Hacia el Nuevo Orden Mundial paso a paso.
La ambición de controlar la vida humana desde la concepción a la muerte es la máxima
expresión del imperialismo integral, tal como hoy se manifiesta. Como vamos a ver, este
imperialismo es metapolítico, ya que procede de una concepción particular del hombre.
Las expresiones políticas y no políticas de este imperialismo no son más que las
consecuencias perceptibles de esta antropología. Esto nos va a llevar a aclarar la
dimensión totalitaria de este imperialismo, cuyos efectos todavía no se han mostrado en
su totalidad.
Para analizar la génesis de este imperialismo que está naciendo ante nuestros ojos,
vamos a partir de la ideología de la seguridad nacional.
DOCUMENTO no 8: El NUEVO ORDEN MUNDIAL
8.1. El nuevo orden mundial y la seguridad demográfica
Michel Schooyans, PhD, PhLD, STD
8.1.1. Hacia la globalización
Desde el final de la guerra de 1939-1945, la diplomacia norteamericana ha estado
grandemente dominada por el tema de los "dos bloques". Con ciertas variaciones de
acento, este tema fundamental aparece bajo las etiquetas de guerra fría, enfrentamiento
Este-Oeste, zona de influencia, coexistencia pacífica, deshielo, distensión, etc. Mas, con
motivo de la crisis petrolífera de 1973, algunos círculos norteamericanos empiezan a
percibir la importancia de otra división, la división Norte-Sur. El congreso de Bandung,
en 1955, presentaba ya el aspecto de un manifiesto y, poco a poco, los CNUCED y las
conferencias en la cumbre de países no alienados se imponen a la atención de los países
industrializados: desde Ginebra (1964) a Belgrado (1989), se ha recorrido un camino
apreciable. Durante todo este tiempo, el diálogo Norte-Sur se organiza y se
institucionaliza; los países del Tercer mundo reivindican un Nuevo orden internacional.
En una obra publicada en 1970, Zbigniev Brzezinski había ya atraído la atención sobre
el tema 1 La crisis petrolífera de 1973 juega el papel de un catalizador: si los países
productores de petróleo pueden organizarse y amenazar las bases de la economía de los
países industrializados, ¿qué ocurrirá si los países pobres productores de materias primas
deciden ponerse de acuerdo e imponer sus condiciones a los países ricos?
Para conjurar el peligro, David Rockefeller, utilizando por cierto las tesis de Brzezinski,
transpone a la división Norte-Sur las recomendaciones que su hermano había aplicado
antes a la división Este-Oeste. Y lo que es más importante, generaliza además, al
conjunto del mundo, una visión cuyo alcance, en 1969, estaba limitado,
provisionalmente, al continente americano.
Desde esta perspectiva, David Rockefeller, respondiendo a una sugerencia explícita de
Brzezinski, organiza la "Comisión Trilateral": los EE.UU., Europa occidental y el Japón
deben ponerse de acuerdo frente al Tercer mundo, que parece querer organizarse y del
que dependen los países industrializados para importar materias primas y energía, y para
dar salida a sus productos 2. Y el Tercer mundo está en plena expansión demográfica.
La amenaza que pesa sobre la seguridad de los países ricos proviene, según ellos, de los
países pobres. Las economías dependen ahora unas de otras, los pases ricos no deben
devorarse entre sí, deben al contrario respaldarse; deben preservar e incluso acentuar sus
privilegios.
Las empresas multinacionales aparecen aquí como un mecanismo esencial del sistema
global de la dominación; llevan a cabo una industrialización que al mismo tiempo se
encargan de limitar. Gracias a los centros de decisión e la metrópolis, hacen posible el
control de los costos de mano de obra. Mantienen un chantaje basado en la amenaza del
traslado de fábricas, en caso de que consideren exorbitantes las reivindicaciones de los
trabajadores locales. Organizan la competencia y, al mismo tiempo, la controlan, ya que
las relaciones de competencia quedan limitadas al mundo de los trabajadores, entre los
que las desigualdades de retribución constituyen, a nivel mundial, un factor de división
que hay que alimentar para seguir dominando. En suma, las multinacionales velan sobre
sus mercados, protegen, en caso necesario, sus oligopolios, y vigilan y, en ocasiones,
frenan el desarrollo económico de las naciones satélites.
Por su parte, la investigación científica deberá intensificarse y concertarse para
garantizar el mantenimiento de un avance constante y decisivo con respecto a los países
menos desarrollados. La alta tecnología será exportada con gran parsimonia, para que los
países más avanzados en el camino del desarrollo no puedan competir con la producción
sofisticada cuyo monopolio quieren conservar celosamente los países de la era
postindustrial.
8.1.2. ¡Multimillonarios de todos los países, uníos!
Se trata de construir un nuevo orden mundial, de tipo corporativista, lo que se ha hecho
urgente -se asegura- en razón de la interdependencia de las naciones. Pero lo que sucedía
ya a escala panamericana, se produce ahora a escala mundial: se pasa rápidamente de la
interdependencia a la dependencia. Todos los países, en efecto, no presentan un mismo
nivel de desarrollo; en razón de su presencia y compromisos en todo el mundo, los
EE.UU. se consideran con derecho a arrogarse una misión de liderazgo mundial. A esta
misión deben asociarse las naciones ricas y la clases ricas del mundo entero; la
seguridad, su propia seguridad, debe constituir la preocupación común y predominante
de los ricos. Esta preocupación justifica, por su parte, la constitución de un frente común
mundial, una unión sagrada, si quieren conservar sus privilegios. Con respecto a este
imperativo de seguridad común, todos los factores de divergencia entre ricos no tienen
sino una importancia relativa o incluso secundaria.
Este frente común mundial sólo podrá articularse a partir de los EE.UU. y bajo su
liderazgo. En razón de su desarrollo y de su riqueza, Europa occidental y Japón serán
asociados, a título de aliados privilegiados, a la empresa de seguridad común. Todo ese
bloque constituido por las naciones ricas deberá esforzarse en controlar el desarrollo en
el mundo en general. La austeridad ha dejado de ser una virtud: es un deber. Frenar el
crecimiento, frenar la capacidad de producción y practicar el maltusianismo económico
se imponen tanto más -se nos dice- cuanto que hay que proteger el entorno amenazado
por la contaminación. Y así, la justificación teórica del "crecimiento cero" vio la luz en
1972 en el Informe Meadows, y ha sido difundida por el Club de Roma, empresas ambas
generosamente financiadas por el grupo Rockefeller3.
Los países comunistas tampoco deberían quedar al margen de este proyecto de seguridad
global. China merece una atención excepcional. Está probado -como ya hemos visto 4-
que la despiadada política demográfica llevada a cabo en China popular ha sido apoyada
e incluso estimulada por algunos círculos norteamericanos y occidentales inquietos por
la aparición de un nuevo "peligro amarillo".
Los países del Tercer mundo deberán, pues, aceptar un programa "global". Como los
países ricos necesitan sus recursos, estos países en vías de desarrollo no podrán sentirse
irritados o escandalizados por el mantenimiento de antiguos métodos de explotación.
Tendrán que admitir que su desarrollo habrá de hacerse bajo control; llegado el caso,
podrá alabarse la virtud del compañerismo" podrán, p ejemplo, transferirse a su
territorio algunas industrias contaminantes, declaradas indeseables en los países
desarrollados. En cualquier caso, habrá que impedir que se organicen para esquivar la
vigilancia de las naciones poderosas.
De todas maneras, al igual que existen límites para el crecimiento económico, también
los hay para el crecimiento político. Así lo subrayaba Samuel P. Huntington en un
Informe para la Comisión trilateral sobre la gobernabilidad de las democracias: "Hemos
tenido que reconocer que existen límites potencialmente deseables para el crecimiento
económico. E igualmente, en política, existen unos límites potencialmente deseables
para la extensión de la democracia política."
Estamos, pues, ante una formulación de alcance mundial del antiguo mesianismo
norteamericano. Pero es indispensable señalar lo que esta formulación tiene de
esencialmente nuevo y original: este mesianismo pretende, en efecto, atraerse el
concurso no sólo de las naciones más ricas, sino también de las clases ricas de las
sociedades pobres. Se pone de relieve, ante los ricos del mundo entero, que los pobres
constituyen una amenaza potencial o incluso actual para su seguridad. De lo que se trata,
en primer lugar es, desde luego, de proteger la seguridad de los EE.UU. o, más
exactamente, de los ricos de los EE.UU.; pero también de la seguridad de los ricos de
todos los países, a quienes se invita a constituir, bajo la dirección de los Estados Unidos,
una unión sagrada cuya razón de ser y objetivo es el contener el despegue de la
población pobre: "¡Multimillonarios de todos los países, uníos!"
Así reinterpretada, la doctrina de la contención resurge como el Fénix renace de sus
cenizas. Son las tesis principales de esta doctrina las que inspiran el proyecto
universalista actual de los EE.UU. Europa occidental y Japón están asociados de manera
especial a este proyecto a título de cómplices y de objetivos al mismo tiempo.
8.1.3. Una élite dominante internacional
La preocupación por la seguridad debe ser global. La seguridad, cuyo ámbito se dividía
en varias partes, se percibe a partir de ahora como un todo: la seguridad es primeramente
demográfica.
Esta nueva doctrina exige la utilización de instrumentos de acción eficaces. Estos
instrumentos son de orden político, educativo, científico, económico y tecnológico. La
libertad de iniciativa de las universidades y centros de investigación será orientada o
incluso anulada, y su función crítica será muy disminuida. Las subvenciones estarán
subordinadas a la complacencia con la que dichos organismos acepten plegarse a unos
programas de investigación definidos por la minoría dominante 6.
Esta minoría concederá una gran importancia al estudio de los problemas ecológicos,
pues de ese modo será posible convencer a los países satélites para que se resignen a la
austeridad o a la pobreza: "Small is beautiful" 7. Esta misma minoría financiará las
investigaciones sobre la reproducción, la fecundidad y la demografía, con el fin de
desactivar la llamada "bomba P". Las universidades, convertidas en "repetidores", junto
con los medios de comunicación, se encargarán de difundir por todo el mundo,
dramatizándolas, las tesis maltusianas, tras las que se ocultan los intereses de las clases
ricas 8. El programa de acción será conciso. Se pondrá de relieve la escasez de materias
primas y la fragilidad del medio ambiente. Estos datos serán presentados como
necesidades determinadas por la naturaleza, y el volumen de la población habrá de
calcularse necesariamente de acuerdo con estos datos.
De esta forma se reúnen las condiciones fundamentales que caracterizan objetivamente a
un régimen de tipo fascista. Para Juan Bosch, el "pentagonismo" era la explotación del
pueblo norteamericano por una minoría norteamericana 9. En la actualidad, el
pentagonismo se ha universalizado y la minoría dominante se ha internacionalizado.
Esta minoría estará constituida por "personas con recursos", que se sentirán halagadas al
ser admitidas en grupos "informales", más o menos conocidos (como el grupo de
Bilderberg, la Trilateral o el Club de Roma) u otros menos fácilmente identificables.
Esta minoría se arrogará la misión de regentar el mundo y tendrá bajo control a todo un
cuerpo internacional de intelectuales, ya sean cómplices o utilizados como instrumentos
involuntarios, pero en todo caso poco clarividentes. No será necesaria la constitución de
instituciones complejas, ni conseguir funciones representativas o cargos ejecutivos: una
vez que haya adoptado la ideología de la seguridad demográfica, esta "élite" se
apresurará a recurrir, con gran aplicación, a la táctica de la infiltración.
Un proyecto tan global y totalizador requiere necesariamente unos dispositivos jurídicos
y políticos apropiados. En cuanto una "élite" acepta su propia "colonización ideológica",
esta misma "élite" se separa del pueblo y pasa a ser capaz de todas las abdicaciones. A
partir de entonces, puede ser utilizada como repetidor de un centro de poder de un tipo
totalmente nuevo, que evocaremos para terminar.
8.1.4. Del Estado al Imperio totalitario
El imperio que está ahora construyéndose no tiene, en efecto, precedente alguno en la
historia. El fascismo, el nazismo y el comunismo soviético son ejemplos perfectos de
totalitarismos. En estos tres casos, el Estado transciende al ciudadano; es el enemigo del
yo en todas sus dimensiones: física, psicológica y espiritual 10. Requiere de los
individuos una sumisión perfecta y exige, si lo considera oportuno, que se le sacrifique
la vida. Este Estado somete el matrimonio, la procreación, la familia y la educación a un
control muy estricto. Más concretamente, la familia queda sometida a una vigilancia
particular, pues en ella es donde se forman las bases de la personalidad del niño. El
Estado totalitario que conocemos en la historia actua l se esfuerza, pues, en sustraer al
niño de la influencia familiar y le proporciona una educación integral. Este Estado inhibe
la capacidad personal de juicio y de decisión; instaura una policía de ideas; culpabiliza y
adoctrina, desprograma y reprograma. Impone una nueva ideología, organiza el culto del
jefe e instituye una nueva religión civil.
La experiencia totalitaria se origina dentro de un Estado particular que se convierte en
trampolín de un proyecto imperialista. La misión este Estado particular será definida y
`legitimada' mediante la ideología totalitaria. El Estado particular no sólo es conocido,
sino enaltecido. Y finalmente, una ideología supuestamente científica precipita en las
tinieblas del oscurantismo a los que no se adhieran a la misma.
El proyecto imperialista y totalitario que está tomando cuerpo ante nuestros ojos
incrédulos presenta unas características totalmente asombrosas si se le compara con las
que marcaron los sueños imperiales de Mussolini, Stalin o Hitler. Este imperio naciente
tiene de increíble que no procede esencialmente de las ambiciones de hegemonía de un
Estado particular. Tampoco es la emanación de una coalición de Estados y, lo que es
más, como ya hemos visto, le vienen muy bien las desigualdades, e incluso las
divisiones entre naciones y hasta se ingenia en sacar partido de ellas. El imperio que está
construyéndose es un imperio de clase que emana del consenso establecido, por encima
de las fronteras, por la internacional de la riqueza.
Por tanto, en ausencia de un Estado de contornos visibles, en el marco de este
imperialismo de clase, nadie sabe quién decide ni quién es responsable. El lenguaje
parece totalmente desconectado del sujeto que lo produce; todo es anónimo, impersonal
y secreto. El productor del mensaje ideológico está oculto. No cabe, pues, someter el
discurso al juicio personal: está listo para el consumo: frío, objetivo e imperativo.
Evidentemente, aún cuando estén ocultos, el discurso es producido por sujetos, y éstos lo
producen con destino a otros sujetos llamados a consumirlo. Pero si el sujeto productor
de la ideología rompiera el secreto que le ampara, no podría seguir reivindicando la
impersonalidad y la objetividad puras. La dimensión subjetiva, utilitaria, interesada,
hipotética de su discurso se pondría inmediatamente de manifiesto. El alcance
supuestamente universal de su discurso, al igual que las pretensiones `científicas' con
que se reviste, aparecerían en seguida como lo que son: un engaño. El productor de
ideología debe, pues, gua rdar el secreto: es omnipresente, pero inaprehensible.
De este modo, el secreto mismo introduce una falsedad en el núcleo del discurso. No
existe diálogo entre personas que intercambian libremente sus juicios y sus proyectos
con voluntad de claridad. Uno de los interlocutores quiere permanecer en la sombra y
quiere que el destinatario de su discurso ignore su identidad y sus intenciones. Todo
discurso está, pues, desde un principio, marcado por la voluntad de engaño de la persona
que lo emite.
El lenguaje, que debería ser el prototipo de la mediación entre personas, se convierte en
el medio por excelencia de la posesión de los demás. Como el sujeto productor de
discursos no dice nunca quién es realmente, todo lo que dice está tachado de disimulo y
engaño. Sus palabras se transforman en instrumentos de agresión contra la inteligencia y
la voluntad de los destinatarios de las mismas. Este discurso violenta a las personas que
lo reciben, reduciéndolas a la condición de receptáculos pasivos de una verdad ve nida de
fuera, de depositarios de un saber alienado, alienante y hasta esotérico. De un saber
supuestamente científico, cuya revelación ha sido hecha a sus iniciados, según éstos
creen, gracias a su competencia, de un saber que les procura las bases del papel
mesiánico que les corresponde para abrir por fin a la sociedad humana el camino de la
felicidad...
Pues ¿qué nuevos territorios quedan todavía por conquistar? Las nuevas fronteras del
imperialismo ya no son físicas; coinciden con las de la humanidad entera. No basta decir
que hay que alienar al hombre, o que hay que poseerlo en todas las dimensiones de su
yo. Lo que hay que hacer emerger es un hombre nuevo, completamente purgado de sus
creencias pasadas, de su moral sexual, familiar, social, de su creencia en el valor
personal de cada hombre y de su creencia en Dios, sobre todo en un Dios que se revela
en la historia con el fin de asociar al hombre a su designio de creación, de salvación y de
amor.
Nos encontramos así, en el nuevo imperialismo, ante la tercera característica del
totalitarismo. El nuevo imperialismo, como vimos antes, no emana de un Estado
particular, sino de la clase internacional de los ricos y pudientes. En cambio, como ya
hemos dicho, este nuevo imperialismo está desprovisto de un "duce" o "jefe", pues los
que lo fomentan cuidan de no dejarse ver. En cuanto al tercer punto, sin embargo, vamos
a ver que la nueva clase imperial vuelve a las fuentes de la tradición totalitaria clásica:
divulga una ideología donde se encuentra, según ella, el fundamento de su `legitimidad'.
8.1.5. La ideología de la seguridad demográfica
La ideología en cuestión es la ideología de la seguridad demográfica 11. Según palabras
de Marx, la ideología presenta siempre una imagen invertida de la realidad y procede
siempre de una falsa conciencia. La ideología esconde siempre los intereses de sus
autores. Los juicios que emite, y que constituyen la textura misma de la ideología, no
pasan de ser hipotéticos. Y lo son incluso en dos sentidos: deben responder a una doble
condición, que corresponde, a su vez, a la doble función que se espera de la ideología.
Debe, por un lado, disimular ante los ojos de los autores de la ideología las verdaderas
razones de su propio discurso. La ideología está aquí al servicio de la mala fe del
ideólogo. Concretamente, la ideología de la seguridad demográfica es una
intelectualización que disimula, ante los ojos de la misma clase imperialista, las
verdaderas razones que motivan su conducta e inspiran su discurso. Por otro lado, esta
ideología tiene por función el seducir a los que se invita -o fuerza- a adoptarla. Las
mujeres que se hace abortar y los pobres a los que se esteriliza son `programados' para
que hagan suyo el punto de vista que sobre ellos tienen los que desean su alienación.
De esta forma, la ideología de la seguridad demográfica significa el inicio de una doble
perversión. Del lado de sus autores, engendra la doblez; son ellos las primeras víctimas
de la racionalización que confeccionan. Y como le colocan a su construcción ideológica
la etiqueta de la ciencia, se impiden el ir a buscar fuera de su propia construcción la luz
que podría sacarles de la prisión espiritual que fabrican para otros, pero en la que ellos
mismos se encierran. Del lado de los destinatarios, engendra el consentimiento a la
propia sumisión y les confirma en su alienación.
Hasta el presente, nos encontramos ante la más peligrosa ideología imperialista
totalitaria que ha conocido el mundo.
8.1.6. ¿Una nueva humanidad?
Pero esto no es todo. La perversión esencial de esta ideología, de que son víctimas tanto
sus autores como aquellos a los que va dirigida, es que procede por antífrasis: al mal le
llama bien. Se niega la transgresión de la ley moral; la conciencia individual sólo puede
referirse a sí misma o, más exactamente, a los intérpretes autorizados de la trascendencia
social que le dicen lo que puede desear o debe querer.
Esta ideología sirve de fundamento a las instituciones políticas y jurídicas que le sirven
.El derecho, por ejemplo, que debería, por definición, aplicar sus esfuerzos a la
instauración de la justicia para todos, es objeto de una manipulación ideológica en
provecho de la minoría dominante constituida por la internacional de la riqueza.
Mas si, como individuos, los miembros de la minoría dominante son generalmente
inaprehensibles, no por ello es imposible hacerse una idea bastante clara sobre el espíritu
que les anima. La identidad de esta nueva clase imperialista puede determinarse
fácilmente remontando desde la ideología que produce y desde los destinatarios de la
misma.
El discurso ideológico de la nueva clase imperialista tiene un contenido bastante burdo.
Empieza afirmándose como principio el acontecimiento liberador de la muerte de Dios.
Este principio es `liberador' se nos dice, porque Dios impide la autonomía del hombre y
su felicidad. Así pues, Dios debe morir, e incluso hay que ayudarle a morir, para que el
hombre pueda vivir y tomar por fin su destino entre sus solas manos. Cumplida esta
condición, la nueva humanidad puede nacer, y de este parto deben ocuparse los
iniciados.
En este nacimiento, el papel de algunos médicos `ilustrados' será determinante y, al
mismo tiempo, contradictorio. A ellos corresponderá el denunciar las `creencias
pasadas', `precientíficas', así como los `tabús' que acompañan a dichas creencias. Son
ellos quienes definirán esta tarea, pero su misión se fundará sobre la afirmación e esos
mismos postulados 12. Necesitan una ideología para `legitimar' su papel, pero son ellos
los que definen el contenido de dicha ideología. Los tecnócratas médicos que regentan el
nuevo imperio no se avergüenzan de semejante petición de principio. Pretenden que el
objetivo que ha de procurarse a toda costa es la seguridad demográfica, pero es el
imperativo de la seguridad demográfica el que se supone que funda la `legitimidad' de la
tecnocracia.
Con el apoyo valeroso de los demógrafos, los tecnócratas se disponen a asistir a la
humanidad en el parto del `sentido' de que su evolución es portadora. Están llamados a
ejercer una nueva medicina: una medicina del cuerpo social más que del individuo 13.
Una medicina que consiste en administrar la vida humana como se administra una
materia prima; en constituir una nueva moral basada sobre el nuevo sentido de la vida;
en penetrar en la política con el fin de engendrar una sociedad nueva; en derruir la
concepción tradicional de la familia disociando, con una eficacia total, la dimensión
amorosa y la dimensión procreadora de la sexualidad humana; en transferir a la sociedad
la gestión de la vida humana, desde la concepción a la muerte; en proceder, con ello, a
una selección rigurosa de los que serán autorizados a transmitir la vida: temas todos ellos
que han sido dolorosamente experimentados en la historia, incluso reciente, pero que
aquí se reactivan con energía y se integran en un cuadro lúgubre y mortífero.
Y en estos temas predominantemente neomaltusianos vienen a injertarse otros temas
maltusianos clásicos. La felicidad de la sociedad humana -se nos dice- exige no sólo una
selección cualitativa; requiere igualmente la determinación de unos límites cuantitativos.
"Nosotros sabemos" que los recursos disponibles son limitados, y que una planificación
realmente eficaz de la población mundial es condición indispensable para la
supervivencia de la humanidad. "Nosotros sabemos" que esta necesidad es
particularmente urgente en el Tercer mundo, donde puede observarse una trágica
desproporción entre los recursos vitales y el crecimiento de la población.
8.1.7. Una nueva religión civil
La ideología imperialista pretende ser una ideología de oclusión de toda trascendencia
que no sea la trascendencia social. El discurso en que se presenta es estrictamente
hipotético, en el sentido que ha sido explicado más arriba: es el reflejo de la voluntad de
los que lo emiten 14. Tiene una función utilitaria, pero no tiene valor de verdad. Es útil
para los que lo emiten y se presenta como un lenguaje universal; pero es la imagen
invertida de los intereses particulares de los ricos y de los poderosos. No tiene ningún
valor de verdad porque, en su principio mismo, se refugia en el aislamiento: el
pensamiento se elabora en recintos cerrados al mundo exterior. Es la expresión más
reciente de la antigua tradición cientificista, con una formulación orientada en provecho
de las ciencias biomédicas. Sólo los métodos de esas ciencias pueden proporcionarnos -
se nos asegura- unos conocimientos ciertos, y sólo estas ciencias pueden aportar al
hombre la respuesta a sus interrogantes más radicales.
Este discurso cientificista ignora toda posible búsqueda filosófica -y con mayor razón
teológica- de la verdad del hombre, la sociedad y el mundo. En particular, queda
excluido todo discurso sobre un ser trascendente extramundano. La idea misma de una
referencia creadora común a todos los hombres es declarada a priori sin sentido: es inútil
considerarla siquiera. De ahora en adelante, una vez reconocida la muerte del padre, la
fraternidad deja de ser posible y no hay una participación en una existencia recibida de
un mismo creador. Sólo existe la voluntad pura. La sociedad se declara trascendente: una
nueva religión civil ha nacido, un nuevo ateísmo político, un nuevo reino, cuyas
divinidades paganas llevan por nombre poder, eficacia, riqueza, posesión y saber. Los
que son ricos, sabios y poderosos demuestran, gracias a su triunfo sobre los débiles, que
están justificados para ejercer un papel mesiánico. En ellos se encuentra en efecto, tanto
la medida de sí mismos como la de los demás.
Esta ideología mesiánica y herméticamente laica, así como la moral del amo que le es
inherente, exige que sus autores reprogramen a los demás hombres. Hay que
programarlos física y psicológicamente; hay que planificar su producción y su
educación; para ello, habrá que utilizar el hedonismo latente, y contar con la búsqueda
del placer. Pero al mismo tiempo, habrá que alienar a las parejas, quitándoles toda
responsabilidad en su comportamiento sexual. En suma, los tecnócratas médicos, piezas
maestras de las fuerzas imperialistas, deberán ejercer un control total sobre la calidad y
la cantidad de seres humanos.
Este discurso ideológico, que tiene la virtud de eliminar el sentido de la responsabilidad
y la capacidad de acción en las personas, ejerce además la misma influencia en el plano
de la sociedad. Para el Tercer Mundo, en particular, estas ideas son totalmente
desastrosas. Consisten en hacer creer que la pobreza es natural, que es una fatalidad
estrictamente ligada a un exceso de crecimiento demográfico. Junto a esa consideración
cuantitativa, se insinuará también, siguiendo a Galton (1822-1911), que la pobreza de los
pobres es la mejor prueba posible de su mediocridad natural. No hay que dejarles, pues,
llenar el mundo, tanto por su propio bien como por el bien g eneral. El uno y el otro
recomiendan que el número de pobres sea calculado en función de la utilidad que
representen
Porque según la ideología que estamos examinando, la utilidad es el criterio único que
debe tenerse en cuenta a la hora de admitir la entrada de un ser humano a la existencia.
¿Produce o consume bienes? ¿Produce beneficios o placer? Si las respuestas son
negativas, el nuevo ser es nocivo: es un enemigo. Y como nada garantiza siquiera que,
de ser útil lo seguirá siendo siempre, el ser humano constituye así una amenaza
permanente para la seguridad de sus semejantes.
8.1.8. El panimperialismo totalitario...
Finalmente, y lógicamente, la ideología de la seguridad demográfica tiene por
fundamento y término el punto de referencia único de la muerte. La ejecución del niño
por nacer camufla la violencia de nuestra sociedad, tanto más cuanto que la materialidad
de esta ejecución se realiza de manera furtiva 16. El niño abortado es la víctima
propiciatoria a la que se transfiere la violencia de nuestra sociedad. Es mi oponente, mi
rival, es un obstáculo para mis intereses, para mi placer y para mi vida; es la causa de la
pobreza, el obstáculo para el desarrollo. Va a desear lo que deseo, primero en el terreno
del tener y luego en el terreno del ser. Va a surgir en la vida como mi doble: está de más;
hay que suprimirlo. Pero no se trata aquí de una violencia de menor cuantía, o de una
violencia simbólica como las que aparecen en la historia de las civilizaciones y en la
mitología. El niño muerto en el seno de su madre no es sacrificado: no se le hace sagrado
para proteger la cohesión de la comunidad humana 17. Es ejecutado sin que la violencia
sea expulsada de la sociedad humana. Pues una sociedad totalmente laica ha de
desacralizarlo todo, incluida la vida, y desmitificarlo todo, incluida la víctima
propiciatoria. El sufrimiento y la muerte constituyen, en efecto, el absoluto sin sentido
que justifica la rebelión contra el Padre. Por lo tanto, el niño al que se mata significa la
destrucción del Padre. Su ejecución no conjura la violencia; anuncia al contrario mucha
más violencia. Salvo una fuerza mayor, nada puede ni debe limitar mi fuerza. Y lo que
es más grave, una de las funciones de la ideología es la de disimular esa violencia
ilimitada sustrayéndola al control de la razón.
Así pues, la legalización del aborto señala la inminencia del retorno de un delirio
irracional, disimulado bajo el camuflaje engañoso de una ideología de autoprotección.
La ideología neoimperialista de la seguridad demográfica puede, pues, considerarse
bastante cercana de la ideología nazi; es, en realidad, en más de un sentido, una
extrapolación de la misma. Mientras que el nazismo se presentaba como una nacional-
socialismo, en el neoimperialismo actual los métodos se han refinado. No se trata ya de
un imperialismo predominantemente militar, como entre los romanos, o
predominantemente económico, como en la Inglaterra victoriana, se trata de un
imperialismo de naturaleza claramente totalitaria. Los ideólogos han hecho un esfuerzo
notable para disimular mejor sus designios. El papel de la ideología se ha hecho más
importante: la conquista y el dominio de los cuerpos pasa actualmente por el dominio de
las inteligencias y de las voluntades, y viceversa. Estamos en presencia de un fenómeno
nuevo: el panimperialismo, donde el control de las almas es tan importante como el de
los cuerpos.
8.1.9. ...y "metapolítico"
Y finalmente, como su inspiración directa es la forma más reciente del cientificismo,
este panimperialismo es de naturaleza metapolítica: se esfuerza en hacer triunfar una
nueva concepción de la vida humana en la que ésta sólo tiene sentido a la luz de la
trascendencia social. El panimperialismo se caracteriza, en efecto y ante todo, por la
concepción particular del hombre que está por encima del ámbito de lo político. En
nombre de esa antropología, el nuevo imperialismo ocupa las estructuras que le son
necesarias para su poder: políticas, científicas, económicas, informativas, jurídicas,
militares, religiosas, etc. Todas estas estructuras transmiten el poder imperialista, como
por hipóstasis, hasta los confines de la tierra.
El Estado totalitario clásico es todopoderoso dentro de sus fronteras, pero este poder está
limitado por el poder de los demás Estados. Se encarna en un príncipe (o un gobierno)
que puede identificarse, que es visible y, por lo tanto, alcanzable, expuesto a una posible
agresión y, por lo tanto, destruible. Aquí, en cambio, la revolución parece imposible,
pues el príncipe de este mundo se cuida bien de no desvelar su rostro (cfr. Juan y, 44). El
imperio metapolítico aspira a una supremacía incondicional e incondicionada; no quiere
conocer o reconocer ni iguales ni rivales.
Los medios de comunicación, que tienen una función de información, tienen también, en
el marco de este proyecto totalizador, una función de ocultación indispensable. No se
toleran los vaticinios de Casandra, a menos que se garantice que no serán tomados en
serio. La información ha de ser tratada según los intereses de os que la producen y
según los gustos de los que la consumen. La colonización de la opinión debe tener
efectos tranquilizadores en los unos y angustiantes en los otros. Lo único que de verdad
importa es la seguridad de los pudientes; los débiles no tienen precio: los ricos pueden,
pues, disponer de ellos a su antojo y exiliarlos fuera de las fronteras de la humanidad.
Los proyectos de la legalización del aborto no son, en suma, como hemos visto, más que
la parte visible de un iceberg que oculta muchos peligros.
Nota: El Padre Michel Schooyans, PhD, PhLD, STD., es profesor de la Universidad de
Lovaina.
Citas:
1. "Between two ages. America's role in the technotronic era", Harmondsworth, Penguin,
1978. Nuestra exposición de las ideas de Brzezinski sigue muy de cerca esta obra.
2. En francés, la "Trilatérale" ha sido estudiada sobre todo en "Le Monde diplomatique".
Véase, por ejemplo, de Diana Johnstone: "Les puissances économiques qui soutiennent
Carter", no. 272 (noviembre de 1976), pp. 1,13 y ss.; de jean-Pierre Cot: "Un grand
dessein conservateur pour l'Amérique", no. 282 (septiembre de 1977), pp. 2-3; de Pierre
Dommergues, "L'essor du conservatisme américain", no. 290 (mayo de 1978), pp. 6-9.
3. Cfr. "Halte a la croissance".
4. Cfr., más arriba, p. 163.
5. Cfr., de Michel Crozier, Samuel P. Huntington y Joji Watanuki, "The crisis of
democracy", Nueva York, New York University Press, 1975, p. 115.
6. Cfr. "Between two ages", pp. 9-12 y ss. Comentando las ideas de Brzezinski al
respecto, Anthony Arblaster escribe: "It is depressing enough that intellectuals should be
willing to accept the roles which Brzezinski foresees for them -specialists [...] involved
[...] in government undertakings and house ideologues for those in power-. But the
subordinatio n of intellectuals to the state and its requirements does not occur only at the
individual level. There is a strengthening tendency for the institutions within which [...]
most intellectuals now work, also to be shaped according to the particular political
priorities of a particular government" ("Ideology and intellectuals", en: Knowledge and
belief in politics, de Benewick y otros, pp. 115-129; la cita es de las pp. 123 y s.)
7. Alusión a la obra de E.F. Schumacher, "Small is beautiful. Economics as if people
mattered", Nueva York, Perennial Library, 1975.
8. Cfr. Daniel Bell, "The end of ideology. On the exhaustion of political ideas in the
fifties", Nueva York-Londres, Free Press Paperback, 1965.
9. Véase, de Juan Bosch, "El pentagonismo, sustituto del imperialismo", Madrid,
Crónica de un siglo, 1968, y especialmente: pp. 18-21.
10. Sobre el totalitarismo, véase, de Jean-Jacques Walter, "Les machines totalitaires",
Parí, Denoel, 1982; de Igor Chafarevitch, Le phénomene socialiste, París, Seuil, 1977;
de Hannah Arendt, The origins of totalitarianism, Nueva York, Meridian Books, 1959.
11. Por su postura en materia de demografía, la Iglesia constituye una amenaza para la
seguridad nacional de los EE.UU. Ésta es la tesis presentada con gran fuerza por un
autor al que difícilmente puede tacharse de excesivo progresismo: Stephen D. Mumford,
en: "American democracy & the Vatican. Population growth & national security"",
Nueva York, Humanist Press, 1984. Complétese con: "Role of abortion in control of
global population growth", de Stephen D. Mumford y Elton Kessel, en: "Clinics in
obstetrics and gynaecology", t.13 (marzo de 1986), p. 19-31; sobre Kessel, véase, de L.
Weill-Halle, L'avortement de papa, p.53.
12. Cfr., más arriba, p. 176.
13. Cfr., p. 123.
14. Cfr., más arriba, p. 112-118.
15. Cfr., pp. 166 y 178-181.
16. Cuanto menor es la percepción que de la víctima tiene el verdugo, menor es el
control que éste tiene de su agresividad. Cfr., de Stanley Milgram, "Soumission a
l'autorité. Un point de vue expérimental", París, Calmann-Lévy, 1984.
17. Cfr., de René Girard, "La violence et le sacré", París, Grasset, 1972.
expresión del imperialismo integral, tal como hoy se manifiesta. Como vamos a ver, este
imperialismo es metapolítico, ya que procede de una concepción particular del hombre.
Las expresiones políticas y no políticas de este imperialismo no son más que las
consecuencias perceptibles de esta antropología. Esto nos va a llevar a aclarar la
dimensión totalitaria de este imperialismo, cuyos efectos todavía no se han mostrado en
su totalidad.
Para analizar la génesis de este imperialismo que está naciendo ante nuestros ojos,
vamos a partir de la ideología de la seguridad nacional.
DOCUMENTO no 8: El NUEVO ORDEN MUNDIAL
8.1. El nuevo orden mundial y la seguridad demográfica
Michel Schooyans, PhD, PhLD, STD
8.1.1. Hacia la globalización
Desde el final de la guerra de 1939-1945, la diplomacia norteamericana ha estado
grandemente dominada por el tema de los "dos bloques". Con ciertas variaciones de
acento, este tema fundamental aparece bajo las etiquetas de guerra fría, enfrentamiento
Este-Oeste, zona de influencia, coexistencia pacífica, deshielo, distensión, etc. Mas, con
motivo de la crisis petrolífera de 1973, algunos círculos norteamericanos empiezan a
percibir la importancia de otra división, la división Norte-Sur. El congreso de Bandung,
en 1955, presentaba ya el aspecto de un manifiesto y, poco a poco, los CNUCED y las
conferencias en la cumbre de países no alienados se imponen a la atención de los países
industrializados: desde Ginebra (1964) a Belgrado (1989), se ha recorrido un camino
apreciable. Durante todo este tiempo, el diálogo Norte-Sur se organiza y se
institucionaliza; los países del Tercer mundo reivindican un Nuevo orden internacional.
En una obra publicada en 1970, Zbigniev Brzezinski había ya atraído la atención sobre
el tema 1 La crisis petrolífera de 1973 juega el papel de un catalizador: si los países
productores de petróleo pueden organizarse y amenazar las bases de la economía de los
países industrializados, ¿qué ocurrirá si los países pobres productores de materias primas
deciden ponerse de acuerdo e imponer sus condiciones a los países ricos?
Para conjurar el peligro, David Rockefeller, utilizando por cierto las tesis de Brzezinski,
transpone a la división Norte-Sur las recomendaciones que su hermano había aplicado
antes a la división Este-Oeste. Y lo que es más importante, generaliza además, al
conjunto del mundo, una visión cuyo alcance, en 1969, estaba limitado,
provisionalmente, al continente americano.
Desde esta perspectiva, David Rockefeller, respondiendo a una sugerencia explícita de
Brzezinski, organiza la "Comisión Trilateral": los EE.UU., Europa occidental y el Japón
deben ponerse de acuerdo frente al Tercer mundo, que parece querer organizarse y del
que dependen los países industrializados para importar materias primas y energía, y para
dar salida a sus productos 2. Y el Tercer mundo está en plena expansión demográfica.
La amenaza que pesa sobre la seguridad de los países ricos proviene, según ellos, de los
países pobres. Las economías dependen ahora unas de otras, los pases ricos no deben
devorarse entre sí, deben al contrario respaldarse; deben preservar e incluso acentuar sus
privilegios.
Las empresas multinacionales aparecen aquí como un mecanismo esencial del sistema
global de la dominación; llevan a cabo una industrialización que al mismo tiempo se
encargan de limitar. Gracias a los centros de decisión e la metrópolis, hacen posible el
control de los costos de mano de obra. Mantienen un chantaje basado en la amenaza del
traslado de fábricas, en caso de que consideren exorbitantes las reivindicaciones de los
trabajadores locales. Organizan la competencia y, al mismo tiempo, la controlan, ya que
las relaciones de competencia quedan limitadas al mundo de los trabajadores, entre los
que las desigualdades de retribución constituyen, a nivel mundial, un factor de división
que hay que alimentar para seguir dominando. En suma, las multinacionales velan sobre
sus mercados, protegen, en caso necesario, sus oligopolios, y vigilan y, en ocasiones,
frenan el desarrollo económico de las naciones satélites.
Por su parte, la investigación científica deberá intensificarse y concertarse para
garantizar el mantenimiento de un avance constante y decisivo con respecto a los países
menos desarrollados. La alta tecnología será exportada con gran parsimonia, para que los
países más avanzados en el camino del desarrollo no puedan competir con la producción
sofisticada cuyo monopolio quieren conservar celosamente los países de la era
postindustrial.
8.1.2. ¡Multimillonarios de todos los países, uníos!
Se trata de construir un nuevo orden mundial, de tipo corporativista, lo que se ha hecho
urgente -se asegura- en razón de la interdependencia de las naciones. Pero lo que sucedía
ya a escala panamericana, se produce ahora a escala mundial: se pasa rápidamente de la
interdependencia a la dependencia. Todos los países, en efecto, no presentan un mismo
nivel de desarrollo; en razón de su presencia y compromisos en todo el mundo, los
EE.UU. se consideran con derecho a arrogarse una misión de liderazgo mundial. A esta
misión deben asociarse las naciones ricas y la clases ricas del mundo entero; la
seguridad, su propia seguridad, debe constituir la preocupación común y predominante
de los ricos. Esta preocupación justifica, por su parte, la constitución de un frente común
mundial, una unión sagrada, si quieren conservar sus privilegios. Con respecto a este
imperativo de seguridad común, todos los factores de divergencia entre ricos no tienen
sino una importancia relativa o incluso secundaria.
Este frente común mundial sólo podrá articularse a partir de los EE.UU. y bajo su
liderazgo. En razón de su desarrollo y de su riqueza, Europa occidental y Japón serán
asociados, a título de aliados privilegiados, a la empresa de seguridad común. Todo ese
bloque constituido por las naciones ricas deberá esforzarse en controlar el desarrollo en
el mundo en general. La austeridad ha dejado de ser una virtud: es un deber. Frenar el
crecimiento, frenar la capacidad de producción y practicar el maltusianismo económico
se imponen tanto más -se nos dice- cuanto que hay que proteger el entorno amenazado
por la contaminación. Y así, la justificación teórica del "crecimiento cero" vio la luz en
1972 en el Informe Meadows, y ha sido difundida por el Club de Roma, empresas ambas
generosamente financiadas por el grupo Rockefeller3.
Los países comunistas tampoco deberían quedar al margen de este proyecto de seguridad
global. China merece una atención excepcional. Está probado -como ya hemos visto 4-
que la despiadada política demográfica llevada a cabo en China popular ha sido apoyada
e incluso estimulada por algunos círculos norteamericanos y occidentales inquietos por
la aparición de un nuevo "peligro amarillo".
Los países del Tercer mundo deberán, pues, aceptar un programa "global". Como los
países ricos necesitan sus recursos, estos países en vías de desarrollo no podrán sentirse
irritados o escandalizados por el mantenimiento de antiguos métodos de explotación.
Tendrán que admitir que su desarrollo habrá de hacerse bajo control; llegado el caso,
podrá alabarse la virtud del compañerismo" podrán, p ejemplo, transferirse a su
territorio algunas industrias contaminantes, declaradas indeseables en los países
desarrollados. En cualquier caso, habrá que impedir que se organicen para esquivar la
vigilancia de las naciones poderosas.
De todas maneras, al igual que existen límites para el crecimiento económico, también
los hay para el crecimiento político. Así lo subrayaba Samuel P. Huntington en un
Informe para la Comisión trilateral sobre la gobernabilidad de las democracias: "Hemos
tenido que reconocer que existen límites potencialmente deseables para el crecimiento
económico. E igualmente, en política, existen unos límites potencialmente deseables
para la extensión de la democracia política."
Estamos, pues, ante una formulación de alcance mundial del antiguo mesianismo
norteamericano. Pero es indispensable señalar lo que esta formulación tiene de
esencialmente nuevo y original: este mesianismo pretende, en efecto, atraerse el
concurso no sólo de las naciones más ricas, sino también de las clases ricas de las
sociedades pobres. Se pone de relieve, ante los ricos del mundo entero, que los pobres
constituyen una amenaza potencial o incluso actual para su seguridad. De lo que se trata,
en primer lugar es, desde luego, de proteger la seguridad de los EE.UU. o, más
exactamente, de los ricos de los EE.UU.; pero también de la seguridad de los ricos de
todos los países, a quienes se invita a constituir, bajo la dirección de los Estados Unidos,
una unión sagrada cuya razón de ser y objetivo es el contener el despegue de la
población pobre: "¡Multimillonarios de todos los países, uníos!"
Así reinterpretada, la doctrina de la contención resurge como el Fénix renace de sus
cenizas. Son las tesis principales de esta doctrina las que inspiran el proyecto
universalista actual de los EE.UU. Europa occidental y Japón están asociados de manera
especial a este proyecto a título de cómplices y de objetivos al mismo tiempo.
8.1.3. Una élite dominante internacional
La preocupación por la seguridad debe ser global. La seguridad, cuyo ámbito se dividía
en varias partes, se percibe a partir de ahora como un todo: la seguridad es primeramente
demográfica.
Esta nueva doctrina exige la utilización de instrumentos de acción eficaces. Estos
instrumentos son de orden político, educativo, científico, económico y tecnológico. La
libertad de iniciativa de las universidades y centros de investigación será orientada o
incluso anulada, y su función crítica será muy disminuida. Las subvenciones estarán
subordinadas a la complacencia con la que dichos organismos acepten plegarse a unos
programas de investigación definidos por la minoría dominante 6.
Esta minoría concederá una gran importancia al estudio de los problemas ecológicos,
pues de ese modo será posible convencer a los países satélites para que se resignen a la
austeridad o a la pobreza: "Small is beautiful" 7. Esta misma minoría financiará las
investigaciones sobre la reproducción, la fecundidad y la demografía, con el fin de
desactivar la llamada "bomba P". Las universidades, convertidas en "repetidores", junto
con los medios de comunicación, se encargarán de difundir por todo el mundo,
dramatizándolas, las tesis maltusianas, tras las que se ocultan los intereses de las clases
ricas 8. El programa de acción será conciso. Se pondrá de relieve la escasez de materias
primas y la fragilidad del medio ambiente. Estos datos serán presentados como
necesidades determinadas por la naturaleza, y el volumen de la población habrá de
calcularse necesariamente de acuerdo con estos datos.
De esta forma se reúnen las condiciones fundamentales que caracterizan objetivamente a
un régimen de tipo fascista. Para Juan Bosch, el "pentagonismo" era la explotación del
pueblo norteamericano por una minoría norteamericana 9. En la actualidad, el
pentagonismo se ha universalizado y la minoría dominante se ha internacionalizado.
Esta minoría estará constituida por "personas con recursos", que se sentirán halagadas al
ser admitidas en grupos "informales", más o menos conocidos (como el grupo de
Bilderberg, la Trilateral o el Club de Roma) u otros menos fácilmente identificables.
Esta minoría se arrogará la misión de regentar el mundo y tendrá bajo control a todo un
cuerpo internacional de intelectuales, ya sean cómplices o utilizados como instrumentos
involuntarios, pero en todo caso poco clarividentes. No será necesaria la constitución de
instituciones complejas, ni conseguir funciones representativas o cargos ejecutivos: una
vez que haya adoptado la ideología de la seguridad demográfica, esta "élite" se
apresurará a recurrir, con gran aplicación, a la táctica de la infiltración.
Un proyecto tan global y totalizador requiere necesariamente unos dispositivos jurídicos
y políticos apropiados. En cuanto una "élite" acepta su propia "colonización ideológica",
esta misma "élite" se separa del pueblo y pasa a ser capaz de todas las abdicaciones. A
partir de entonces, puede ser utilizada como repetidor de un centro de poder de un tipo
totalmente nuevo, que evocaremos para terminar.
8.1.4. Del Estado al Imperio totalitario
El imperio que está ahora construyéndose no tiene, en efecto, precedente alguno en la
historia. El fascismo, el nazismo y el comunismo soviético son ejemplos perfectos de
totalitarismos. En estos tres casos, el Estado transciende al ciudadano; es el enemigo del
yo en todas sus dimensiones: física, psicológica y espiritual 10. Requiere de los
individuos una sumisión perfecta y exige, si lo considera oportuno, que se le sacrifique
la vida. Este Estado somete el matrimonio, la procreación, la familia y la educación a un
control muy estricto. Más concretamente, la familia queda sometida a una vigilancia
particular, pues en ella es donde se forman las bases de la personalidad del niño. El
Estado totalitario que conocemos en la historia actua l se esfuerza, pues, en sustraer al
niño de la influencia familiar y le proporciona una educación integral. Este Estado inhibe
la capacidad personal de juicio y de decisión; instaura una policía de ideas; culpabiliza y
adoctrina, desprograma y reprograma. Impone una nueva ideología, organiza el culto del
jefe e instituye una nueva religión civil.
La experiencia totalitaria se origina dentro de un Estado particular que se convierte en
trampolín de un proyecto imperialista. La misión este Estado particular será definida y
`legitimada' mediante la ideología totalitaria. El Estado particular no sólo es conocido,
sino enaltecido. Y finalmente, una ideología supuestamente científica precipita en las
tinieblas del oscurantismo a los que no se adhieran a la misma.
El proyecto imperialista y totalitario que está tomando cuerpo ante nuestros ojos
incrédulos presenta unas características totalmente asombrosas si se le compara con las
que marcaron los sueños imperiales de Mussolini, Stalin o Hitler. Este imperio naciente
tiene de increíble que no procede esencialmente de las ambiciones de hegemonía de un
Estado particular. Tampoco es la emanación de una coalición de Estados y, lo que es
más, como ya hemos visto, le vienen muy bien las desigualdades, e incluso las
divisiones entre naciones y hasta se ingenia en sacar partido de ellas. El imperio que está
construyéndose es un imperio de clase que emana del consenso establecido, por encima
de las fronteras, por la internacional de la riqueza.
Por tanto, en ausencia de un Estado de contornos visibles, en el marco de este
imperialismo de clase, nadie sabe quién decide ni quién es responsable. El lenguaje
parece totalmente desconectado del sujeto que lo produce; todo es anónimo, impersonal
y secreto. El productor del mensaje ideológico está oculto. No cabe, pues, someter el
discurso al juicio personal: está listo para el consumo: frío, objetivo e imperativo.
Evidentemente, aún cuando estén ocultos, el discurso es producido por sujetos, y éstos lo
producen con destino a otros sujetos llamados a consumirlo. Pero si el sujeto productor
de la ideología rompiera el secreto que le ampara, no podría seguir reivindicando la
impersonalidad y la objetividad puras. La dimensión subjetiva, utilitaria, interesada,
hipotética de su discurso se pondría inmediatamente de manifiesto. El alcance
supuestamente universal de su discurso, al igual que las pretensiones `científicas' con
que se reviste, aparecerían en seguida como lo que son: un engaño. El productor de
ideología debe, pues, gua rdar el secreto: es omnipresente, pero inaprehensible.
De este modo, el secreto mismo introduce una falsedad en el núcleo del discurso. No
existe diálogo entre personas que intercambian libremente sus juicios y sus proyectos
con voluntad de claridad. Uno de los interlocutores quiere permanecer en la sombra y
quiere que el destinatario de su discurso ignore su identidad y sus intenciones. Todo
discurso está, pues, desde un principio, marcado por la voluntad de engaño de la persona
que lo emite.
El lenguaje, que debería ser el prototipo de la mediación entre personas, se convierte en
el medio por excelencia de la posesión de los demás. Como el sujeto productor de
discursos no dice nunca quién es realmente, todo lo que dice está tachado de disimulo y
engaño. Sus palabras se transforman en instrumentos de agresión contra la inteligencia y
la voluntad de los destinatarios de las mismas. Este discurso violenta a las personas que
lo reciben, reduciéndolas a la condición de receptáculos pasivos de una verdad ve nida de
fuera, de depositarios de un saber alienado, alienante y hasta esotérico. De un saber
supuestamente científico, cuya revelación ha sido hecha a sus iniciados, según éstos
creen, gracias a su competencia, de un saber que les procura las bases del papel
mesiánico que les corresponde para abrir por fin a la sociedad humana el camino de la
felicidad...
Pues ¿qué nuevos territorios quedan todavía por conquistar? Las nuevas fronteras del
imperialismo ya no son físicas; coinciden con las de la humanidad entera. No basta decir
que hay que alienar al hombre, o que hay que poseerlo en todas las dimensiones de su
yo. Lo que hay que hacer emerger es un hombre nuevo, completamente purgado de sus
creencias pasadas, de su moral sexual, familiar, social, de su creencia en el valor
personal de cada hombre y de su creencia en Dios, sobre todo en un Dios que se revela
en la historia con el fin de asociar al hombre a su designio de creación, de salvación y de
amor.
Nos encontramos así, en el nuevo imperialismo, ante la tercera característica del
totalitarismo. El nuevo imperialismo, como vimos antes, no emana de un Estado
particular, sino de la clase internacional de los ricos y pudientes. En cambio, como ya
hemos dicho, este nuevo imperialismo está desprovisto de un "duce" o "jefe", pues los
que lo fomentan cuidan de no dejarse ver. En cuanto al tercer punto, sin embargo, vamos
a ver que la nueva clase imperial vuelve a las fuentes de la tradición totalitaria clásica:
divulga una ideología donde se encuentra, según ella, el fundamento de su `legitimidad'.
8.1.5. La ideología de la seguridad demográfica
La ideología en cuestión es la ideología de la seguridad demográfica 11. Según palabras
de Marx, la ideología presenta siempre una imagen invertida de la realidad y procede
siempre de una falsa conciencia. La ideología esconde siempre los intereses de sus
autores. Los juicios que emite, y que constituyen la textura misma de la ideología, no
pasan de ser hipotéticos. Y lo son incluso en dos sentidos: deben responder a una doble
condición, que corresponde, a su vez, a la doble función que se espera de la ideología.
Debe, por un lado, disimular ante los ojos de los autores de la ideología las verdaderas
razones de su propio discurso. La ideología está aquí al servicio de la mala fe del
ideólogo. Concretamente, la ideología de la seguridad demográfica es una
intelectualización que disimula, ante los ojos de la misma clase imperialista, las
verdaderas razones que motivan su conducta e inspiran su discurso. Por otro lado, esta
ideología tiene por función el seducir a los que se invita -o fuerza- a adoptarla. Las
mujeres que se hace abortar y los pobres a los que se esteriliza son `programados' para
que hagan suyo el punto de vista que sobre ellos tienen los que desean su alienación.
De esta forma, la ideología de la seguridad demográfica significa el inicio de una doble
perversión. Del lado de sus autores, engendra la doblez; son ellos las primeras víctimas
de la racionalización que confeccionan. Y como le colocan a su construcción ideológica
la etiqueta de la ciencia, se impiden el ir a buscar fuera de su propia construcción la luz
que podría sacarles de la prisión espiritual que fabrican para otros, pero en la que ellos
mismos se encierran. Del lado de los destinatarios, engendra el consentimiento a la
propia sumisión y les confirma en su alienación.
Hasta el presente, nos encontramos ante la más peligrosa ideología imperialista
totalitaria que ha conocido el mundo.
8.1.6. ¿Una nueva humanidad?
Pero esto no es todo. La perversión esencial de esta ideología, de que son víctimas tanto
sus autores como aquellos a los que va dirigida, es que procede por antífrasis: al mal le
llama bien. Se niega la transgresión de la ley moral; la conciencia individual sólo puede
referirse a sí misma o, más exactamente, a los intérpretes autorizados de la trascendencia
social que le dicen lo que puede desear o debe querer.
Esta ideología sirve de fundamento a las instituciones políticas y jurídicas que le sirven
.El derecho, por ejemplo, que debería, por definición, aplicar sus esfuerzos a la
instauración de la justicia para todos, es objeto de una manipulación ideológica en
provecho de la minoría dominante constituida por la internacional de la riqueza.
Mas si, como individuos, los miembros de la minoría dominante son generalmente
inaprehensibles, no por ello es imposible hacerse una idea bastante clara sobre el espíritu
que les anima. La identidad de esta nueva clase imperialista puede determinarse
fácilmente remontando desde la ideología que produce y desde los destinatarios de la
misma.
El discurso ideológico de la nueva clase imperialista tiene un contenido bastante burdo.
Empieza afirmándose como principio el acontecimiento liberador de la muerte de Dios.
Este principio es `liberador' se nos dice, porque Dios impide la autonomía del hombre y
su felicidad. Así pues, Dios debe morir, e incluso hay que ayudarle a morir, para que el
hombre pueda vivir y tomar por fin su destino entre sus solas manos. Cumplida esta
condición, la nueva humanidad puede nacer, y de este parto deben ocuparse los
iniciados.
En este nacimiento, el papel de algunos médicos `ilustrados' será determinante y, al
mismo tiempo, contradictorio. A ellos corresponderá el denunciar las `creencias
pasadas', `precientíficas', así como los `tabús' que acompañan a dichas creencias. Son
ellos quienes definirán esta tarea, pero su misión se fundará sobre la afirmación e esos
mismos postulados 12. Necesitan una ideología para `legitimar' su papel, pero son ellos
los que definen el contenido de dicha ideología. Los tecnócratas médicos que regentan el
nuevo imperio no se avergüenzan de semejante petición de principio. Pretenden que el
objetivo que ha de procurarse a toda costa es la seguridad demográfica, pero es el
imperativo de la seguridad demográfica el que se supone que funda la `legitimidad' de la
tecnocracia.
Con el apoyo valeroso de los demógrafos, los tecnócratas se disponen a asistir a la
humanidad en el parto del `sentido' de que su evolución es portadora. Están llamados a
ejercer una nueva medicina: una medicina del cuerpo social más que del individuo 13.
Una medicina que consiste en administrar la vida humana como se administra una
materia prima; en constituir una nueva moral basada sobre el nuevo sentido de la vida;
en penetrar en la política con el fin de engendrar una sociedad nueva; en derruir la
concepción tradicional de la familia disociando, con una eficacia total, la dimensión
amorosa y la dimensión procreadora de la sexualidad humana; en transferir a la sociedad
la gestión de la vida humana, desde la concepción a la muerte; en proceder, con ello, a
una selección rigurosa de los que serán autorizados a transmitir la vida: temas todos ellos
que han sido dolorosamente experimentados en la historia, incluso reciente, pero que
aquí se reactivan con energía y se integran en un cuadro lúgubre y mortífero.
Y en estos temas predominantemente neomaltusianos vienen a injertarse otros temas
maltusianos clásicos. La felicidad de la sociedad humana -se nos dice- exige no sólo una
selección cualitativa; requiere igualmente la determinación de unos límites cuantitativos.
"Nosotros sabemos" que los recursos disponibles son limitados, y que una planificación
realmente eficaz de la población mundial es condición indispensable para la
supervivencia de la humanidad. "Nosotros sabemos" que esta necesidad es
particularmente urgente en el Tercer mundo, donde puede observarse una trágica
desproporción entre los recursos vitales y el crecimiento de la población.
8.1.7. Una nueva religión civil
La ideología imperialista pretende ser una ideología de oclusión de toda trascendencia
que no sea la trascendencia social. El discurso en que se presenta es estrictamente
hipotético, en el sentido que ha sido explicado más arriba: es el reflejo de la voluntad de
los que lo emiten 14. Tiene una función utilitaria, pero no tiene valor de verdad. Es útil
para los que lo emiten y se presenta como un lenguaje universal; pero es la imagen
invertida de los intereses particulares de los ricos y de los poderosos. No tiene ningún
valor de verdad porque, en su principio mismo, se refugia en el aislamiento: el
pensamiento se elabora en recintos cerrados al mundo exterior. Es la expresión más
reciente de la antigua tradición cientificista, con una formulación orientada en provecho
de las ciencias biomédicas. Sólo los métodos de esas ciencias pueden proporcionarnos -
se nos asegura- unos conocimientos ciertos, y sólo estas ciencias pueden aportar al
hombre la respuesta a sus interrogantes más radicales.
Este discurso cientificista ignora toda posible búsqueda filosófica -y con mayor razón
teológica- de la verdad del hombre, la sociedad y el mundo. En particular, queda
excluido todo discurso sobre un ser trascendente extramundano. La idea misma de una
referencia creadora común a todos los hombres es declarada a priori sin sentido: es inútil
considerarla siquiera. De ahora en adelante, una vez reconocida la muerte del padre, la
fraternidad deja de ser posible y no hay una participación en una existencia recibida de
un mismo creador. Sólo existe la voluntad pura. La sociedad se declara trascendente: una
nueva religión civil ha nacido, un nuevo ateísmo político, un nuevo reino, cuyas
divinidades paganas llevan por nombre poder, eficacia, riqueza, posesión y saber. Los
que son ricos, sabios y poderosos demuestran, gracias a su triunfo sobre los débiles, que
están justificados para ejercer un papel mesiánico. En ellos se encuentra en efecto, tanto
la medida de sí mismos como la de los demás.
Esta ideología mesiánica y herméticamente laica, así como la moral del amo que le es
inherente, exige que sus autores reprogramen a los demás hombres. Hay que
programarlos física y psicológicamente; hay que planificar su producción y su
educación; para ello, habrá que utilizar el hedonismo latente, y contar con la búsqueda
del placer. Pero al mismo tiempo, habrá que alienar a las parejas, quitándoles toda
responsabilidad en su comportamiento sexual. En suma, los tecnócratas médicos, piezas
maestras de las fuerzas imperialistas, deberán ejercer un control total sobre la calidad y
la cantidad de seres humanos.
Este discurso ideológico, que tiene la virtud de eliminar el sentido de la responsabilidad
y la capacidad de acción en las personas, ejerce además la misma influencia en el plano
de la sociedad. Para el Tercer Mundo, en particular, estas ideas son totalmente
desastrosas. Consisten en hacer creer que la pobreza es natural, que es una fatalidad
estrictamente ligada a un exceso de crecimiento demográfico. Junto a esa consideración
cuantitativa, se insinuará también, siguiendo a Galton (1822-1911), que la pobreza de los
pobres es la mejor prueba posible de su mediocridad natural. No hay que dejarles, pues,
llenar el mundo, tanto por su propio bien como por el bien g eneral. El uno y el otro
recomiendan que el número de pobres sea calculado en función de la utilidad que
representen
Porque según la ideología que estamos examinando, la utilidad es el criterio único que
debe tenerse en cuenta a la hora de admitir la entrada de un ser humano a la existencia.
¿Produce o consume bienes? ¿Produce beneficios o placer? Si las respuestas son
negativas, el nuevo ser es nocivo: es un enemigo. Y como nada garantiza siquiera que,
de ser útil lo seguirá siendo siempre, el ser humano constituye así una amenaza
permanente para la seguridad de sus semejantes.
8.1.8. El panimperialismo totalitario...
Finalmente, y lógicamente, la ideología de la seguridad demográfica tiene por
fundamento y término el punto de referencia único de la muerte. La ejecución del niño
por nacer camufla la violencia de nuestra sociedad, tanto más cuanto que la materialidad
de esta ejecución se realiza de manera furtiva 16. El niño abortado es la víctima
propiciatoria a la que se transfiere la violencia de nuestra sociedad. Es mi oponente, mi
rival, es un obstáculo para mis intereses, para mi placer y para mi vida; es la causa de la
pobreza, el obstáculo para el desarrollo. Va a desear lo que deseo, primero en el terreno
del tener y luego en el terreno del ser. Va a surgir en la vida como mi doble: está de más;
hay que suprimirlo. Pero no se trata aquí de una violencia de menor cuantía, o de una
violencia simbólica como las que aparecen en la historia de las civilizaciones y en la
mitología. El niño muerto en el seno de su madre no es sacrificado: no se le hace sagrado
para proteger la cohesión de la comunidad humana 17. Es ejecutado sin que la violencia
sea expulsada de la sociedad humana. Pues una sociedad totalmente laica ha de
desacralizarlo todo, incluida la vida, y desmitificarlo todo, incluida la víctima
propiciatoria. El sufrimiento y la muerte constituyen, en efecto, el absoluto sin sentido
que justifica la rebelión contra el Padre. Por lo tanto, el niño al que se mata significa la
destrucción del Padre. Su ejecución no conjura la violencia; anuncia al contrario mucha
más violencia. Salvo una fuerza mayor, nada puede ni debe limitar mi fuerza. Y lo que
es más grave, una de las funciones de la ideología es la de disimular esa violencia
ilimitada sustrayéndola al control de la razón.
Así pues, la legalización del aborto señala la inminencia del retorno de un delirio
irracional, disimulado bajo el camuflaje engañoso de una ideología de autoprotección.
La ideología neoimperialista de la seguridad demográfica puede, pues, considerarse
bastante cercana de la ideología nazi; es, en realidad, en más de un sentido, una
extrapolación de la misma. Mientras que el nazismo se presentaba como una nacional-
socialismo, en el neoimperialismo actual los métodos se han refinado. No se trata ya de
un imperialismo predominantemente militar, como entre los romanos, o
predominantemente económico, como en la Inglaterra victoriana, se trata de un
imperialismo de naturaleza claramente totalitaria. Los ideólogos han hecho un esfuerzo
notable para disimular mejor sus designios. El papel de la ideología se ha hecho más
importante: la conquista y el dominio de los cuerpos pasa actualmente por el dominio de
las inteligencias y de las voluntades, y viceversa. Estamos en presencia de un fenómeno
nuevo: el panimperialismo, donde el control de las almas es tan importante como el de
los cuerpos.
8.1.9. ...y "metapolítico"
Y finalmente, como su inspiración directa es la forma más reciente del cientificismo,
este panimperialismo es de naturaleza metapolítica: se esfuerza en hacer triunfar una
nueva concepción de la vida humana en la que ésta sólo tiene sentido a la luz de la
trascendencia social. El panimperialismo se caracteriza, en efecto y ante todo, por la
concepción particular del hombre que está por encima del ámbito de lo político. En
nombre de esa antropología, el nuevo imperialismo ocupa las estructuras que le son
necesarias para su poder: políticas, científicas, económicas, informativas, jurídicas,
militares, religiosas, etc. Todas estas estructuras transmiten el poder imperialista, como
por hipóstasis, hasta los confines de la tierra.
El Estado totalitario clásico es todopoderoso dentro de sus fronteras, pero este poder está
limitado por el poder de los demás Estados. Se encarna en un príncipe (o un gobierno)
que puede identificarse, que es visible y, por lo tanto, alcanzable, expuesto a una posible
agresión y, por lo tanto, destruible. Aquí, en cambio, la revolución parece imposible,
pues el príncipe de este mundo se cuida bien de no desvelar su rostro (cfr. Juan y, 44). El
imperio metapolítico aspira a una supremacía incondicional e incondicionada; no quiere
conocer o reconocer ni iguales ni rivales.
Los medios de comunicación, que tienen una función de información, tienen también, en
el marco de este proyecto totalizador, una función de ocultación indispensable. No se
toleran los vaticinios de Casandra, a menos que se garantice que no serán tomados en
serio. La información ha de ser tratada según los intereses de os que la producen y
según los gustos de los que la consumen. La colonización de la opinión debe tener
efectos tranquilizadores en los unos y angustiantes en los otros. Lo único que de verdad
importa es la seguridad de los pudientes; los débiles no tienen precio: los ricos pueden,
pues, disponer de ellos a su antojo y exiliarlos fuera de las fronteras de la humanidad.
Los proyectos de la legalización del aborto no son, en suma, como hemos visto, más que
la parte visible de un iceberg que oculta muchos peligros.
Nota: El Padre Michel Schooyans, PhD, PhLD, STD., es profesor de la Universidad de
Lovaina.
Citas:
1. "Between two ages. America's role in the technotronic era", Harmondsworth, Penguin,
1978. Nuestra exposición de las ideas de Brzezinski sigue muy de cerca esta obra.
2. En francés, la "Trilatérale" ha sido estudiada sobre todo en "Le Monde diplomatique".
Véase, por ejemplo, de Diana Johnstone: "Les puissances économiques qui soutiennent
Carter", no. 272 (noviembre de 1976), pp. 1,13 y ss.; de jean-Pierre Cot: "Un grand
dessein conservateur pour l'Amérique", no. 282 (septiembre de 1977), pp. 2-3; de Pierre
Dommergues, "L'essor du conservatisme américain", no. 290 (mayo de 1978), pp. 6-9.
3. Cfr. "Halte a la croissance".
4. Cfr., más arriba, p. 163.
5. Cfr., de Michel Crozier, Samuel P. Huntington y Joji Watanuki, "The crisis of
democracy", Nueva York, New York University Press, 1975, p. 115.
6. Cfr. "Between two ages", pp. 9-12 y ss. Comentando las ideas de Brzezinski al
respecto, Anthony Arblaster escribe: "It is depressing enough that intellectuals should be
willing to accept the roles which Brzezinski foresees for them -specialists [...] involved
[...] in government undertakings and house ideologues for those in power-. But the
subordinatio n of intellectuals to the state and its requirements does not occur only at the
individual level. There is a strengthening tendency for the institutions within which [...]
most intellectuals now work, also to be shaped according to the particular political
priorities of a particular government" ("Ideology and intellectuals", en: Knowledge and
belief in politics, de Benewick y otros, pp. 115-129; la cita es de las pp. 123 y s.)
7. Alusión a la obra de E.F. Schumacher, "Small is beautiful. Economics as if people
mattered", Nueva York, Perennial Library, 1975.
8. Cfr. Daniel Bell, "The end of ideology. On the exhaustion of political ideas in the
fifties", Nueva York-Londres, Free Press Paperback, 1965.
9. Véase, de Juan Bosch, "El pentagonismo, sustituto del imperialismo", Madrid,
Crónica de un siglo, 1968, y especialmente: pp. 18-21.
10. Sobre el totalitarismo, véase, de Jean-Jacques Walter, "Les machines totalitaires",
Parí, Denoel, 1982; de Igor Chafarevitch, Le phénomene socialiste, París, Seuil, 1977;
de Hannah Arendt, The origins of totalitarianism, Nueva York, Meridian Books, 1959.
11. Por su postura en materia de demografía, la Iglesia constituye una amenaza para la
seguridad nacional de los EE.UU. Ésta es la tesis presentada con gran fuerza por un
autor al que difícilmente puede tacharse de excesivo progresismo: Stephen D. Mumford,
en: "American democracy & the Vatican. Population growth & national security"",
Nueva York, Humanist Press, 1984. Complétese con: "Role of abortion in control of
global population growth", de Stephen D. Mumford y Elton Kessel, en: "Clinics in
obstetrics and gynaecology", t.13 (marzo de 1986), p. 19-31; sobre Kessel, véase, de L.
Weill-Halle, L'avortement de papa, p.53.
12. Cfr., más arriba, p. 176.
13. Cfr., p. 123.
14. Cfr., más arriba, p. 112-118.
15. Cfr., pp. 166 y 178-181.
16. Cuanto menor es la percepción que de la víctima tiene el verdugo, menor es el
control que éste tiene de su agresividad. Cfr., de Stanley Milgram, "Soumission a
l'autorité. Un point de vue expérimental", París, Calmann-Lévy, 1984.
17. Cfr., de René Girard, "La violence et le sacré", París, Grasset, 1972.
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