La difunta Rachel Corrie (1979 - 2003) era elocuente, franca y
decidida. Su denuncia de la ocupación militar israelí de Palestina y de
la indiferencia del gobierno israelí con respecto a la seguridad de
israelíes y palestinos resonaba con claridad. Mediante el activismo
pacífico pudo comprobar la realidad de los hechos sobre el terreno. Lo
iba describiendo conforme lo veía.



El documental “Rachel Corrie: una conciencia estadounidense”, repasa su
trabajo humanitario con el Movimiento de Solidaridad Internacional en
Rafah, en la Franja de Gaza, justo antes de su asesinato en marzo de
2003. Corrie se colocó delante de una casa palestina para que no la
demolieran, y un soldado israelí la aplastó con su máquina excavadora
Caterpillar D-9.
El director Yahya Barakat, un profesor del Departamento de Medios de
Comunicación y Televisión de la Universidad Al-Quds de Israel, grabó 80
horas de película en Gaza, en la Ribera Occidental y en Olympia
(Washington), durante dos años. Hizo un “collage” fílmico de voces de
todo el mundo; gentes que trabajan por la paz y que apoyan al pueblo
palestino en sus actividades diarias. Mediante algunas entrevistas,
Barakat presenta una denuncia colectiva de la ocupación militar, de los
gobiernos de EE.UU. y de Israel, y de los medios de comunicación de
EE.UU.
En Rafah, los niños palestinos arriesgan su vida en el camino a la
escuela porque se encuentran con soldados israelíes que les disparan.
Incluso cuando 100 pacifistas internacionales, que llevaban pósters y
pancartas, caminaron junto con los niños, los soldados respondieron con
disparos y gas lacrimógeno. La gente corrió para salvar su vida.
En abril de 2003 el difunto activista por la paz británico Tom Hurndall
(1981-2004) estaba en Rafah escoltando a varios niños en su camino a la
escuela, cuando la calle se llenó de disparos. Algunos niños,
aterrorizados, se quedaron paralizados; Hurndall los rescató. Mientras
salvaba a una niña, el sargento israelí Wahid Taysir disparó a Hurndall
en la cabeza. Nueve meses después, murió. Inmediatamente después del
incidente, su madre, Jocelyn, viajó a Rafah para descubrir la verdad.
El 26 de junio de 2005, el soldado se enfrentará al la sentencia del
tribunal.
La decisión de Corrie de viajar a Rafah y evaluar las causas del
conflicto entre israelíes y palestinos fue deliberada. Los espectadores
están aprendiendo mucho sobre Rachel. a través de las entrevistas con
sus padres.
Cuando Rachel tenía diez años, hizo una lista de sus profesiones
futuras. Una de ellas era ser activista humanitaria. Sus padres, Cindy
y Craig leen sus historias sobre el Holocausto. Ella componía poemas y
hacía manualidades para su madre. Le encantaba el océano Pacífico y le
fastidiaba que los niños palestinos de Rafah no tuvieran acceso a las
playas, pese a estar a un paso del mar Mediterráneo.
La percepción del conflicto que tenían sus padres cambió cuando leyeron
lo que escribió Rachel porque los medios de comunicación de EE.UU. no
dan toda esa información. Gente de todo el mundo expresaba su conmoción
y dolor ante la violencia de la ocupación. Hablaban de lo pacíficos y
generosos que eran los palestinos.
Cindy Corrie decía que su hija tenía un don para observar con
perspicacia. Frente a la cámara, Rachel hablaba sin pensar
sucintamente. Su dominio del idioma y el análisis del conflicto eran
inteligentes. No sólo tenía una mente despierta, también tenía un gran
corazón. Era una mujer de carácter y con valores.
Barakat utiliza fotogramas para dar testimonio de lo que ocurrió el día
de su muerte. La excavadora avanza aplastando la tierra, y Corrie,
vestida de naranja y con chaqueta reflectante, permanece quieta. No iba
a permitir la destrucción de la casa de una familia, de la gente con la
que ella había convivido durante semanas. Si destruían su casa, ¿dónde
iban a vivir?
El soldado israelí la aplastó. Varios testimonios coinciden en que el soldado vio a Corrie.
Tras el incidente, el anónimo soldado israelí sonrió y saludó a los
testigos presenciales desde la cabina de la excavadora. Ni siquiera se
bajó de la máquina para enfrentarse a su inerme víctima.
El comportamiento del soldado frente a la cámara era el de alguien que
ha perdido su humanidad. Para empezar el informe de investigación
israelí sobre la muerte de Corrie no fue sino una descarada mentira,
porque mantiene que la excavadora no llegó a tocarla. El vídeo muestra
imágenes de la cabina del buldózer, y el soldado dice: “Dobby a dos, he
aplastado un objeto” (es la terminología militar para denominar a una
persona). El hecho de que el soldado nunca se mostrara públicamente
demuestra que no aprendió nada de su crimen, porque no se
responsabilizó de sus acciones. Mientras su familia, amigos y
compañeros militares sigan en silencio, estarán compartiendo la
responsabilidad en este crimen atroz sin resolver.
Los activistas lloraron la muerte de Corrie y llevaron claveles al
lugar. Muchos interlocutores enfatizaron los miles de palestinos
asesinados a manos de los soldados israelíes. En Hebron, las imágenes
muestran a los soldados israelíes arrastrando a un hombre palestino de
los brazos y las piernas, y cómo luego golpean su cara contra el suelo
hasta dejarlo inconsciente. Los colonos de Nueva York patrullaban las
calles con armas semiautomáticas.
Tras las imágenes, hay entrevistas con pacifistas, entre los que está
Hedy Epstein, una superviviente del Holocausto que está convencida de
que los oprimidos se convirtieron en los opresores. Se acordaba de un
soldado que en el puesto de control de Qalandiya le dijo que si viajaba
a Ramallah los palestinos la partirían por la mitad. Un colono decía
que quiere la paz, así que los palestinos de toda la Ribera Occidental
deberían irse a Jordania y Túnez. Tal estupidez no es infrecuente.
El actor estadounidense Richard Gere dijo que los ciudadanos de EE.UU.,
que viven en democracia, deberían concienciarse y pedir a su gobierno
que se haga responsable. Confesó que su corazón se desgarraba “…de ver
lo que está pasando en esta parte del mundo”.
Aunque la película da voz a los médicos y abogados palestinos, falta la
voz de la gente de la calle. Quizás el fin del director era ganar el
apoyo internacional y la atención mediante interlocutores
internacionales, pero el testimonio de las familias de las víctimas
ilustraría los efectos de la opresión de la ocupación.
A través de estas tragedias, Barakat explora el significado de la
conciencia y cómo la gente lo aplica a su vida. La película es de la
filosofía de que hay gente que actúa mal y gente que responde con una
resistencia pacífica. Al final, el espectador es libre de decidir si le
deja indiferente, o si se decanta por los derechos humanos de los
palestinos. Anima a la gente a pensar en los soldados y en los colonos
que matan a palestinos a sangre fría y luego viven en libertad.
¿Cuántas familias palestinas han perdido a alguien querido y viven con
la injusticia de que el asesino no ha sido castigado? ¿Cuándo
demostrará el mundo que valora tanto una vida palestina como una
israelí? Para poder conseguir la paz, se tendrán que resolver estas
desigualdades.
Estas cuestiones demuestran que la película tiene varias
interpretaciones y que trata el conflicto desde diferentes
perspectivas. Además, toca asuntos de diferentes sensibilidades en la
audiencia. Durante la proyección, hubo gente que se salió farfullando
comentarios y parecía que sus opiniones no coincidían con lo que
estaban viendo y los puntos de vista que se expresaban en la película.
La gente que se quedó averiguó que la película de Barakat era el primer
documental proyectado en las Naciones Unidas. Su película se baraja en
la ONU como posible Película por la Paz de 2005. Si fuera seleccionada,
llegaría a las pantallas europeas el 29 de noviembre, el Día
Internacional de la Solidaridad con el Pueblo Palestino. Alguien apodó
a esta película el “Fahrenheit 911” palestino. En conjunto, enciende
diversos sentimientos en la gente implicada en cualquier bando de este
conflicto.
Cuando pregunté a Barakat por qué escogió a Corrie como punto central
de la película, dijo que había tres razones: una, los testigos dijeron
que no fue un accidente; dos, cuando él seguía la historia, en los
EE.UU. no hablaban de Corrie; y tres, los medios de comunicación
estadounidenses no trataron su caso en la misma medida en la que
trataban las desapariciones, los niños estadounidenses y los asesinatos.
“Me hizo sentir que tenía que hacer algo por esta chica”, dijo.
El recuerdo de Rachel Corrie perdura.
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Sonia Nettnin
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