viernes, 02 de enero de 2009

EL NUEVO "IMPERIALISMO EUROPEO" Y LA INMIGRACIÓN, Marcos Ghio.

A propósito de unos textos de la revista Tierra y Pueblo

Cuando inauguráramos esta columna manifestamos en su momento que nos
íbamos a dedicar a utilizar la clava para abatir a aquellos enemigos
que teníamos cerca en tanto que podían sembrar confusión en cuanto a
sus metas con puntos de vista y posturas similares a las nuestras. Hoy
por la temática que desarrollaremos y las personas a las que nos
habremos de referir nos sentimos tentados de volver a bautizarla, tal
como lo hiciera Evola, con el nombre de "Arco" a raíz de los profundos
abismos que nos separan de cierta "derecha" europea, que los tiene
como mentores principales a Berlusconi, Bossi y Sarkozy, y que ha
hecho del fenómeno inmigratorio uno de sus principales caballitos de
batalla, con la cual afortunadamente no tenemos absolutamente nada que
ver en tanto que pertenece al campo de aquellos enemigos que tenemos
lejos.

Pero antes de entrar directamente en el tema y referirnos precisamente
a las personas que criticaremos digamos, a la manera de una
introducción, que dicho fenómeno de la inmigración no es para nada
novedoso en nuestro país pues durante una buena parte del siglo pasado
la Argentina ha sido un territorio que ha recibido en su seno un gran
flujo inmigratorio en manera multitudinaria y casi exclusiva por parte
de personas de nacionalidad italiana y española cuya cifra en ambos
casos superó con holgura el millón de almas. Hoy las cosas en cambio
han variado de manera notoria, la Argentina ha dejado de ser un país
receptor de inmigración europea para convertirse en cambio en un
expulsor de sus compatriotas hacia ese mismo continente desde el cual
antes afluyeran sus contingentes hacia el nuestro. Digamos al respecto
que las razones de tales inmigraciones fueron muy diferentes en los
dos casos así como lo fueron también las actitudes que se asumieran
por parte de los países receptores. La Argentina recibió con los
brazos abiertos tal inmigración en tanto se atuvo al lema alberdiano
de que "gobernar es poblar" y que se trataba de ocupar con personas
los grandes espacios vacíos que aquí existían y a su vez en ese
entonces Europa no había padecido aun las consecuencias de la
revolución moderna que estimula los controles de la natalidad y la
sexualidad libre y concebida en función del mero placer, y poseía por
lo tanto un importante exceso poblacional en condiciones de derivar
hacia otros espacios.

Hoy las cosas han cambiado en por lo menos 180 º en diferentes
aspectos. Ahora es nuestro país el que expulsa habitantes, Pero ello
no sucede porque nos hayamos superpoblado, tal como se encontraba
Europa en el siglo pasado, y que por lo tanto se encuentre en la
necesidad de colocar en otras partes sus excesos poblacionales, sino
que las razones de tal migración hay que encontrarlas en las políticas
económicas de empobrecimiento masivo del país que han sobrevenido
luego de nuestra derrota en la guerra de Malvinas las que han hecho
que se produjera el cierre de incalculables fuentes de trabajo y que
muchas personas se hallasen obligadas a emigrar hacia el viejo
continente en busca de un destino mejor. A su vez, tal como dijéramos,
la revolución moderna y democrática que le ha quitado a la sexualidad
su función principal reproductiva para reducirla casi exclusivamente a
la búsqueda del placer, ha producido un verdadero retraimiento en los
nacimientos en los países europeos originarios por lo que éstos, a fin
de no extinguirse como nación, han estimulado el ingreso de
inmigrantes a su suelo.

Una vez resaltados estos dos hechos digamos que causa verdadero
estupor hoy en día comprobar la diferencia de conducta asumida por los
europeos hacia nuestra inmigración, totalmente antagónica respecto de
la que tuviéramos nosotros en su momento en relación a ellos. Si la
Argentina para favorecer al inmigrante modificó sus leyes, incluso la
misma Constitución, a fin de permitirles acceder prácticamente a
cualquier cargo público una vez naturalizados, para lo cual no se
ponía ningún obstáculo, en Europa en cambio la conducta fue
exactamente la contraria. Se ha asumido una actitud de franca
discriminació n respecto de nuestros inmigrantes como también de los de
otros países a los que se trata como ciudadanos de segunda y hasta de
tercera o cuarta clase negándoseles una pluralidad de derechos
elementales como no lo hiciéramos nosotros en ningún momento cuando
los hospedamos a ellos. El europeo –y esto se agudiza aun más en
especial el perteneciente a una cierta autoproclamada "derecha", la
que en verdad no es tal en tanto es burda y groseramente materialista–
se ubica en una actitud de franca soberbia la que consiste en
considerar que al recibirnos en su suelo estuviese efectuando un acto
de verdadera beneficencia a nuestro respecto ya que ellos en el fondo
opinan que su progreso económico ha sido el producto de su
superioridad racial respecto de la inferioridad ocasionada por nuestro
carácter mestizo y de Tercer Mundo, y en relación a lo cual, debido a
sus crisis incesantes, opinan que habría que terminar con las
actitudes de "compasión" que nos habrían prodigado durante tantos años
"ayudándonos" . E incluso, en un arranque casi demencial originado en
el aludido complejo de superioridad, llegan a considerar que los
inmigrantes que acuden a su territorio, en vez de haberlo hecho por
haber sido expulsados del propio en contra de su voluntad, debido al
grado de profunda miseria al que han sido llevados sus países, en
realidad obedecerían a un plan secreto de verdadera invasión y de
mutación étnica de sus propias raíces. Cuando la verdad es exactamente
la opuesta. Los inmigrantes que acuden a Europa no lo hacen como en el
caso de lo que aconteciera con los habitantes de tal continente hacia
el nuestro en el siglo pasado debido a sus excesos poblacionales, sino
porque sus países han sido saqueados entre otros por los mismos
capitales europeos que hoy protestan porque se les estaría modificando
la etnía originaria. Yendo precisamente al caso argentino que nos
ocupa podemos recordar que el gran flujo inmigratorio hacia Europa
coincidió "casualmente" con la política de privatización de la empresa
pública asociada a un plan de convertibilidad que congelaba
artificialmente nuestra moneda al mismo valor que el dólar. Las
empresas que ganaron las licitaciones fueron en su mayoría europeas y
obtuvieron en nuestro país ganancias fabulosas gracias a los grandes
beneficios que pudieron luego derivar a sus países de origen sin
prácticamente ningún tipo de limitación. Podemos recordar, como uno de
los tantos ejemplos que se podrían multiplicar varias veces, que en
aquella década hablar por teléfono desde la Argentina a España salía
siete veces más que si se lo hiciera desde este último país hacia el
nuestro. Si a ello le asociamos que una de las principales empresas
telefónicas era española, la que a su vez podía girar libremente sus
ganancias a su sede central, ya tenemos una de las razones del
empobrecimiento argentino. Es de destacar que hoy, luego de la salida
de la convertibilidad, por lo que se ha multiplicado por más de tres
el valor del dólar, dichas empresas extranjeras siguen teniendo
altísimas ganancias, aunque por supuesto que no tanta como antes. Por
lo tanto, sin disminuir en nada nuestra responsabilidad por habernos
hecho derrotar en Malvinas y por haber podido tolerar por casi 25 años
a una clase política saqueadora de nuestras riquezas en complicidad
con el capital extranjero, queremos decir que resulta sumamente
hipócrita y deleznable que los mismos países que nos han saqueado y
que utilizan a nuestros inmigrantes como mano de obra barata para
realizar las tareas serviles que ellos ya no quieren llevar a cabo, se
rasguen las vestiduras diciéndonos que nos están haciendo
beneficencia. Cuando es exactamente lo contrario lo verdadero.

Luego de haber señalado este contexto de auténtico estado de náusea
que nos produce dicha actitud hipócrita pedimos disculpas al lector si
intentamos seguir torturándolo con una suma mayor de disparates
propalados por una revista que se califica a sí misma como
"indoeuropea" o "blanca", titulada Tierra y Pueblo, inscripta en
manera multiplicada en tal actitud de "protesta" y encargada junto a
otras de denostar a nuestra inmigración y que, para colmo de asombro,
cuenta con la colaboración en su staff de algunos argentinos que, en
el mejor de los casos, escriben en la misma como verdaderos
mentecatos, preocupándose por el destino de "la raza aria europea en
peligro de extinción" por el ingreso masivo de inmigrantes, entre los
cuales en un número muy nutrido, se encuentran también los del propio
país al que se encargan de denigrar.

Habría que contestarles al respecto que ni nuestros inmigrantes ni los
de otros países tienen la culpa del materialismo en que ha incurrido
el continente europeo el que, además de esquilmar sin ningún tipo de
contemplación a los países del Tercer Mundo, practica el hedonismo de
manera desenfrenada, siendo esto último una de las causas principales
de su decrecimiento. Si Europa quiere volver a crecer en su etnía
tiene que liberarse de una vez por todas del materialismo y la
modernidad. Éste el verdadero secreto y la única posible solución al
problema inmigratorio. Si se vuelve a tener aunque sea la moral que se
tenía antes, si se acaba de una vez por todas con la sexopatía
consistente en la promoción de la prostitución, la homosexualidad y el
onanismo, Europa con seguridad va a volver a crecer. Además, si junto
a ello se termina con los egoísmos materialistas y con el consumismo
desaforado que hace que el europeo solamente piense en comprar y
vender, con seguridad aquellos países que los "invaden" con sus flujos
inmigratorios dejarán de hacerlo pues sus riquezas no pasarán a
engrosar más las arcas del capitalista extranjero expoliador y no
tendrán entonces necesidad alguna de pasar por el trauma de abandonar
su terruño.

Ésta es la verdadera y única solución que tiene el problema
inmigratorio. Que es justamente lo opuesto de lo que sostiene el grupo
que escribe en la revista Tierra y Pueblo cuyos principales
redactores, de los cuales lamentablemente hemos tenido que ocuparnos
ya en otras oportunidades, son el director de la misma, el joven
Ravello junto al octogenario Guillaume Faye, quien se ha convertido en
su maestro, y un conjunto de funcionarios civiles y militares del
gobierno ruso del régimen tiránico del ex KGB y comunista Putin que
aprovecha ciertas peculiaridades de ambos redactores para fomentar una
actitud de franca genuflexión a sus intereses. Para los redactores de
la revista Rusia y Putin representan las verdaderas garantías para
evitar el caos étnico en que estaría condenado su continente.

Pero vayamos por partes. Hay algo en común que tienen Ravello y su
nuevo maestro Faye y es su verdadera obsesión por el sexo. El primero
en un escrito que comentáramos oportunamente considera que uno de los
grandes males de su país ha sido la moral franquista excesivamente
puritana que ahogaba la libertad del hombre, lo que afortunadamente
había concluido con el ingreso de España a Europa. No tenía en cuenta
que dicha moral, con todas las limitaciones que pudiese tener, era un
verdadero antídoto respecto del destape sexópata en que ha incurrido
actualmente su sociedad el que representa una de las principales
razones del decrecimiento de su población "aria". Faye da un paso más
ingresando ya a una esfera patológica cuando, en una novela que
escribiera hace algunos años, titulada Arqueofuturismo, expresa sus
esperanzas de que, tras haber cesado, según propia confesión, en su
oficio de actor pornográfico por razones de edad, con el progreso de
la técnica se podría efectuar el prodigio de permitirle llegar con el
tiempo a tener más de cien años y seguir disfrutando de jóvenes
doncellas. Hoy ya con más de ochenta cumplidos continúa pendiente de
sus fantasías por las que promueve un programa "imperial" a la medida
del "zar" Putin el que le podría llegar a resolver sus traumáticos
problemas, y en el cual, incrementando aun más sus delirios, sugiere
además que las nuevas élites europeas, que circundarían al "zar" y de
las que él formaría parte, aprendan a hablar su dialecto, el bretón,
al que quiere convertir en la lengua oficial del nuevo "Imperio". Como
vemos una fantasía no menos ridícula que su anterior derivada de su
enfermizo apetito sexual. Pero ello sería poca cosa y entraría en lo
grotesco si no fuera que a estas ridiculeces no le asociara una serie
de siniestras consignas entusiastamente compartidas por Ravello y los
suyos tales como: 1) Considerar que hay que terminar con la
beneficencia que los países europeos hacen con el Tercer Mundo, al
cual por supuesto no se lo estaría esquilmando, sino que sería
exactamente al revés, serían estas "hordas salvajes", como la nuestra,
las que se estarían aprovechando de los europeos abusando de su
generosidad, carácter bonachón e ingenuidad para destruirles todo,
hasta la propia raza. Sostiene así la necesidad de "limitar" la
inmigración a lo "estrictamente necesario". Posiblemente imponiendo un
régimen esclavista para aquellos inmigrantes que queden todavía. 2)
Proponer, en función de tales calenturientas utopías, que terminemos
con las naciones europeas a fin de que su excesivo poderío no compita
con el "imperio" ejercido por Putin. Por tal razón propone lisa y
llanamente el separatismo de las distintas regiones si es que éstas
así los disponen y aun la posibilidad de que se constituyan otras
nuevas en función de la voluntad de las partes. Resulta curioso al
respecto constatar cómo su alumno Ravello se preocupe en otra nota de
esa revista porque España pueda perder la soberanía en el deshabitado
islote Perejil, de apenas unas cuatro hectáreas, y acepte ligeramente
en cambio que su país pueda desprenderse de Cataluña, Galicia,
Andalucía, etc. si es que tales regiones u otras decidieran separarse.
3) Más inverosímil todavía es la actitud que asumen hacia los EEUU, lo
cual es compartido sea por el caduco ideólogo francés como por la
plétora de funcionarios rusos que allí escriben. Se manifiesta que
EEUU no es el enemigo sino apenas un rival en competencia, que el
verdadero enemigo es en cambio el fundamentalismo islámico al cual
aquel no combate como corresponde. Y se agrega que ello es así porque
no lo tienen en el propio territorio, como sucede con Rusia en la
región caucásica, para acotar que, como "ellos no se van a jugar por
nosotros" y suelen retirarse ante el primer obstáculo, se trataría de
tomar la iniciativa con más vigor a fin de que no suceda lo mismo que
en Afganistán en donde todo va mal porque no se está luchando como
corresponde. Queda entonces aclarado algo que no nos contestara en su
momento el joven Ravello ante un requerimiento nuestro: está de
acuerdo con la intervención española en Afganistán, sólo que desearía
un mayor compromiso en la guerra, quizás que sus soldados se dirijan
hacia las zonas más conflictivas y no se remitan meramente a
"pacificar". El ruso Murros da un paso más adelante, sugiere que
"Europa" envíe tropas al Caúcaso para ayudar a su país en su lucha
contra el fundamentalismo. Es que si los rusos los ayudan poniéndoles
un emperador para resolverles sus acuciantes problemas, ellos a su vez
tienen la obligación retribuirlos. Suponemos el entusiasmo que deben
tener al respecto Ravello y Faye. Quizás alguien les podría preguntar:
¿por qué no son ellos los que se van a Afganistán a enrolarse como
voluntarios? 4) ¿Dijeron algo de la invasión a Irak? Por supuesto que
no hay ninguna condena de tal contienda. Al contrario lamentan que
EEUU esté perdiendo la guerra, aunque sí Faye nos dice cosas
interesantes respecto del conflicto árabe israelí. Nos sugiere ser
neutrales, es decir, lo que quiere Israel, que "Europa" no se meta en
sus asuntos pues de los mismos pueden ocuparse libremente ellos y los
norteamericanos. 5) No paramos de asombrarnos: el general ruso Rubakov
les recuerda a sus serviles interlocutores españoles que durante su
Guerra Civil Rusia colaboró "humanitariamente" con su patria, entre
otras cosas "salvando la vida de 3.000 niños". Queda así claro en tal
apologética que existe una continuidad estrecha entre lo hecho por la
URSS de Stalin y lo que su digno sucesor Putin pretende hacer ahora.
En los dos casos, por razones de conveniencia estricta, se acudió a un
lenguaje nacionalista para engrupir a imbéciles. Sin embargo debería
recordar también que, además de "salvarle la vida" a 3000 hijos de
ciudadanos republicanos, se la quitó miserablemente a decenas de miles
de patriotas españoles que lucharon por su independencia contra la
invasión bolchevique en su suelo en la gloriosa gesta del 36 al 39.

Pero el absurdo no tiene límites: el grupo "indoeuropeo" de la revista
Tierra y Pueblo, que en otras ocasiones se calificara a sí mismo como
seguidor del racismo biológico propio del nazismo, en aras de seguir
manteniendo el statu quo zoológico de materialismo en que vive su
continente, ha hecho un gran descubrimiento que contradice lo que
hasta ahora habían dicho sus principales mentores. Así pues, mientras
que Alfred Rosenberg calificaba a los rusos como "Raza impura mezcla
de eslavos y asiáticos... verdadero pueblo de esclavos y una de las
principales fuentes de contaminación de nuestro continente", haciendo
además una analogía entre las palabras eslavo y esclavo, en cambio
ahora que creen haber encontrado un verdadero salvavidas ante la
impotencia manifestada por la Europa decadente que no puede por sí
sola defender su materialismo y sexopatía al pretender que haya otros
que combatan por ella, se trataría en cambio de un pueblo "ario". Tal
como vemos, el oportunismo, consistente en amoldar las ideas a las
propias conveniencias, carece de cualquier límite.

Es increíble constatar al respecto que seamos los únicos que nos
indignamos por semejante felonía y que en España no haya aparecido aun
nadie que los denuncie como lo que son: verdaderos traidores.

Tags: inmigración, imperialismo, democracia, tiranía

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