jueves, 01 de mayo de 2008

La Represión Democrática, J.Bochaca

La Democracia, decía Barbey d'Aurevílly, parece ser la regla del mundo moderno, pero sólo es su castigo. Otro francés, Bernanos, que no puede ser tildado precisamente de fascista, decía, refiriéndose a los políticos democráticos de su país que "no pueden dejar de ser hipócritas de la misma manera que los dictadores no pueden evitar ser cínicos".

                             

El castigo que los hipócritas de nuestra época han impuesto no sólo a Francia sino a toda Europa, ha consistido en reprimir, en nombre de la "pluralidad” partidista, consustancial a la Democracia, todas las ideas y actividades que no se ajustan al molde prefabricado por los usuarios  y beneficiarios  de aquélla. En efecto, a partir de 1945, la Democracia se ha convertido en el gran "dadá" de todos los regímenes y de todos los profesionales de la Política infeudados a ellos. Todo el bloque comunista se compone de "democracias", llamadas, irrisoriamente, “populares". El Ubangui Chari es una democracia, y también lo son, naturalmente, Sierra Leona, Lesotho, Barbados y Bostwana. Cualquier dictadura, o ”dictablanda" centroamericana es, por definición, democrática. A finales de los años cuarenta incluso Franco decidió bautizar a su régimen como una "democracia orgánica". Nunca ha habido, en el mundo, un uso más desaforado de un término político, democracia, y al mismo tiempo, una contradicción más flagrante entre la teoría y la práctica del mismo.

         

Vamos a olvidarnos de la represión llevada a cabo por los vencedores tras el final de la II Guerra Mundial. Represión que alcanzó a escritores, periodistas, artistas y simples ciudadanos del montón y que se fundamentó en el atípico delito de “pensar mal". Y vamos a olvidarnos de ello porque podría argüirse que se trató de hechos aislados en que la pasión prevaleció sobre la razón y la venganza sobre la justicia, debido a la cercanía, en el espacio y en el tiempo, de hechos y circunstancias anexos al desarrollo de la recién terminada contienda. Es un argumento pueril por sobreentender que un magistrado, y diez mil magistrados a la vez, pueden comportarse, bajo el imperio de las bajas pasiones, como una tribu de apaches chiricahuas. Pero es igual: vamos a aceptarlo. Pero lo que ya no se puede aceptar, ni hablando en nombre de la Democracia, ni en el de la simple decencia, es que cuando han transcurrido seis o siete lustros desde el fin de la guerra, se siga practicando la danza del "scalp" contra todos aquéllos que tienen, o tuvieron, el valor de nadar contra corriente. Y que no se nos arguya, tampoco, tal como suelen hacer los estipendiados y los paniaguados del Sistema, que "al fin y al cabo, la Democracia tiene el derecho de defenderse contra las ideas que pueden poner en entredicho su propia existencia", pues tal argumento es, no ya pueril, sino incluso antidemocrático: ¿Como se va a negar, en nombre de la Democracia, el derecho a disentir de los postulados democráticos? ¿Dónde quedaría la libertad? ¿Acaso no fueron los enciclopedistas, padres de la moderna Democracia, quienes afirmaron que había que respetar todas las opiniones incluyendo las que se oponían a las suyas? ¿Qué ha quedado, en la prosaica práctica, de tan bellas teorías? Se criticó a los tres últimos ”luises” de la Casa de Borbón, en Francia, el uso de las ”lettres de cachet", por el que la autoridad real se irrogaba el derecho de detener, sin acusación y sin juicio inmediato, a aquellos individuos que le parecieran subversivos. Y ¿qué hacen ahora las democracias, sin excepción? En Italia, basta que, a juicio de un magistrado, un texto o un artículo periodístico cualquiera parezca "oler" a Fascismo para que inmediatamente el autor sea encarcelado, acusado de "intento de reconstitución del Partido Fascista” y condenado o, lo que es más cruel e indigno aún, declarado inocente tras un proceso de tres o cuatro años de duración, En España, Jorge Mota, de CEDADE, puede ser detenido durante siete días, incomunicado, sin permitírsele hablar con su abogado, en condiciones infrahumanas que hubieran provocado ciertamente la airada protesta de "Amnesty International" de haberse tratado de un etarra, un obisparra o un macarra, y cuando le dejan salir, ni un motivo, ni una explicación, ni, menos aún, unas palabras de excusa. Y cuando manda telegramas a las más altas instancias nacionales y regionales, no recibe respuesta. Intenta presentar denuncia contra el Ministro del Interior y el magistrado de turno no se la admite más tarde, a raiz de una nueva detención de nueve días con motivo de un mitin, el ayudante del juez le diría que “en vez de tanto mitin lo que tenías que haber hecho es poner un denuncia contra el Ministro del Interior". Convoca una rueda de prensa para explicar lo sucedido y se le denuncia a él. ¿De veras es esto Democracia?.

     

Robert Debbaudt, en Bélgica, edita un folleto reproduciendo "La carta al Papa", enviada por León Degrelle al actual Pontífice. Debbaudt y su colaboradora, Adrienne Tart, son condenados, a sendas penas de prisión. Hay que aclarar el que la carta de Degrelle no puede en modo alguno ser calificada "S". En dicha epístola no se sugieren proposiciones atentatorias contra el Sexto Mandamien­to de la Ley de Dios, ni contra ningún otro; simplemente el antiguo combatiente regular Degrelle le pregunta al antiguo francotirador polaco Wojtyla si él cree, verdaderamente, todo lo que ha dicho,  si es que realmente lo ha dicho  en su discurso en Auschwitz y si cree que allí murieron cuatro millones de judíos.

El profesor Stielau, de Hamburgo, pone en duda la autenticidad del texto del "Diario de Anna Frank". Es expulsa­do de su cátedra, privado de su pensión y encarcelado por tres meses. Luego se de­mostrará que el tal Diario es una burda falsificación o que, por lo menos, ha sido muy retocado por un escritor judío, Meyer Levin, que ha cobrado por ello, 50.000 dólares. Pero no se rehabilita a Stielau, que continúa sometido al "pacto del hambre" mientras la lacrimógena his­torieta es impuesta como libro de texto en varios estados de la República Federal Alemana.

Thies Christophersen, por el "delito" de haber escrito un libro, "La mentira de Auschwitz", en el que se atreve a negar la verdad oficial, es condenado a prisión. Mientras cumple condena, le queman su granja y, casualmente, la Policía no locali­za a los autores. Manfred Roeder, por ha­ber prologado su libro, también incurre en las iras de la justicia democrática tudesca y logra huir. No importa; posterior­mente será capturado por los modernos inquisidores y aherrojado en una ergástu­la.

El gobierno italiano  o mejor, los go­biernos. italianos: 43 en 36 años de Demo­cracia a la Italiana  incapaz de solucionar sus propios problemas en un país en el que la única institución que funciona co­rrectamente es la Mafia, no cesa de incor­diar a los gobiernos de los demás países en donde consta que se han refugiado fas­cistas italianos, o presumidos tales. Sal­vatore Francia es un caso típico de hom­bre perseguido por delito de opinión, y como el “Onorevole Giudice" de marras no logra echarle el guante, pese a sus des­velos y a la colaboración de la justicia española, encuentra la solución: encarcela a su mujer. Motivo: “Intento de reconsti­tución del Partido Fascista", delito del que estamos seguros será exculpado den­tro de unos meses, o años, o lo que quie­ran. A Salvatore Francia se le ha llegado a acusar, simultáneamente, de seis delitos, de cinco de ellos había ya sido exculpado, pero le quedaba uno, del que "todavía" no lo había sido. Conociendo por experiencia el truco italiano de acusar a cualquiera de lo que sea y guardarlo en prisión unos cuantos años antes de soltarlo por "falta de pruebas" (¡qué objetivo y ponderado parece dicho así ¿verdad?) Salvatore Francia se quedó en España; pero hasta aquí llegó el brazo de la implacable justicia italiana, tan corto y débil a la hora de enfrentarse a las Brigadas Rojas y, pese a haber suscrito nuestro gobierno los Acuerdos de Heisinki, con sus secuelas de los "derechos humanos" y demás zarandajas, pese al acuerdo de no extradición por cuestiones políticas, fue puesto en la frontera, tras haberse pasado cinco meses en nuestros democráticos calabozos. Y no se paró en España el brazo de la justicia italiana. Hasta Sudafrica llegó, y Massimo Bollo y Fernando Miriello, también a requerimiento de las autoridades italianas, fueron encarcelados, obedientemente, por el pretendidamente ”fascista" régimen de Pretoria.

  


En Francia, Françoois Duprat, profesor de la Universidad de Nanterre, es apaleado por una cuadrilla de melenudos gamberros trotzkystas. La Policía no localiza a los agresores, como es lógico. Duprat se ha especializado en temas de Historia Contemporánea y, como es una persona seria y que se respeta a si mismo  primer paso para respetar a los demás - no puede admitir que en la pasada contienda fallecieran seis millones de judíos cuando en Europa no habían más que unos cinco millones y Hitler sólo pudo tener acceso a tres millones. Minuciosamente, Duprat, que no milita en ninguna formación de las denominadas "de extrema derecha", va desmontando el mito de los seis millones de gaseados judíos. Sale ileso de un atentado con bala. Anuncia que va a publicar un estudio sobre las complicidades sionistas en el Establishinent francés. Pero le ponen una bomba conectada con la puesta en marcha de su vehículo, y muere. Su esposa queda malherida. Su domicilio es registrado y el manuscrito desaparece. La Policía no descubre a los autores.

También en Francia, el Profesor Faurisson de la Universidad de Lyon, niega resueltamente la fábula de los seis millones. Pierde su cátedra en la Universidad y posteriormente un tribunal le condena, a prisión. ¡Francia! ¡La tierra de la Liberté! En la tierra de la Liberté rige, majestuosamente, la Ley Pléven, que prohibe cualquier crítica contra nadie, en razón a su pertenencia a un grupo racial o religioso determinado. Aplicación práctica de esa ley: A un automovilista alemán que se ha saltado un semáforo en rojo se le puede tratar de “Sale Boche”, pero si ese "alemán" se llama Abraham Rosenthal y se hace un comentario desagradable sobre la grotesca forma de su apéndice nasal esto puede costar una multa y seis meses de cároel, como mínimo.

En Norteamérica funciona la ”ADL” o Liga Antidifamatoria, que persigue por medios legales (tribunales) y menos legales (boicots) a todos aquellos individuos o entidades que no comulgan con el Sionismo que, desde los tiempos de Roosevelt, embrida a los gobiernos de Washington. Además, tales individuos suelen tener muy mala estrella: constantemente se caen por las ventanas, o son atropellados por vehículos que se dan a la fuga, o padecen atípicas indigestiones de cianuro o desaparecen sin dejar rastro. Y la policía  o las policías  americanas, bien, gracias.

Los vencedores de 1945 creyeron que se podían fusilar las ideas y con refinada hipocresía, quisieron terminar con todas aquellas que pudieran oponerse a su preeminencia en el Mundo. Y así en una sociedad permisiva como la actual, en la que se puede perfectamente ser maricón, macarra, lesbiana, bolchevique, cura padre de familia numerosa, asesino de niños (abortófilo), perjuro galardonado y pornógrafo, se aplica en cambio una severidad franciscana a la hora de examinar, con lupa, los posibles, reales e imaginarios delitos de unos individuos que se niegan a comulgar con ruedas de molino. Véase, por ejemplo, lo sucedido en Alemania y en Holanda, en que se va prorrogando el período de prescripción de los "delitos nazis" (y sólo los nazis) y se niégan indultos en casos que claman al cielo, como el de Rudolf Hess, mientras en cambio las plañideras de la Conciencia Universal se desgañitan para que se libere al sado masoquista Sam Berkowitz, asesino de niños y mujeres que merece toda la atención de los "mass media" norteamericanos en estos tiempos. ¡Claro que Hess no es más que un viejo europeo que se jugó la vida para ofrecer la paz, y Berkowitz tiene un apéndice nasal que no se lo salta un "fedayin"!.

Joaquín Bochaca

Nº 101 Noviembre 1981


Tags: globalismo, capitalismo, conspracion, finanzas, sionismo

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