La descarga de artillería mediática occidental contra Ahmadineyad es verdaderamente impresionante. El objetivo es hasta tal punto evidente que resulta descarado: se trata de derrocarlo (&hellip

El mantra para que funcione ha de ser simple, codificable, comprensible de modo que la estúpida opinión pública pueda interiorizarlo sin esfuerzo. La lucha sería entre la teocracia y la democracia, entre el dictador y la mayoría del pueblo. También esta vez ciertos “revolucionarios” occidentales (de la izquierda ya ni siquiera vale la pena hablar) han hecho suyos tanto el vocabulario “políticamente correcto” como la tabla simbólica de valores del Imperio.
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No es conveniente, aquí en Occidente, defender a Irán, ¿y por qué no es conveniente? Porque en Occidente, la campaña de hitlerización y de satanización de Ahmadineyad ha abierto brecha ampliamente. Porque, aquí, entre nosotros, reina el orden soberano, donde por “orden” hay que entender no los tanques en las calles sino la hegemonía total y omnipresente de la ideología imperialista políticamente correcta. Siendo demasiado incómodo decir la verdad, incluso los pretendidos revolucionarios se adecuan y, en busca de un efímero consenso, interpretan las mismas mentiras, contando, aunque con distintas palabras, la misma “gran narración” democrática.
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[Quienes desde una óptica pseudorevolucionaria en Occidente también llaman a derrocar a Ahmadineyad] cometen tres errores. El primero: Irán sería un “regimen teocrático”, una “tiranía”. Una simplificación mezquina, que proclama la propia ignorancia con respecto a la compleja dialéctica política de la República Islámica. Segundo: que las manifestaciones de calle serían una “revuelta popular”, exagerando las dimensiones minoritarias y de carácter fundamentalmente burgués de los tumultos. El tercero: no se toma en ninguna consideración el posicionamiento geopolítico de Irán y su apoyo a las resistencias antiimperialistas.
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no hay ninguna duda de que el movimiento de protesta, y esto explica por qué no tiene un verdadero carácter de masas, es inequívocamente “burgués”. El grueso de aquellos que salen a las calles, y esto es admitido como cierto incluso por los analistas occidentales, está compuesto por los pimpollos de las clases y de las castas dominantes, de clases y grupos que en los últimos años han perdido fuerza, privilegios y rango social, precisamente a causa de la política redistributiva a favor de las clases más humildes practicada por Ahmadineyad. ¡Populismo! ¡Populismo! Este es el grito de batalla del Occidente políticamente correcto, un grito lamentablemente acogido a pies juntos por la propia izquierda que recuerda de cerca el enfoque presuntuoso y sospechoso que fue adoptado inicialmente hacia Chávez.
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La izquierda se niega a considerar otro elemento de juicio primario: el carácter antiimperialista de la dirección política del gobierno iraní. ¿Habrá alguna razón por la cual la mediática corte de los milagros occidental, a las órdenes de Washington y Tel Aviv, de tanta importancia a las fibrilaciones iraníes? El hecho es que el Irán de Ahmadineyad es considerado hoy por el bloque imperialista el peligro público número uno. Teherán sostiene a Hezbollah en el Líbano y a Hamas en Palestina. Armaría a milicias en Afganistán, Irak y Yemen. Estipula alianzas geopolíticas con países que los EE.UU. no ocultan que quieren aniquilar. Se estaría dotando de la bomba atómica, en cuyo caso todos los equilibrios mediorientales fatigosamente mantenidos en pie por los EEUU y que tienen a la entidad sionista como centro de gravedad, saltarían por los aires.
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hoy la caída de Ahmadineyad representaría una derrota de consecuencias tremendas para todas las resistencias, ante todo, para la palestina y la libanesa, sólo los tontos y quienes se expresen de mala fe podrían negarlo. La caída de Ahmadineyad tendría por tanto consecuencias nefastas y se beneficiarían de ello sólo los imperialistas, Israel y las satrapías árabes. No ganarían con ellos nada en absoluto las oposiciones anti-sistema y antiimperialistas de Occidente que, por mucho que les pueda molestar el papel secundario que tienen que asumir, no son más que las fuerzas auxiliares de las Resistencias del “Primer Frente”.
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