miércoles, 21 de mayo de 2008

El terror global 'antiglobal'

Silvia Palacios y Lorenzo Carrasco, corresponsales de Executive Intelligence Review en Brasil, escribieron el estudio siguiente especialmente para el libro Terror contra el Estado nacional, que EIR ha puesto en circulación a fines de 2001.

Como lo señala Lyndon LaRouche en un capítulo anterior, el movimiento antiglobalista mundial no es sino una versión moderna de la revuelta de las turbas jacobinas de la Revolución Francesa, manipulada por el imperio británico, y que sirvió de base al "zoológico rebelde" que el primer ministro lord Palmerston organizó más tarde, a mediados del siglo 19, con el propósito de desestabilizar a los regímenes de sus ex aliados de la Santa Alianza. Era el mismo esquema: utilizar turbas jacobinas producto de las medidas económicas liberales, para terminar de desmontar regímenes monárquicos caducos.

De la misma manera, la oligarquía financiera del eje Londres-Nueva York, y las familias agrupadas a su alrededor en todo el mundo, ante su inminente quiebra financiera, azuzan hoy día a las nuevas turbas de sans-culottes, surgidas de entre las masas de miserables que producen la globalización y el libre comercio, para eliminar del mapa mundial cualquier vestigio de genuina resistencia nacional a sus programas demenciales. El mismo modus operandi que el imperio británico siguió cuando promovió las ideas de Carlos Marx desde el Museo Británico para socavar las ideas y programas del sistema americano de economía política, verdadero enemigo del libre comercio.

Así como la Revolución Francesa tuvo sus mecenas entre los círculos financieros de Jaques Necker y el duque de Orléans, que fomentaron a ideólogos y propagandistas como Jean-Jacques Rousseau, el movimiento antiglobalista no se queda atrás y cuanta con dos grandes familias del Establishment oligárquico: la familia Goldsmith, y George Soros, que financian el movimiento antiglobalización y fomentan la difusión de nuevos ideólogos, como el profesor Toni Negri, fundador de las Brigadas Rojas en Italia, famosas por el asesinato del primer ministro italiano Aldo Moro.

El movimiento antiglobalista tiene raíces comunes con el fenómeno del nuevo terrorismo, que sería mejor catalogar de "guerra irregular postmoderna". Una de sus características más peculiares es que sus demandas no se circunscriben al ámbito del Estado nacional soberano, al que desprecian, sino que son demandas de intereses particulares de grupos locales elevadas a problemas mundiales (globales) cuyas soluciones exigen la estructura de un gobierno mundial. Es una amalgama de organizaciones formales que vienen de las luchas insurreccionales anteriores, a partir de la década de los sesenta, con el oscuro enjambre de organizaciones no gubernamentales (ONG) que proliferaron a partir de los ochenta. Estas últimas son de lo más diverso, desde las que supuestamente defienden los derechos humanos, generalmente contra las fuerzas armadas nacionales, hasta organizaciones ambientistas e indigenistas que oponen sus demandas a los intereses del desarrollo económico y de infraestructura, para exigir intervenciones supranacionales en defensa de supuestos derechos de una humanidad tan difusa donde la idea de una "aldea global" en que las poblaciones y sus intereses son reducidas a tribus.

Como se comentó en las páginas de Folha de São Paulo el 24 de septiembre, los ataques terroristas del 11 de septiembre a los Estados Unidos se pueden considerar "la primera guerra de una ONG", ya que no se puede identificar detrás del acto a ningún interés de un Estado nacional, sino que se trata de "un acto de guerra practicado por un grupo ubicado en la zona gris entre la empresa privada y la ONG. Era tal vez inevitable, con el agotamiento de los Estados nacionales, que hasta la guerra, el acto más tradicional de la soberanía, fuese absorbida por los nuevos formatos de actuación social".

En este nuevo formato, como lo plantea Toni Negri en su libro Imperio, que se vuelve ya la biblia del movimiento antiglobalista, el surgimiento de un imperio mundial anglosajón vigoriza la acción de grupos y organizaciones no gubernamentales orientados ya no en defensa de los valores nacionales demolidos por la propia estructura de globalización, sino de causas étnicas o de intereses difusos, de lo que bien puede denominarse demandas de una "sociedad civil global". Es decir, el imperio aumenta el potencial insurreccional. Este movimiento, que se extiende rápidamente a través de fronteras físicas y morales, es lo que se formalizó con la creación del Foro Social Mundial en Porto Alegre en enero de 2001.

Las preocupaciones sociales de la especulación financiera

Pero por debajo de todo la espuma de esta turbulencia social, no muy lejos de la superficie, aparecen los tentáculos de un pulpo financiero directamente vinculado al aparato financiero angloamericano y a una rama francesa enraizada en sus propias tradiciones colonialistas, de donde surgió la estructura de control social de lo que hoy se conoce como ciencias sociales, desconectadas tanto de la ciencia física avanzada como de la economía, de la cual dependen las condiciones de bienestar social.

[FIGURE 71]Como dijimos, los dos focos más visibles de este control son las redes de George Soros y la familia de financieros anglofranceses Goldsmith, ambos vinculados directamente a los círculos íntimos de las finanzas de la Corona británica.

Soros comenzó su carrera de filántropo de las causas de la "ciudadanía global" primeramente promoviendo la causa de los "derechos humanos", a través, principalmente, de la organización Human Rights Watch. Para él, el desarrollo de una estructura supranacional de derechos humanos era fundamental para debilitar a las fuerzas armadas de Iberoamérica, ya que, como su propio hermano Paul lo declaró, no hay garantías para los inversionistas extranjeros mientras exista una estructura fuerte del Estado nacional y sus fuerzas armadas.

La campaña "en pro de los derechos humanos" dirigida a satisfacer estos propósitos contra el Estado nacional soberano y erigir una estructura de gobierno mundial surgió a mediados de los setenta, como proyecto del Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York (CFR) y su criatura la Comisión Trilateral. El régimen del presidente Jimmy Carter se encargó de la primera fase de ejecución, desestabilizando en especial a los gobierno resueltos a realizar grandes obras de infraestructura y energía, desde Irán hasta Brasil. Al mismo tiempo, las fundaciones del Establishment angloamericano promovían a personajes como el cardenal Paulo Evaristo Arns como grandes campeones de los derechos humanos.

Bajo la dirección del asesor de seguridad nacional Zbignew Brzezinski, la política del Establishment siguió los lineamientos de Bernad Lewis, profesor de Oxford que imaginaba un "arco de crisis" desde el norte de Africa hasta el Extremo Oriente para supuestamente contener la amenaza soviética. Como parte de esta política, se comenzó a fomentar y patrocinar a sectas fundamentalistas como la de la del ayatola Jomeni en Irán y a grupos insurreccionales y terrorista en Afganistán. Se creó así la reserva de terroristas mercenarios que son el componente principal del fenómeno del nuevo terrorismo. De esa época datan todas las redes insurreccionales de América Central.

El esquema suponía que los recursos ilegales canalizados a estos grupos deberían provenir del tráfico internacional de drogas, lo que explica el empeño del régimen de Carter en la legalización de uso de drogas sicotrópicas. De ahí parte el crecimiento de los grandes carteles de drogas, desde los afgansis que dominan el tráfico de heroína hasta los grandes carteles del hemisferio ocidental, en especial los de Cali y Medellín, que dominan el tráfico de cocaína.

Más recientemente y como parte de las campañas por la "ciudadanía global", George Soros vuelve a aparecer promoviendo los "derechos humanos" ligados a la legalización de las drogas, de la mano de notables de la teología de la liberación como el obispo brasileño Pedro Casaldáliga. Por ejemplo, en junio de 1998, Soros y una parvada de otras "personalidades" publicaron en el New York Times una carta abierta al secretario general de la ONU, Kofi Annan, para pedir que la Sesión Especial de la ONU sobre el asunto de drogas considerase legalizar su consumo. Firmaban, entre otros, el actual ministro de Economía de Argentina, Domingo Cavallo; el brasileño Luiz Inacio Lula de Silva, dirigente Partido de los Trabajadores (PT); el obispo Pedro Casaldáliga, gurú del Movimento de los Sin Tierra (MST); el peruano Javier Pérez de Cuéllar, ex secretario general de la ONU y ex primer ministro en el gobierno de Javier Paniagua; Diego García Sayan, actual ministro de Relaciones Exteriores del Perú; y, de Colombia, el actual ministro de Economía, Juan Manuel Santos.

Por lo anterior no debe sorprender la creciente intimidad de George Soros con el movimiento antiglobalista, en especial después de la creación del Foro Social Mundial en Porto Alegre, cuando se prestó a la opera bufa del debate entre el Foro Mundial de Davos, que él representaba, y el Foro Social, representado por João Pedro Stedile, líder del MST, y Bernard Casen, director de Le Monde Diplomatique.

Este antecedente le facilitó al líder de Timor Oriental, José Ramos Horta, el pedido que hizo en una entrevista con el diario italiano Corriere della Sera, el 27 de junio, de que "la gente de Porto Alegre" se una a los "Robin Hood de los tiempos modernos, George Soros, Bill Gates y el presidente del Banco Mundial", que "manifiestan una sincera preocupación por ayudar a los pobres".

Rotas las apariencias de contradicción entre sus talentos de especulador y sus "inclinaciones humanísticas", se crearon las "condiciones objetivas" de una alianza abierta de George Soros y el Partido de los Trabajadores, de Brasil. Este canal directo, según el Jornal do Brasil lo construye Cristóvão Buarque, el ex gobernador del Distrito Federal, con la ayuda del presidente del Banco Central, Armínio Fraga, ex empleado y amigo íntimo de Soros. El pretexto formal del vínculo sería la participación de Buarque en un programa escolar para la India, que Soros financia. A cambio, Buarque propone mantener a Arminio Fraga en el Banco Central, en caso de que el PT gane las próximas elecciones presidenciales. Como parte de estas negociaciones, se anunció que Soros participará de la segunda reunión que el FSM celebrará en Porto Alegre, en enero de 2002.

El abrazo de Grasso

Pero no imaginemos que las sensibilidades "sociales" e insurreccionales de la especulación financiera mundial se restringen a los círculos del mecenas antimilitarista George Soros. Un caso aún más escandaloso lo tenemos en la visita del presidente de la Bolsa de Valores de Nueva York, Richard Grasso, a la selva amazónica colombiana, el centro mundial de la producción y refinación de la coca, visita registrada en la prensa mundial con su fotografía abrazado con el comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Raúl Reyes, no casualmente el encargado de las finanzas del grupo narcoterrorista.

A su regreso a Nueva York, el 29 de junio de 1999, Grasso declaró en una conferencia de prensa, que "el asunto de nuestro viaje a Colombia tiene que situarse en el marco de una iniciativa del sector privado. . . El presidente [Andrés Pastrana] estaba muy interesado en que alguien del sector privado, particularmente del mercado de capitales, fuese a Colombia y se reuniese con las FARC. . . Fue una experiencia extraordinaria, en el sentido de que el comandante tiene formación de ingeniero en la antigua Unión Soviética. Es muy refinado. . . Y sabe muchísimo de inversión y mercados de capitales, y de la necesidad de estimular al capital extranjero a ir a Colombia. Estaba muy interesado en cómo podrían venir las compañías colombianas a los Estados Unidos y obtener capitales para invertirlos en el país".

Lo que la visita de Grasso pone de manifiesto es la necesidad que el sistema financiero mundial tiene de la liquidez, el dinero vivo, que proviene del narcotráfico. No sabemos si Grasso le mencionó a Reyes las virtudes de inversionistas del grupo de Osama bin Laden, pero en realidad no hay nada nuevo bajo el Sol, porque se trata de los mismos procedimientos urtilizados para financiar el movimiento terrorista en Afganistán y a los grupos de los contras en Nicaragua bajo el gobierno secreto que comandaba George Bush como vicepresidente de los Estados Unidos. Cabe destacar que la Guerra de Afganistán fue abundantemente financiada, entre 10.000 y 20.000 millones de dólares, con dinero proveniente de los carteles de Cali y Medellín, que, después de perder a sus principales capos, fueron absorbidos por las FARC, convertidas en el tercer narcocartel de Colombia, el más poderoso.

La familia Goldsmith, otro manantial de `sentimiento social'

Otra de las fuentes de financiamiento del movimiento antiglobalista es la familia del fallecido financista James Goldsmith y su hermano Teddy, fundador de la revista The Ecologist. Los hermanos Goldsmith tienen un negro historial vinculado a ciertos círculos de los servicios de inteligencia angloamericanos, precisamente con la red que creó y apoyó el crecimiento de los muyajedín de la Guerra de Afganistán, que, como mencionamos, incubó al más irracional fanatismo terrorista islámico actual.

La familia Goldsmith, dando muestra de sus proclividades sociales, tiene, como Soros, como propia la estructura de ONG antiglobalistas, como el llamado Foro Internacional Sobre Globalización (IFG), y es una de las fuerzas centrales en la organización de las actividades del FSM. La relación con el Partido de los Trabajadores es directa y sin mediador. Por ejemplo, luego de las multitudinarias manifestación de Génova, el presidente municipal de Porto Alegre, Tarso Genro, que tuvo la misión de ser el portador de la carta de Porto Alegre entregada a los representantes del Grupo de los 8 (G-8), tuvo una cena privada con Teddy Goldsmith en su castillo en Siena.

Para Iberoamérica, el papel de Goldsmith es todavía más significativo, por la relación que mantiene con los círculos colonialistas franceses, fundamentales en la arquitectura de los movimientos insurreccionales del siglo 20 en la región. Es este "componente frances" el que ha dado el fermento cultural, en especial a través de las ciencias sociales —antropología, sociología, etnología, etc—, y las ideas filosóficas —del existencialismo al desconstruccionismo— del movimiento insurrecional, incluida la teología de la liberación.

Además de fijar la agenda —por ejemplo, el "problema étnico" o "antropológico", "indigenista", etc—, estas redes han tenido una actividad funcional. Por ejemplo, la familia Schlumberger de Menil se han ensuciado las manos patrocinando revueltas continuas en América Central, en alianza con el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), órgano oficial de la Iglesia Anglicana. Respaldó a la guerrilla centroamericana por medio de su fundación en Houston, Texas, que también promovía a los gurúes de la existencialista teología de la liberación, como el cardenal retirado Paulo Evaristo Arns, considerado una especie de "capellán" del Foro de São Paulo, y uno de los creadores del PT. Además, la familia De Menil es célebre porque fue la que compró el barco Granma que transportó a Fidel Castro y sus compañeros de la Sierra Maestra de México a Cuba.

Forman parte de este aparato colonialista, las redes políticas de la familia Mitterrand, a la cual estuvo vinculado Regis Debray, teórico del foquismo guerrillero de los sesenta. La viuda del presidente François Mitterrand, Danielle, ha ganado fama por su activismo insurreccional, su visión "etnica" del mundo y su demanda de limitar la soberanía de los Estados nacionales. En un tiempo, estuvo obsesa con crear enclaves como el que se pretendía darle a los kurdos en el norte de Irak, al final de la Guerra del Golfo. Danielle es una entusiasta de ensayos separatistas en Iberoamérica, como el llamado Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), de Chiapas, México —al que también aplaude el magnate Teddy Goldsmith—, y del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), de Brasil. Tanto los zapatistas como el MST y las FARC son parte oficial del FSM.

Un falso Bretton Woods

Una de las características del movimiento antiglobalista son los sofismas con los que esconde cualquier verdadera solución a la crisis económica mundial, como si meras medidas redistribucionistas pudieran salvar de la bancarrota al sistema financiero, con el cual nunca se proponen romper, y al mismo tiempo aliviar la miseria agravada por el globalismo. Ese es el caso del famoso impuesto Tobin, que grava el flujo de capitales, como si una parte de la especulación que está matando a las naciones pudiera ser canalizada para resolver los problemas sociales y así soslayar la tarea de una urgente reconstrucción del sistema financiero mundial que destruya efectivamente una gran parte de esa masa de capital ficticio. La propuesta legítima de hecho la existencia de la burbuja especulativa.

Hace poco, un personaje de las altas finanzas, el veterano banquero Felix Rohatyn de la antigua casa Lazard Freres, irrumpió en esta atmósfera mostrando grandes afinidades con Bernard Cassen, director del periódico Le Monde Diplomatique, fundador de la Acción por la Tributación de las Operaciones Financieras en Apoyo a los Ciudadanos (ATAAC) y una de las estrellas del movimiento antoglobalista mundial. Cassen cobró fama con sus propuestas de una vaga moratoria de la deuda externa y la aplicación del denominado "impuesto Tobin", que gravaría las actividades financieras especulativas.

El 20 de agosto, en el Financial Times, Rohatyn publicó un artículo bajo el título "De regreso a Bretton Woods", que apenas esconde la evidencia de una apropiación fraudulenta de la idea de Lyndon LaRouche de convocar una nueva conferencia de Bretton Woods, que altos círculos políticos del mundo entero consideran viable. Rohatyn propone que esta reformulación ocurra, no dentro del ámbito de las naciones, sino de los intereses del inoperante campo del movimiento antiglobalista. Por eso, Rohatyn afirmó que "una nueva conferencia de Bretton Woods, con amplia participación del sector privado y de las ONG, ayudaría a interrumpir una tendencia que, seguramente, empeoraría de no darse paso alguno". Es decir, una propuesta dirigida tácitamente para Cassen y su grupo antiglobalista, que se han creado la imagen de ala moderada de un violento zoológico antoglobalista. Por eso Rohatyn diferenció de los "nihilistas" a los participantes "no violentos" de Génova, en referencia directa a los miembros de ATAAC.

Le Monde Diplomatique, la gran tribuna publicitaria de Bernard Cassen, es por sí mismo una conjunción de intereses financieros globalizados, como se puede ver por su lista de propietarios. Uno de ellos, Marc Ladriet de Lacharriere, director del conglometado Fimalac, fue una pieza clave en la restructuración de Le Monde de 1994 a 1996, que le dio un nuevo estatus semiautónomo a Le Monde Diplomatique. De Lacharriere está asociado al recién nombrado director de Le Monde, Jean Marie Colombani, que comenzó su carrera periodística siendo un derechista intransigente en el periódico de asuntos geopolíticos Spectacle du Monde, cuando éste era propiedad de Fimalac. Hoy, Colombani supervisa el trabajo de Cassen y de Le Monde Diplomatique. Con gruesos créditos de Credit Lyonaise, De Lacharriere colocó a Fimalac en la economía financiera virtual adquiriendo agencias de clasificación de crédito británicas y estadounidenses, transformándola en la tercera del floreciente mercado financiero de los Estados Unidos.

Toni Negri y el `nuevo 68 global'

Al comentar este proceso de insurrección antiglobalista organizada por el Foro Social Mundial (FSM) y otros fuerzas, que se expresó en las protestas durante la reunión del G-8 en Génova, el ministro de Salud de Francia lo calificó de un nuevo "mayo de 1968 global", en referencia al movimiento estudiantil que fue utilizado como ariete para desestabilizar a regímenes como el del general Charles de Gaulle en Francia, que constituía la principal fuerza política contra las tentativas de romper los tratados de Bretton Woods. Su caída marcó el inicio de un cambio de fase mundial, que permitió la desregulación de la economía a partir de las reformas de agosto de 1973.

Así mismo, el movimiento de 1968 fue decisivo para la propagación mundial de la contracultura del rock, la depravación sexual y las drogas, un cambio en el paradigma cultural del mundo que gestó una revuelta en la estructura de creencias de las poblaciones, sembrando la ideología antiautoritaria de los movimientos estudiantiles y abriendo el camino para minar las instituciones del Estado nacional soberano. La llamada alianza "Rainbow" preparó el ascenso de la "nueva izquierda" a los centros de decisión política, esa "nueva izquierda" formada en las ideas de la Escuela de Francfort y en el tribalismo africano de Franz Fanon, de donde surgió la base de militancia que hoy forma la capa dirigente del Foro Social Mundial.

Con este "nuevo 68" entramos a una segunda fase más barbara, a un mundo en que se puede tolerar un fascismo maltusiano, donde se aceptan como valores fundamentales la homosexualidad, el culto a la fealdad, el ecologismo, etc. En suma, una inversión satánica de valores.

Este puente entre la "generación del 68" y la "generación global" de las luchas antiglobalistas de hoy está encarnada en el profesor italiano Antonio "Toni" Negri, cuyas ideas se han vuelto centrales para la formación de una nueva ideología post Estado nacional. Uno de sus propagandistas ha sido precisamente el Le Monde Diplomatique de Bernard Cassen. Por ejemplo, en la edición de agosto-septiembre de 1998, Negri escribió un artículo en que justifica el terrorismo de Italia de los años setenta y defiende la guerra irregular de las Brigadas Rojas con la mentira de que la nación italiana vivía un "estado de guerra civil".

El vínculo Cassen-Negri comenzó a la manera de un amistoso diálogo que salió de las fronteras de Francia y se extendió a otros países. En Brasil, este debate "crítico" fue divulgado por el periódico Folha de São Paulo. Negri puso sus miras en reclutar a lo que consideraba la "intelectualidad de izquierda" de Europa, que, frente a la globalización, se había propuesto defender algún tipo de nacionalismo y que él identificaba con "el personal de Le Monde Diplomatique", es decir, el grupo de su director Bernard Cassen, uno de los fundadores del Foro Social Mundial. En sus críticas, Negri les advirtió que no se dejaran encantar con el "canto de sirenas" de las propuestas "keynesianas" para resolver asuntos como el desempleo, que aumentaba en Europa y en otros lugares. En lugar de eso, Negri los instó a "actuar globalmente; no sólo pensar, sino actuar globalmente".

Sus críticas surtieron efecto, y esto resultó exactamento en la formación del Foro Social Mundial en la ciudad de Porto Alegre en enero de 2001, en lo cual Cassen y su grupo desempeñaron un papel central. Más tarde, el 24 de julio, después de los disturbios de Génova, el New York Times publicó un comentario editorial de Negri y su compinche Michael Hardt en el que explican que el nuevo movimiento de protesta no va en contra de la globalización. "Los que protestan están unidos contra la forma presente de globalización capitalista", dice, "pero la vasta mayoría no está contra las corrientes y fuerzas globalizantes como tales. No debía llamársele movimiento contra la globalizacion. Es un movimiento de globalización alternativo".

Convertido ahora Negri en heraldo de la muerte del Estado nacional, su ideario se viene divulgando por todo el mundo. Hace poco, en una entrevista con el diario mexicano La Jornada publicada el 12 de julio de 2001, Negri afirmó que "la globalización es un proceso extremadamente importante, definitivo e irreversible; es una situación en la cual el poder capitalista se reforma ante la imposibilidad de sobrevivir a las viejas formas". Y agregó: "Nosotros interpretamos el 68 como un punto nodal en el siglo, en el cual el viejo equilibrio fundado sobre los Estados nación se deteriora".

Negri fue el fundador e ideólogo del movimiento terrorista italiano Autonomisti, en 1978. En 1979 fue aprehendido, acusado de ser el jefe verdadero de las sanguinarias Brigadas Rojas y autor intelectual del asesinato del ex premier italiano Aldo Moro, cuyo gobierno nacionalista fue sometido a un brutal proceso de desestabilización dirigido por fuerzas exógenas, entre ellas la del ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger. En el curso de las investigaciones, los jueces italianos reunieron pruebas de que las Brigadas Rojas eran en parte controladas como un operativo de inteligencia de la logia masónica P-2, con sus ramificaciones en los servicios de inteligencia de la OTAN.

Negri escapó a Francia en 1983, donde vivió hasta hace poco, protegido por la corte de la familia Miterrand. Los dos fiscales más notables que actuaron en el caso de Moro y las Brigadas Rojas, Rosario Priore y Ferdinando Imposimato, así como el ex jefe de la inteligencia militar Fulvio Martini, señalaron en la época al clan Miterrand como los protectores de Negri y otros 150 terroristas refugiados en Francia.

Negri fue formado por Norberto Bobbio, padre intelectual de la Nueva Izquierda italiana, y por Sabino Acquaviva, un sociólogo de la Universidad de Padua. En 1963, Negri fundó en Padua el grupo maoísta Potere Operaio Veneto-Emiliano, que devino Atonomia Operaia, de donde provienen los grupos anarquistas italianos que se enfrentaron con la policía en los disturbios violentos de Génova, y que también son redes simpatizantes del movimiento zapatista de México.

Su papel de gurú en el terrorismo italiano se puede condensar en su siguiente pensamiento de su época de profesor en Padua: "Nada revela mejor la enorme positividad histórica de autoafirmación de los trabajadores que esta continua actividad de francotirador, de saboteador, de faltista, de marginal, que vivo yo".

Imperio

Para sentar las bases histórico-filosóficas de las acciones y la ideología de la red antiglobalista mundial, Negri escribió, en colaboración con su discípulo estadounidense Michael Hardt, su obra más reciente, Imperio. Considerado un Manifiesto Comunista del siglo 21, es en realidad un demencial compendio de fascismo moderno, que ataca a fondo el concepto del Estado nacional soberano, despectivamente calificado de "objeto arqueológico".

Imperio, publicado por la Universidad de Harvard, es una apología del gobierno mundial que Negri promueve. El libro presenta una falsa disyuntiva muy conveniente para el poder angloamericano: que el enfrentamiento, en la globalización, es entre el Imperio por un lado y las naciones oprimidas por el otro, y no el verdadero conflicto entre los mecanismos de un gobierno mundial y el Estado nacional soberano.

Negri afirma: "Insistimos en afirmar que la construcción del Imperio es un paso adelante, en el sentido de dejar atrás cualquier nostalgia de estructuras de poder que lo preceden y rechazar cualquier estrategia política que implique el regreso a los viejos acuerdos, como, por ejemplo, intentar resucitar el Estado nacional en busca de protección contra el capitalismo global. Sostenemos que el Imperio es mejor, de la misma forma en que Marx insistía en que el capitalismo es mejor que las formas de sociedad y modos de producción que lo precedieron. De la misma forma podemos ver hoy que el Imperio se deshace de los crueles regímenes de poder moderno y aumenta el potencial de liberación".

Es este odio al Estado nacional lo que explica la comunión de intereses entre la oligarquía y el movimiento antiglobalista.

Según Negri, "comúnmente se acepta que la noción de internacional que la modernidad europea propuso y volvió a proponer continuamente, por lo menos desde la Paz de Westfalia, está en crisis". Es decir que el Estado nacional soberano está quebrantado, y lo que él propone es regresar a la idea imperial del orden prewestfaliano, Ya que precisamente los acuerdos de Westfalia, firmados en octubre de 1648, pusieron fin en Europa a la Guerra de los Treinta Años, reorganizando a los quebrantados Estados en una "comunidad de naciones" respetuosa de la soberanía de dichos Estados. "A partir de esta guerra temeraria, Europa se vio libre e independiente. Por ella, aprendió a reconocerse en una comunidad de naciones; y esta intercomunicación de Estados, que se originó de la Guerra de los Trenta Años, puede sola ser suficiente para reconciliar al filósofo con sus horrores". Fue como el filósofo Federico Schiller conceptuó el significado histórico de tan lastimoso episodio de la historia humana.

Cuando propone un orden postwesfaliano que legitime el retorno a la idea imperial, Negri complemente de hecho, desde un punto de vista izquierdista, la tesis del "choque de civilizaciones" del profesor de Harvard Samuel Huntington. A las guerras étnico-religiosas de un Occidente imperial contra la civilización musulmana u otras, que promueve Huntington, Negri añade la dinámica interna del Imperio, sustituyendo la tesis de la lucha de clases dentro de los Estados nacionales con el tipo prewesfaliano de movimientos sociales, es decir, las guerras religiosas mundiales. La tesis es muy apreciada por las huestes de la teología de la liberación. El gurú de esta corriente, el teólogo brasileño Leonardo Boff, se autoconcibe como una especie de Martín Lutero de la nueva era global.

Dicho de otra manera, para legitimar una "rebelión global", que es la estrategia de los antiglobalistas, Negri afirma la supremacia del Imperio sobre el Estado nacional. Así, la masa heterogénea ya no media sus necesidades a través del Estado nacional, no lo puede hacer sino a través de continuas oleadas de rabia globalizada, que al mismo tiempo que ayuda a destruir lo que resta del Estado nacional, es un elemento causal del Imperio. "La constitución del Imperio no es causa sino consecuencia del ascenso de esos nuevos poderes", afirma Negri.

"La constitución de la multitud aparece primero como un movimiento espacial que la constituye en lugar ilimitado [. . .] Movimiento autónomo es lo que define el lugar propio de la multitud. Cada vez menos los pasaportes y documentos legales serán capaces de regular nuestros movimentos a través de las fronteras. La multitud funda una nueva geografía a medida que los flujos productivos de cuerpos definen nuevos ríos y puertos. Las ciudades de la tierra se volverán de inmediato grandes depósitos de humanidad cooperativa y locomotiva para la circulación, residencias temporarias y redes de distribución en masa de activos seres humanos". Bella justificación para el trabajo esclavo de una masa de flagelantes antiglobalistas como los que deambulabán por la Europa medieval. Las ideas que expone Negri en Imperio no son originales de su mente alucinada, sino que son, como decíamos, la contraparte de las ideas del choque de las civilizaciones gestadas por el grupo de geopolíticos de la Universidad de Harvard al que pertenecen el ex secretario de Estado Henry Kissinger, y Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional en el gobierno trilateral del presidente James Carter. Igual que Negri, este grupo geopolítico, junto con sus contrapartes británicas, contempla el orden mundial considerando que el fin de la Guerra Fría representa el fin del orden fundado a partir de la Paz de Wesfalia y, por lo tanto, se regresa al principio del Imperio.

Por ejemplo, Henry Kissinger vive obseso por los tratados de Westfalia; desde su obra Diplomacy, publicada en 1994, decreta la "crisis sistémica del sistema de Wesfalia", concepto que ratificó en una obra más reciente titulada "Does America Need a Foreign Policy?" (2001). En esta última se trasluce un diálogo tácito con Imperio, de Negri y Hardt.

Kissinger afirma: "De esta matanza brotó el sistema del Estado moderno, definido por el Tratado de Westfalia de 1648, los principios básicos del cual le han dado forma a las relaciones internacionales hasta la fecha. El tratado se cimentó en la doctrina de la soberanía, que declaró el comportamiento interno y las instituciones de un Estado fuera de la competencia de otros Estados.

"Estos principios fueron una expresión de la convicción de que era menos probable que un gobernante nacional fuese arbitrario que un ejército extranjero en campaña inclinado a la conversión. Al mismo tiempo, el concepto del equilibrio de poder trató de fijar límites mediante un equilibrio que le impidiese a cualquier nación volverse dominante y confinase las guerras a zonas relativamente limitadas. Por más de doscientos años —hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial— el sistema de Estados que surgió de la Guerra de los Treinta Años consiguió sus objetivos (con la excepción del conflicto ideológico del período napoleónico, cuando el principio de no intervención se abandonó, de hecho, por dos decenios). Cada uno de estos conceptos está hoy día bajo ataque, al extremo en que se olvida que su propósito fue limitar, no ampliar, el uso arbitrario del poder.

"El orden westfaliano está hoy día en crisis sistémica. Sus principios se ponen en entredicho, si bien todavía no aparece una alternativa convenida. No sólo los Estados Unidos, sino muchos países europeos occidentales han abandonado la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados para dar paso a un concepto de intervención humanitaria universal o jurisdicción universal.

"Al mismo tiempo, el propio concepto del Estado nacional, hasta ahora dominante, sufre una metamorfosis. Fiel a la filosofía dominante, cada Estado se autonombra una nación, pero no todos lo son, desde el punto de vista del concepto decimonónico de nación como unidad lingüística y cultural. De las "grandes potencias" de comienzos del nuevo milenio, sólo las democracias de Europa y Japón satisfacen esa definición. China y Rusia combinan un núcleo nacional y cultural con atributos multiétnicos. Los Estados Unidos hallan cada vez su identidad nacional en la multietnicidad. En el resto del mundo, los Estados de composición étnica mixta son la norma, y la cohesión de muchos de ellos se ve amenazada por grupos étnicos subyugados en procura de autonomía o independencia con base en las doctrinas de nacionalismo y autodeterminación decimonónicas y de comienzos del siglo 20. Aun en Europa, el descenso de la natalidad y el aumento de la inmigración introducen el problema de la multietnicidad.

"Pero el globalismo económico no es un sustituto del orden mundial, aunque pueda ser un importante componente suyo. El propio buen éxito de la economía globalizada generará dislocaciones y tensiones dentro de las sociedades y entre ellas, que ejercerán presión sobre las dirigencias políticas del mundo. En tanto, el Estado nacional, que sigue siendo la unidad de responsabilidad política, se reconstituye en muchas regiones del mundo sobre la base de dos tendencias en apariencia contradictorias: o fragmentándose en sus componentes étnicos o disolviéndose en agrupaciones regionales más amplias".

Además de la afinidad de ideas, Negri y Kissinger también muestran empatía en su odio viceral al ex primer ministro italiano Aldo Moro, asesinado por las Brigadas Rojas.

En realidad, las ideas que defiende Negri en Imperio son parte de un febril debate que se traba entre los círculos estratégicos angloamericanos en torno a la nueva geometría de las relaciones jurídicas internacionales en un mundo globalizado, debate que se intensificó después de los ataques terroristas del 11 de septiembre. Un ejemplo significativo de la insania de este debate es la proposición de reintroducir el concepto de imperio, defendida por el británico Robert Cooper, flamante asesor especial en asuntos de terrorismo del gobierno del primer ministro Tony Blair de Inglaterra. Según un artículo publicado el 25 de octubre en el Daily Telegraph, a Cooper se lo considera el "profeta del nuevo imperialismo", que rotula de "imperialismo defensivo". El artículo cita la afirmación de Cooper de que "la no existencia de un imperio es históricamente inusitada. La cuestión es saber si esto puede durar. Hay tantas razones teóricas como prácticas para creer que no. Parace que existen todas las condiciones para un nuevo imperialismo". Según la periodista Rachael Sylvester, Cooper afirma que la "globalización es una forma de nuevo imperio, [argumento] que, irónicamente, también ofrecen Michael Hardt y Antonio Negri en su `nuevo manifiesto comunista', Imperio".

Por otro lado, Negri en su argumentación tramposa, intenta trazar un paralelo de sus tesis con las de La Ciudad de Dios de San Agustín, pero en ningún momento se refiere a la idea central de la justicia y el bien común que deben reinar en la ciudad mundana para aspirar a ascender a la Ciudad de Dios. Para él, es la "ciudad mundana de la multitud" la que constituye el motor social dentro del Imperio. "Las luchas de clases y los procesos revolucionarios del pasado socavaron los poderes políticos de naciones y pueblos, el preámbulo revolucionario escrito en los siglos XIX y XX preparó la configuración subjetiva del trabajo que hoy se realiza. . . La multitud no se forma simplemente por la acción de juntar y mezclar naciones y pueblos indistintamente; es el poder singular de una nueva ciudad".

Continúa Negri: "Una mitología material de la razón comienza por tanto a formarse y construírse en los idiomas, en las tecnologías y en todos los medios que constituyen el mundo de la vida. Es una religión de los sentidos que separa a las masas de todos los residuos de poder soberano y de todos los `largos brazos' del Imperio. . . La mitología de los idiomas de la multitud interpreta el telos de una ciudad mundana, separada por el poder de su propio destino de qualquer vinculación o subordinación a una ciudad de Dios, que perdió todo honra e legitimidad". Es decir, satanismo puro es la nueva religión del imperio.

Estas son las bases en que fundan las acciones sin fronteras del Foro Social Mundial (FSM). "El derecho general de controlar su propio movimiento es la demanda definitiva de la ciudadanía global. Esa demanda es radical en la medida en que desafía al aparato básico de control imperial sobre el rendimiento y la vida de la multitud. Ciudadanía global es el poder del pueblo de reapropiarse del control sobre el espacio y, así, de diseñar una nueva cartografía".

Continua........................

por Silvia Palacios y Lorenzo Carrasco

http://www.larouchepub.com/spanish/other_articles/2002/terrorantiglobal.html


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