembros – una especie de “mandamás de mandamases” bancario,
equivalente a lo que al parecer existe en el mundo enigmático de los Dones de la Mafia.
Como la mayoría de las demás bancos centrales, incluyendo a la Reserva Federal (explicado más
adelante), es de propiedad privada de sus miembros.
Algunos académicos y otros que han estudiado el BIS creen que la elite dominante del capitalismo
financiero estableció este banco de bancos para que esté en la cima del poder a fin de que ejerza su
autoridad sobre un sistema financiero mundial poseído y controlado por ella. Se piensa que su plan
era utilizar este banco para dominar el sistema político de todos los países y controlar la economía del
mundo de un modo feudal.
En una palabra, la idea es que esa súper­elite quiere regir el mundo controlando su dinero, y que
estableció ese todopoderoso banco de bancos supranacional para      que así lo hiciera. Por importante
que sea, esa discusión quedará para otra ocasión, ya que la intención de este artículo es concentrarse
sólo en la Reserva Federal de USA.
Los bancos centrales dominantes y el BIS, junto con la mayoría de los otros, ejercen su influencia en
una alianza mutua de tipo cartel para asegurar que todos se beneficien más de lo que harían sino fuera
por ese confortable arreglo. Con su inmenso poder no es jugar con palabras si uno dice que esas
instituciones financieras ciertamente gobiernan el mundo. Porque pueden crear dinero, financian las
necesidades de sus gobiernos, sus fuerzas armadas y todas las actividades empresariales, que no
podrían funcionar sin un su  ministro expeditivo de esa mercancía, la más necesaria de todas. Es el
dinero, no el amor, lo que hace que el mundo se mueva, y los banqueros centrales tienen el poder de
crear o sacar de la circulación mucho o poco, según gusten y con la intención que se les ocurra. Es el
tipo de poder que puede mover o destruir montañas.
Ningún banco central nacional es más poderoso en la actualidad que la Reserva Federal de
USA, pero no fue siempre así, y ahora enfrenta competencia por el primer lugar, lo que no había
conocido desde la Segunda Guerra Mundial. La Fed, como lo llaman, ha existido desde que fue
establecido originalmente por una ley del Congreso en 1913. Pero el Banco de Inglaterra ha existido
desde que Bretaña controlaba los mares, desde 1694, cuando el Rey William III necesitó ayuda para
financiar el tipo de aventura que requiere mucho dinero disponible – la guerra. En aquel entonces fue
contra Francia, y el rey necesitaba un banco amigo que lo imprimiera para su uso, para ayudarle a
combatir. También necesitaba ayuda financiera para facilitar el comercio y administrar la deuda del
país que siempre aumenta cuando se libran guerras.
El Banco de Inglaterra no fue el primer banco central, pero fue el primer banco central de propiedad
privada del mundo moderno en un país poderoso. Se llamó el Banco de Inglaterra para impedir que el
público supiera que, igual que nuestra Reserva Federal, era y sigue siendo de propiedad privada y no
parte del gobierno. También fue el modelo utilizado en la formación de nuestro propio banco central y
de la mayoría de los otros.
Los británicos podrán haber tenido una ventaja de 219 años sobre la Fed, pero los banqueros centrales
sólo son tan poderosos como los países que representan y sus economías. En la actualidad los otrora
dominantes británicos tienen que aceptar el papel menor de ser sólo uno de muchos socios inferiores
de un hegemón USA que emergió después de la Segunda Guerra Mundial como el poder económico
dominante del mundo. Siguen siéndolo hoy en día, aunque algunos expertos fiables creen que este
país puede haber llegado a la cumbre y se halla en decadencia. Algunos van más lejos y afirman que
nuestra decadencia ha sido acelerada por la desastrosa política del gobierno Bush que cree
irracionalmente que librar la guerra sin fin contra el mundo es la manera de gobernarlo, de impulsar
un crecimiento económico y una dominación sin fin, y de preservar así la posición preeminente de la
nación como el campeón económico reinante.
Es fácil cuestionar este punto de vista y pensar que el campeón se ha subido al cuadrilátero algunas
veces de más, tiene planes interminables de volver a repetir sus combates, y que probablemente le
pasará lo mismo que a muchos personajes anteriores que no supieron cuándo abandonar y terminaron
con un daño cerebral crónico, conocido como demencia. La lección de la historia es siempre la
misma. El precio a pagar por una conducta imprudente es elevado, doloroso e inevitable. Vale para los
países así como para los individuos, pero demasiado a menudo ni los unos ni los otros lo ven hasta
que es demasiado tarde. La mayor diferencia entre USA de hoy y otras naciones del pasado que
pagaron caro por no ceder cuando ya era demasiado tarde es que tenemos un arsenal todopoderoso,
como los demás nunca tuvieron. Si decidiéramos utilizarlo, probablemente no quedaría gran cosa para
un sucesor. No es un pensamiento agradable, pero es muy real.
Todo comenzó en 1910 en la isla Jekyll
Suena como el título de una película de horror, pero los eventos de la vida real que ocurrieron en 1910
en esta isla de propiedad privada a poca distancia de la costa de Georgia habría sido un reto hasta para
la imaginación de la fábrica de pesadillas de Hollywood.
En la isla Jekyll se reunieron en secreto durante nueve días siete hombres muy acaudalados y
poderosos y crearon el Sistema de la Reserva Federal que nació tres años más tarde, el 23 de
diciembre de 1913 mediante una ley del Congreso. Desde entonces, la nación y el mundo nunca
volvieron a ser lo mismo, sólo se beneficiaron los ricos y poderosos. De eso se trataba, y funcionó tal
como lo planificaron.
La Ley de la Reserva Federal que le dio origen es seguramente una de las obras legislativas más
desastrosas para el bien público que jamás haya sido producida por un organismo legislador.
También puede haber sido y sigue siendo ilegal según el Artículo 1, Sección 8, de la Constitución que
casualmente es la ley inviolable del país. El artículo indica que el Congreso tendrá el poder de acuñar
(crear) dinero y de regular su valor. En 1935, la Corte Suprema de USA determinó que el Congreso no
puede delegar constitucionalmente su poder a otro grupo u organismo. El Congreso actuó, por lo
tanto, en violación de la misma Constitución que juró preservar y al hacerlo creó el Sistema de
Reserva Federal que, como explicaremos más adelante, es una corporación privada con fines de
beneficio que opera a costa del bien público. Mediante su acción, nuestros legisladores cometieron
fraude contra el pueblo del país y hasta ahora se han salido con la suya sin que el público ni siquiera
conozca el daño que se ha infligido.
El vergonzoso resultado es que lo que jamás debería haber llegado a ver la luz es ahora la institución
más dominante del mundo, y todo debido a lo que comenzó en una isla de propiedad privada de
nombre espeluznante. Pero, si el Congreso hubiese actuado responsablemente, la ley de creación de la
Fed jamás habría sido promulgada. La legislación que la estableció fue tan dañina para el interés
público, que probablemente jamás habría sido aprobada si no hubiera sido encauzada mediante una
reunión del Comité Parlamentario de Conferencia organizada en plena noche entre las 1.30 y las 4.30
AM (mientras dormía la mayoría de los miembros del Congreso) el 22 de diciembre de 1913. La Ley
fue votada al día siguiente y aprobada a pesar de que muchos miembros del organismo habían partido
para sus vacaciones de Navidad y la mayoría de los que se quedaron no habían tenido el tie     mpo
necesario para leerla o conocer su contenido. ¿Suena familiar? Pero la aprobaron (como un ladrón en
la noche) y fue convertida en ley por un Woodrow Wilson inconsciente o cómplice, que admitió
posteriormente que había cometido un terrible error, diciendo “Arruiné inconscientemente a mi país.”
Pero era demasiado tarde para autopsias, y el pueblo usamericano lo ha pagado caro desde entonces.
Es hora de que el público lo comprenda y comience a exigir que se termine con más de 90 años de
daño.
Eso casi ocurrió hace 43 años cuando un presidente decidió actuar a favor de la gente que lo eligió.
Ese hombre fue John Kennedy, quien planificó antes de su muerte el fin del Sistema de Reserva
Federal para eliminar la deuda nacional que un banco central crea al imprimir dinero y prestárselo al
gobierno. Esa deuda ha aumentado ahora a más de 8.400.000.000. 000 dólares que tienen que ser
pagados por todos los contribuyentes, quienes lo han hecho por una suma que asciende a casi
174.000.000. 000 de dólares sólo en los tres primeros meses de 2006.
Este servicio de la deuda es ahora un monto anualizado que excede dos tercios de un billón de dólares.
Ha enriquecido a los banqueros (de eso se trataba) y ha empobrecido al público, porque nos cobran
impuestos para pagar la cuenta. No es exagerado decir que se trata del mayor fraude financiero en la
historia del mundo que aumenta con cada día que pasa.
La deuda era menos onerosa hace 40 años, pero Kennedy comprendió el peligro que representaba para
el país y la carga que imponía al público. Por lo tanto, el 4 de junio de 1963, dictó la orden
presidencial EO 11110 dando autoridad al presidente para emitir moneda. Luego ordenó al Tesoro de
USA que imprimiera 4.000 millones de dólares en “Billetes de USA” para reemplazar los de la
Reserva Federal. Su intención era de reemplazarlos todos cuando hubiera suficiente cantidad de la
nueva moneda en circulación para poder terminar con el Sistema de la Reserva Federal y el control
que daba a los banqueros internacionales sobre el gobierno de USA y el público.
Sólo meses después de la entrada en vigencia del plan Kennedy, fue asesinado en Dallas en lo que
seguramente fue un golpe de estado disfrazado para que pareciera otra cosa y que puede haber sido
realizado, por lo menos en parte, para salvar el Sistema de la Fed y la concentración de poder que
creó, tan beneficioso para los poderosos banqueros del país. Los que se beneficiaban tenían buenos
motivos para involucrarse en la conspiración para proteger el privilegio especial al que no estaban
dispuestos a renunciar sin lucha. Es una explicación plausible que podría explicar quién puede haber
estado tras el asesinato y por qué motivo.
Sea cual sea la verdad, el cartel bancario sólo se vio afligido por poco tiempo. Una vez que Lyndon
Johnson se hizo cargo, rescindió la orden presidencial de Kennedy y restauró el antiguo poder del
cartel. Lo ha mantenido desde entonces y ahora, por cierto, es más poderoso que nunca. Ni siquiera
los presidentes son capaces de detenerlo y los que quisieran tratar de hacerlo, tienen una lección
que les da la historia para que reflexionen.
Los predecesores de los posibles complotadores del golpe contra Kennedy fueron los hombres que se
reunieron en la isla Jekyll en 1910. Representaban a algunos de los hombres más poderosos del mundo
– los Morgan, Rockefeller, Rothschild de Europa (que dominaron toda la banca europea a mediados
del Siglo XIX y que todavía podrían ser la familia más rica y poderosa de todas) y otros de gran
influencia y poder. Estaba también un senador de USA, un alto funcionario del Tesoro, el presidente
del mayor banco del país en la época, un destacado personaje de Wall Street y el hombre que más
tarde llegaría a ser el primer presidente del Sistema de la Reserva Federal. Fue una colección
extraordinaria y fueron para lograr una sola cosa. Querían cambiar la ideología y el curso de los
negocios usamericanos, que hasta entonces se basaban en la competencia en el mercado y
reemplazarlos por el monopolio.
También sabían lo que quiso decir el barón M.A. Rothschild cuando dijo: “Denme el control sobre la
moneda de una nación y no me importa quién haga sus leyes.” Conocían también la sabiduría de lo
que dice en Proverbios 22:7: ““El rico se enseñorea de los pobres; y el que toma prestado es siervo del
que presta”.
Fue el alba de la era de los carteles poderosos, cuando los siete titanes financieros reunidos en secreto
en la casa del club de la isla
decidieron no seguir compitiendo entre ellos y exigieron el poder para arreglarlo. Ya estaban 
informalmente coludidos, pero sabían que todo funcionaría mejor si se realizaba bajo un cartel 
avalado legalmente. Querían un cartel bancario y obtuvieron uno que hoy florece por debajo del 
radar público con el instrumento que más deseaban – la capacidad de controlar el suministro de 
dinero de la nación, que les dio un poder casi ilimitado. El cartel trabaja ahora en cooperación con 
sus gobiernos y con todas las demás poderosas corporaciones transnacionales en una alianza global 
dominante que les permite controlar los mercados, los recursos, la mano de obra barata del mundo, y 
nuestras vidas.
El Sistema de Reserva Federal no es una agencia gubernamental – es un cartel de propiedad
privada de poderosos bancos protegido por la ley.

Se cree común, pero erróneamente, que el Sistema de Reserva Federal es una función gubernamental
y sometida a su control. Es falso. A menudo se habla de un banco central descentralizado, casi­
gubernamental, pero es sólo una cobertura para disfrazar lo que es en realidad: un cartel de propiedad
y operación privada que es presentado como si el gobierno estuviera a cargo. El hecho de que su
central esté en Washington en el formidable e impresionante edificio Eccles (bautizado con el nombre
de un antiguo presidente de la Fed) forma sólo parte del astuto subterfugio. Funciona como sigue:
La Fed está compuesta de un Consejo de Gobernadores en Washington y de 12 bancos regionales en
las principales ciudades de todo el país (incluyendo a mi propia ciudad de Chicago donde cualquiera
solía poder, pero ya no puede, ir a un cajero y comprar valores del Tesoro de USA). El sistema
también incluye a numerosos y diversos bancos miembros, incluyendo a todos los bancos nacionales
que tienen que formar parte del sistema. Se permite también que otros bancos se sumen y muchos lo
hicieron. La Reserva Federal comenzó sus operaciones en noviembre de 1914, casi un año después de
la ley parlamentaria que creó el sistema el año anterior. Recibió mandato legal para poseer el mayor
poder de cualquier institución del país – el poder de crear y controlar su suministro de dinero.
La mayoría de la gente sabe poco o nada sobre el dinero y la banca, probablemente nunca piensa en el
tema, y no tiene la menor idea de cómo lo que hacen la Fed y los banqueros afecta sus vidas. Antes de
escribir este artículo, tenía un poco más de los modestos conocimientos que aprendí en un curso
obligatorio sobre el tema y contabilidad básica como parte de mi plan de estudios para la maestría de
administració n empresarial, hace 46 años. Esos cursos deja   ron de lado las partes más importantes de
la historia y nunca dieron a entender que pudiera haber algo siniestro en el funcionamiento real del
sistema bancario. Pero nadie debería imaginar que los bancos fueron establecidos para funcionar en su
beneficio o que se quisiera que lo hicieran. Evidentemente no es así, y todo el que sugiriera que lo es,
debería leer lo que sigue. Son tan beneficiosos para el bienestar público como lo fue el misil balístico
intercontinental MX Peacekeeper (el lenguaje ingenioso es impresionante) que debía portar ojivas
nucleares a mediados de los años ochenta y que tenía el poder de destruir toda vida en el planeta y que
aún podría hacerlo en su forma antigua o modernizada.
La Ley de la Reserva Federal (la ley del país) estipula que los Bancos de Reserva Federal de cada
región son de propiedad de sus bancos miembros. Esos bancos de la Fed son corporaciones de
propiedad privada que hacen un gran esfuerzo por ocultar que ellos, en realidad, son dueños de lo que
gran parte del público piensa que forma parte del tesoro y gobierno públicos. Es fácil pensarlo ya que
los presidentes de la Fed y siete de los doce gobernadores son nombrados por el presidente y
aprobados por el Senado. Como tal, el BRF es una especie de entidad casi­gubernamental, pero el
hecho es que el Sistema es de propiedad privada con fines de beneficio privado como cualquier otra
empresa. Tiene accionistas como otras corporaciones públicas, que reciben un 6% de intereses libres
de riesgo cada año sobre su participación en el capital.
El público lo ignora, y probablemente no constituiría buenas relaciones públicas si lo descubriera. La
gente podría molestarse aún más si supiera que algunos de los propietarios de nuestra Reserva Federal
son poderosos inversionistas extranjeros en el Reino Unido, Francia, Alemana, Holanda e Italia. Son
socios de gigantescos bancos de USA como JP Morgan Chase y Citibank así como de poderosas
firmas de Wall Street como Goldman Sachs en un cartel banquero del nuevo orden mundial que
influencia y afecta por doquier los negocios y nuestras vidas.
El problema de la propiedad privada de los bancos de la Reserva Federal ha sido cuestionado varias
veces en los tribunales federales, en vano. Cada vez los tribunales confirmaron el actual sistema bajo
el cual cada banco de la Reserva Federal es una corporación separada de propiedad de los bancos
comerciales en su región. Un caso semejante fue el de Lewis contra USA que fue decidido por el 9o
Circuito de la Corte de Apelaciones que dictaminó que los bancos de la Reserva son corporaciones
independientes, de propiedad privada y controladas localmente.
Los fundadores de la nación usamericana tenían diferentes ideas que los poderosos que se reunieron en
la isla Jekyll
A través de nuestra historia, hubo desacuerdo sobre quién debía controlar el suministro de la moneda
de la nación y el derecho de emitirla. Los fundadores de la nación usamericana comprendieron que el
parlamento británico se vio obligado a imponer impuestos injustos a sus colonias americanas y a sus
propios ciudadanos porque el Banco de Inglaterra había acumulado tanta deuda que el gobierno
necesitaba ingresos para reducirla. Benjamin Franklin, de hecho, consideraba que fue la verdadera
causa de la Revolución Usamericana. La mayoría de los fundadores de la nación también
comprendieron el peligro que podía resultar si los banqueros acumulaban demasiada riqueza y poder.
James Madison, el principal redactor de nuestra Constitución, los llamó “cambistas”, refiriéndose a la
Biblia que dice que Jesús expulsó dos veces a los cambistas del Templo de Jerusalén hace 2.000 años.
Madison dijo:
“La historia nos dice que los cambistas han utilizado todos los medios posibles de abuso, intriga,
engaño y violencia para mantener su control sobre los gobiernos controlando el dinero y su emisión.”
Thomas Jefferson utilizó la misma energía en su condena cuando dijo:

Creo sinceramente que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades
que los ejércitos permanentes. Ya han creado una aristocracia del dinero que ha desafiado al 
gobierno. El poder de emisión debería ser arrebatado a los bancos y restaurado a aquellos a los que 
pertenece como corresponde.”
Jefferson y Madison comprendían los peligros de los monopolios comerciales de todo tipo y trataron
de asegurar que nunca existirían en la nueva nación. Ellos, de hecho, deseaban que se agregaran dos
enmiendas adicionales a la “Declaración de Derechos” en la Constitución, pero nunca lo lograron.
Creían que para proteger la libertad de la gente la nación debería ser “libre de monopolios en el
comercio” (lo que ahora son las corporaciones gigantes incluyendo a los grandes bancos
internacionales y las firmas de inversión de Wall Street) y “libre de fuerzas armadas permanentes,” o
ejércitos en pie de fuerza. Tratemos de imaginar cómo sería el país en nuestros días si Jefferson y
Madison lo hubieran logrado – un país sin gigantescas corporaciones depredadoras que explotan a
todos para obtener beneficios y sin fuerzas armadas desenfrenadas que hacen guerra al mundo,
amenazando con destruirlo, y que lo hacen para que esos gigantes corporativos puedan obtener
beneficios aún mayores.
Nunca lo lograron, por cierto, y la gente lo ha pagado caro desde entonces, incluyendo el gran daño
causado porque el gobierno renunció a su derecho a controlar el suministro de moneda de la nación.
Lo entregó secretamente sin que el público lo supiera, ignorante del daño que se le había hecho. Ha
sido peor todavía desde los años ochenta, porque el poder de la Fed aumentó bajo un presidente
republicano amigo, y la algarabía dirigida por los medios corporativos ocultó el efecto. Para ellos, es
inaceptable que la Fed sea degradada en público, así como sus gigantescos bancos miembros o sus
aliados de Wall Street.
Las cosas se descontrolaron especialmente durante el ejercicio de Alan Greenspan. Sorprende que
haya habido quien encontrara muchos motivos para elogiar a semejante presidente de la Fed antes de
que dirigiera la Fed, cuando fue asesor presidencial, o durante el período en el que la dirigió. Sólo
entró al servicio gubernamental después del fracaso de su firma de consultoría financiera,
probablemente porque necesitaba una nueva línea de trabajo. Allí se las arregló para convertirse en un
exuberante profeta de la banca central que fue casi elevado a la santidad por los expertos en los
negocios que pensaron que bajo su ejercicio los cielos fueron sólo azules y que las pocas nubes a la
vista siempre presagiaban que volvería a brillar el sol. Ahora Alan se retiró a los horizontes más
fértiles de los contratos literarios y de las conferencias, lo que muestra que si trabajas bien para los
ricos y poderosos que te lo permitieron, (a costa del resto de la gente) la recompensa final valdrá la
pena. Es probable que el nuevo presidente de la Fed haya tomado nota y que tratará de continuar la
tradición como corresponde.
Pero tratemos de imaginar un tipo diferente de presidente de la Fed, alguien que conociera, tuviera fe
en y practicara las palabras y la sabiduría de otro presidente usamericano de cierta importancia:
Abraham Lincoln.
En 1886 Lincoln dijo: “Los poderes del dinero se alimentan de la nación en tiempos de paz y
conspiran contra ella en tiempos de adversidad. Son más despóticos que un monarca, más
insolentes que la autocracia y más egoístas que una burocracia. Denuncian, como enemigos
públicos, a todos los que cuestionen sus métodos o saquen a la luz pública sus crímenes. Tengo
dos grandes enemigos: el Ejército del Sur frente a mí y los banqueros detrás. De los dos, el que
está atrás es mi mayor enemigo.”
Parece que Lincoln también dijo (aunque algunos lo disputan): “Veo que se acerca en el futuro
cercano una crisis que me inquieta y que me hace temblar por la seguridad de mi país... han
entronizado a corporaciones y seguirá una era de corrupción en los cargos importantes, y el poder del
dinero del país se esforzará por prolongar su reino utilizando los prejuicios de la gente hasta que toda
la riqueza se acumule en unas pocas manos y la República sea destruida.” Imaginemos lo que Lincoln
diría en nuestros días.
Lo que Lincoln pensaba sobre los banqueros y el poder del dinero en el país, parece provocar la
pregunta obvia: ¿Tuvieron algo que ver, o fueron la razón de su prematura muerte a manos de John
Wilkes Booth? Los banqueros internacionales detestaban evidentemente a Lincoln después de que
logró que el Congreso aprobara la Ley de la Moneda de Curso Legal que autorizó al Tesoro de USA a
emitir papel moneda llamado “greenbacks” [verdes]. Lincoln necesitaba esa legislación después de
que renunció a pagar a los banqueros las tasas usureras de interés de entre un 24 y un 30% que exigían
por los préstamos que necesitaba para financiar su guerra con el sur. Con la nueva ley bancaria,
Lincoln pudo imprimir los millones de dólares necesarios, libres de deuda y de intereses. Esto no era,
evidentemente, lo que deseaban los codiciosos banqueros, ya que sólo pueden sacar beneficios cuando
arrebatan su trozo de carroña de las transacciones financieras que controlan. Lincoln fue asesinado
poco después del fin de la guerra, y un poco más tarde rescindieron la así llamada ley “Greenback”
[verde], aprobaron una nueva ley bancaria, y todo el dinero volvió a producir intereses.
Cómo funciona el Sistema de la Reserva Federal.
El Sistema de la Reserva Federal resulta de que el Congreso y el Presidente aceptaron privatizar el
sistema monetario de la nación y renunciar al poder que debería hacer seguido siendo el derecho
exclusivo del gobierno. Esa ley fue tan escandalosa que la Fed tuvo que ser estructurada
deliberadamente para que pareciera una delegación del gobierno federal a fin de ocultar que en
realidad es un cartel bancario todopoderoso de propiedad privada cuyos bancos miembros (incluyendo
todos los nacionales) comparten los vastos beneficios obtenidos de poseer la licencia más importante
que debiera ser exclusiva de los gobiernos– el derecho a imprimir dinero en cualquier cantidad,
controlar su suministro y precio, y beneficiarse inmensamente de prestarlo a cambio de un beneficio,
incluyendo al propio gobierno que debe pagar intereses por el dinero, lo que nunca sería necesario si
simplemente lo imprimiera. Pensemos en lo que ocurriría si el gobierno legalizara el derecho a
falsificar la moneda nacional para beneficio privado.
No es una exageración afirmar que es la mayor estafa financiera de todos los tiempos, que causa un
daño incomprensible a un público que sigue sin enterarse.
Funciona como sigue:
La Fed recibió la autoridad de dirigir la política monetaria de la nación con el poder de controlar el
suministro y el precio de la moneda. Tiene tres maneras de hacerlo – mediante operaciones abiertas de
mercado, la tasa de referencia que cobra a los bancos miembros, y el requerimiento del porcentaje de
reserva de los activos de los bancos miembros que se les exige que mantengan en su poder y no sea
prestado. El Consejo de Gobernadores tiene la responsabilidad del manejo de la tasa de referencia y
de los requerimientos de reserva, mientras que el Comité Federal de Mercados Abiertos (FOMC, por
sus siglas en inglés) está a cargo de las operaciones de mercado abierto de compra o venta de
obligaciones que explicamos más adelante. Mediante el uso de estos instrumentos, la Fed puede
influenciar el suministro y la demanda de dinero y así controla directamente la tasa a corto plazo de
los fondos federales que es siempre fija a menos que la Fed desee elevarla o bajarla. Las tasas a mayor
plazo son controladas por los poderosos negociantes institucionales en el mercado de obligaciones.
El FOMC y cómo funciona
El Comité Federal de Mercados Abiertos es realmente la clave de todo el proceso de creación o
contracción de dinero. Consiste de 12 miembros – siete miembros del Consejo de Gobernadores de la
Fed, el presidente del New York Fed Bank (el más importante de todos) y cuatro de los restantes 11
presidentes del Banco de la Reserva que sirven por turnos períodos de un año.
El FOMC realiza ocho reuniones regularmente programadas por año para evaluar las condiciones
económicas y decidir lo holgada o estricta que ha de ser la política monetaria para impulsar su
objetivo declarado de un crecimiento económico sostenible y de estabilidad de los precios.
Literalmente, el FOMC tiene el poder de crear dinero de la nada. Lo hace mediante un proceso de
cuatro etapas:
Primera etapa: El FOMC aprueba la compra de obligaciones del gobierno de USA en el mercado
abierto.
Segunda etapa: El New York Fed Bank adquiere las obligaciones a los vendedores (los mercados
financieros siempre tienen un número idéntico de compradores y vendedores).
Tercera etapa: La Fed paga por sus compras con créditos electrónicos a los bancos vendedores que,
por su parte, acreditan las cuentas bancarias de los vendedores. Estos créditos son literalmente
creados de la nada.
Cuarta etapa: Los bancos que reciben los créditos pueden entonces utilizarlos como reservas para
posibilitar que presten hasta 10 veces su suma (si su requerimiento de reserva es de un 10%)
mediante la magia (que sólo poseen los bancos) de la banca de reserva fraccional y, por cierto, cobran
intereses por el total. ¡Qué negocio! y todo es legal. Imaginemos cuán ricos podríamos ser todos si
pudiésemos hacer lo mismo como individuos privados:
Pedimos prestado un millón a la Fed, como por arte de magia lo multiplicamos por 10, y cobramos
intereses sobre el total, con la excepción de un 10% que debemos mantener en reserva. Es la magia de
la creación de dinero de la reserva fraccional y explica cuán poderoso es el estímulo económico
cuando la Fed quiere realzar el crecimiento económico.
Cuando la Fed desea contraer la economía reduciendo el suministro de dinero, simplemente invierte el
proceso mencionado. En lugar de comprar obligaciones, las vende de manera que el dinero sale de las
cuentas de los bancos compradores en lugar de ingresar en ellas. Entonces, los préstamos bancarios
tienen que ser reducidos 10 veces si el requerimiento de reserva es de un 10%.
Cómo la Fed daña el interés público
El sistema de la Reserva Federal existe sólo para servir a sus propietarios y a los bancos miembros y
al hacerlo es hostil al interés público. Eso, porque es un cartel bancario con el poder de restringir la
competencia por mayores beneficios obtenidos a nuestra costa. Sale de nuestros bolsillos, a los de
ellos, y el público pierde de cuatro maneras:
Primera:
A través del impuesto invisible de la inflación que resulta de la dilución del poder adquisitivo causado
por el ingreso al sistema de dinero recién creado, lo que reduce el valor de los dólares que ya están
presentes. La Fed de Greenspan fue especialmente expansiva, nunca fue responsabilizada por sus
excesos y pudo legar el serio problema que creó a un futuro presidente de la Fed y a la sociedad, para
que lo encararan. El hombre al que ahora ensalzamos como mag      o monetario comenzó de modo
sensato. Desde 1982, antes de que llegara en 1987, hasta 1992, el suministro de dinero aumentó en un
promedio de un 8% por año. Pero de 1992 a 2002, las imprentas trabajaron horas extra en
sincronizació n con la desregulación y el crecimiento de los mercados globales, expandiendo la
moneda en más de un 12% por año. Se hizo aún más extremo después del 11­S y desde 2002 creció a
una tasa de un 15%. Ahora se ha más que duplicado en menos de una década. Parece que el nuevo
presidente de la Fed tomó nota y ha comenzado a reducir el ritmo de expansión monetaria ya que
sigue aumentando la tasa de los fondos federales a cualquier nivel que tenga en mente.
Los operadores cambiarios también parecen haber tomado nota del ritmo de la expansión general del
suministro de dinero. Con la excepción de un descanso en 2005, es bastante probable que la debilidad
del dólar desde 2002 sea el resultado del exceso creado por los gastos derrochadores del gobierno de
Bush para financiar sus interminables guerras y sus insensatos recortes tributarios para los ricos. El
problema se complica aún más ya que desde 1964 hasta la actualidad, el servicio de la deuda ha
crecido de un 9 a un 16,5% del presupuesto federal, y sigue aumentando, y el actual déficit ha pasado
de un superávit de un 1% a casi un 7% de déficit; el endeudamiento federal ha crecido en un 40% sólo
desde 2001 y ha sido financiado en gran parte por “la gentileza de extranjeros” que podrían estar
perdiendo los nervios. Además, desde marzo de 2006, la Fed dejó de publicar la suma M­3 del monto
total de dólares en circulación.
Sin esa transparencia, ahora los grandes compradores de obligaciones del Tesoro de USA tienen que
calcular el valor del dólar basándose en la especulación y la inseguridad en lugar de datos seguros –
no es algo que inspire confianza en los mercados financieros que funcionan mejor en una atmósfera
de franqueza y claridad.
Segunda:
El público también pierde porque el cartel bancario puede practicar la usura – por su poder sobre una
moneda flexible para aumentar o bajar artificialmente las tasas a cualquier nivel que escoja lo que
muchos pequeños prestamistas no pueden hacer en un mercado verdaderamente libre y abierto.
Además, la dominación sobre el mercado por el cartel fuerza a la mayoría de los prestatarios
(especialmente los más pequeños que están en menos condiciones de emitir sus propios instrumentos
de deuda) a pedirle préstamos que luego puede hacer utilizando lo que debería ser el dinero de la
gente, puesto a su disposición al coste más bajo posible por numerosos pequeños prestamistas
fuertemente regulados por el gobierno, que competirían en busca de clientes.
Tercera:
Mediante los impuestos, nosotros, el público, tenemos que pagar para cubrir los intereses de la
inmensa deuda nacional (actualmente de  ás de 8,4 billones de dólares) acumulada del dinero
                                          m
imprimido por la Fed y prestado al gobierno. Como dijera anteriormente, totaliza ahora un monto
anualizado que excede dos tercios de un billón de dólares y aumenta a diario. Ha enriquecido a los
banqueros, empobrecido a la gente de a pie, y el público todavía no se entera de que está siendo
esquilmado en grande.
Cuarta:
Exacerbando el abuso mencionado, el cartel puede hacer que el público saque de apuros al sistema
con más dólares del contribuyente. Esto sucede cada vez que alguno de los bancos demasiado grandes
para que se permita que fracasen necesita ayuda financiera para sobrevivir. Lo mismo vale para
grandes corporaciones como Chrysler o Lockheed, grandes firmas inversionistas o fondos hedge
como Long­Term Capital Management o incluso países como México. También vale cuando cierra un
solo banco y hay que compensar a los depositantes o, de modo más serio, después de una crisis
financiera sistémica como la que acabó con muchos bancos de ahorros y préstamos en los años
ochenta. Sea un solo banco o muchas docenas al mismo tiempo, los dólares tributarios del público son
utilizados para salvar el sistema o sólo para pagar la cuenta a fin de rembolsar a depositantes
asegurados contra pérdidas por el seguro de protección gubernamental hasta un cierto monto por
cuenta.
¿Cómo habría reaccionado Adam Smith ante el Sistema de la Reserva Federal?

Esta concentración de riqueza y poder del cartel bancario es lo contrario de lo que Adam Smith, el
padrino ideológico del capitalismo de libre mercado, propugnó en sus escritos, incluyendo su obra
fundamental “La Riqueza de las Naciones”.
Smith escribió sobre una “mano invisible” que dijo funcionaba mejor en un mercado libre con
numerosos pequeños negocios en competencia local los unos contra los otros. Se opuso
enérgicamente al mercantilismo concentrado de su época (lo que haya sido) que actualmente sería el
equivalente de nuestras gigantescas corporaciones transnacionales y el cartel bancario con el poder
para restringir la competencia, mantener precios más elevados de lo que hubiera sido posible de otro
modo y, como resultado, ganar mayores beneficios a expensas del público.
El tipo de cartel bancario que existe hoy en día es precisamente lo que Smith habría condenado. Pero
que haya un banco central no es un mal de por sí siempre que el banco sea de propiedad del gobierno,
controlado y operado en función del bien público. Sólo aparece un problema cuando establecen el
banco mediante subterfugios para que parezca como si fuera de propiedad del gobierno y operado por
éste, cuando en realidad, funciona en función del interés privado como en nuestro caso y también en
la mayoría de los otros. Y en USA, para que funcione el amaño, el Sistema es dirigido por un
organismo rector nombrado en su mayoría por el gobierno, que actúa como un alcahuete para los
miembros privados del codicioso cartel de la banca que fue el primero en desear que existiera y que
logró que un Congreso corrupto lo pusiera a su disposición.
Para que funcione, el cartel precisa de la cobertura que consigue como resultado de su asociación con 
el gobierno, pero perjudica al interés público gracias a esa estructura en provecho de sus propias
ganancias privadas.
Y así llegamos al quid del problema:
El Congreso elegido para servir al pueblo, lo traicionó en lugar de cumplir con su deber al crear
un cartel bancario todopoderoso y otorgarle la autoridad para practicar la banca de reserva
fraccional con el poder de obtener dinero libre creándolo de la nada.
Luego permitió a sus miembros un derecho de casi­monopolio para establecer las tasas de interés que
deseen cobrar a los prestatarios.
Todo el proceso equivale a un atraco legalmente sancionado por parte de los poderosos bancos que
operan confabulados con el gobierno para obtener sus propios beneficios. Forma también parte de un
proceso más amplio organizado por el gobierno para transferir riqueza del pueblo a los bolsillos de las
grandes corporaciones y de los ricos, y lo hace mientras los afectados desconocen que siquiera ocurre.
El Sistema de Reserva Federal también daña al público de otra manera:
La Fed daña el bien público de otra manera importante, y de nuevo la mayoría de la gente no tiene la
menor idea. El Sistema de Reserva Federal fue supuestamente establecido para estabilizar la
economía, limar asperezas de los ciclos de la coyuntura, mantener una tasa saludable de crecimiento
sustentable mientras conserva la estabilidad de los precios y beneficia a todos. ¿Ha hecho bien su
trabajo?
Desde su creación en 1913, hemos tenido los cracks de 1921 y el más importante y recordado de 1929.
Fue seguido por la Gran Depresión que duró hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la que
según el destacado economista conservador Milton Friedman fue causada y exacerbada porque la
Reserva Federal decidió sorprendentemente la reducción del suministro de dinero en tiempos de
contracción económica, en lugar de aumentarlo.
Luego tuvimos recesiones en 1953, 1957, 1969, 1975, 1981, 1990 y 2001. También tuvimos comienzos
de inflación en los años sesenta. Ésta fue bastante severa durante gran parte de los años setenta y a
comienzos de los ochenta. Y tuvimos una importante crisis bancaria en los años ochenta en la que
quebraron más bancos y asociaciones de ahorro y préstamos que nunca antes en nuestra historia.
Sucedió después de la desregulación del mercado financiero, al permitirse que los bancos persiguieran
sus propios intereses sin supervisión gubernamental que controlara su inclinación a correr riesgos
excesivos o que impidiera que trataran de salirse con la suya mediante fraudes deliberados.
Junto con la estabilidad económica que la Fed nunca logró, también se ha disparado la deuda de los
consumidores; déficits presupuestarios y comerciales de nivel récord; una cantidad elevada de
bancarrotas personales y crecientes delitos con préstamos hipotecarios; un interés sobre una creciente
deuda nacional que representa un porcentaje grande y creciente del presupuesto federal; la pérdida de
nuestra base manufacturera y de puestos de trabajo con salarios elevados porque son exportados a
países de baja remuneración; una economía en la que los servicios acaparan ahora cerca de un 80% de
todos los negocios que en su mayoría pagan mal, con trabajos menos capacitados con poca o ninguna
prestación; y una brecha en el aumento de los ingresos y la riqueza que sigue dañando a las personas
de bajos o medianos ingresos para beneficiar a los pocos ricos y acomodados, así como un gobierno
que impulsa esta situación.
Todo se sintetiza en una conclusión:
La Fed no cumplió, por sobre todo, la tarea esencial para la que fue establecida para comenzar. Pero
es mucho peor todavía, si comprendemos los verdaderos motivos de un cartel. No es servir el interés
público. Es abusar de él, porque así aumentan los beneficios. Puede hacerlo con la concentración de
su poder, legalmente sancionado, y un gobierno amigo aliado con sus socios o facilitadores. Se sale
con la suya cuando comete los más espléndidos de los robos gracias a este amaño oculto de la vista
del público.
Una solución necesaria para un problema inmenso.
Se desprende de la información presentada que el Sistema de la Reserva Federal fue establecido
mediante el sigilo y el engaño por un puñado de políticos corruptos al servicio de sus poderosos
aliados de la banca y de Wall Street. Lo hicieron para defraudar al público y sin que éste haya tenido
la menor idea de lo que sucedía, y de lo dañino que era para su bienestar e interés. Los que estaban en
el Congreso y el presidente Wilson (un hombre formado en derecho, ex abogado practicante, antiguo
académico apreciado y presidente de la Universidad Princeton) o sabían o deberían haber sabido que
la ley que él y ellos aprobaron al establecer la Fed estaba en violación directa de la Constitución que
habían jurado defender. No lo hicieron, y violaron la ley, y el público pagó caro su crimen desde
entonces hasta la actualidad.
De manera que, ¿qué recurso queda, y es posible movilizar a la gente para darle seguimiento? Hay una
sola solución sensata y justa para deshacer el daño que se ha hecho a tantos durante tanto tiempo:
abolir el Sistema de la Reserva Federal y restaurar el poder que tiene actualmente a un Gobierno
Federal que trabaje por el bien público. Recuperarlo del poderoso cartel bancario que trabaja en su
contra y no volver a permitir jamás que vuelva a caer en sus manos. Es el único camino. El gran poeta
y dramaturgo alemán Bertolt Brecht habría estado de acuerdo cuando dijo que “es más fácil robar
estableciendo un banco que asaltarlo.”
La liberación del poder de esos poderosos “cambistas” traería enormes beneficios para todos.
Establecería una política prudente de creación de dinero que minimizaría nuestro impuesto más
injusto – la inflación que es causada por banqueros privados en busca de beneficios que manipulan el
suministro de dinero de la nación para aumentarlos. Estabilizaría la economía y suavizaría los
extremos en el ciclo de la coyuntura agudizados por el cartel que trabaja para su propio beneficio y
contra el nuestro. Reduciría el coste del dinero para los prestatarios porque terminaría con el poder
monopolista que tiene actualmente el cartel de establecer las tasas que prefiere, abriendo el mercado a
más competencia.
Reduciría la creciente y opresora deuda nacional al ser por fin liberada del aumento del suministro de
dinero requerido para pagarla.
Reduciría la carga tributaria para el público ya que se necesitarían menos ingresos para el servicio de
la deuda. Sería un paso trascendental hacia la reducción del poder abrumador de todos los gigantes
corporativos depredadores que nos explotan para poder crecer y prosperar, y ojalá termine por
eliminarlo. Podría incluso servir de disuasión para evitar guerras que sólo se libran para obtener
riqueza y poder – nunca por la gloria o para que el mundo sea más seguro para la democracia u otros
motivos falsos. Sin un poderoso cartel bancario y otros gigantes de la industria que viven de la miseria
humana que generan, habría menos necesidad de guerra alguna.
Tratemos de imaginar ese tipo de mundo y un gobierno que trabaje por el bien público en lugar de
dañarlo como lo hace ahora para servir al capital.
Ese mundo es posible, y la gente responsable tiene que trabajar por él, porque el que tenemos
actualmente ha fracasado y debe ser cambiado antes de que sea demasiado tarde.
Una visión del mundo creada por los intereses del capital y por nuestro gobierno que lo apoya.
En el inquietante, corrupto mundo del capitalismo neoliberal de “libre mercado” controlado por
gigantescas corporaciones; que beneficia sólo a los pocos privilegiados y causa tanta miseria y
desesperación; un mundo despótico que no puede durar, ni debemos permitir que dure mucho más; en
el que interminables guerras por el poder y los beneficios; en el que la gente es una mercancía
utilizada según se la necesita y descartada como basura cuando no es así; sin preocupación por la
preservación de una ecología capaz de sustentarnos, que no lo seguirá haciendo por mucho tiempo
más porque la estamos destruyendo, y a nosotros mismos, por ganancias; en el que las necesidades
humanas básicas no tienen importancia bajo un modelo económico en el que sólo vale el beneficio
privado; en el que la democracia es incompatible con el capitalismo depredador; en el que nadie
debiera querer vivir o tener que hacerlo; en el que debemos cambiar o morir. En el lenguaje del
capital, es el balance final. Sólo un movimiento de masas de gente comprometida puede cambiar el
mundo. Debe acabar o acabaremos todos.
A menos que podamos pasar de nuestro modelo económico fracasado a una alternativa mejor,
terminará cuando le llegue el día de una u otra manera. Pero podría ser un desenlace que nadie puede
desear – su autodestrucció n que se lleve todo consigo, sea por un holocausto nuclear o por un medio
ambiente tan inhóspito que no permita que vivamos en él. Nuestra única posibilidad es trabajar por el
cambio mientras quede tiempo.
Una visión de un mundo diferente
La historia prueba que un mundo mejor es posible cuando hay gente comprometida que trabaja lo
suficiente para lograrlo. Así terminó la esclavitud; los trabajadores conquistaron el derecho a
organizarse y a la negociación colectiva; las mujeres lograron el mismo derecho a voto que los
hombres, el control sobre sus propios cuerpos, y más derecho y condición en la fuerza laboral; los
negros y otras minorías obtuvieron importantes derechos cívicos; y los políticos estatuyeron
importantes leyes sociales aunque haya sido sólo por temor a lo que podría suceder si no lo hacían.
Thomas Jefferson explicó que “el precio de la libertad es la vigilancia eterna.” Es el mismo precio a
pagar para mantener nuestras conquistas sociales logradas con tanta dificultad. En la generación
pasada esas conquistas se erosionaron mientras no prestábamos atención y sólo una acción de masas
del pueblo puede rescatarlas. El objetivo debería ser un mundo humanitario de participación en el que
las vidas de la gente mejoran porque todos trabajamos juntos para lograrlo; un mundo de paz y no de
guerras interminables en beneficio de los ricos y poderosos a nuestras expensas; en el que todas las
necesidades humanas esenciales son satisfechas porque los gobiernos trabajan por el bien común para
asegurarlo; con una democracia participativa real en la que los funcionarios públicos y elegidos
trabajan juntos para mantenerla fuerte y vibrante; sin gigantes opresores corporativos o carteles
bancarios porque la ley no los permite; en el que la nutrición ecológica y la preservación constituyan
una preocupación central; en el que haya aire, agua, suelos puros y una alimentación adecuada y
segura; un mundo mucho más simple, con una base más local que la actual, en la que nociones como
la globalización ni siquiera formen parte del vocabulario; un mundo basado en la equidad social y la
justicia para todos, con gobiernos, el mantenimiento del orden y los tribunales trabajando para
asegurar que siga siendo así; un mundo en el que todos queramos vivir y ojalá algún día lo podamos;
un mundo que queramos legar a futuras generaciones; un mundo que no podamos dejar de lograr
porque la alternativa puede ser la nada.
Puede que nos encontremos en un momento crucial en el que nuestro destino está en juego. O
trabajamos juntos por un mundo mejor, sustentable o probablemente nos convertiremos en la
primera especie que se autodestruye. Si sucede, probablemente nos llevaremos a la mayoría de
las demás con nosotros y no dejaremos gran cosa para los pocos que queden. Ya no nos queda el
lujo de discutir el tipo de mundo que necesitamos para sobrevivir. Los bancos gigantes y las
corporaciones no nos lo brindarán, ni lo hará un gobierno hostil aliado con ellos. Depende de
nosotros que lo logremos o probablemente sucumbiremos si fracasamos. Sería un buen
comienzo si expulsáramos de nuestro templo a los “cambistas” de la Reserva Federal y con ellos
a las corporaciones gigantes. Un mundo mejor es posible si recordamos y vivimos según las
palabras inspiradoras de Antonio Gramsci sobre “el optimismo de la voluntad.” Con su ayuda,
el pueblo organizado puede encontrar un camino para derrotar al dinero organizado.

El 2% de los adultos del mundo posee más de mitad de la riqueza
Fuente :EFE
Londres.­ El dos por ciento de los adultos más adinerados del planeta posee más de la mitad de la
riqueza mundial, según un informe de la ONU divulgado hoy en Londres que refleja las grandes
diferencias entre ricos y pobres.
El documento, elaborado por el Instituto Mundial de Investigación de Desarrollo Económico de la
Universidad de las Naciones Unidas (UNU­WIDER, en sus siglas en inglés), con sede en Helsinki, es
el primero de este tipo que asegura cubrir todos los países del mundo.
"Se trata de un estudio pionero," afirmó hoy el director del UNU­WIDER, Anthony Shorrocks,
durante la presentación del texto en la Asociación de la Prensa Extranjera en Londres, al precisar que
la investigación se basa en datos del año 2000.
El informe, titulado "Distribución de la riqueza de los hogares del mundo," toma en cuenta el tamaño
poblacional y variables como los activos y pasivos financieros y la tenencia de tierra, edificios y otras
propiedades tangibles.
"Usamos el término riqueza en el sentido de valor neto: el valor de activos físicos y financieros menos
las deudas. Así, la riqueza representa la propiedad de capital," aclara uno de los autores, James
Davies, de la Universidad de Western Ontario (CanadáGui?o.
Según el documento, el uno por ciento de los adultos más ricos es dueño del 40 por ciento de los
activos mundiales, mientras que el diez por ciento de ese opulento grupo posee el 85 por ciento
de la riqueza.
Por contra, la mitad de la población adulta mundial posee únicamente un uno por ciento del
capital del planeta.
Para pertenecer al conjunto del diez por ciento de los adultos más acaudalados, una persona
necesita un mínimo de 61.000 dólares en activos, y para integrar el selecto club del uno por
ciento más rico se requieren 500.000 dólares.
El informe de la ONU también muestra una tabla de millonarios en la que figuran 13,5 millones
de personas en posesión de un millón de dólares y casi 452.000 que disfrutan de diez millones de
dólares.
En la parte más alta de esa pirámide aparecen unos 15.000 afortunados que tienen 100 millones
de dólares y, ya en la cúspide, hay casi 500 personas con activos valorados en 1.000 millones de
dólares.
Por zonas geográficas
"La riqueza está sumamente concentrada en Norteamérica, Europa y los países de altos
ingresos en el área Asia­Pacífico. La población de estas naciones posee colectivamente el 90 por
ciento de la riqueza total," señala el texto.
Así, Norteamérica domina el 34 por ciento de la riqueza mundial; Europa, el 30 por ciento; el
área Asia­Pacífico rica, el 24; Latinoamérica y Caribe, el 4; el resto de Asia­Pacífico, el 3; China
también el 3; y Africa e India, un uno por ciento cada uno.
El uno por ciento de los adultos más ricos del planeta residen, pues, en Estados Unidos, Japón,
Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, Canadá, Países Bajos, España, Suiza, Taiwán y en el
resto del mundo.
Otra conclusión curiosa del estudio es que la deuda de los hogares es relativamente poco importante
en los países pobres.
"Mientras la personas pobres en países pobres están endeudadas ­explica el informe­, sus deudas son
relativamente pequeñas en total. Esta característica se debe a la ausencia de instituciones financieras
que permitan a los hogares incurrir en hipotecas y préstamos personales, como es el caso de los países
ricos."
Shorrocks admitió que los datos pueden resultar algo obsoletos (no en vano se refieren al año 2000) y
no reflejar el despegue de economías emergentes como China, India o Brasil, en

Tags: capitalismo, conspiraciones, globalismo, usura

Publicado por cultural-thule @ 23:55
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