jueves, 18 de febrero de 2010

Todo lo malo que se Pueda decir de la televisión parecerá siempre un elogio.La peor maldición de nuestro tiempo, el conjunto de todos los males, la trituradora de todos los valores, la electrónica al servicio de las más repugnantes inclinaciones, el peor enemigo de la Verdad, de la Decencia y del Bien. La Televisión.Da igual la programación: series, noticiarios, reportajes, películas, etc.  Todo, con escasísimas excepciones, no es más que estiércol.  Es prácticamente imposible encontrar un programa que no sea un feroz y flagrante ataque a los valores decentes. Perversiones sexuales, desprecio de la ética, mestizaje, ofensas a la religión, agresiones a la familia, burlas al patriotismo, etc. son el eje en torno al cual giran todas las programaciones.Veremos algo de eso hoy aquí (¡que agravio para la Cultura!. Intentaremos compensarlo no hablando más de Televisión), aunque no nos extenderemos en los repugnantes, estúpidos y ridículos contenidos generales de la programación televisiva, ni en los detestables mensajes de que los cerebros más desprotegidos ni las mentes más perezosas son víctimas, ni en los deletéreos efectos de la Televisión. No tenemos tiempo ni espacio para ello. Nadie lo tiene.

 LAS SERIES

 Es tristísimo contemplar cómo hay miles de personas, especialmente niños y adolescentes, adictas a las series televisivas.  Dejan lo que estén haciendo o no pueden ir a tal o cual sitio porque es la hora de no sé qué idiotez.

Para estos individuos, los problemas de los personajes de las series (cuyo parecido, por cierto, con las personas reales es pura coincidencia) ocupan un importantísimo lugar en su vida, mientras ignoran los problemas de sus propias familias o vecinos. No falta quien las considera un modo inocuo de pasar el tiempo (aunque se enfurecen cuando se pierden un episodio, lo que apunta la primera duda sobre su inocuidad), pero el gran peligro está en los "valores" que éstas series transmiten máxime teniendo en cuenta que, por lo general, van dirigidas a los cerebros más indefensos. Los espectadores se sumergen en un mundo de embarazos de adolescentes, relaciones sexuales infantiles, sodomitas ejemplares, negros buenísimos frente a blancos malísimos, paternidades convertidas en aterradoras maldiciones, "racismo" delincuente, etc. Y, por supuesto, se recibe siempre la sensación de que el aborto, el mestizaje o la homosexualidad son no sólo derechos, sino actitudes moralmente correctas -y loables y no sujetas a crítica, mientras que aquellos que se oponen a estas cosas (tu y yo... y muchos otros a los que no se les deja decirlo) son maníacos peligrosos.

 

LAS NOTICIAS

 Quien aún dé alguna credibilidad a los noticiarios y no conozca de su manipulación ha de suponer, sin duda alguna, un motivo de preocupación para sus familiares y amigos. Cada vez que sucede un hecho llamativo o espectacular (no hace falta poner ejemplos) los "informativos" suprimen otras noticias para dar paso a la noticia estrella; cada vez que algún asunto está de moda se le dedica más tiempo en perjuicio obvio de otros contenidos; a menudo son los propios informativos de una cadena televisiva, o de más de una, los que colocan, sin motivo aparente, en candelero algún asunto; hemos visto montones de veces descubrirse la falsedad de una noticia, a menudo convertida en campaña, sin que se ofrezcan desmentidos o disculpas... Por otra parte, las noticias se acompañan de comentarios y se utiliza un lenguaje que dista mucho de ser neutro.  No hacen falta los ejemplos, pero si alguien los necesita todo lo que tiene que hacer es enchufar la televisión a la hora del próximo informativo. Y es un hecho que no discuten ni los "informadores" que los noticiarios eligen de qué debe hablarse y de qué no y hasta qué punto. Así, se nos agobia con informaciones, casi siempre tergiversadas, de todo el mundo, la mayoría de las cuales carece de interés real, mientras que se nos escamotean muchas otras que sí nos interesan.  Nuestros jóvenes tienen un hondo conocimiento del baloncesto yanqui pero no han visto un aizkolari en su vida; estamos todos informados de que las mujeres de Afganistán visten como afganas, lo cual escandaliza a los "informadores", pero ignoramos los mecanismos usados por nuestros gobernantes para subirnos los impuestos, para provocar la inflación y beneficiarse de ella, etc.; estamos más al día de los problemas de los trabajadores asiáticos que de la situación de penuria por la que pasan, por ejemplo, nuestros pescadores

 

LOS PROGRAMAS INFANTILES

 Quizá el más espantoso aspecto de la TV sea la programación infantil, especialmente agravado por el horario de estos programas que hace que los niños asistan a una batería de programas repugnantes que no debieran emitirse ni en horario de adultos. Los niños se pegan al sofá y pasan horas contemplando esa basura que alguien (ya sabéis quién) está empeñado en que no se pierdan, para lo cual se programa a cualquier hora del día. El problema empeora cuando los adultos aparcan a sus hijos ante un desfile continuo de pornografía, vísceras y perversiones "para que no molesten". Por no hablar de los modelos de referencia que se ofrecen a nuestros niños y jóvenes; sujetos que en cualquier otro tiempo hubieran sido acreedores al desprecio universal son sus nuevos héroes, mientras que los que durante siglos han sido ejemplo de todas las virtudes son los actuales villanos.

Nuestros niños, los hombres del mañana, están en peligro.  Sus impresionables jóvenes mentes están indefensas ante el ataque teIevisivo que les quiere inculcar que la monstruosa sociedad que se está implantando en nuestro suelo es una especie de sueño arcádico hecho realidad. Resulta una tarea ineludible controlar qué ven los niños en televisión. Y cuanto menos vean mejor.

 

LOS DEBATES

 En realidad, es completamente imposible encontrar un solo programa de debate en Televisión. Pero se les llama así a espacios en que un grupo de amiguetes enchufados hacen gala de su ignorancia y zafiedad y dejan claro que están encantados de haberse conocido.

A veces se pretende, en vano, dar un tinte de seriedad a alguno de estos programas y se lleva a un pobre incauto que defiende alguna postura decente y razonable, para que, en medio de los pataleos, gritos e insultos de un público que hace exhibición palmaria de chabacanería, sea linchado por media docena de pervertidos, histéricas y groseros profesionales con ayuda del conductor del programa.  Es costumbre en estos casos plantear el "debate" inicialmente (ojo: sólo inicialmente y no siempre) presentando dos posturas opuestas sobre ciertos asuntos como si ambas fueran respetables por igual; por ejemplo, se muestra a una lesbiana defendiendo el aborto libre en pie de igualdad, cuando no como si fuera moralmente superior, con la postura contraria. Es igual, o mejor, ser pervertido que no serlo y es igual, o mejor, matar niños que no hacerlo. Por no hablar de la costumbre de dar validez e incluso valor dogmático a las opiniones de una folclórica sobre física cuántica, de un caricato sobre historia medieval, de un camello sobre geopolítica o de un travesti sobre teodicea cristiana.

 

LA PUBLICIDAD

 Por supuesto, ese fondo de vulgaridad, sal gorda, mal gusto y zafiedad que caracteriza todo lo que la televisión vomita no se echa de menos en los anuncios.  Aunque, eso sí, la censura vigila para que las mujeres que aparecen en los anuncios se comporten como rameras o como hombres, los hombres como mujeres o como niños, los niños como enfermos irrecuperables, los negros como blancos, los blancos como animales y todos como imbéciles. Los anuncios retirados por no cumplir los requisitos vistos son legión.

En cuanto al contenido, sólo hay que pensar en comida para gatos, compresas o detergentes para percibir lo patético y lo ridículo del mundo de la publicidad televisiva. Cada temporada el producto es mejor que nunca; ¿lo que ofrecían antes era de mala calidad?. Sólo productos malos y necesidades artificiales e imaginarias necesitan ser introducidos por los ojos del incauto espectador, a través de anuncios multimillonarios.

 

EL DINERO MANDA

 Vamos a responder a una pregunta que habéis escuchado y os habéis hecho centenares de veces al. ver la programación televisiva (la "Parrilla", dicen los entendidos). ¿Por qué la programación peor y más infame es emitida a horas de máxima audiencia y lo POCO, Poquísimo, aceptable que puede verse por televisión se ofrece a horas absolutamente intempestivas? ¿Qué hay detrás del hecho de que la más repelente basura (películas, concursos, reportajes, series .... da igual) se reserve para los mejores horarios, mientras que la escasa programación de calidad (también da igual: películas, documentales, etc.) está condenada a vagar por las peores horas de las madrugadas televisivas?  Puede parecer poco razonable que, dejando aparte tanto el fondo como los contenidos, los peores programas disfruten del mejor horario y viceversa. Todo se debe al Dinero. Los anunciantes, cuyo dinero tiene la última palabra, no están interesados en que sus mensajes lleguen a personas inteligentes, juiciosas, despiertas, informadas y/o con criterio propio, que serían los eventuales espectadores de programas de calidad (con lo que sus estúpidos mensajes caerían en saco roto), sino que prefieren que sus anuncios sean vistos por los propietarios de las mentes más romas y más permeables, que son los que quedan hipnotizados ante los programas para lobotomizados, donde se mezclan el mal gusto, las bufonadas, la simplonería y la idiocia y cuyos mensajes publicitarios calan hondo en el pequeño cerebro del espectador de turno.

 

¿QUÉ HACER?

 Sabemos que la TV es un arma diabólica en el centro de nuestros hogares, sabemos que esa estúpida caja es uno de nuestros enemigos, sabemos que la TV es responsable del lavado de cerebro del Mundo (antes) Civilizado. ¿Hemos de ser hipócritas o hemos de practicar lo que predicamos?. No podemos atacar a la TV y luego pasarnos el día ante ella. Pero no hace falta que la odiéis, simplemente despreciadla.

 Texto publicado en la Revista ORDEN NUEVO nº 540, ap de c 111, 18080


Tags: pensamiento unico, esclavitud, nivelacion, medios de comunicacion

Publicado por cultural-thule @ 19:50
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