Eduardo Elsztain: el dueño de la tierra
Recientemente
nombrado tesorero del Consejo Judío Mundial, el presidente de
IRSA es el ejecutivo más influyente en el exterior.
En
los primeros días del año, uno de los mejores regalos
que recibió Eduardo Elsztain para su cumpleaños número
45 se lo dio su amigo y socio Edgar Bronfman. El dueño de una
de las mayores fortunas del mundo le ofreció al empresario
argentino el cargo de tesorero del Consejo Judío Mundial, el
poderoso organismo internacional que preside el propio Bronfman.
Esta
designación es sólo una muestra más del grado
del reconocimiento e influencia que tiene Elsztain a nivel
internacional y que contrasta con el bajo perfil con el que se maneja
localmente. A
pesar de que es el dueño de casi todos los shopping centers
porteños y el
principal accionista del Banco Hipotecario,
en la Argentina su nivel de exposición pública es casi
nulo, aunque la situación cambia radicalmente cada vez que
cruza las fronteras.
Elsztain
es posiblemente el empresario argentino con mayores contactos en el
mundo de los negocios. Desde hace varios años tiene una
asistencia perfecta al Foro Económico de Davos
-donde en la última edición tuvo la difícil
tarea de defender en una mesa redonda al país de los ataques
de la dura número dos del Fondo Monetario Internacional, Anne
Krueger- y como ningún otro argentino tiene llegada directa a
varios de los hombres más ricos del mundo, que en muchos casos
se suman como socios a sus proyectos locales.
La leyenda que se
creó en torno a IRSA, la mayor empresa argentina de
inversiones en bienes raíces, cuenta que Elsztain viajó
a Nueva York en 1989 con el objetivo de convencer a George
Soros -un
financista de origen húngaro pero nacionalizado norteamericano
que hizo gran parte de su fortuna especulando contra la libra
esterlina- de que invirtiera en la Argentina, sin mayor carta de
presentación que un par de propuestas para comprar tierras y
edificios en el mercado local. Sin embargo, la historia real es un
poco menos espectacular. Elsztain
llegó a encontrarse cara a cara con Soros gracias a los
contactos que fue desarrollando dentro la colectividad judía
en Buenos Aires, que fueron los que le abrieron las puertas del
poderoso empresario.



Con
Soros, Elsztain trabajó durante más de diez años,
hasta que el millonario del norte decidió canalizar sus
inversiones hacia otros mercados más seguros. Según los
hombres de IRSA, para
Soros la Argentina resultó un excelente negocio y con sus
inversiones durante los noventa ganó más de US$ 500
millones. Pese
a esto, la relación entre ambos empresarios no terminó
del todo bien y el detonante de la separación fue la decisión
del norteamericano de especular con la compra y venta de bonos de la
deuda argentina en el año 2000, cuando el país estaba a
punto de caer en la peor crisis económica de su historia.
Más
allá del espaldarazo que significó contar con el apoyo
(y los millones de dólares) de Soros, la decisión de
invertir en el negocio de bienes raíces era casi una
imposición familiar para Elsztain. El abuelo de Eduardo,
Isaac, había dado los primeros pasos en este mercado con la
fundación, en 1943, de IRSA, que durante sus primeros años
se consolidó como una de las principales inmobiliarias de
Buenos Aires, aunque en los noventa, cuando Eduardo tomó el
control de la empresa, apenas contaba con un capital de 100.000
pesos.
En el momento en que decidió hacerse cargo de los
negocios de la familia, Elsztain recién había terminado
el secundario en el Colegio Nacional Buenos Aires y estaba cursando
los primeros años de la carrera de economía en la UBA.
La carrera universitaria nunca la pudo terminar, pero con ayuda de
Soros y su habilidad para desarrollar nuevos negocios fue
construyendo un
verdadero imperio inmobiliario, que hoy incluye a los principales
shoppings de Buenos Aires (Alto Palermo, Patio Bullrich, Paseo
Alcorta, Design Center y Abasto), campos ganaderos y agrícolas
en todo el país (agrupados bajo la empresa Cresud), hoteles de
lujo (Llao-Llao, Intercontinental y Sheraton Libertador) y varios
edificios emblemáticos, como el Rulero de Retiro, el Laminar
Plaza, de Catalinas, y su última adquisición, la torre
de Microsoft, por la que hace unas semanas pagó 27 millones de
dólares.
Para
los próximos meses, además, tiene en proyecto
inversiones por $ 300 millones que se destinarán básicamente
al inicio de obras para levantar un par de centros comerciales en el
barrio de Caballito y en la ciudad de Neuquén, y la
construcción de un complejo de viviendas y oficinas en la ex
Ciudad Deportiva de Boca.
Como tantos otros empresarios
argentinos que intentan ganar en escala, Elsztain ahora también
puso la mira en Brasil. Para IRSA, en realidad, se trata de un
regreso, ya que a mediados de los noventa la empresa había
incursionado allí, asociada con un grupo local en los negocios
de los shoppings y la administración de edificios de oficina.
La vuelta al mercado brasileño, esta vez, se concretaría
con Cresud, la compañía de inversiones agro-ganaderas
del grupo, que ya está en busca de campos en el socio mayor
del Mercosur.
Para financiar todos estos proyectos, el lugar que
tenía Soros dentro del esquema de negocios del grupo IRSA fue
ocupado por otros tres de los empresarios más ricos del mundo:
Sam
Zell -uno de
los cinco mayores propietarios de inmuebles de los Estados Unidos-,
Michael
Steinhardt -dueño
de uno de los principales fondos de inversión- y el propio
Bronfman, que hizo su fortuna con la venta de la fabricante de
bebidas Seagram y los estudios Universal.
Como en el caso de
Soros, las relaciones personales jugaron un papel clave en la
elección de los nuevos socios de IRSA. De hecho, a Bronfman,
Elsztain lo conoció hace unos años en un bar-mitzva en
Israel donde le comentó de las perspectivas de inversión
que ofrecía el mercado argentino. Ese día Bronfman le
dio su tarjeta y le pidió que lo llamara en tres días.
Pocas semanas después el millonario norteamericano ya se había
sumado como accionista de IRSA.
Círculo
íntimo
Como
muchos empresarios, Elsztain decidió rodearse de familiares
dentro de sus compañías. Su hermano y mano derecha
Alejandro Elsztain ocupa la gerencia general de sus principales
negocios (IRSA, Cresud), mientras que otro de sus hermanos, Daniel,
está a cargo de los centros comerciales y su primo Fernando
maneja los negocios inmobiliarios.
Sin embargo, Eduardo también
tiene un lugar reservado para sus amigos de la infancia, que a pesar
de los años juegan papeles claves dentro de sus negocios.
Clarisa
Lifsic de Estol preside el Banco Hipotecario,
mientras que Saúl Zang es el abogado de todas las empresas del
grupo. El trío de amigos/colaboradores de Elsztain se
completaba con Marcelo
Mindlin, a
quien conoce desde hace más de 20 años y que fue
vicepresidente de IRSA desde 1991 hasta que, a fines de 2003, decidió
apartarse del grupo para concentrarse en el desarrollo del fondo de
inversiones Dolphin.
En la última semana Midlin saltó
a las tapas de los diarios con la compra de Edenor, dentro de una
estrategia de inversión que incluye el crecimiento de Dolphin
en el sector de los servicios públicos. Elsztain, en cambio,
siempre prefirió mantener el foco de sus negocios en los
rubros que más conoce -inmuebles, finanzas y shoppings-, y
esta diferencia de criterios fue la que desencadenó la
separación de los dos amigos de la adolescencia.
Los que
están cerca de Elsztain reconocen que, como en todo divorcio,
la salida de Mindlin no estuvo exenta de algunos reproches, pero
aseguran que los empresarios mantienen hoy una buena relación
personal y profesional y que, de hecho, en los últimos meses,
Mindlin invitó al número uno de IRSA para participar
junto a Dolphin en varios negocios como las compras de Transener y
Edenor.
El bajo perfil que cultiva Elsztain en los negocios se
acentúa a la hora de hablar de su vida privada. Desde 1991
está casado con la psicóloga Mariana Carmona, que no
sólo se dedica a la crianza de sus cuatro hijos sino también
al manejo del Museo de los Niños que funciona dentro del
shopping del Abasto.
A pesar de que es dueño
de gran parte de Puerto Madero y de barrios privados de lujo como la
estancia Abril,
Elsztain le sigue siendo fiel al barrio de Belgrano, donde nació
y vivió toda su vida, y a la hora de irse de vacaciones elige
la Patagonia. Por esta razón, hace unos meses concretó
la compra de una estancia de 100 hectáreas en la península
Quetrihué -sobre el Lago Nahuel Huapi- que comienza en Villa
La Angostura y en cuyo extremo se encuentra el Bosque de Arrayanes.
Según los rumores del mercado, por el campo habría
pagado cerca de US$ 10 millones.
A
la par de los negocios que cierra con IRSA y Cresud, Elsztain también
lleva adelante una mucha más silenciosa tarea filantrópica.
De su bolsillo financia a varias instituciones judías, como
colegios, sinagogas y comedores, incluyendo el templo al que concurre
habitualmente en el barrio de Belgrano. Además, preside la
filial argentina de la prestigiosa fundación internacional
Hiller. Esta entidad fue creada en 1917 en los Estados Unidos y se
dedica a ayudar económicamente a jóvenes de la
colectividad judía para que puedan completar sus estudios
universitarios.
Como está claro, la religión ocupa
un papel fundamental en la vida de Elsztain. Sus colaboradores
aseguran que siempre fue una persona muy interesada por los temas
espirituales, pero que en los últimos años fue
profundizando su acercamiento a la religión e involucrándose
más en las actividades del movimiento ortodoxo judío
Jabad Lubavitch. De hecho, siempre cumplió con la tradición
de respetar el sabat y dejar de trabajar los viernes en el momento en
que aparece la primera estrella. Pero más allá de este
hecho que le ganó las simpatías de sus secretarias y
colaboradores que pueden calcular sin margen de error la hora y los
minutos exactos en los que termina la semana laboral de su jefe,
ahora hay otro detalle que da cuenta de la religiosidad de Elsztain.
Desde hace un par de meses, el empresario decidió observar
otro de los preceptos del rito judío y comenzó a usar a
toda hora y en todo lugar la tradicional kipá.
Quién
es
Belgrano
ante todo -
Eduardo Elsztain nació
en Buenos Aires el 26 de enero de 1960. Está casado, desde
1991, con la psicóloga Mariana Carmona, con quien ha tenido
cuatro hijos. Ex alumno del Colegio Nacional Buenos Aires, estudió
economía en la UBA, aunque nunca llegó a recibirse. Es
dueño de gran parte de Puerto Madero y de lujosos barrios
privados, pese a lo cual prefiere residir en Belgrano.
Hombre
de negocios - Su
abuelo fue el fundador de IRSA, en 1943, por entonces una importante
inmobiliaria que, con el tiempo, se convirtió en la mayor
empresa argentina de inversiones en bienes raíces. Considerado
uno de los mayores terratientes de la Argentina, es dueño de
los principales shoppings de Buenos Aires y también el
principal accionista del Banco Hipotecario.
Link
corto: http://www.lanacion.com.ar/718050
Tags: globalosmo, finanzas., conspiaración, usura, sionismo.

