domingo, 20 de septiembre de 2009
Hay temas malditos, temas que parece imposible que se puedan tratar bajo la presión judicial, social y mental del sistema inquisitorial democrático actual.
No hablo ya del revisionismo, o sea de poner en duda la versión oficial que los vencedores de la II Guerra Mundial quieren imponer como ‘verdad de Fé’ sobre todos los acontecimientos de ese conflicto, y muy especialmente en el tema judío. Este es el tema más conocido de enfrentamientos, e incluso ahora que el Tribunal Constitucional Español, en un alarde de coraje, ha anulado la ley que impedía tratar la Historia libremente, aun así hay una tendencia a procesar a cualquiera que discuta esa versión oficial con la excusa de que ‘justifica un genocidio’, o cualquier otra trampa legalista, además de que, por supuesto, jamás se dará publicidad a cualquier documento de esa tendencia en los medios de masas.
Pero con ser el tema revisionista el más condenado y acosado, hay otros de menor importancia que de igual forma parecen imposibles de tratar ni siquiera a nivel científico o histórico.
Un caso singular es el estudio de los textos del Nacionalsocialismo histórico, o sea los escritos en los años 30 por autores NS. En este caso nos encontramos con que el uso del lenguaje de la época es muy peligroso legalmente en el momento actual. Mientras que si uno reproduce la legislación de Hernán Cortés en las Indias o un texto de Jefferson sobre los negros americanos, nadie te acusará de nada pese a su contenido claramente discriminatorio, si reproduces la legislación NS puedes tener problemas. Eso lleva a que la edición de libros del III Reich que traten, aunque sea de lejos, el tema racial o judío sea muy peligrosa. Una solución sería cambiar algunas palabras para asignarlas palabras más acordes a lo legal, o bien incluir un largo Prologo donde se exponga muy claramente estos temas… y encomendarse a la Virgen.
El tema racial es sin duda donde la censura anti científica es más radical, obsesiva, aunque no es el único, pues por ejemplo cualquier intento de tratar histórica y seriamente el tema de los crímenes rituales judíos es un llamamiento a ser procesado, aunque el tema se trate con absoluta seriedad histórica. 
En el tema racial las excusas legalistas se llaman ‘discriminación’ o ‘fomento del odio’, ‘xenofobia’.
Desde luego el problema es que pese a que el tema se trate de forma absolutamente alejada de toda petición o fomento de discriminación, y aun más de todo fomento de odio o desprecio por otras razas, estas cuestiones serán utilizadas para reclamar la prohibición de todo texto que trate el tema racial de forma distinta al que el ‘Pensamiento Único’ del sistema impone.
El tema racial tiene varias vertientes para tratarlo:
- Análisis de la existencia de razas y sus diferencias genéticas. SI es puramente científico, como por ejemplo el completo y magnífico texto de J. Gilabert en la revista ‘Tierra&Pueblo’ num 20-21, el sistema se limitará a no considerar su existencia y hacer un profundo silencio sobre este tema, propagando, en cambio, todo tipo de mentiras y declaraciones en sentido contrario.
- El tema inmigratorio, la invasión étnica inmigratoria, que es preciso tratarla sin referencias étnicas, sino como un tema ‘inmigratorio’ general, sin especificar nada sobre razas. O sea, hay una invasión inmigratoria que es un problema social y de identidad cultural, pero procurando no tratar el tema del mestizaje y la destrucción étnica, para no irse a un proceso por ‘discriminación por raza’.
- El tema de la comparación entre pueblos y razas. Y es en este tema donde vamos a centrarnos en este texto.
LA COMPARACION
Comparar es analizar valorativamente dos posiciones u objetos respecto a uno o una serie de puntos concretos.
Por ejemplo: podemos comparar dos tipos de manzanas, respecto a su sabor y color. Pero esa comparación puede ser distinta si se indica que se va a tratar su resistencia a plagas o a la producción por hectárea.
Cuando se actúa así comparar cosas es algo que se hace diariamente en todos los aspectos de la vida. Y en base a esas comparaciones compramos un producto u otro, vamos a un sitio u otro, sin que nadie nos acuse de ‘discriminar’ al que no elegimos.
La comparación tiene un defecto de base para la democracia: atenta a la igualdad. Dos cosas que se comparan se convierten en desiguales. 
Por eso el sistema histérico-democrático quiere eliminar toda comparación cuando se trata de seres humanos (no en los demás temas puesto que eso sería imposible de asumir en la vida normal).
Un ejemplo de esta neurosis es la valoración en los estudios. Progresivamente se ha querido, y logrado, eliminar de los colegios la noción de calificación, nota, evitando absolutamente que se defina una comparación visible entre alumnos. En realidad se ha llegado a un grado tal de barbarie que la salida deseada es el ‘aprobado general global’, donde todos sean iguales pese a que el rendimiento sea inmensamente distinto.
Y si no se puede llegar a ese grado de indiferenciación, al menos establecer un baremo muy genérico a base de ‘debe progresar’, ‘necesita ayuda’ o ‘precisa más dedicación’, que cree una ‘nube’ sobre la comparación y deje ver solo el mínimo absolutamente imprescindible para evitar que un cretino completo crea que va bien en los estudios.
La excusa para esta posición es que todos los seres humanos tienen la misma dignidad, son pues ‘iguales’ de forma independiente a cualquier diferencia real.
Esto es como decir que no podemos comprar las dos manzanas por su sabor, dado que todas las manzanas son obra de la naturaleza y dignas de la mejor consideración.
Así pues la comparación de dos grupos (raciales o no) o dos personas, medidos en base a unos varemos concretos, es algo absolutamente científico y racional, y solo la neurosis demo-progresista hace que no se permita realizar sin problemas.
Pongamos un ejemplo: si comparamos la cultura literaria de los pueblos, y comprobamos que los pueblos negros no han logrado construir jamás una escritura, por tanto no han tenido literatura alguna, parece que no es muy arriesgado establecer una comparación clara en este tema.
Si comparamos la capacidad de correr los 100m lisos, vemos que algunas etnias de la raza negra tienen una capacidad clara para este tipo de tema. Cualquier libro de medicina nos habla de los diversos tipos de fibras musculares que componen los músculos estriados, y como la raza negra dispone en ciertas etnias de mayor tipo de fibras ‘rápidas’. En cambio esto no favorece las carreras de resistencia.
Parece pues posible tratar comparaciones entre grupos étnicos si nos referimos a cualidades concretas.
LA DIGNIDAD HUMANA EN EL TEMA COMPARATIVO
Dado que la razón esencial del sistema es negarse a comparaciones en base a la igual dignidad humana, vamos a analizar este tema con más detalle.
La igualdad de dignidad o el valor de dos cosas NO vienen dado por ser iguales en todo. Esto es absolutamente evidente. No hay dos personas iguales, los hay inteligentes y necios, buenos y malos, retrasados y superdotados, vagos y trabajadores….. todos ‘humanos’ y protegidos por la ley pero claramente desiguales.
La dignidad humana viene dada en el sistema actual por el simple hecho de ‘ser humano’, no por ser igual en características a otros humanos.
Por tanto la comparación no implica una duda o puesta en cuestión sobre la dignidad esencial.
Pongamos otros ejemplos: Un perro o un gato son distintos, pero ambos tienen la dignidad animal, el respeto que debemos tener por los animales y su dolor, pero eso no les hace ‘iguales’ ni evita comparaciones entre tipos de perros o entre perros y gatos.
La dignidad de un chino no viene de la capacidad de generar arte que haya tenido el pueblo chino, ni de sus cualidades intelectuales o su capacidad de correr o su altura media. Un pigmeo o un Zulú son ambos negroides y bien distintos, y su dignidad humana es la misma, pero evitar por eso su comparación es ridículo. ¿Ofende decir que el pigmeo es de estatura más reducida o decir que los Zulus han logrado una coordinación social mayor en su historia, o que el pigmeo logra unas mayores aptitudes de supervivencia en zona desértica?.
Por tanto la excusa de esa ‘igualdad’ en la dignidad o ‘valor superior’ no impide en nada la comparación.
Una variante de este tema es la excusa religiosa: Todos somos hijos de dios, como dice el cristianismo. Iguales ante Dios. 
Una vez más podemos aplicar los mismos razonamientos que antes. Las diferencias materiales y culturales no implican nada contra esa igualdad ante las religiones.
Por último está la cuestión de ‘¿Por qué comparar si la dignidad es la misma?. O sea, si todos somos humanos y debemos ser iguales ante la ley y ante Dios, ¿qué sentido tiene comparar?. Esta pregunta tan absurda, aunque parezca mentira, se ha planteado a veces…
Es como decir: si todos somos dignos, ¿por qué suspender a unos o encarcelar a otros?, ¿por qué unos tienen defectos genéticos y otros están sanos…..?.
Pues porque la comparación no afecta a la preposición inicial sino a la comprensión de HECHOS, de realidades. 
LAS COMPARACION COMPLEJAS
El problema de las comparaciones aparece en dos casos claros:
1- Cuando lo que se compara es desigual de base, de forma que es la comparación es más delicada y subjetiva. Es muy poco hábil tratar de comparar el gusto de peras y manzanas… es subjetivo. En cambio quizás no sea imposible comparar el gusto de peras y ácido sulfúrico pese a su diferencia radical.
O sea, la diferencia de dos cosas no impide una cierta comparación pero hay que ser mucho más fino en hacer comparaciones.
De esa forma si se acepta una absoluta diferencia entre blancos y negros, si alguien creyera que ambos forman especies distintas o grupos absolutamente diversos, por ejemplo, sería muy subjetivo establecer comparaciones globales entre ellos. Curiosamente el sistema, y nosotros mismos, aceptamos que ambos grupos son de similar valor humano y de igual dignidad humana, por lo que la comparación es más posible.
2- Cuando la comparación se quiere hace ‘global’, o sea no circunscrita a una característica concreta sino a una generalidad o conjunto de características más amplias.
Así no hay forma de decir si en general, como algo global, es mejor una manzana o el ácido sulfúrico … son incomparables en un sentido global.
Tampoco es imposible realizar cierta comparación global en algunos casos, si se compara con cierta amplitud de miras y relatividad.
Todos los tipos de perros tienen su gracia, su identidad y sus cualidades propias, y todos son importantes para la diversidad de la Naturaleza, sin embargo podemos comparar un perro lobo alemán de raza con un perro mezcla de pequinés y salchicha, y afirmar cierta preferencia por el primero en una suma de cualidades suficientemente amplias como para permitir una cierta generalización, que no es total nunca, pues seguramente el mestizo de pequinés puede tener facultades mejores en alguna cuestión concreta.
Así llegamos a que si nos ponemos a comparar la aportación cultural de los pueblos negros o blancos tendremos una suma de características a debatir, y no es difícil asumir una clara ventaja de una de las partes, de tal forma evidente que supera el inconveniente de la generalización.
Incluso cuando se trata de comparar, por ejemplo, formas de vida tan distintas como la de los indígenas australianos y los japoneses, por poner un ejemplo, es difícil no concebir una posibilidad de conclusión, y la excusa de la generalización no parece ser suficiente para evitar la comparación.
LOS PROBLEMAS DE COMPARAR
Sin embargo este tipo de comparaciones tiene una serie de problemas que si debemos tener muy en cuenta.
1- Toda comparación no debe pasar de una conclusión comparativa a una decisión de actuación o de decisión por ello. O sea, la conclusión de que los pueblos negroides no han logrado asumir formas culturales de calidad, ni siquiera cercanas a otros pueblos, no implica una actuación contra ellos, ni una decisión de menosprecio, xenofobia, abandono, etc…
Las comparaciones son posibles solo si están en el nivel adecuado, y no invaden el nivel de respeto a la dignidad humana o natural.
2- Las comparaciones no tienen implicación individual si se efectúan a nivel de grupo. Por tanto lo indicado no implica que una persona concreta de raza negra no tenga una cultura o capacidad cultural muy superior a otra de raza blanca o asiática. Ninguna generalización puede extrapolarse a lo individual.
3- La riqueza de culturas y formas humanas o las de la Naturaleza son una base sagrada y admirada, toda variedad es una riqueza del universo y como tal debe conservarse y admirarse. Las comparaciones no deben afectar a esa admiración y respeto por cada variedad por mínima que sea en comparación a otras. El mayor genocidio del mundo democrático es la eliminación de las diferencias por un mestizaje global y una destrucción sistemática de variedades animales y humanas en aras de una igualdad uniforme y la explotación económica de la Naturaleza.
4- Desgraciadamente estos tres puntos anteriores son fácilmente olvidados por algunas personas. Especialmente en los grupos nacionalistas o nacionalsocialistas que no hayan recibido una formación seria en este sentido, las comparaciones se generalizan pésimamente mal, y para colmo se trasladan a sentimientos de xenofobia, desprecio, etc….
Para colmo en el mismo III Reich una parte de textos incluso nacionalsocialistas asumieron una posición de supremacismo entre razas, e incluso un supremacismo germánico, que no solo es falso, y que provocó graves daños al combate por el nacionalsocialismo, sino que además agrede a los principios básicos del nacionalsocialismo de respeto y aprecio a todos los pueblos, fomento de la identidad y la diferencia.
Por eso los ejercicios de comparación deben ser realizados de forma seria y tras una formación clara sobre su alcance y sus consecuencias.
5- Pero hay otro peligro: el miedo a comparar. El sistema ha efectuado tal campaña de mentalización que la gente tiene terror a comparar grupos étnicos e incluso individuos.
Y esta campaña de lavado de cerebro se contagia a veces a los grupos anti sistema, que por miedo dejan de asumir la libertad científica de analizar los hechos, de comparar como se hace en todo los temas. La ciencia que analiza hecho no debe estar limitada por la histeria igualitaria que trata de imponer en Sistema demo-progresista.
Ni xenofobia ni miedo a comparar.
Hay temas malditos, temas que parece imposible que se puedan tratar bajo la presión judicial, social y mental del sistema inquisitorial democrático actual.
No hablo ya del revisionismo, o sea de poner en duda la versión oficial que los vencedores de la II Guerra Mundial quieren imponer como ‘verdad de Fé’ sobre todos los acontecimientos de ese conflicto, y muy especialmente en el tema judío. Este es el tema más conocido de enfrentamientos, e incluso ahora que el Tribunal Constitucional Español, en un alarde de coraje, ha anulado la ley que impedía tratar la Historia libremente, aun así hay una tendencia a procesar a cualquiera que discuta esa versión oficial con la excusa de que ‘justifica un genocidio’, o cualquier otra trampa legalista, además de que, por supuesto, jamás se dará publicidad a cualquier documento de esa tendencia en los medios de masas.
Pero con ser el tema revisionista el más condenado y acosado, hay otros de menor importancia que de igual forma parecen imposibles de tratar ni siquiera a nivel científico o histórico.
Un caso singular es el estudio de los textos del Nacionalsocialismo histórico, o sea los escritos en los años 30 por autores NS. En este caso nos encontramos con que el uso del lenguaje de la época es muy peligroso legalmente en el momento actual. Mientras que si uno reproduce la legislación de Hernán Cortés en las Indias o un texto de Jefferson sobre los negros americanos, nadie te acusará de nada pese a su contenido claramente discriminatorio, si reproduces la legislación NS puedes tener problemas. Eso lleva a que la edición de libros del III Reich que traten, aunque sea de lejos, el tema racial o judío sea muy peligrosa. Una solución sería cambiar algunas palabras para asignarlas palabras más acordes a lo legal, o bien incluir un largo Prologo donde se exponga muy claramente estos temas… y encomendarse a la Virgen.
El tema racial es sin duda donde la censura anti científica es más radical, obsesiva, aunque no es el único, pues por ejemplo cualquier intento de tratar histórica y seriamente el tema de los crímenes rituales judíos es un llamamiento a ser procesado, aunque el tema se trate con absoluta seriedad histórica. 
En el tema racial las excusas legalistas se llaman ‘discriminación’ o ‘fomento del odio’, ‘xenofobia’.
Desde luego el problema es que pese a que el tema se trate de forma absolutamente alejada de toda petición o fomento de discriminación, y aun más de todo fomento de odio o desprecio por otras razas, estas cuestiones serán utilizadas para reclamar la prohibición de todo texto que trate el tema racial de forma distinta al que el ‘Pensamiento Único’ del sistema impone.
El tema racial tiene varias vertientes para tratarlo:
- Análisis de la existencia de razas y sus diferencias genéticas. SI es puramente científico, como por ejemplo el completo y magnífico texto de J. Gilabert en la revista ‘Tierra&Pueblo’ num 20-21, el sistema se limitará a no considerar su existencia y hacer un profundo silencio sobre este tema, propagando, en cambio, todo tipo de mentiras y declaraciones en sentido contrario.
- El tema inmigratorio, la invasión étnica inmigratoria, que es preciso tratarla sin referencias étnicas, sino como un tema ‘inmigratorio’ general, sin especificar nada sobre razas. O sea, hay una invasión inmigratoria que es un problema social y de identidad cultural, pero procurando no tratar el tema del mestizaje y la destrucción étnica, para no irse a un proceso por ‘discriminación por raza’.
- El tema de la comparación entre pueblos y razas. Y es en este tema donde vamos a centrarnos en este texto.
LA COMPARACION
Comparar es analizar valorativamente dos posiciones u objetos respecto a uno o una serie de puntos concretos.
Por ejemplo: podemos comparar dos tipos de manzanas, respecto a su sabor y color. Pero esa comparación puede ser distinta si se indica que se va a tratar su resistencia a plagas o a la producción por hectárea.
Cuando se actúa así comparar cosas es algo que se hace diariamente en todos los aspectos de la vida. Y en base a esas comparaciones compramos un producto u otro, vamos a un sitio u otro, sin que nadie nos acuse de ‘discriminar’ al que no elegimos.
La comparación tiene un defecto de base para la democracia: atenta a la igualdad. Dos cosas que se comparan se convierten en desiguales. 
Por eso el sistema histérico-democrático quiere eliminar toda comparación cuando se trata de seres humanos (no en los demás temas puesto que eso sería imposible de asumir en la vida normal).
Un ejemplo de esta neurosis es la valoración en los estudios. Progresivamente se ha querido, y logrado, eliminar de los colegios la noción de calificación, nota, evitando absolutamente que se defina una comparación visible entre alumnos. En realidad se ha llegado a un grado tal de barbarie que la salida deseada es el ‘aprobado general global’, donde todos sean iguales pese a que el rendimiento sea inmensamente distinto.
Y si no se puede llegar a ese grado de indiferenciación, al menos establecer un baremo muy genérico a base de ‘debe progresar’, ‘necesita ayuda’ o ‘precisa más dedicación’, que cree una ‘nube’ sobre la comparación y deje ver solo el mínimo absolutamente imprescindible para evitar que un cretino completo crea que va bien en los estudios.
La excusa para esta posición es que todos los seres humanos tienen la misma dignidad, son pues ‘iguales’ de forma independiente a cualquier diferencia real.
Esto es como decir que no podemos comprar las dos manzanas por su sabor, dado que todas las manzanas son obra de la naturaleza y dignas de la mejor consideración.
Así pues la comparación de dos grupos (raciales o no) o dos personas, medidos en base a unos varemos concretos, es algo absolutamente científico y racional, y solo la neurosis demo-progresista hace que no se permita realizar sin problemas.
Pongamos un ejemplo: si comparamos la cultura literaria de los pueblos, y comprobamos que los pueblos negros no han logrado construir jamás una escritura, por tanto no han tenido literatura alguna, parece que no es muy arriesgado establecer una comparación clara en este tema.
Si comparamos la capacidad de correr los 100m lisos, vemos que algunas etnias de la raza negra tienen una capacidad clara para este tipo de tema. Cualquier libro de medicina nos habla de los diversos tipos de fibras musculares que componen los músculos estriados, y como la raza negra dispone en ciertas etnias de mayor tipo de fibras ‘rápidas’. En cambio esto no favorece las carreras de resistencia.
Parece pues posible tratar comparaciones entre grupos étnicos si nos referimos a cualidades concretas.
LA DIGNIDAD HUMANA EN EL TEMA COMPARATIVO
Dado que la razón esencial del sistema es negarse a comparaciones en base a la igual dignidad humana, vamos a analizar este tema con más detalle.
La igualdad de dignidad o el valor de dos cosas NO vienen dado por ser iguales en todo. Esto es absolutamente evidente. No hay dos personas iguales, los hay inteligentes y necios, buenos y malos, retrasados y superdotados, vagos y trabajadores….. todos ‘humanos’ y protegidos por la ley pero claramente desiguales.
La dignidad humana viene dada en el sistema actual por el simple hecho de ‘ser humano’, no por ser igual en características a otros humanos.
Por tanto la comparación no implica una duda o puesta en cuestión sobre la dignidad esencial.
Pongamos otros ejemplos: Un perro o un gato son distintos, pero ambos tienen la dignidad animal, el respeto que debemos tener por los animales y su dolor, pero eso no les hace ‘iguales’ ni evita comparaciones entre tipos de perros o entre perros y gatos.
La dignidad de un chino no viene de la capacidad de generar arte que haya tenido el pueblo chino, ni de sus cualidades intelectuales o su capacidad de correr o su altura media. Un pigmeo o un Zulú son ambos negroides y bien distintos, y su dignidad humana es la misma, pero evitar por eso su comparación es ridículo. ¿Ofende decir que el pigmeo es de estatura más reducida o decir que los Zulus han logrado una coordinación social mayor en su historia, o que el pigmeo logra unas mayores aptitudes de supervivencia en zona desértica?.
Por tanto la excusa de esa ‘igualdad’ en la dignidad o ‘valor superior’ no impide en nada la comparación.
Una variante de este tema es la excusa religiosa: Todos somos hijos de dios, como dice el cristianismo. Iguales ante Dios. 
Una vez más podemos aplicar los mismos razonamientos que antes. Las diferencias materiales y culturales no implican nada contra esa igualdad ante las religiones.
Por último está la cuestión de ‘¿Por qué comparar si la dignidad es la misma?. O sea, si todos somos humanos y debemos ser iguales ante la ley y ante Dios, ¿qué sentido tiene comparar?. Esta pregunta tan absurda, aunque parezca mentira, se ha planteado a veces…
Es como decir: si todos somos dignos, ¿por qué suspender a unos o encarcelar a otros?, ¿por qué unos tienen defectos genéticos y otros están sanos…..?.
Pues porque la comparación no afecta a la preposición inicial sino a la comprensión de HECHOS, de realidades. 
LAS COMPARACION COMPLEJAS
El problema de las comparaciones aparece en dos casos claros:
1- Cuando lo que se compara es desigual de base, de forma que es la comparación es más delicada y subjetiva. Es muy poco hábil tratar de comparar el gusto de peras y manzanas… es subjetivo. En cambio quizás no sea imposible comparar el gusto de peras y ácido sulfúrico pese a su diferencia radical.
O sea, la diferencia de dos cosas no impide una cierta comparación pero hay que ser mucho más fino en hacer comparaciones.
De esa forma si se acepta una absoluta diferencia entre blancos y negros, si alguien creyera que ambos forman especies distintas o grupos absolutamente diversos, por ejemplo, sería muy subjetivo establecer comparaciones globales entre ellos. Curiosamente el sistema, y nosotros mismos, aceptamos que ambos grupos son de similar valor humano y de igual dignidad humana, por lo que la comparación es más posible.
2- Cuando la comparación se quiere hace ‘global’, o sea no circunscrita a una característica concreta sino a una generalidad o conjunto de características más amplias.
Así no hay forma de decir si en general, como algo global, es mejor una manzana o el ácido sulfúrico … son incomparables en un sentido global.
Tampoco es imposible realizar cierta comparación global en algunos casos, si se compara con cierta amplitud de miras y relatividad.
Todos los tipos de perros tienen su gracia, su identidad y sus cualidades propias, y todos son importantes para la diversidad de la Naturaleza, sin embargo podemos comparar un perro lobo alemán de raza con un perro mezcla de pequinés y salchicha, y afirmar cierta preferencia por el primero en una suma de cualidades suficientemente amplias como para permitir una cierta generalización, que no es total nunca, pues seguramente el mestizo de pequinés puede tener facultades mejores en alguna cuestión concreta.
Así llegamos a que si nos ponemos a comparar la aportación cultural de los pueblos negros o blancos tendremos una suma de características a debatir, y no es difícil asumir una clara ventaja de una de las partes, de tal forma evidente que supera el inconveniente de la generalización.
Incluso cuando se trata de comparar, por ejemplo, formas de vida tan distintas como la de los indígenas australianos y los japoneses, por poner un ejemplo, es difícil no concebir una posibilidad de conclusión, y la excusa de la generalización no parece ser suficiente para evitar la comparación.
LOS PROBLEMAS DE COMPARAR
Sin embargo este tipo de comparaciones tiene una serie de problemas que si debemos tener muy en cuenta.
1- Toda comparación no debe pasar de una conclusión comparativa a una decisión de actuación o de decisión por ello. O sea, la conclusión de que los pueblos negroides no han logrado asumir formas culturales de calidad, ni siquiera cercanas a otros pueblos, no implica una actuación contra ellos, ni una decisión de menosprecio, xenofobia, abandono, etc…
Las comparaciones son posibles solo si están en el nivel adecuado, y no invaden el nivel de respeto a la dignidad humana o natural.
2- Las comparaciones no tienen implicación individual si se efectúan a nivel de grupo. Por tanto lo indicado no implica que una persona concreta de raza negra no tenga una cultura o capacidad cultural muy superior a otra de raza blanca o asiática. Ninguna generalización puede extrapolarse a lo individual.
3- La riqueza de culturas y formas humanas o las de la Naturaleza son una base sagrada y admirada, toda variedad es una riqueza del universo y como tal debe conservarse y admirarse. Las comparaciones no deben afectar a esa admiración y respeto por cada variedad por mínima que sea en comparación a otras. El mayor genocidio del mundo democrático es la eliminación de las diferencias por un mestizaje global y una destrucción sistemática de variedades animales y humanas en aras de una igualdad uniforme y la explotación económica de la Naturaleza.
4- Desgraciadamente estos tres puntos anteriores son fácilmente olvidados por algunas personas. Especialmente en los grupos nacionalistas o nacionalsocialistas que no hayan recibido una formación seria en este sentido, las comparaciones se generalizan pésimamente mal, y para colmo se trasladan a sentimientos de xenofobia, desprecio, etc….
Para colmo en el mismo III Reich una parte de textos incluso nacionalsocialistas asumieron una posición de supremacismo entre razas, e incluso un supremacismo germánico, que no solo es falso, y que provocó graves daños al combate por el nacionalsocialismo, sino que además agrede a los principios básicos del nacionalsocialismo de respeto y aprecio a todos los pueblos, fomento de la identidad y la diferencia.
Por eso los ejercicios de comparación deben ser realizados de forma seria y tras una formación clara sobre su alcance y sus consecuencias.
5- Pero hay otro peligro: el miedo a comparar. El sistema ha efectuado tal campaña de mentalización que la gente tiene terror a comparar grupos étnicos e incluso individuos.
Y esta campaña de lavado de cerebro se contagia a veces a los grupos anti sistema, que por miedo dejan de asumir la libertad científica de analizar los hechos, de comparar como se hace en todo los temas. La ciencia que analiza hecho no debe estar limitada por la histeria igualitaria que trata de imponer en Sistema demo-progresista.
Ni xenofobia ni miedo a comparar.

Tags: razas, universalismo imposible, manipuilación

Publicado por cultural-thule @ 17:09
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios