Domingo, 20 de septiembre de 2009
LA MEZCLA DE RAZAS
POR Mjölnir
En su "Ensayo" Gobineau expuso por primera vez de un modo claro y sistemático, y en el amplio marco de la historia de las civilizaciones, los efectos nocivos de la mezcla racial. Todas las culturas, según el Conde francés, cayeron en la decadencia, desapareciendo finalmente, a causa de la mezcla de sangre. "Los pueblos ‑escribe en su famosa obra ‑ no degeneran sino por efecto y en proporción de las mezclas que experimentan, y en la medida de la calidad de estas mezclas (1).
Según el Conde de Gobineau ni las malas costumbres, ni las derrotas, ni los malos gobiernos, son la causa de la decadencia y ruina de las civilizaciones. La degeneración se produce cuando un pueblo "no posee ya el valor intrínseco que antiguamente poseía, porque no circula ya por sus venas la misma sangre, gradualmente depauperada con las sucesivas aleaciones." (2)
Ya desde la más remota antigüedad fue conocido, de modo más o menos consciente, el efecto deletéreo del mestizaje. Todas las civilizaciones han considerado la mezcla con otras razas como algo envilecedor, degradante y, nocivo. El mestizo fue mirado siempre con menosprecio, como un ser inferior al de raza pura, el cual estaba en posesión de facultades muy superiores y fundamentalmente más en orden que las de aquél.
"Los antiguos egipcios tenían una pobre opinión del producto mestizo de su propia raza con los negros” dice Byram Campbell. Los griegos empleaban, la palabra “hybris" para designar el producto de la mezcla racial. Esta palabra, afirma Robert Kultner, tiene la misma raíz que "hubris", que implica la idea de insulto, arrogancia, pecado o transgresión. (3). El sistema de castas hindú, respondía a la necesidad de evitar la mezcla de la raza aria dominante y minoritaria con los elementos aborígenes. Las casta inferiores recibían el nombre de "enemigas" y "oscuras” mientras las superiores eran llamadas "claras" y "divinas". La doctrina hindú habla del "kali‑yuga", o época de la decadencia definitiva de un ciclo de civilización, como aquella en que se borran las barreras y las diferencias entre las castas y entre las estirpes. "Los arios que, en su locura, contraigan matrimonio con una mujer de la última casta (esto es, de la casta sudra, no aria. N. del T) ‑leemos en el "Manava Dharmasastra" o "Leyes de Manú", código religioso y social de la antigua India ‑ degradan su familia y su descendencia al nivel de un sudra". "De las uniones irreprobables ‑se dice más adelante ‑ desciende una posteridad sin mácula; de las uniones ilícitas una posteridad despreciable: se deben, por tanto, evitar las uniones despreciables" (4). No por otra razón se explica la prohibición del matrimonio entre patricios y plebeyos existente en la antigua Roma. La distinción entre patricios y plebeyos estaba basada en factores raciales; la clase patricia estaba formada por los troncos arios que forjaron el Estado romano, mientras la masa plebeya estaba constituida por los elementos no‑arios, o más degenerados, que subyacieron a su poder. La misma idea encontrarnos en la Europa medieval, y tradicional en general en la cual la nobleza iba ligada a la pureza de sangre y la unión con individuos de otras razas era mirada con repugnancia. En España, por ejemplo, aquél que poseía sangre judía o árabe era considerado en un nivel muy inferior, más indigno, que el hombre de sangre pura, de "sangre limpia "Yo soy un hombre ‑clama un personaje de Lope de Vega ‑, aunque de villana casta, limpio de sangre, y jamás de hebrea o mora manchada" (5) Esto quedó plasmado en las llamadas "pruebas de limpieza de sangre". La conciencia racial de los pueblos de estirpe indoeuropea ‑escribe Johann von Leers‑ se ha expresado a lo largo de la historia en "una estricta separación de los estratos racialmente distintos, cuando un pueblo indogermánico conquista un país extraño y somete a una población extranjera, la validez jurídica del matrimonio aparecía aquí ligada a la consanguinidad o igualdad de linaje. Sin equiparación racial no hay connubium. De este punto de vista parten casi todos los sistemas jurídicos de los pueblos indoeuropeos" (6).
Hasta en los pueblos más apartados y más atrasados encontrarnos esta repugnancia, más o menos acentuada, ante la mezcla con otros pueblos. En el pueblo judío la mezcla con otros pueblos aparece ya condenada en el Viejo Testamento: "Separaos de las gentes del país y de las mujeres extranjeras” ordena el sacerdote Esdras (Esdras, 10, 11). "Los pueblos ‑había escrito Benjamín Disraelí en su "Endymion"‑ conservan su fuerza, sus tradiciones y las facultades para grandes empresas solamente en el caso de que conserven su sangre defendiéndola de mestizajes. Si se mezcla se bastardean, degenerándose. La decadencia será así, incontenible. La verdadera fuerza se encuentra en la nobleza del alma y a ésta se la humilla si se mezcla la sangre". Este exclusivismo es lo que ha permitido a la raza judía conservarse, sin ser absorbida por los pueblos entre los que ha vivido, y llegar a la posición de dominio que hoy ha alcanzado, mientras los pueblos contemporáneos del antiguo pueblo hebreo; fenicios, filisteos, persas, etc. han desaparecido sumergidos bajo oleadas de sangre extraña. Hay que puntualizar aquí que la llamada "raza judía" no es tal raza, sino, conforme han señalado la mayoría de los antropólogos, la resultante de una mezcla de diversos elementos étnicos ‑fundamentalmente levantinos y orientaloides ‑ a los que se han añadido aportaciones europeas, mongoloides y negroides. Una mezcla étnica que a partir de cierta época, y gracias a una especial fuerza anímica, ha conseguido un relativo grado de cohesión, dentro siempre de su heterogeneidad constitutiva fundamental, y que se preservó posteriormente de una disolución en el seno de los pueblos en que ha desarrollado su existencia por una estricta endogamia y autosegregación, así como por su peculiar forma de concebir la vida y orientar sus relaciones con otros grupos étnicos. "Los judíos ‑ha escrito un autor hebreo en una obra destinada a ensalzar la mezcla de razas ‑ son el pueblo más mezclado de todos los pueblos, el pueblo mezclado en sí... Esta es su fuerza, su dicha" (B. Springer, "Die Blutmischung als Grundgesetz des Lebens” Berlín‑Nikolassee, s.a., Pág. 163). "Judíos y brahamanes se defendieron del mayor peligro, el de la contaminación: el judaísmo y el hinduismo se convirtieron en religiones genéticas, cuya supervivencia se hacía depender de una teoría correcta de la diferenciación racial por medio de la endogamia" (7).
¿Por qué este horror de todos los pueblos ante la mezcla con otras razas? Existían ya suficientes hechos para presentirlo, pero la ciencia ha venido a aclarar aún más este enigma. Actualmente podemos examinar con una mayor claridad y perspectiva los efectos de este fenómeno, que las corrientes democráticas de fanatismo antirracista, pretenden explicar en base a un absurdo, superficial y deleznable prejuicio.
James Gregor ha realizado una serie de estudios, tras los cuales ha llegado a la conclusión de que el prejuicio racial es uno de los medios de que se vale la naturaleza para evitar el fenómeno antinatural del mestizaje (8). La mezcla de razas sólo se produce en aquellas sociedades que se han desnaturalizado, que han visto adulterados sus instintos y debilitadas sus energías vitales, que han comenzado a sufrir un proceso de disolución.
Si, como han señalado numerosos autores, observa el raciólogo holandés W J. Bruyn, en la mayoría de las formas de civilización la mezcla racial sólo se da como algo marginal, en la periferia, se puede deducir que tal fenómeno contranatura "solo tiene lugar en hombres que se han desvinculado de su propia cultura". "Hombres integrados en sanas relaciones vitales no llegarán, con arreglo a esta línea de pensamiento, a establecer lazos con otras razas y, con ello, a la mezcla racial. Interpretada en este sentido, la mezcla de razas es hasta el día de hoy un fenómeno de desintegración" (9).
El de las consecuencia nefastas del mestizaje es un hecho tan evidente que no ha podido menos de saltar a la vista, en un modo u otro, a las más diversas personalidades, las más destacadas figuras del pensamiento y de la ciencia. El mismo Ortega y Gasset expresaba su extrañeza ante la chocante circunstancia de que aquellos que, como el historiador Toynbee, se han mostrado siempre tan sensibles "ante la tragedia atroz del racismo", no tuvieran ni una sola palabra ni parecieran reparar siquiera en "la otra tragedia, precisamente la que se origina por la existencia numerosa de mestizos y mulatos en los países donde se da, cosa que conoce todo el que ha viajado por América y Africa del Sur" (10). El eugenista católico Hermann Muckermann apuntaba que, si bien desde el punto de vista estrictamente biológico‑genéfico no es mucho lo que se sabe sobre el problema de los “cruces inarmónicos” "Si se contemplan a la luz de los sentimientos y de la tradición, han de ser calificados ciertamente como una desgracia, como un Unheil" (11). “La historia ‑escribe el filósofo alemán Kurt Hildebrandt ‑ nos enseña que la mezcla indiscriminada, el caos racial conduce a la decadencia" (12). El Dr. Robert Knox, en una de las primeras obras sobre el tema racial publicadas en Gran Bretaña, calificaba al híbrido o mestizo de "desgracia de la humanidad", degradación que la naturaleza no tarda en vengar con las más diversas taras". Una "mixed race” añadía el citado autor, es "una anomalía sobre la tierra; algo repudiado por las leyes orgánicas del hombre y de los animales" (13). En su obra "Anthropologie in pragmatischer Hinsicht", Kant afirmaba: "La mezcla de los linajes (der Stämme), que poco a poco disuelve los caracteres, no es provechosa a pesar de todo pretendido filantropismo, para el género humano" (14). "No podemos negar nuestro reconocimiento ‑escribe el gran compositor alemán Richard Wagner ‑ a la tesis según la cual el género humano se compone de razas inconciliablemente desiguales; las más nobles entre ellas han conseguido dominar a las menos nobles, pero, mezclándose con ellas, no han elevado su nivel sino que se han hecho ellas mismas menos nobles". Y más adelante añadía: 'la corrupción de la sangre ha llevado consigo una corrupción del temperamento y de las cualidades morales" (15). Ya el mismo Platón, "el Rey de los filósofos al hablar de los distintos tipos o razas que forman parte de la comunidad ideal, decía: "al mezclarse ( ... ) se producirá una cierta diversidad y desigualdad inarmónica, cosas todas que, cuando se producen, engendran siempre guerra y enemistad en el lugar que se produzcan" (16).
Planteado el problema en su dimensión más profunda, podemos decir que la mezcla de razas ‑se sobreentiendo siempre aquí la mezcla de razas esencialmente diferenciadas ‑ entraña una ruptura del límite, una lesión de las formas preservadas a lo largo de los siglos y de los milenios, un borrar las barreras cualitativas en la misma realidad vital del ser humano, en su integridad fisico‑anímico‑espiritual (no otra cosa quiere decir la palabra griega hybris, igual a ruptura, transgresión, del límite, de la forma) (17). Límite, forma, barrera cualitativa que, como interpretaba la antigua sabiduría helénica, son, por un lado, expresión de una realidad espiritual, manifestación de un principio creador, de una “forma" o “dea" que se imprime a la materia informe, dándole así vida, ritmo y armonía, y, por otro lado, y precisamente por ello, factor enriquecedor de la existencia humana, elemento personalizante, configurador de la persona en cuanto se eleva por encima de la simple realidad individual (18).
La mezcla racial es ya de por sí algo grave, es un mal en si misma ‑aparte de otras consideraciones que haremos más adelante, y que en realidad no hacen sino poner de relieve las consecuencias o formas de manifestarse de este mal ‑; y es un mal en sí misma porque quiebra los límites diferenciadores en que se expresa el espíritu en el plano de lo sensible ‑aquellos 'límites creadores" de que hablaba Goethe ‑; porque entraña una disolución de las líneas configuradoras de todo cuanto es riqueza y libertad en el hombre. Es, como diría Hildebrandt, la quiebra de la norma del hombre. En ella se encierra una grave injusticia, una injusticia cósmica, una injusticia que ofende a la verdad, al bien y a la belleza; a la verdad, al bien y a la belleza tal y como se expresan en la carne y la sangre en el ser racial, biológico y espiritual del hombre. Una injusticia que destruye la paz, la unidad y la armonía en el seno mismo de la persona. El mestizaje se halla, en este sentido, en cuanto ruptura del límite y de la forma, en la línea de la uniformización democrática, de la estandarización masificadora, del igualitarismo totalitario y a ultranza que parece ser el signo de nuestro tiempo y que hay que proyectar a todos los órdenes de la existencia.
Quizá todo esto pueda parecer intrascendente a la inmensa mayoría en esta era de materialismo y de internacionalismo - y en una era de este cariz, que por definición ignora todo cuanto sea límite diferenciador y cualitativo y realidad espiritual, forzosamente ha de ser así ‑; pero no lo será para aquellos que aún sean capaces de percibir la normalidad, el justo orden de las cosas.
Suponiendo la ruptura del limite y de la forma, que de acuerdo a la sabiduría clásica de Occidente, son consustanciales al orden cósmico, la hibridación se halla, pues, orientada contra la armonía y el ritmo de la Creación: es una expresión del irrumpir de las fuerzas del caos, sujetas hasta entonces por esas mismas fuerzas espirituales que hacían posible la presencia del límite, de la forma. Es una expresión más de la rebeldía contra las leyes cósmicas, contra el orden divino del Universo; rebeldía que se halla en la génesis del mundo moderno. La mezcla de razas ‑mezcla que hoy parece no ya sólo tolerarse inconscientemente, sino incluso propugnarse de modo intencionado y planificado ‑ es un atentado contra la realidad jerarquizada y diferenciada del cosmos, contra la voluntad de Dios que ha creado la rica y multicolor diversidad racial en el seno de la humanidad.
El mestizaje es algo antinatural, antiético, antisocial, antihumano y antidivino (19). Es un pecado contra la naturaleza, contra el orden normal de las cosas, contra las leyes divinas; pecado cuyas consecuencias no tardan en sufrirse por aquellos individuos y sociedades que a tal pecado se han entregado o por él han sido engendrados. "En los pueblos ‑dice Ernst Lehmann ‑ se conserva viva la idea de que la mezcla racial es desfavorable, siendo a veces rechazada como inmoral. Un proverbio malayo proclama: Dios ha creado al hombre blanco y al hombre amarillo; pero el mestizo es obra del diablo. Numerosas novelas, como por ejemplo, "Hijo de dos mundos" de la Condesa Salburg representan el precipitado de la opinión pública. Allí donde la cuestión racial se hace candente entro pueblos sanos, aparece claramente la aversión hacia la mezcla racial" (20). Es este un punto que hay que dejar bien sentado: el del mestizaje, antes que un problema científico ‑esto es, antes que un problema para cuya solución haya que esperar al veredicto de la ciencia neutra y empírica ‑, es un problema ético, un problema en el que van implicadas graves y fundamentales cuestiones espirituales.
La defensa contra el mestizaje, como bien ha apuntado Darlington, es una exigencia que viene impuesta por el imperativo ético de mantener puros e íntegros todos los tipos humanos, desde el primero al último, pues la presencia de todos y cada uno de ellos es irreemplazable en el orden global del mundo y en la acción conjunta por el bien de la humanidad. El mestizaje no es otra cosa que una forma sutil de exterminio. "No desearíamos un mundo lleno de fueginos o de hotentotes, ni siquiera de escoceses o neo‑ingleses. Como tampoco desearíamos un mundo privado por completo de ninguno de estos tipos. No es sólo por sentimentalismo por lo que deploramos la desaparición de los tasmanios (21), la decadencia de los cherokees o la despoblación de las gargantas escocesas Estamos todos de acuerdo en que para hacer este mundo se necesita de todos ellos. Cada uno de los grupos raciales tiene algo que aportar a la rica diversidad de las culturas humanas. Cada uno tiene asímismo algo de valor genético para aportar al conjunto de la herencia y variación humanas; algo que quizás pueda abrir en una edad futura, después de mil o diez mil generaciones, nuevas posibilidades de cruce. Pues una raza, ya desaparezca por extinción o por hibridación (o mezcla con otros elementos extraños. N. del T.), desaparece definitivamente. No puede entrar en acción una segunda vez" (22). "El hibridismo ‑escribe acertadamente Felice Graziani ‑ es un atentado contra la dignidad y la misma personalidad de raza, e, implícitamente, contra la solidez moral de los Estados; el mestizaje con sus fatales y experimentales consecuencias es un atentado contra la naturaleza misma de los hombres, contra aquella naturaleza que nos ha hecho siempre considerarnos distintos y superiores al universo mundo zoológico" (23). El mestizaje es el pecado original contra la integridad y la armonía de la vida: un pecado que ciega las fuentes mismas de la pureza de la existencia; un pecado contra la dignidad y la plenitud humanas, cuyas repercusiones, en la mayoría de los casos irreparable, se arrastran a lo largo de generaciones.
Para un mejor esclarecimiento y comprensión de todo lo dicho, analicemos con mayor detenimiento los diversos efectos de este deletéreo y grave fenómeno, que en nuestros días, con la desaparición de las barreras físicas y espirituales que separaban los distintos grupos raciales, comienza a alcanzar unas dimensiones jamás conocidas y realmente aterradoras: la panmixia de que alguien ha hablado.
Podemos resumir del siguiente modo las principales consecuencias de la mezcla racial.
1.‑ Pérdida de vitalidad y anomalías biológicas.
2.‑ Disminución de la capacidad creadora.
3.‑ Disociación y caos en el individuo.
4.‑ Pérdida de unidad, fuerza y estabilidad de la comunidad.
Primero.‑ PERDIDA DE VITALIDAD Y ANOMALIAS BIOLOGICAS. 
La mezcla de razas da lugar a seres inferiores desde el punto de vista biológico; menos aptas para la vida y para la tensión, el esfuerzo y la lucha que ésta supone. El mestizo es un ser que, en lo que respecta a sus facultades orgánicas, biológicas, vitales, se encuentra en una escala muy inferior con respecto al individuo de raza pura. Las investigaciones científicas han demostrado que la hibridación la mezcla racial, tiene como consecuencia serias taras, alteraciones y deficiencias de tipo biológico. El mestizo adolece de una marcada inferioridad en vitalidad.
La "pérdida de vitalidad" es una de las principales consecuencias que Vacher de Lapouge señalaba como propias del mestizaje. "La carencia de vigor ‑escribe el gran precursor de la raciología ‑ parece ser un caso particular de una especie de deficiencia general que afecta a los mestizos de razas muy dispares" (24). "Si bien la ciencia de la reproducción está aún en la infancia ‑escribe el conocido sociólogo y escritor belga Gustave de Molinari ‑, la observación y la experiencia han demostrado ya que las uniones entre razas demasiado distantes dan productos débiles y viciosos" (25). William Ripley, uno de los pioneros de las ciencias raciales cuya voluminosa obra "The Races of Europe" es ya una clásico en el tema, dice a este respecto: "Un cruce de razas es demasiado propenso a ser debilitante, al compartir las predisposiciones patológicas de cada uno de los linajes progenitores al tiempo que no goza sino imperfectamente de sus varias inmunidades. Los mulatos carecen de vitalidad en cualquier clima, y a no ser que se mantenga una continua aportación degeneran" (26).
Donald Pierson comprobó que los mestizos del Brasil tienen menos resistencia a ciertas enfermedades, especialmente la tuberculosis, que los blancos y los negros (27) Según datos de la población de Bahía, en 1904, resultaron las siguientes cifras estadísticas:
 
Tanto por ciento de la población muertos por dicha enfermedad   
Mestizos 35.1 49   
Blancos 31.4 21.4   
Negros 26.3 26.9  
"La débil población del moderno Egipto, dominada por las enfermedades, ‑escribe el Dr. H. E. Garrett ‑ ofrece una dramática evidencia de los efectos nocivos del mestizaje que se ha ido produciendo a lo largo de 5.000 años (28).
"Es toda una serie de graves dolencias y predisposiciones a enfermedades lo que el cruce de razas no armonizables entre sí trae consigo" dice el Dr. Tirala, destacado raciólogo alemán. Donde las tensiones entre las razas que se mezclan son muy acentuadas "surgen, de toda necesidad, tipos enfermizos". No obstante, añade dicho autor, el mayor peligro de la bastardización y mezcla racial estriba no en unas simples repercusiones externas, sino en el hecho grave y radical de que "se ve afectada la misma fuerza vital de la raza, ya que la formación conforme a naturaleza de los sexos desaparece en los bastardos" (29). Una profunda mezcla de razas altera el equilibrio de los cromosomas sexuales XY, lo cual se resiente en la disminución de su vigor relativo, de su número o de su fecundidad, (30).
Las investigaciones han demostrado que los mestizos están en general peor adaptados a su medio ambiente que los progenitores al suyo" (31).
La experiencia en el campo de los cruces con razas animales, pueden ayudar mucho, ya que el hombre forma parte del reino animal, para comprender mejor las consecuencias del mestizaje.
Se ha afirmado repetidas veces que no es cierto que el cruce entre razas diversas dé lugar a individuos que muestran una mayor debilidad, ya que se ha comprobado que en muchos casos la primera generación de híbridos presenta un vigor especial. El  genetista holandés Dr. A. L. Hagedoorn, especializado en cría animal y ecología, afirma que la primera generación de híbridos puede presentar muy buenas cualidades, pero que "como estos híbridos son impuros por todos los genes en que las células‑germinales diferían, su descendencia es tan variable y comprende tantos individuos defectuosos e inferiores, que la calidad media es extraordinariamente baja". En sus experiencias con animales híbridos; cerdos y gallinas, comprobó que "son tantos los animales que resultan antieconómicos, tantos los que muestran los efectos de toda clase de pequeñas aberraciones que un cerdo verdaderamente bueno es una rareza en estas carnadas".
Son muchos los datos que nos presenta la ciencia que muestran los perniciosos efectos que la mezcla de razas diversas origina.
En Norteamérica los híbridos de dos especies de pájaros carpinteros ocupan un margen tan estrecho que algún naturalista ha llegado a la conclusión de que el fracaso de los híbridos en extenderse indica que están “handicapped” en algún modo. La naturaleza pone barreras para evitar el “interbreeding” como se ha comprobado con razas de pájaros, monos, ratones, insectos, etc. Así, por ejemplo, Patterson comprobó que en una localidad cerca de Austin, Texas, convivían cerca de cuarenta especies de Drosophila (moscas de los frutales), pero que los híbridos eran extremadamente raros, si es que se encontraba alguno. No obstante, especies que no se cruzan en la naturaleza, pueden cruzarse en los experimentos, bajo condiciones artificiales.
En los cultivos de laboratorio pueden obtenerse híbridos de moscas (D. pseudoobscura y D. persemais). La descendencia nuestra cierto vigor híbrido. Los machos, sin embargo, son estériles. Las hembras, no obstante, pueden cruzarse con cualquiera de los materiales paternos. La progenie resultante sufre un “hybrid breakdown", siendo tan deficiente en vitalidad que sólo puede sobrevivir bajo condiciones favorables de laboratorio.
Dobzhansky, en su obra "Genetics and the Origin of Species", dice que los cruces en el reino animal pueden descubrir, por azar, nuevos genotipos adaptables, pero que, frente a esto, está el hecho de que una gran mayoría de los nuevos patrones genéticos será discordante, impropia para el ambiente y una pérdida total para la especie.
Myron Gordon ha demostrado que cuando se cruzan peces de la misma especie que habitan en ríos diferentes de Sudamérica, se originan crecimientos cancerosos, al tiempo que ha señalado que las líneas puras están completamente libres de cáncer.
En base a todo ello, Byram Campbell concluye que "los cruces raciales de grupos muy divergentes son biológicamente nocivos (32).
La revista "Chasseur Français" de diciembre 1966, hablando de la enfermedad de los caballos llamada "crapaud" (galápago) decía que "los caballos de raza común son atacados frecuentemente, mientras que la enfermedad sólo se da excepcionalmente entre los animales pura sangre" (33).
Sir Julian Huxley, el famoso biólogo inglés, llega a la conclusión de que el cruce interracial puede dar lugar a extremas y peligrosas variaciones. "La desmedida variación, que aparece siempre como resultado de cruces –afirma - puede ser peligrosa bajo muchos aspectos. SI, por ello, es valioso un cierto grado de desigualdad en los caracteres hereditarios, por ejemplo, en lo que respecta al vigor de los mestizos que parece ser casi general, sin embargo, son de esperar teóricamente, con bastante seguridad, variaciones extremas que pueden resultar inadaptables y peligrosas (34).
Ya que no pueden realizarse experimentos de este tipo con los seres humanos, los realizados con animales resultan de un inmenso valor. De especial interés son, a este respecto, las pruebas realizadas con perros, a los que se refiere Darlington en su obra “The Facts of Life". Para el investigador que estudia el hombre, el perro doméstico resulta de un inmenso valor. El perro es un animal, que participa de los cambios sociales del hombre. Al igual que el hombre proviene de antepasados de diferentes razas o tipos que están extendidos por casi todo el mundo. Vive y se reproduce actualmente, como su amo, en su mayor parte bajo condiciones artificiales. Sus razas se diferencian por su forma más que las de los hombres, pero en el comportamiento, en los instintos, en el temperamento y en la receptibilidad para las enfermedades aproximadamente en la misma medida, mientras en las necesidades alimenticias, en la inteligencia y en la facultad de instrucción mucho menos que las razas humanas; con todo ello, están más próximos a ellos que las razas de cualquier otra especie animal.
De los cruces realizados por C. R. Stockard con diferentes razas de perros, resultó una generación F1 sana y uniforme. Las generaciones F2 mostraron una gran gama de variaciones, como era de esperar con arreglo a las leyes de Mendel. Dado que muchos caracteres se heredan por separado, la mandíbula inferior provenía de la de la madre. Las mandíbulas superior e inferior podían incluso resultar, en diferentes generaciones F2, "fuertemente reducidas, de tal. modo que se produjeron mandíbulas que no se ajustaban la una a la otra, que no se cerraban, como dirían los dentistas. La fecundidad disminuyó considerablemente y hubo numerosos abortos, así como anormalidades en el desarrollo y en el comportamiento, tales como labios leporinos y una deficiente facultad de adiestramiento. La generación F2  Bulldog‑Basset resultó a menudo completamente estéril... Como era de esperar, aparecieron deformaciones de la mandíbula, que hacían imposible el masticar normal; también en la generación F2 del cruce entre Wolfshund y Saluki, los cuales, poseen ambos, largos hocicos.
Es interesante observar esta divergencia, ya que es idéntica a la disonancias que aparecen en generaciones posteriores, cuando se cruzan razas humanas, no existiendo ninguna que sea considerablemente superior en número, de tal modo que fuera posible un nuevo cruce con la generación F1, con el cual se restablecería el equilibrio. Para el hombre las peores condiciones surgen en condiciones como las que imperan en Tristan da Cunha y Pitcairn, donde se han observado las condiciones de una verdadera generación F2".
Estas anomalías que provoca la mezcla de razas no se manifiesta tan sólo en las características físicas, sino que pueden observarse también en un debilitamiento o adulteración del instinto. Darlington afirma que cada raza  canina tiene su instinto peculiar, que descansa sobre un sistema muscular y nervioso apropiado para una determinada función. En la primera generación se puede producir también en este terreno el hecho antes señalado de resultar una mezcla beneficiosa. "Pero en la segunda generación ‑explica Darlington ‑ o en descendientes posteriores de perros cruzados se combinan de nuevo los genes de tal modo que tantos las propiedades físicas como anímicas no cooperan ya adecuadamente; esto lo sabemos tanto por la experiencia general como por los experimentos de Stockard, y por ello los perros de raza bastarda no gozan de buena reputación. En sus instintos no se reconoce siempre una cooperación ordenada" (35).
En el hombre se han podido observar también fenómenos semejantes que muestran los efectos nocivos que la mezcla racial produce desde el punto de vista de las facultades biológicas y vitales. Jürgen Rieger señala, entre otros, los siguientes: elevada mortandad infantil, desequilibrio en la relación de los sexos, deformidades corporales, mayor receptibilidad para ciertas enfermedades, mayor esterilidad, etc. 
Las investigaciones de Davenport y Steggerda en Jamaica pusieron de manifiesto que los mestizos padecían de deformaciones en las proporciones corporales; como, por ejemplo, brazos demasiado largos y piernas excesivamente cortas. El profesor R. RuggIes Gates ha comprobado que la anemia hemolítica constitucional aparece mucho más frecuentemente entre los negros americanos que tienen algún antepasado blanco que entre los negros que entre los negros de ascendencia puramente africana. Según el Dr. Scudder la receptividad para ciertos antígenos es mucho mayor entre los negros que tienen alguna proporción de sangre blanca (36). Estudios realizados entre los hijos de los matrimonios mixtos entre negros y blancos en Liverpool (Inglaterra) han puesto de manifiesto la presencia frecuente de deformaciones de las mandíbulas, hecho que ha sido ignorado y tapado por los científicos antirracistas ingleses, como es el caso del profesor Anthony Barnett de la Universidad de Glasgow, el cual sin proceder a investigaciones y sin más averiguaciones, afirmó lisa y llanamente que ello podía deberse a defectos en la nutrición (37). El Dr. Jon Alfred Mjoen, célebre endocrinólogo noruego, sostiene que el cruce entre razas muy dispares provoca una "disminución de la calidad" en el elemento humano que se ve afectado por ella. Concretamente, y a causa de las nuevas combinaciones de genes a que da lugar el cruzamiento, tiene lugar un acoplamiento y desarrollo inarmónico de las glándulas endócrinas que puede repercutir en anomalías físicas ‑el tamaño del cuerpo, por ejemplo, que en los bastardos supera a veces muy considerablemente al de los progenitores ‑ y una disminución de la capacidad de resistencia frente a ciertas enfermedades. Así, Mjoen constata alto porcentaje en la mortandad por tuberculosis y en la incidencia de la diabetes entre los mestizos de lapones y nórdicos. Investigadores americanos corno Gould Hoffmann y Tillinghast refieren que los mulatos, al menos en las primeras generaciones "son de más débil constitución, muestran en la fatiga menos resistencia y presentan una menor inmunidad frente a las enfermedades, especialmente la tuberculosis”. "El mestizo de razas muy distantes entre sí ‑concluye Mjoen ‑ muestra generalmente una menor capacidad de adaptación, una menor capacidad de resistencia, una menor aptitud y moral, así como una mayor receptividad para ciertas enfermedades" (38).
Debido a la herencia por separado de los caracteres, que tienen lugar de acuerdo a las leyes de Mendel, puede ocurrir, si bien aún no hay pruebas definitivas al respecto ‑observa Otmar von Verscher, uno de los más autorizados raciólogos y eugenistas alemanes ‑ que "en la mezcla entre razas muy diferentes, cuyos patrimonios hereditarios no concuerdan entre sí, surjan estados patológicos por las combinaciones desarmónicas de genes" (39). A este respecto Heinz Wülker en su estudio sobre las relaciones existentes entre enfermedad y mezcla racial puntualiza que las combinaciones a que da lugar el mestizaje aceleran el proceso de contraselección a que pueda hallarse sometida o expuesta cualquier agrupación humana. En tal perspectiva, la selección de "Minuskombinationen", esto es de combinaciones de menor calidad genética, en poblaciones fuertemente mezcladas desde el punto de vista racial, debe ser considerado, como bien dice Nilsson-Rehl, como "un medio especialmente refinado para la degeneración" (40). La "Rassenmischung" ha sido señalada de modo especial como "causa de numerosos estados psicofísicos clasificados como graves" (Rittershaus). Como ejemplo más característico se cita el caso de las psicopatías de los judíos; psicopatías (neurastenia, histeria, nosofobia, etc.) sobre las que han llamado la atención especialistas tanto judíos como no‑judíos (Buschan, Ziemssen, Sichel, Oppenheim, Rosenthal, Reichardt, Pilcz, Frigyes, Offner, etc. (41).
Los datos aportados por la biología, y por la ciencia en general nos muestran, pues, que la mezcla de razas, aún suponiendo que todas las razas de la humanidad estuvieran igualmente dotadas en lo que se refiere a capacidad creadora, resulta profundamente nociva, por deteriorar y debilitar biológicamente al producto híbrido. Pero, como ya hemos visto anteriormente, las razas humanas difieren esencialmente en sus dotes síquicas y espirituales. Por tanto, hemos de analizar una consecuencia más del mestizaje.
Segundo.‑ DISMINUCION DE LA CAPACIDAD CREADORA.
El mestizaje, al originar la mezcla de una raza superior con una raza peor dotada, hace disminuir la capacidad creadora de la raza superior. El resultado de la mezcla entre dos razas distintas ha de ser forzosamente un producto intermedio. El mestizaje supone, por tanto, una regresión, ya que echa a perder para siempre las altas capacidades de la raza mejor dotada, las cuales pasan a diluirse en el resultado mediocre que representa el producto híbrido.
Como decía Adolf Hitler, "todo cruzamiento de dos seres cualitativamente desiguales da como resultado un término medio entre el valor cualitativo de los padres; es decir: que la cría estará a un nivel superior con respecto a aquel elemento de los padres que es racialmente inferior, pero no será de igual valor cualitativo que el elemento racialmente superior de ellos" (42). Hankins, al cual difícilmente puede acusarse de racismo, reconoce que "el mulato medio es incontestablemente superior al negro pura sangre medio en inteligencia general, pero es inferior al blanco medio" (43). "La continua promiscuidad entre dos sobresalientes razas de animales ‑afirma el ilustre escritor Houston Stewart Chamberlain ‑, conduce sin excepción, al aniquilamiento de los caracteres sobresalientes de ambos". La misma ley puede aplicarse, según Chamberlain, a las razas humanas, como lo prueban la historia y la etnología (44). El biólogo y raciólogo español Misael Bañuelos señala como un hecho evidente e indiscutible que "el cruzamiento de individuos de grupos raciales superiores con sujetos pertenecientes a grupos raciales inferiores crea siempre una humanidad superior a la inferior que tomó parte en la génesis, e inferior a la superior que participó en la generación" (45). En esta conclusión coinciden la mayoría de los genetistas y antropólogos. "Comparado con el negro ‑afirma el biólogo alemán Wilhelm Schallmayer ‑ los mulatos pertenecen a los elementos del pueblo situados en un nivel cultural superior". Y el mismo Von Luschan, autor de clara orientación antirracista constataba que los bastardos surgidos de la unión de europeos y negros se encontraban por doquier en un nivel superior, por la inteligencia y la cultura, a los negros no mezclados. La población que surgiera de una mezcla de nuestra raza con una raza de nivel inferior en lo que a capacidad cultural se refiere añade a este respecto Schallmayer, "se encontraría por su aptitud cultural en una situación intermedia entre ambas razas; por tanto, por debajo de nuestra raza" (46). El resultado de los cruces, observa Carleton Putnam, depende de muchas variantes y factores, como para que pueda hablarse con total seguridad al respecto (así, por ejemplo, el cruce de dos tipos superiores puede no producir una mejora); "pero una cosa es cierta: el cruce de un progenie superior con un inferior no puede sino rebajar a la superior" (47). Hay quienes han sostenido que los híbridos de razas diversas están mentalmente menos dotados que la media de la raza inferior. Si bien esto no es en modo alguno cierto, señala Samuel H. Holmes, sí parece demostrar en general la experiencia que poseen un grado de inteligencia más o menos intermedio entre las dos razas de las cuales derivan ( ... ). La mayoría de los estudiosos del tema están de acuerdo en señalar que el mulato es considerablemente superior en inteligencia al negro pura sangre, independientemente del modo que expliquen esta superioridad". Así un autor antirracista como E. B. Reuter, que ha dedicado especial atención a este tema en sus obras “The Mulatto in the United States" (1918) y “The superiority of the Mulatto" (1917), escribe: "En una recopilación publicada recientemente, de 139 de los negros americanos supuestamente más conocidos, no hay más de cuatro individuos de pura sangre negra y uno de ellos, al menos, debe su distinción al hecho de su piel negra y rasgos africanos más que a cualquier superioridad natural demostrada. De los 12 negros a los que se ha conferido el título de doctor en filosofía por célebres universidades americanas, 11 al menos eran de sangre mestiza. Entre las clases profesionales de la raza los mulatos desplazan a los negros en un porcentaje quizás de 10 a 1, y la proporción es aún superior si se toman en consideración exclusivamente hombres de auténticos logros. Es la medicina la proporción es probablemente de 13 a 1, en la música al menos de 12 a 1. En el arte ningún negro americano de sangre completamente pura ha encontrado hasta ahora un puesto entre los que han conseguido el éxito... Los hombres de la raza que han triunfado en los negocios son en casi todos los casos individuos de ascendiente bi‑racial... En todas las épocas de la historia del negro americano y en todos los campos del esfuerzo humano en el que han intervenido los negros, los individuos que han alcanzado éxito, con muy pocas excepciones, han sido mulatos... En Sudáfrica los mulatos se encuentran en un nivel cultural manifiestamente superior que los nativos de sangre no mezclada. En las Indias Occidentales Británicas los mulatos más culturizados se han constituido en un grupo de clase media, sepa­rado de y superior a la población campesina negra... En el Norte del Brasil el grupo de sangre mestiza de ascendencia portuguesa, india y negra se halla en un plano social e intelectual claramente superior a aquél en que se encuentran tantos los negros como los indios nativos... En las Filipinas los half‑castes, de origen chino‑moro, así como los de origen español‑moro, se encuentran mucho más adelantados, intelectualmente, que los nativos pura sangre. Todo individuo del grupo filipino que se ha elevado por encima de la mediocridad, tanto bajo la ocupación española como americana de las islas, ha sido un individuo de ascendencia bi‑racial". A los argumentos de Reuter, según el cual esta superioridad del mulato con respecto al negro se debería a que “los mulatos descienden por el lado negro de lo mejor de la raza" hay que puntualizar que, como ya observa, F. L. Hoffmann en su estudio "Race traits and tendencies of the American Negro" (New York, 1896), “los individuos de ambas razas que se casan entre sí o viven en concubinato son inmensamente inferiores a los tipos medios de las razas blancas y de color en los Estados Unidos". Holmes añade, por su parte, que “la superioridad del mulato sobre el negro no proporciona moti­vo suficiente para defender (como pretende Reuter, y con él los autores antirracistas, N. del T.) la amalgamation, la mezcla de razas blanca y negra. Si el mulato tiene una mente mejor que la del negro, es según todos los indicios inferior a él físicamente, siendo inferior en todos los aspectos a los blancos" (48).
Por ello, la mezcla de la raza aria, portadora de la cultura, con razas inferiores, ha llevado a la ruina de las grandes civilizaciones que aquella raza creó, al arruinar sus grandes dotes en las generaciones posteriores. Al mezclarse con una raza dotada de una menor capacidad creadora, su rico y poderoso patrimonio hereditario queda arruinado para el futuro, dando como resultado una masa mediocre. Como dice Richard Kelly Hoskins; "cuando una raza que produce pensamiento original procrea con una raza que produce poco o no produce en absoluto pensamiento original, el tipo resultante ha de ser un fracaso" (49). Según el Dr. W. C. George, profesor de Histología y Embriología en la Universidad de Carolina del Norte, la mezcla protoplasmática de las razas daría lugar a "la deterioración y pro­bable destrucción del genio creador" de un pueblo (50).
Por todo ello, afirmaba Gobineau que, si bien “las mezclas son, dentro de cierto límite, favorables a la masa de la humanidad, y la mejoran y ennoblecen, no es sino a expensas de esta misma humanidad, puesto que la rebajan, la enervan, la humillan, la decapitan en sus más nobles elementos y cuando incluso se quisiera admitir que es mejor transformar en hombres mediocres a miríadas de seres ínfimos que conservan razas de príncipes cuya sangre, subdividida, empobrecida, adulterada, se convierte en el elemento envilecido por semejantes metamorfosis, subsistirá aún el infortunio de que las mezclas no se interrumpen; que los hombres mediocres, no ha mucho formados a expensas de lo que era grande, se unen a nuevas mediocridades, y que de estas uniones, cada vez más envilecidas, nace una confusión que, semejante a la de Babel, conduce a la más completa impotencia, y lleva a las sociedades a la nada, para la que no hay remedio alguno (51).
Tercero.‑ DISOCIACION Y CAOS EN EL INDIVIDUO.
La mezcla racial da lugar a seres disociados, inarmónicos, plenos de contradicciones internas, y por ello, inestables.
El mestizo es un ser disociado en su propia vida interior y que vive en continuo conflicto consigo mismo. En el individuo viven varias herencias, heterogéneas, que no son armonizables y que están siempre en conflicto.
Por un lado, decimos, el mestizaje da lugar a seres disociados, desintegrados, inarmónicos, que han perdido su unidad y armonía interior. Como ya hemos dejado bien sentado, la raza no es un mero conjunto de caracteres físicos, sino también, y ante todo, un alma y un espíritu. Al igual que hay una raza del cuerpo, hay una raza del alma y una raza del espíritu. Con el mestizaje surgen individuos que pueden presentar, y de hecho presentan, el cuerpo de una raza y el alma de otra. Es la disociación más absoluta de la personalidad.
Frente a un ser íntegro y armónico, que correspondería al hombre de raza pura (raza con una total acomodación y transparencia en lo que se refiere a la raza del cuerpo, a la raza del ánima y a la raza del espíritu), el mestizo es un ser desintegrado, en el cual ya no existe esa profunda unidad y adecuación entre las distintas esferas de su propio ser: cuerpo, alma y espíritu.
Este es quizás el efecto más nocivo del fenómeno del mestizaje. Como dice Juilus Evola, "el carácter deletéreo de los cruces no se manifiesta tanto en la determinación de tipos humanos desnaturalizados o deformados respecto a su originaria raza del cuerpo, sino sobre todo en la realización de casos, en los cuales la raza del cuerpo puede estar en contraste con la del anima y ésta, a su vez, puede contradecir la raza del espíritu o viceversa, dando lugar a seres dilacerados, semi‑histéricos, a seres que, en sí mismos, no se encuentran ya, por decirlo así, en casa propia" (52.).
No se trata de divagaciones abstractas sino de una realidad profunda y comprobada. La ley mendeliana de la independencia de los caracteres hereditarios se cumple también en lo que respecta a los caracteres físicos y a los caracteres espirituales.. El gran biólogo alemán Hermann Boehm constata que "es un error querer extraer conclusiones apresuradas sobre el carácter de una persona en base a su aspecto físico. Esto sería legítimo para los individuos de raza pura: pero individuos de raza pura no hay, prácticamente, en la Europa Central, tan mezclada como está. Por tanto, no es cierto que un individuo somáticamente de raza nórdica, delgado, alto, rubio, tenga sin más cualidades nórdicas de alma y de espíritu, y asimismo es posible que en un cuerpo chato y pequeño de braquicéfalo habite un alma nórdica"(53). En el mismo punto insiste Martin Staemmler, uno de los principales y más exactos exponentes de la doctrina racial nacionalsocialista, cuando observa que, siendo "el pueblo alemán una mezcla de varias razas de partida (Ausgangsrassen)” es posible que "en un cuerpo alpino o mediterráneo se halle oculta un alma predominantemente nórdica” y viceversa (54). Es éste, por supuesto, un caso muy diferente del planteado por la mezcla de razas muy dispares, esencialmente diferenciadas, que es el que aquí estamos considerando; pero no deja de ser interesante traerlo a colación, pues resulta especialmente ilustrativo respecto a este efecto concreto, en el dominio síquico de la mezcla racial; efecto que, como es fácil imaginar, se ha de ver acentuado al tratarse del cruce de elementos europeos con biotipos alógenos (africanos o asiáticos) (55).
Todo esto hace que de la mezcla de razas surja un ser sometido continuamente a influencias contrapuestas, de lo cual resulta una profunda inestabilidad. El mestizo es un ser inestable y desequilibrado, que vive en una continua inquietud interna, dimanante del conflicto que originan las herencias heterogéneas y discordantes que en él viven. Vacher de Lapouge, con su fría observación de los datos antropológicos, señalaba como consecuencia del mestizaje Ia variación desordenada, la discordancia de los caracteres, el enloquecimiento, la incoherencia". "Los productos de dos tipos específicos, subespecíficos o étnicos ‑añadía el raciólogo francés ‑ son naturalmente mosaicos incoherentes, tanto más, podría decirse, cuanto más considerable es la distancia morfológica de los caracteres". “La disociación del individuo" es la regla del mestizaje, "revistiendo infinitas formas y llegando a los extremos más desgraciados". Frente al individuo de raza pura, cuya vida se halla regida por una tendencia unitaria y "cuya mentalidad es de un solo bloque" el mestizo "se halla zarandeado entre tendencias dispares fatalmente entregado a una existencia deshilvanada y a conductor versátiles por la multiplicidad de herencias síquicas que le dominan alternativamente" (56).
Los autores suecos Rehnvall y Zalkrison constatan que "la mezcla extrema de razas (ésto es, de razas radicalmente diferenciadas, como la de negros con europeos) da lugar a conflictos internos e inestabilidad síquica en la descendencia" (57). Según Martin P. Nilsson, el mestizaje provoca una ruptura de la armonía física y una inestabilidad, tanto mental como emotiva (58).
Cada raza, precisa el Dr. Otmar von Verschuer constituye un "tipo con composición armónica de aptitudes hereditarias. Esta unidad del patrimonio hereditario es destruida en cada cruce racial. Se producen en los mestizos combinaciones discordantes, inarmónicas, como lo revela ya el fenotipo de los bastardos raciales; pero estas disociaciones tienen ciertamente una repercusión aún mucho más considerable en el desarrollo síquico de tales sujetos" (59). "A menudo ‑señala el barón von Verschuer ‑ encontramos en los mestizos de razas muy diferentes una desarmonía de las aptitudes anímicas, lo que imposibilita el desarrollo de una personalidad compacta" (60). De acuerdo al Dr. René Martial, "los caracteres del mestizo son: vulgaridad, la asimetría facial, las malas proporciones de los miembros y del tronco, la inestabilidad síquica o la indiferencia, una espontaneidad perversa o una originalidad mórbida. A esto hay que añadir la carencia de sentido de la disciplina, la falta de espíritu de orden y de método, la inconsciencia de carácter, la desarmonía de las ideas, la elasticidad y la tosquedad morales, la baja calidad de los apetitos, la lucha en el individuo de aptitudes contradictorias. El biólogo británico Ruggles Gates califica al mestizo de "contrasentido": contrasentido derivado del choque de dos naturalezas incompatibles, choque que hacen surgir en su subconsciente y en el subconsciente de su descendencia conflictos psicológicos que provocan el desorden en él y alrededor de él. El "choc des hérédités” observa el profesor Martial, "no se traduce sólo por degeneraciones físicas sino también por fenómenos mentales, por enfermedades síquicas". Cuando de la unión, por ejemplo, de un blanco y una mujer de raza amarilla se obtiene un producto de buena apariencia, lo que en realidad ha ocurrido es que "se han incluido en un mismo individuo dos herencias r

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Publicado por cultural-thule @ 16:54
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