Jueves, 27 de marzo de 2008
Escribe Adrian Salbuchi
                                                                           “Quien controla el pasado controla el presente;
                                                                             quien controla el presente, controla el futuro”
                                                                                                   George Orwell – “1984”
                                                      ”La historia no es simple “pasado”.  Es la forma que suelen adoptar
                                                          las angustias y las luchas del presente.  Es por eso que  ante una
                                                       misma historia existen – y deben existir – distintas  interpretaciones
                                                      historiográficas...  La tarea del pensador es analizar las conexiones
                                                  de los procesos históricos y sociales.  Debe preservarse de las críticas de
                                             los que quieren confrontar “el mal absoluto” en nombre del “bien absoluto”.
                                                                 Norberto R. Ceresole ­ “La falsificación de la realidad”
                                                                                           “La única verdad es la realidad”
                                                                                                              Juan D. Perón
Para un pueblo, conocer su pasado ­ su historia ­ es tan importante como lo es para un individuo
conocer quién es, de dónde viene y cuáles son sus raíces. Las personas que sufren de amnesia quedan 
inermes ante la voluntad ajena y corren el riesgo de que cualquier pillo los embauque haciéndose pasar 
por su “amigo”, o “hermano”, o “familiar” para así aprovecharse de él. 
Lo que les ocurre a estos individuos puede ocurrirle también a los pueblos si olvidan, confunden o
desconocen el pasado; con las tecnologías modernas, incluso puede ocurrirle al mundo entero. 
Hoy, poderosísimos grupos compactos disponen de los medios para literalmente controlar nuestra visión
del pasado ­ la Historia – y del presente, descarrilando así la Realidad que es reemplazada por una
suerte de “realidad virtual”, alineada con sus propios y a menudo inconfesables objetivos e intereses.
LA “INDUSTRIA DEL HOLOCAUSTO”
Bajo este insinuante título el historiador norteamericano Norman Finkelstein, profesor de teoría
política en la City University of New York, Hunter College, publicó en el año 2000 un libro muy
polémico: “The Holocaust Industry: Reflections on the Exploitation of Jewish Suffering”(1[1]), en
el que critica los poderosos motivos financieros y geopolíticos de quienes hoy promueven en
forma exagerada el así­llamado “Holocausto” con el fin de, entre otras cosas,  extraer gigantescas
sumas de dinero para el Estado de Israel a un conjunto de “víctimas pudientes”: bancos suizos, los
gobiernos   estadounidense   y   alemán,   grandes   empresas   alemanas   y   otras   víctimas   actuales   y
futuras. 
Finkelstein define a Israel como un Estado terrorista, invasor y altamente peligroso no solo para la
paz en Medio Oriente sino de todo el mundo, particularmente si se considera su enorme capacidad
nuclear gracias a las Armas de Destrucción Masiva atómicas que desde hace décadas le cediera
sumisa y obedientemente Estados Unidos de Norte América. 
Norman   Finkelstein   se   inserta   en   la   corriente   de   pensamiento   de   su   amigo   y   mentor   Noam
Chomsky, ambos prestigiosos intelectuales judíos anti­sionistas, que se han ganado las iras de la
poderosísima maquinaria del sionismo internacional, al calificar a sus principales organizaciones
y operadores como "gangsters" y "delincuentes"; al celebrado propagador del Holocausto, Elie
Wiesel (2[2]) como su “payaso residente”; y a las exigencias sionistas a Alemania para que les
pague gigantescas reparaciones monetarias, como un desfachatado “chantaje”.
Lo   interesante   del   caso   es   que   Finkelstein   se   inserta   dentro   de   un   creciente   conjunto   de
historiadores, periodistas, intelectuales y sectores de opinión a nivel mundial que no aceptan
mansamente   el   Dogma   del   Holocausto,   emanado   desde   los   centros   de   poder   esencialmente
privado del Nuevo Orden Mundial ubicados en Nueva York, Londres, París y Jerusalén, entre
otras ciudades.   Se trata de un amplio sector de personas intelectualmente independientes que
consideran que esta auténtica “Industria del Holocausto” como bien la define Finkelstein, es
utilizada no solo para el robo de dineros públicos y privados en todo el mundo, sino también para
justificar el genocidio que hoy perpetra el Estado de Israel contra el cautivo pueblo palestino y
otras futuras agresiones en distintas partes del mundo que ya empiezan a avizorarse.
TERRORISMO INTELECTUAL
En el  actual  y tan liberal  "mundo desarrollado"  existe,  sin  embargo,  un  auténtico  terrorismo
intelectual que prohíbe – en algunos países bajo pena de cárcel ­ que se investigue y se propague
cualquier   opinión   o   investigación   que   siquiera   cuestione   la   veracidad   de   este   Dogma   del
Holocausto.  Así, se ha perseguido e incluso encarcelado a historiadores como el francés Robert
Fuarisson, a centros de investigaciones como el Instituto de Revisionismo Histórico de California,
al investigador alemán Ernst Zündel y, más recientemente, el prestigioso historiador inglés David
Irving quien fuera arrestado en Austria bajo un viejo cargo que data del año 1989 cuando osó dar
una conferencia en la que cuestionó la historia oficial de los 6 millones de judíos muertos en los
campos   de   concentración   alemanes   durante   la   segunda   guerra   mundial,   aseverando   –   como
mantienen muchos investigadores – que más allá de la persecución de los judíos en la Alemania
nacionalsocialista, no existe sustente serio y verificable a esa tremenda cifra de los 6 millones. (3
[3]) 
Esta cifra casi emblemática y cabalística de 6 millones hoy se acepta como buena, no porque se
halle   avalada   por   investigaciones   históricas   serias   y   sólidas,   sino   porque   se   la   ha   repetido,
dramatizado y taladrado en el imaginario colectivo gracias a los cientos de miles de  millones de
dólares   invertidos   a   lo   largo   de   sesenta   años   de   propaganda   en   películas,   documentales
propagandísticas,   libros,   novelas,   entrevistas,   actos,   monumentos,   recordatorios,   “memorias
activas”, y muchas otras acciones psicológicas colectivas tendientes a imponer el “Holocausto de
los 6 millones” como una realidad, a pesar de carecer tal cifra de un riguroso sustento fáctico. 
Uno de los tantos instrumentos de guerra psicológica utilizados en este proceso es la neoyorquina
Anti­Difamation League (ADL – www.adl.org), una de las organizaciones de choque encargada de
ejercer presión de todo tipo contra quienes cuestionen el Mito del Holocausto en cualquier parte
del mundo. Utilizando una metodología agresiva, copiosamente financiada y con amplia cobertura
entre los multimedios monopólicos mundiales, la ADL ejerce una suerte de terrorismo intelectual
tendiente   a   acallar   toda   crítica   hacia   el   sionismo,   sus   objetivos   mundiales   y   sus   operadores,
esgrimiendo – a menudo con tono rayano en la histeria – la acusación de “¡antisemitismo!” contra
quienes  pretendan promover  un estudio  serio  de  estos  temas  fundamentales,  o cuestionen  las
políticas   israelíes,   equiparando   erróneamente   “antisemitismo”   con   “antisionismo”   (4[4])
Señalemos que la ADL opera estrechamente con la muy influyente y exclusiva logia masónica
judía B ́Nai B ́Rith.
SIN PELOS EN LA LENGUA...
Es   dentro   de   este   marco   que   creemos   conveniente   interpretar   las   agudas   declaraciones   del
presidente   de   Irán,   Mahmoud   Ahmadinejad,   realizadas   hace   pocos   días   en   La   Meca,   Arabia
Saudita, cuando expresó dudas sobre la veracidad de la historia oficial en torno al Holocausto
judío y sugirió que Israel debiera ser trasladada a Europa. 
Ello, naturalmente, generó el inmediato rechazo de las muy poderosas organizaciones sionistas
mundiales y de los gobiernos y multimedios bajo su control, notablemente los de Estados Unidos,
el   Reino   Unido,   Alemania,   Austria   y,   desde   luego,   de   la   propia   Israel.
Sin embargo, y a pesar de la mala prensa que hoy tiene Irán y su gobierno entre los medios
“occidentales”,   la   lógica   de   Ahmadinejad   es   históricamente   impecable.     Entre   otras   cosas,
manifestó el jefe de Estado iraní que "algunos países insisten en decir que Hitler mató a millones 
de inocentes judíos en una caldera y ellos insisten a tal punto en esto que si cualquiera dice algo
contrario a lo que ellos condenan, es enviado a prisión" (por ejemplo, el historiador David Irving
hoy encarcelado en Austria).   "Aunque no aceptamos esta afirmación  (la del “Holocausto&rdquoGui?o,  si
suponemos que es verdad nuestra pregunta para los europeos es: "¿Es la matanza de personas
judías   inocentes   llevada  a  cabo  por   Hitler   la   razón   para   que   respalden   a   los  ocupantes   de 
Jerusalén?"   "Ahora  que  admiten que los judíos fueron oprimidos, ¿por qué deben  pagar el 
precio  los  musulmanes   palestinos?   Dado  que  ustedes  (por  los   europeos)  fueron  los  que  los 
persiguieron,   ofrézcanles   ustedes   un   pedazo   de   tierra   al   régimen   sionista   para   que   pueda 
establecer allí el gobierno que más desea.  Nosotros lo apoyaremos", indico Ahmadinejad.  "Que
Alemania y Austria den dos o tres de sus provincias al régimen sionista y el problema estará 
resuelto desde sus raíces".5[5]
Innegablemente, Ahmadinejad está poniendo el dedo en la llaga, lo que pudo verificarse en la
seguidilla de reacciones casi histéricas de las “democracias occidentales”, comenzando por las de
la flamante canciller germana Angela Merkel, quien consideró  "totalmente inaceptables"  esas
declaraciones iraníes recordando que "con nuestra responsabilidad histórica en mente, solo puedo
decir que las rechazamos en los términos más duros". 
Ahora, bien, nosotros preguntamos: ¿Por qué ese “rechazo” germano?  Si la actual Alemania está
tan convencida de la veracidad del Holocausto de los 6 millones, y si su gobierno rechaza lo que
muchísimas personas dentro y fuera de aquella otrora gran Nación hoy creemos en el sentido de
que se trata de una tergiversación histórica, entonces que Alemania y Austria (oficialmente, los
perpetradores del “Holocausto&rdquoGui?o le cedan en compensación a los sionistas alguno de sus bellos
Länder como Silesia, o Westfalia, o Brandenburgo, o, incluso – ¿porqué no? la histórica Baviera...
Haberles tirado este fardo a los palestinos, robándoles su Nación podrá ser muy cómodo para los
aburguesados y decadentes alemanes y austriacos de hoy, pero el costo para los palestinos ha sido
uno   de   genocidio,   sangre,   tortura,   vejaciones,   miseria   y   humillación.       ¿Porqué   deben   los
palestinos pagar las culpas de alemanes y austriacos?  Máxime cuando la intrusión de Israel en el
mundo musulmán ha sido causa de casi sesenta años de guerras, invasiones, y crímenes contra
prácticamente todos los pueblos islámicos por parte de las fuerzas militares de Israel, Estados
Unidos y Gran Bretaña.
Ursula Plassnik, ministra de relaciones exteriores de Austria por su parte dijo que "no se pueden
plantear dudas sobre el derecho a la existencia de Israel", no solo aludiendo a estas declaraciones
de Ahmadinejad sino también a las que hiciera el líder iraní hace poco tiempo invitando a "borrar
a Israel del mapa".     A su vez, Raanan Gissin, vocero del primer ministro israelí Ariel Sharon
manifestó su preocupación ante “el consenso que existe en muchos círculos del mundo árabe de 
que   los   judíos   no   tienen   derecho   de   establecer   un   Estado   judío   democrático   en   su   patria 
ancestral”. 
Por nuestra parte, agregaríamos que no solo en el mundo árabe se cuestiona ese derecho a usurpar
tierras  ajenas,  sino  que  en  nuestro  continente   y  en  nuestra  Argentina,  somos  muchísimas  las
personas que sostenemos precisamente ese punto de vista.   El Sr Gissin incluso le recordó al
presidente   Ahmadinejad  que  "los  judíos  hemos  estado  aquí  mucho   antes   que  sus   ancestros",
dando a renglón seguido "gracias a Dios que tenemos la capacidad de disuadir y prevenir que
semejante declaraciones se transformen en realidad".
Resulta muy interesante la posición israelí.   Señalemos que si todos los pueblos y etnias del
mundo se dedicaran a reclamar las tierras que según sus Libros Sagrados y tradiciones culturales,
religiosas   y   étnico­raciales   les   corresponden   porque  “sus   ancestros   llegaron   antes”,  ello
indudablemente generaría enormes cambios en el  mapa mundi  político.   Sin ir más lejos, los
norteamericanos deberían retirarse de la totalidad del territorio que hoy ocupa su poderosa nación
para   devolvérselo  a  las  naciones  Sioux,  Chinook,  Tonkawa,   Wichita,   Ute,   Apache,  Delaware,
Algonquin, Iowa, Cheyenne, Mojave, Mohawk, Chocktaw, Iroquí, Miami, Omaha y muchas otras
tribus originarias cuyas tierras les fueron robadas por el gobierno de EEUU a lo largo de casi
cuatro siglos de invasiones y genocidios.   Pues, no caben dudas que estas tribus “llegaron ahí
mucho antes” que los conquistadores ingleses, holandeses, españoles, portugueses, alemanes e,
incluso, inmigrantes judíos que se establecieron en esas tierras para terminar fundando el voraz
imperio hoy conocido como Estados Unidos de Norte América.
Similarmente, en estas latitudes sudamericanas, nosotros los argentinos – al menos quienes somos
de   descendencia   europea   italiana,   española,   sajona,   y   también   quienes   sean   miembros   de   la
comunidad judía – debiéramos todos ir preparando nuestras maletas para retirarnos de estas tierras
usurpadas hace apenas un par de siglos a las tribus Ranquel, Pampa, Mapuches, Comechingones,
Guaraní, Tobas, Selcnam, Aimara, Ranquel, Quilmes, Guayaquí, entre tantas otras.
Y con respecto a la “posibilidad de disuadir y prevenir" a la que alude el vocero del premier Ariel
Sharon, no nos caben dudas de que tienen esa capacidad por cuanto las fuerzas del sionismo
israelita hoy han logrado secuestrar al propio gobierno de los Estados Unidos de Norte América
para   que   opere   como   instrumento   dócil   y   subordinado   a   sus   propios   intereses   geopolíticos
mundiales, de claro corte mesiánico y racista.  Este insólito y complejo proceso mediante el cuál
se secuestró el Estado norteamericano tiene nombre y apellido concreto: el así­llamado “Project
for a New American Century” (www.newamericancentury.org), sobre el cuál brindamos detalles
en el Cap. V. del ensayo "Bienvenidos a la Jungla...:” (pags. 105 a 113.)
Y A NOSOTROS, ¿QUÉ NOS IMPORTA TODO ESTO?
Cada   vez   que   nuestra   prensa   pueril   informa   sobre   estos   temas,   siempre   lo
hace fuera de contexto, usualmente en forma incompleta, y siempre de manera distorsionada,
consecuencia de su obligado alineamiento con la visión global impuesta por los dueños del Nuevo
Orden Mundial.  En síntesis, alineados sumisamente a los intereses del sionismo internacional. 
Así, leemos en el matutino “Clarín” de Buenos Aires del 10­Dic­05, que las declaraciones del
presidente   iraní  "expresan   un   sentimiento  antisemita,   intolerante,   beligerante   y 
antidemocrático", dijeron en Argentina, en un comunicado conjunto, la AMIA, la DAIA y la 
Organización Sionista Argentina, que reclamaron al presidente Néstor Kirchner que se sume a la 
condena al presidente iraní por sus dichos”.     Seguramente, Kirchner prontamente obedecerá,
mientras que el mismo artículo periodístico vuelve a azuzar el “peligro nuclear” representado por
Irán (soslayando que el verdadero peligro nuclear actual para la paz mundial son Estados Unidos,
Israel y el Reino Unido6[6]), e incluso lanza una no muy velada amenaza sobre un futuro ataque
israelí contra Irán al recordar que “Israel quiere que haya una actitud más firme de la comunidad
internacional sobre el programa atómico que desarrolla Teherán. Ya en 1981, la Fuerza Aérea 
israelí  bombardeó el reactor atómico iraquí Osirak, a 17 kilómetros al sur de Bagdad.”   No
recordamos que por entonces las Naciones Unidas sancionaran a Israel por semejante agresión
flagrante contra la soberanía iraquí, por más que hoy el siempre genuflexo secretario general de la
ONU   Koffi   Annan   se   manifieste  “horrorizado”  por   las   declaraciones   de   Ahmadinejad
cuestionando el Mito del Holocausto.
Conviene recordar que las presiones sionistas sobre la República Argentina vienen de larga data.
Desde que su propio fundador Theodor Herzl propusiera en 1896 ­ hace ya más de un siglo ­
fundar el Estado israelita en territorio argentino “a cambio de una compensación financiera”.
(Preguntamos: ¿cobrará esto forma a través de algún venidero “canje de deuda por territorio”?).
Hoy, esas presiones han derivado en un tremendo deterioro diplomático entre la Argentina e Irán,
que   no   solo   le   ha   costado   a   nuestro   país   la   pérdida   de   miles   de   millones   de   dólares   en
exportaciones a Irán a lo largo de la última década, sino que – muchísimo peor ­ nos arrastra
6
peligrosamente  a   involucrarnos   directamente   en   la  guerra   que  Estados   Unidos,  Israel  y  Gran
Bretaña hoy preparan contra Irán, al tiempo que nos comportamos de manera despreciable al
agredir e insultar gratuitamente al noble y milenario pueblo iraní. 
Las consecuencias potencialmente catastróficas para nuestro país de haber permitido semejantes
maniobras por parte de servicios de inteligencia de ciertos Estados foráneos, apenas   pueden
enfatizarse.   Los graves peligros que hoy corre la Argentina al estar en manos de un gobierno
integrado por personajes ignorantes en materia internacional como el presidente Néstor Kirchner ­
quien hasta hace pocos días confió nada más y nada menos que nuestra Cancillería a un personaje
inepto, claramente incapaz e impotente para tomar decisiones como Rafael Bielsa ­ nos exime de
todo otro comentario.
¿QUIÉNES SON; DÓNDE ESTÁN NUESTROS ENEMIGOS?
La propia existencia de un Estado Nacional soberano implica un relacionamiento con todos los
demás   Estados   nacionales   soberanos   y   con   otros   operadores   en   el   escenario   mundial.     Lo
queramos o no; nos guste o no. 
Para abordar este hoy tan complejo y peligroso entorno externo sobre el cual la Argentina tiene
poco o ningún control ni poder, debemos comenzar por comprenderlo, identificando cuáles son
las  amenazas  y oportunidades que nos presenta, para luego diseñar las políticas y planes de
acción correspondientes que promuevan nuestro objetivos y consoliden nuestros intereses.   Una
Nación seria dispone de instrumentos concretos para estas tareas, que incluyen al Ministerio de
Relaciones Exteriores, el Ministerio de Defensa y –  se supone –  un presidente mínimamente
lúcido, idóneo y equilibrado.
La auténtica Política – mal que le pese a nuestra dirigencia de politiqueros de alcantarilla ­ es la
Política  Exterior,  que   es   el   plano  dónde   una   Nación   se   mide   con   otros   Estados,   a   menudo
vastamente   más   poderosos.    Un   axioma   fundamental   de   la   Política   Exterior   requiere
identificar a los Estados y operadores amigos, diferenciándolos de aquellos que se presentan
como enemigos o al menos adversariales, para luego poder buscar alianzas con los primeros,
y tomar acciones preventivas y de defensa respecto de los segundos. 
Los Estados y operadores identificados como “enemigos” no lo son porque sean “malos”, sino
porque   tienen   otros   intereses   y   otros   objetivos   no   coincidentes   con   los   nuestros,   que   al
promoverlos pueden potencialmente entrar en conflicto indirecto o directo con nuestro país. 
Ahora   bien:   cuando   esos   Estados   y   operadores   externos   identificados   como   enemigos   o
adversariales resultan vastamente más poderosos que nosotros y, encima, claramente agresivos,
entonces tenemos un problema.  Y cuando se presenta este tipo de problema, hay que hacer algo
con el mismo, puesto que si se lo deja solo, decididamente no desaparecerá.  Todo lo contrario:
aumentará su peligrosidad, presión y amenaza.   En nuestro caso, lo hará hasta que el Estado
Nacional argentino ya no pueda hacer nada ante su creciente presión, fuera de ceder ante intereses
y objetivos foráneos, claramente en detrimento de los objetivos e intereses de nuestro Pueblo (si
no, no los hubiéramos identificado como enemigos, ¿verdad?). 
Para administrar este complejo panorama, una Nación dispone de una Cancillería, de Fuerzas
Armadas,   de   un   Ministerio   de   Economía;   en   síntesis:   para   eso   una   Nación   tiene   un   Estado
Nacional cuyas estructuras se confían a un conjunto de ciudadanos que se integran en lo que
denominamos “el Gobierno” que administra – para bien o para mal ­ los destinos del país.    De
       más está enfatizar que colocar a un  Gobierno  de ineptos en las estructuras de Poder del
       Estado, termina resultando fatal para la Nación.
       Por eso, hoy la Argentina debe abordar esta compleja problemática internacional desde un ángulo
       diferente alineado en base a:
(a)     un   enfoque   equilibrado   de   la   historia   contemporánea   (para   comprender   los   orígenes   del
       problema);
(b)    un enfoque equilibrado respecto de las titánicas fuerzas que hoy conforman y deforman la política
       mundial (para comprender las amenazas que enfrentamos) y, por sobre todo,
(c)    un enfoque alineado con el Interés Nacional Argentino, o sea, el Bien Común de la mayoría de sus
       39   millones   de   habitantes   y   no   tan   solo   los   intereses   de   alguna   de   sus   minorías   sociales,
       económicas o étnicas (para preservar la Nación).
       Primeramente, resulta, como mínimo, sospechoso verificar la manera en que nuestros multimedios
       “formadores de opinión” se alinean sistemáticamente con la visión e intereses sustentados por la
       “historiografía   oficial”   promovida   desde   las   más   poderosas   y   violentas   naciones   del   mundo.
       Naciones que desde hace siglos son enemigas – o al menos adversarias – reales y concretas de la
       Republica Argentina: me refiero al Reino Unido y a los Estados Unidos de Norteamérica, que a lo
       largo de varios siglos nos han agredido y siguen agrediendo en los frentes económico, financiero,
       político,   moral   y  militar   casi   sin   interrupción,   sea   directamente   o   a   través   de   sus   agentes   y
       operadores dentro del país en los sectores público y privado. 
       Así por ejemplo, y en relación a la compleja problemática en torno a la Segunda Guerra Mundial
       – contienda que definió quiénes serían los dueños del planeta en las décadas subsiguientes – y su
       desenlace,   hemos   adoptado   la   irracional   posición   de   asumir   como   "nuestro   enemigo"   a   una
       satanizada Alemania derrotada en aquella terrible y complejísima contienda bélica de hace más de
       sesenta años.   Sin embargo, tanto Alemania y Austria como su principal aliado Japón,  jamás
       agredieron a la Argentina ni a nuestro continente, ni nos atacaron ni vulneraron nuestros intereses,
       como sí lo hicieron y siguen haciendo sistemáticamente la rapiña  estadounidense y británica. 
       Tampoco olvidemos que la Unión Soviética (aliada de Estados Unidos e Inglaterra en la Segunda
       Guerra Mundial), en los años sesenta y setenta lanzó contra nosotros sus huestes guerrilleras
       iniciando una catastrófica guerra civil en nuestro país.  Así caímos bajo un sincronizado efecto de
       “pinzas”, mediante el cual nuestro pueblo era agredido, por un lado, por la URSS a través de la
       guerrilla   apátrida  y  sus   “jóvenes   idealistas”,  mientras  que  por  el  otro,   sufrimos   la   represión,
       entrega y traición de una cúpula cívico­militar usurpadora del Estado que se alineó estúpidamente
       con la geopolítica de Estados Unidos.
       Así, llegamos a la irracionalidad de considerar como nuestros “amigos” a Estados Unidos, Gran
       Bretaña e Israel que decididamente no lo son; al tiempo que creemos que son nuestros “enemigos”
       aquellas fuerzas opositoras a la alianza anglo­estadounidense­israelí: desde Alemania y Japón
       como actores históricos en la mayor contienda bélica del siglo XX, hasta Irán y las organizaciones
       de liberación islámicas en Palestina, Irak y Afganistán.  Esta Argentina cultural e intelectualmente
       colonizada pareciera disfrutar del veneno que a diario le hacen beber a borbotones.
       NADA QUE VER CON NOSOTROS...
El Estado de Israel es un país foráneo aliado a Estados Unidos y Gran Bretaña.  Si pensáramos con
nuestro propio cerebro y no con el de nuestros enemigos y adversarios tanto fuera como dentro del
país, entonces mantendríamos aunque más no sea una actitud decorosamente neutra y objetiva
ante la catástrofe desatada en Medio Oriente desde hace más de medio siglo.  Como muestra de un
mínimo   de   autoestima   intelectual,   no   aceptaríamos   sin   más   la   historia   oficial   mundial
interesadamente propagada e impuesta por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel, en momentos
en que casi ni se conoce cuál fue esa misma historia vista desde el punto de vista de los grandes
derrotados de aquella Guerra Mundial; y no me refiero a los gobiernos títeres que hoy ocupan el
poder en Alemania y Austria “por la gracia de un Dios tribal” que atiende en Nueva York, Londres
y Jerusalén, entre otras cosmopolitas metrópolis.
Desde 1945, la Opinión Pública planetaria ha sido informada sobre terribles matanzas, campos de
concentración   y   persecuciones   perpetradas   por   la   Alemania   nacionalsocialista.   Sin   embargo,
aquello viene ocurriendo en un marco sin precedentes y único en la historia de la humanidad en el
que un Estado (el Tercer Reich alemán) sucumbió militarmente en forma total quedando inerme
ante sus irreconciliables enemigos (Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Soviética y Francia),
que así lograron robarle su territorio, condenar a sus dirigentes (la travestía jurídica de los Juicios
de Nuremberg son un símbolo de ello), robarle cientos de miles de patentes, inventos, procesos
industriales y derechos intelectuales de toda índole, y – muy importante – quitarle la totalidad de
su documentación de Estado, especialmente aquella calificada como secreta; todo como gran
botín de guerra. 
Esa documentación fue retirada y llevada a Nueva York, Londres, París y Moscú desde donde con
los años se fue escribiendo una "historia oficial" según la conveniencia, intereses y objetivos
mundiales de aquellas potencias victoriosas.  Entre esos futuros objetivos y planes se encontraba
la creación, el financiamiento y la poderosa militarización ad eternum del Estado de Israel. 
A modo de ejercicio mental, preguntamos: ¿Cual sería la imagen que tendría el mundo hoy si la
totalidad  de los documentos secretos de, por ejemplo, Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel
cayeran íntegramente en manos de sus adversarios para que éstos los seleccionaran y armaran su
propia “historia oficial”, con el fin de satanizarlos y promover su propio conjunto de objetivos? 
¿Se imagina el lector las cosas que descubriríamos si pudiéramos, por ejemplo, investigar a fondo
los capítulos más oscuros, sanguinarios, perversos, patológicos y destructivos escondidos en los
archivos secretos de la CIA, del Pentágono, y de la Nacional Security Agency estadounidenses?  O
del MI6 y el Foreign Office británico?  O del Mossad, Shin Beth y Fuerzas de Defensa Israelí? 
Hoy, Estados Unidos ni siquiera logra quedar bien parada ante la opinión pública a pesar de ser la
nación   más   poderosa   del   planeta   y   disponer   de   gigantescos   instrumentos   de   control   de   la
información y loe multimedios.  Imaginémonos cómo quedarían ante la opinión pública si se los
pudiera desnudar a estadounidenses, británicos e israelíes íntegramente como ellos hicieron con
Alemania a partir de 1945...  ¿Cuántos “Tribunales de Nuremberg” tendríamos que montar para
juzgar y condenar a los Kissinger, Truman, Eisenhower, Roosevelt, Bush, Johnson, McNamara,
Bundy,   Kennan,   Deutch,   Baruch,   Mongenthau,   Cheney,   Perle,   Wolfowitz,   Feith,   Rockefeller,
Harriman,   Clinton,   Albright,   Carlucci,   Reagan,   Hoover,   Westmoreland,   Rusk,   Schwartzkopf,
Powell, Braden,   Rhodes, Kagan, Podhoretz, Brzezinski, Abrams, Negroponte, Bolton, Dulles,
Rice,  Rumsfeld,  Baker,  Casey,  Berger,  Armitage,  Lehman,  Kaplan,  Helms, Solardz,  Sokolski,
Thatcher, Churchill, D’Amato, Nixon, Ford, Carter, Eden, Carrington, Nott, Harris, Shamir, Meir,
Sharon, Netanyahu, Barak, Peres, Gore, Beghin, Gurion, y tantos, tantos, más.   El mundo jamás
habría   visto   tantos   encumbrados   juzgados   por   crímenes   de   lesa   humanidad,   genocidio   y   de
crímenes contra la paz.
Por eso, el alineamiento vergonzoso y sistemático de todos los gobiernos argentinos desde hace al
menos treinta años a favor de los objetivos, intereses y planes de los dueños del Nuevo Orden
Mundial conducido por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel debe terminar.  Este vulgar proceso
de decadencia se vio agudizado a partir de la traición menemista de los años noventa en todos los
planos de la vida nacional y de sus relaciones internacionales, signadas desde entonces por las
“relaciones carnales” con el imperio anglo­norteamericano­israelí (hoy intactas bajo el gobierno
Kirchner   que   mantiene   los   ejes   principales   de   esa   sumisión,   a   pesar   de   haber   cambiado   el
“estilo&rdquoGui?o.  
En el caso específico de las declaraciones del presidente iraní, recordemos que la Argentina acusó
a Irán por los atentados de la AMIA y, tangencialmente, de la Embajada Israelí, solo aportando
pistas   falsas,   “pruebas”   obviamente   plantadas   por   fuerzas   israelíes   y   norteamericanos   que   se
hicieron cargo de investigar ambos “Ground Zero” en marzo 1992 y julio 1994.  Así, se trabajó
durante   más   de   una   década   en   inventar   una   obviamente   inexistente   “pista  iraní”   con   el
bochornoso espectáculo que incluyó a un juez federal cometeando a un preso para que diera falso
testimonio (el destituido juez Galeano) y, hace pocas semanas, a un histérico fiscal de Estado
(Nissman)   mostrando  una   foto  de   un  supuesto   “terrorista   asesino”   que   se   auto­inmoló   en   el
atentado a la AMIA, tesis que rápidamente quedó descartada debido a su burda falsedad.  Todo,
por supuesto, con altísima cobertura mediática de los diarios, radios y televisión local.
Sin   embargo,   hoy   se   sigue   trabajando   intensamente   para   “encontrar”   las   “pruebas”   que   den
sustento a la “pista iraní” que necesitan Bush y Sharon para armar un nuevo casus belli, esta vez
contra Irán, mientras que lo que realmente hace falta es profundizar en la mucho más verosimil
“pista   israelí”  (remitimos   al   lector   al   Cap.   VI   de   nuestro   citado   ensayo   “Bienvenidos   a   la
Jungla...&rdquoGui?o.
LA CÁBALA DE LAS CIFRAS
Para comprender cómo opera el mecanismo mistificador en torno a los 6 millones, señalemos que
en un entorno mucho más pequeño y reciente en nuestro país, hemos visto un proceso parecido al
propagarse el mito de los “30.000 desaparecidos”, cifra que no solo no tiene ningún sustento, sino
que la propia CONADEP – Comisión Nacional de la Desaparición de Personas creada por el
gobierno Alfonsín en 1984 ­ en su conocido informe “Nunca Más”, describe la existencia de unos
8.700 “casos” denunciados de personas desaparecidas, al tiempo que reunió pruebas concretas que
permitieron juzgar a los militares responsables en solo un par de centenares de casos. 
Aún entre esta cantidad mucho menor de “desaparecidos” descriptos por la CONADEP, hallamos
casos notables de “desaparecidos” que terminaron apareciendo en el exterior; incluso alguno ha
llegado a integrar el actual gobierno del presidente Kirchner, como el caso notable de la Dra.
Carmen Argibay quien figura en el listado del informe “Nunca Más”, y que recientemente fuera
nombrada jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación por Kirchner. 
Lo importante es señalar que, también aquí, el mito fue echado a rodar dinamizado por los medios
de difusión que lo repiten una y otra y otra vez, taladrándolo en el cerebro de la ciudadanía, hasta
que se lo terminó integrando de preppo al imaginario colectivo argentino. 
Señalamos esto para enfatizar la importancia que tiene no permitir que se falsifique la realidad ­
según la frase de Norberto Ceresole citada al inicio de este artículo ­, lo que decididamente NO
implica en lo más mínimo justificar la barbarie, estupidez y entrega del gobierno cívico­militar
que usurpó el poder en nuestro país entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983. 
Los despreciables victimarios deben pagar por sus crímenes.  Sin embargo, una cosa es castigar a
los  individuos  responsables – especialmente por tratarse de militares de alta gradación ­ y otra
muy diferente es defenestrar a la institución de las fuerzas armadas y de seguridad, esenciales para
la defensa y seguridad del Estado Argentino. Así, un conjunto de personajes internos y externos se
ha   aprovechado   del   terrible   dolor   de   aquellos   años   para   promover  otros  intereses   menos
confesables que apuntan a lograr la paulatina disolución y destrucción de la República Argentina.
Moralmente, un solo ser humano injustamente perseguido o muerto merece Justicia, haya sido
perseguido por militares argentinos, alemanes, estadounidenses, iraquíes, soviéticos, o israelíes, o
por fanáticos chinos, sionistas, franceses o ingleses.  Pero la Justicia debe ser pareja y para todos y
no sólo para algunos.  Y si hemos de condenar a militares argentinos y jerarcas alemanes, también
debemos condenar a torturadores israelíes e ingleses y a invasores norteamericanos. 
Por   eso,   pongamos   las   cosas   en   su   justa   proporción:   ¿6   millones   del   Holocausto?   ¿30.000
Desaparecidos?   La exageración no solo no acerca la Justicia y la Verdad, sino que, todo lo
contrario, las aleja e insulta la memoria de quienes fueron realmente víctimas en todas estas
complejas contiendas y guerras.
Primero, entonces, generemos un ámbito objetivo y equilibrado que permita conocer los datos
reales en torno a estos dolorosos hechos y procesos, y luego podremos determinar las cantidades
de víctimas que sucumbieron.   Hoy parece que se hace al revés: primero se tiran las cifras que
permiten armar  el  Mito más  conveniente  para  determinados  objetivos  encubiertos y  luego  se
ejerce presión para obligar a todos a creer en ellas, con lo que se cobra una víctima más: la
Verdad.
Lo hemos dicho reiteradamente: si los Argentinos hemos de superar los males que nos aquejan, lo
primero a hacer consiste en “entender y saber de qué se trata”, lo que por sobre todas las cosas
presupone pensar con el cerebro propio y no con el cerebro ajeno.
____________________
Adrian Salbuchi, investigador, ensayista y conferencista; conductor del “El Traductor Radial” y fundador del
Movimiento por la Segunda República Argentina – www.eltraductorradial.com.ar
 [1] También publicado en la Argentina bajo el título "La Industria del Holocausto: Reflexiones
sobre la Explotación del Sufrimiento Judío" (Siglo XXI de Argentina Editores, Buenos Aires, 2002),
extrañamente, hoy casi inhallable en nuestras librerías.
 [2] Premio Nobel de la Paz de 1986, miembro del poderoso Council on Foreign Relations, Inc., de Nueva
York,  y Gran Pope del Mito del Holocausto a nivel universal.  En 1980, Wiesel fue nombrado presidente
del Consejo Estadounidense del Monumento al Holocausto por el entonces presidente Jimmy Carter (a su
vez, también miembro del Council on Foreign Relations y de la Trilateral Commission de David
Rockefeller, Zbigniew Brzezinski, Henry Kissinger y Maurice Greenberg, entre muchos otros poderosos).
www.eliewieselfoundation.org
 [3] Recordamos al lector que en 1935, Alemania sancionó legislación que severamente coartó las
libertades individuales de los judíos en aquél país, prohibiéndoseles ocupar cargos públicos y ejercer
diversas profesiones, aunque se les permitió ejercer sus actividades comerciales (solo así se explica que,
más de tres años después, en Octubre 1938 pudiera tener lugar la lamentable “Noche de los Cristales” en
la que miembros del partido nazi rompieron las vidrieras de miles de negocios pertenecientes a judíos en
las ciudades alemanas, en protesta por la muerte del encargado de negocios alemán en la embajada de
París a manos de un asesino judío).  Resulta notable señalar que aquella legislación – las conocidas
“Leyes de Nuremberg” de Septiembre 1935 – se basaron, entre otros antecedentes, sobre la legislación y
las constituciones estatales racistas de los Estados norteamericanos de Louisiana, Alabama, Mississippi,
Georgia, Carolina del Sur y Arkansas, y también en las leyes del Apartheid que regían en la británica Sud
Africa, que desde hacía décadas dejaron sin derechos civiles a los pobladores negros, reduciéndolos a un
estado de cuasi­esclavitud que habría de perdurar décadas después de que la Alemania nacionalsocialista
fuera derrotada por los democráticos norteamericanos e ingleses.  Las vueltas de la historia...
   [4] Para un análisis más profundo, ver del autor “Bienvenidos a la Jungla: Dominio y Supervivencia en
el Nuevo Orden Mundial” (Ediciones Anábasis, Córdoba, 2005, 252 pags), particularmente su Cap. VI
sobre el tema del “Sionismo”
  [5] Citado por “La Nación” de Buenos Aires, 09­Dic­05, artículo “Irán desata otra polémica mundial:
propone mudar Israel a Europa”.  También “El País” de Madrid de misma fecha, artículo “El presidente
de Irán propone que Alemania y Austria acojan a Israel”
   [6] En el caso específico de nuestro país, reciente información proveniente del entorno del ex­presidente
de Francia, Francois Mitterrand, jefe de Estado francés durante la Guerra de Malvinas, da cuenta de que
la primer ministra Margaret Thatcher consideró la opción de lanzar una bomba atómica sobre la ciudad
argentina de Córdoba (segunda ciudad más importante de nuestro país), si la suerte de sus armas le fuera
adversa en la contienda anglo­argentina que en esos momentos del año 1982 se desarrollaba en las frías
aguas del Atlántico Sur en torno a nuestras Islas Malvinas.  Claramente, no son las potenciales armas
nucleares iraníes las que deben preocupar a los argentinos, sino las reales armas nucleares británicas. 

Tags: globalismo, capitalismo, conspracion, finanzas

Publicado por cultural-thule @ 22:31
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios

Saludos!!

atenta a Uds. me encuentro puesto que soy afin en el sentido y labor que realizar respecto a nuestro ideal.

Publicado por evavril
Mi?rcoles, 13 de abril de 2011 | 3:38

Lastima que la gente se interese más por saber el marcador de un partido de futbol, que por entender el porque la realidad mundial que vivimos.

Publicado por brenntsonne
S?bado, 14 de mayo de 2011 | 7:16