miércoles, 15 de septiembre de 2010

Enun frío amanecer del 6 de febrero de 1945, el escritor, dramaturgoy periodista Robert Brasillach fue fusilado por orden del general Charlesde Gaulle. Tenía 36 años. La acusación: colaboracionismocon los ocupantes alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Nacido en1909 y de origen catalán, Brasillach 

integra el tríode escritores “malditos” junto con Louis 
Ferdinand Céliney Pierre Drieu la Rochelle. Como ellos, no escapó a la revanchaimpiadosa que los vencedores –cuando son enanos de espíritu– reservana los vencidos, cuando tienen estatura intelectual.

El primero revolucionóla literatura con su novela Viaje al fin de la noche y fue definidocomo “el profeta de la decadencia europea”. Exiliado, encarcelado en Dinamarcay condenado al ostracismo a su regreso a Francia, murió ejerciendosu profesión de médico en hospitales para pobres. Reciénahora se reeditan sus novelas, que –según los críticos– despliegan“anárquica expresividad”, “pesimismo radical” y “nihilismo deslumbrante”.

Drieu la Rochellese adelantó al destino: se suicidó. Un tiempo antes, redactónotas premonitorias: “Cuando uno inicia una aventura es necesario llegarhasta el fin y sufrir todas sus consecuencias”. Y también: “No sees víctima cuando se es héroe”.

Los tres combatieronen las trincheras durante la Primera Guerra Mundial. Brasillach quizásea el menos conocido de este trágico terceto. Recién egresadode la carrera de Filosofía, publicó libros de teatro y poesía.Junto con su cuñado –Maurice Bardèche, profesor y críticode literatura– redactó una voluminosa Historia del cine (1935),cuando ambos tenían 26 años, y una Historia de la guerrade España (1939), una de las primeras sobre el enfrentamientocivil.

No habíacumplido tres décadas de vida cuando Brasillach ya era editor dela sección literaria del diario Action Française,del nacionalista monárquico ultracatólico Charles Maurras.Luego, se une al diario nacionalista Je suis Partout, en el quetambién colaboran los jóvenes Céline y Drieu la Rochelle.

Un “soviet”fascista

En 1936, el FrentePopular –una coalición de socialistas, comunistas y liberales– ganólas elecciones y el director de Je suis Partout, atemorizado porla posibilidad de represalias, renunció. La veintena de jóvenesredactores creó al año siguiente una cooperativa, caso excepcionalen la prensa de ese tiempo, a la que denominaron “el soviet”, y eligierondirector a Brasillach.

La publicaciónse convirtió en portavoz del fascismo internacional. Los seguidoresitalianos de Mussolini, los falangistas españoles y la Guardia deHierro rumana, por ejemplo, tuvieron más espacio en Je suis partoutque en los periódicos de sus propios países. Brasillach apuntasus dardos contra a los siete “poderes internacionales que dominan el mundo”:el comunismo, la socialdemocracia, la Iglesia católica, el protestantismo,la masonería, los trusts económicos y el judaísmo.Louis Ferdinand Céline también publicó textos contralos judíos.

En 1939 estallóla Segunda Guerra Mundial y, paradójicamente, muchos de los miembrosde Je suis partout se alistaron en el ejército para combatira los alemanes. Por el momento, el patriotismo puede más; después,todo cambia. Brasillach se enroló en 1940, cayó prisioneroy fue enviado a un campo de concentración. Salió en libertaden marzo de 1941. 

En junio de eseaño, publicó Journal d' un homme occupé, enel que afirmaba: “Esta guerra tiene que tener un sentido. Lo tiene paraAlemania. Lo va a tener para Europa. Lo tendrá también, debetenerlo, para nosotros”. Bajo la ocupación alemana, Je suis partouteditó 300 mil ejemplares.

Brasillach abandonóla dirección del periódico en agosto de 1943. Un añomás tarde, las fuerzas aliadas entraron a París y la publicacióndejó de salir. Sus redactores fueron capturados. Unos murieron fusiladosy otros terminaron condenados a trabajos forzados. Algunos lograron refugiarseen la España franquista.

“La vidaes una broma de mal gusto”

El escritor seentregó voluntariamente porque la Resistencia Francesa detuvo asu madre y su hermana. El 19 de enero de 1945, comenzó el juicio:no hubo etapa de instrucción, se efectuó un únicointerrogatorio y, como piezas acusatorias, se exhibieron sus artículos.El jurado lo condenó a muerte.

La novelista Simonede Beauvoir siguió de cerca el juicio a Brasillach y consideróque fue “un juzgamiento simbólico, no judicial”. Casi todos losintelectuales franceses antinazis enviaron al general Charles de Gaulle–sin éxito– una solicitud de clemencia: Albert Camus, Jean Cocteau,André Malraux, François Mauriac, Paul Valéry...

Brasillach transformóla espera del pelotón de fusilamiento en horas fecundas. RedactóCartas escritas en prisión y Poemas de Fresnes, consideradosu testamento literario. En cierta forma, recuerda al periodista JuliusFucik, patriota checoslovaco ejecutado por la Gestapo el 8 de septiembrede 1943 y autor del conmovedor Reportaje al pie del patíbulo,traducido a ochenta idiomas. Separados por idioma, geografía e ideología,uno y otro escriben en sus celdas mientras esperan la muerte. Y por extrañacoincidencia ambos convocan a la alegría.

El 9 de junio de1943, Fucik traza las últimas líneas de su manuscrito: “Ylo repito una vez más: por la alegría hemos vivido, por laalegría hemos ido al combate, por la alegría morimos. Quela tristeza nunca sea asociada mi nombre”.

“Encerrado entrecuatro muros de cemento y sin más esperanza que la de morir bien”,como lo describe el dramaturgo Jean Anouilh, Brasillach redacta párrafoscomo los que siguen:  “No pierdas la sonrisa ni siquiera cuando tevayan a ejecutar. La vida es una broma de mal gusto; en vez de centrarteen el «mal gusto», céntrate en la «broma».Si buscas justicia en vez de tranquilidad en este mundo democrático,suicídate. Para vivir hoy hay que saber reírse de la estúpidarealidad”.

“¿Merecíamorir por sus palabras?”

Robert Brasillaches autor de Presencia de Virgilio (1931), El proceso a Juanade Arco (1932), El hijo de la noche (1934), Los cadetes delAlcázar (1936), Los siete colores (1939), La conquistadora(1943) y Poemas (1944). Luego de su muerte se publicaron Cartaa un soldado de la clase 60 (1946), Antología de la poesíagriega (1950), Berenice (1954), El París de Balzac(1984) y Hugo y el snobismo revolucionario (1985). Años mástarde, en su libro The Collaborator, la historiadora inglesa AliceKaplan lo calificará como “el James Dean del fascismo francés”.

En los últimosaños muchos críticos literarios “descubrieron”, tardíamente,que Brasillach fue puesto de espaldas al paredón de fusilamientopor su filosa capacidad intelectual más que por sus “crímenesde guerra”. Lo cierto es que no cometió ninguno: no delató,no torturó, no asesinó a nadie. Sus principales armas fueronla palabra y la escritura.

En un artículotitulado, precisamente, “El James Dean del fascismo francés”, elperiodista y escritor mexicano José Luis Durán King se pregunta:“¿Por qué un escritor fue culpado por lo que ocurrióen Francia entre los años 1940 y 1945? ¿Por qué esteescritor y no los otros? ¿Cuándo las palabras son al mismotiempo nociones y acciones? ¿Merecía Brasillach morir porsus palabras?”. Y más adelante responde: “Es difícil aceptarsin perder el aplomo que alguien merezca ser enviado al cadalso por susdiscursos”. Y quizá es por eso que Durán King recuerda que“sólo en Francia –se rumoraba en aquella época– el mal usode las palabras puede conducir a la picota”.

Uno de los versosdel tango “La última curda” (letra de Cátulo Castillo y músicade Aníbal Troilo, 1956) dice que “la vida es una herida absurda”.Buen epitafio para este filósofo, dramaturgo y poeta cuyo “crimen”–literalmente imperdonable– fue pensar diferente. 

Giselle Dexter es historiadorauruguaya residente en Estados Unidos y 
Roberto Bardini es periodistaargentino radicado en México

* Último de una serie detres artículos
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I -Céline,el profeta de la decadencia
II -Drieu la Rochelle: “No se es víctima cuando se es héroe”

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Publicado por cultural-thule @ 19:08
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