Extracto del libro escrito por el Dr. John Coleman en 1991, en donde
predice de una forma impactante las estrategias utilizadas por una
pequeña elite intocable de dirigentes cuyo objetivo es establecer el
Nuevo Orden Mundial. Estas estrategias se están ejecutando en la
actualidad y más aún han alcanzado algunos de sus objetivos, le
invitamos a conocer quienes son y lo que han planeado para nuestro
futuro, la batalla para evitarlo será, ante todo, de carácter
espiritual.
EL CLUB DE LOS 300Por el Dr. John Coleman
Introducción
Mientras
me desempeñaba como funcionario de inteligencia, tuve numerosas
oportunidades de ver documentos sumamente secretos. Más adelante,
cuando ejercía de politicólogo en Angola, pude examinar una serie de
documentos ultrasecretos, reveladores a más no poder. Lo que vi me
llenó de enojo y resentimiento, y me motivo a emprender una labor en la
que no he cejado hasta el momento: poner al descubierto las fuerzas que
dominan y manipulan los gobiernos británico y estadounidense.
John Coleman, noviembre de 1991.
Esquema General y Algunos Casos ConcretosUn
número sin duda considerable de personas tenemos conocimiento de que
los gobernantes del mundo en que vivimos no son en realidad los que
manejan los hilos de la política y la economía, tanto a escala nacional
como internacional. Esto ha llevado a muchos a buscar la verdad en
publicaciones de contracorriente, boletines dirigidos por quienes, como
yo, se han esforzado – no siempre con éxito – por descubrir la causa de
la incurable dolencia que aqueja a los Estados Unidos. Nuestra
investigación no se ha visto coronada por el éxito en todas las
ocasiones. Pero sí hemos averiguado que la humanidad anda en tinieblas,
y en su mayor parte le tiene sin cuidado la suerte que aguarda a su
país, o bien no se molesta en indagarlo. El sector más amplio de la
población ha sido manipulado para reaccionar de dicha manera, y esa
actitud resulta ventajosa para el gobierno secreto.
Con
frecuencia oímos decir:"Están haciendo estan" o "Están haciendo
aquello".. Quienes hacen esas cosas son capaces de cometer las mayores
barbaridades impunemente. Aumentan los impuestos o envían a nuestros
hijos a morir en guerras que no reportan beneficio alguno a nuestra
patria. Son personajes invisibles que escapan a nuestro alcance,
nebulosos hasta la desesperación cuando queremos demandarlos. Nadie
puede identificar claramente de quiénes se tratan. Este estado de cosas
se ha mantenido así durante décadas. A lo largo de las páginas de este
libro identificaremos a esos personajes misteriosos. A partir de ahí,
corresponderá al público corregir la situación en que se encuentra.
El
Club de los 300 es el no va más de las sociedades secretas. Está
integrado por una clase dirigente intocable a la que pertenece la reina
de Inglaterra, la de los Países Bajos, la de Dinamarca y las diversas
familias reales europeas. A la muerte de la reina Victoria, dichos
aristócratas llegaron a la conclusión de que la única manera de hacerse
los amos del mundo era asociarse con poderosísimos magnates de la
industria internacional, que no pertenecían a su linaje. De esta forma,
ganaron acceso al máximo poder aquellos a quienes la reina de
Inglaterra gusta llamar plebeyos.
Desde que trabajaba en el
servicio de inteligencia sé que los jefes de estado extranjeros conocen
a tan poderosa horda por el apelativo de los magos. Stalin acuñó una
expresión personal para describirlos: las fuerzas tenebrosas. Y el
presidente Eisenhower, que nunca logró ascender por encima del grado de
hofjude (judío del atrio), lo llamó – quedándose mayúsculamente corto -
"Complejo Militar Industrial".
¿Quiénes son los conjurados que
integran el todopoderoso Club de los 300? Los ciudadanos mejor
informados tienen conocimiento de que existe una conspiración, la cual
se presenta bajo una diversidad de nombres, entre ellos los illuminati,
la Francmasonería, la Tabla Redonda y el grupo Milner. Lo malo es que
resulta extremadamente difícil encontrar información fidedigna sobre
las actividades de quienes integran el gobierno invisible.
A fin
de hacerse una idea del enorme alcance de la conspiración a la que nos
referimos vendría bien enumerar en este momento algunos de los
objetivos trazados por el Club de los 300 con vistas a su conquista y
dominio del mundo. Es preciso entender claramente las razones por las
que la energía nuclear es tan detestada en la mayoría de los países, y
por qué al falso movimiento ambientalista – creado y costeado por el
Club de Roma – se le pidió que declarara la guerra a dicha fuente
energética. Generando fuerza eléctrica barata y abundante a partir de
reactores nucleares, los países en vías de desarrollo se volverían poco
a poco independientes de la ayuda externa norteamericana y podrían
consolidar su soberanía. La electricidad producida a partir de la
energía atómica es la clave para que los países atrasados salgan del
subdesarrollo en el que el Club de los 300 les ha ordenado permanecer.
A
menor ayuda externa, menor sería el control de los recursos naturales
de los diversos países por parte del FMI. La idea de que las naciones
en vías de desarrollo rigieran su propio destino era anatema para el
club de Roma y su Club de los 300 que dirige el mundo. Hemos visto la
oposición a la energía nuclear utilizada con éxito para bloquear el
progreso, de conformidad con los planes del Club para el crecimiento
cero en al era post-industrial.
Al tener que depender de
la ayuda exterior procedente de EE.UU. esos países de hecho se hayan
sometidos en servidumbre al Consejo de Relaciones Exteriores. Al pueblo
de las naciones beneficiarias les llega una parte ínfima del dinero,
que por lo general termina en las arcas de dirigentes gubernamentales
que permiten que el FMI despoje brutalmente al país de sus recursos
naturales y bienes de producción.
En Mugabe, el presidente de
Zimbabwe, la antigua Rodesia, tenemos un claro exponente de hasta qué
extremo se pueden manipular los recursos naturales de un país, en este
caso mineral de cromo de alta ley. LONRHO, el gigantesco conglomerado
de empresas presidido en nombre de su prima, la reina Isabel II, por
Angus Ogilvie – figura importante del Club de los 300 – es actualmente
dueño y señor absoluto de tan valioso insumo. Mientras tanto el pueblo
zimbabuo se sume cada vez más hondo en la miseria, a pesar de percibir
ayuda económica de los Estados Unidos por un monto superior a los 300
millones de dólares.
Al presente, LONRHO tiene el monopolio de
la producción nacional de cromo, y cobra precios arbitrarios, lo cual
no estaba permitido durante el gobierno de Smith. Antes de la llegada
del régimen de Mugabe, se mantuvo un nivel de precios razonables por
espacio de un cuarto de siglo. Si bien es cierto que en los catorce
años por los que se prolongó la presidencia de Ian Smith ésta tuvo sus
fallos, desde que él abandonó el poder el desempleo se ha cuadruplicado
y Zimbabue se haya sumido en el caos y en una bancarrota de hecho.
Mugabe recibió suficiente ayuda de los EE. UU. (Del orden de los 300
millones de dólares anuales) para construirse tres mansiones en la
Costa Azul, Cap. Ferat y Montecarlo, mientras sus súbditos pugnan por
vencer la enfermedad, el desempleo y la desnutrición, eso sin hablar de
una férrea dictadura que no tolera protestas. En contraste con esta
situación, el gobierno de Smith jamás pidió ni recibió un centavo de
ayuda de los Estados Unidos. Es evidente, pues, que la ayuda externa es
un medio eficaz de subyugar a países como Zimbabue y ciertamente al
resto de África.
El Club de Roma
¿Cómo pueden los
conjurados tener al mundo en sujeción, y más concretamente a los
Estados Unidos y Gran Bretaña? Uno de los interrogantes que surgen con
más frecuencia es: ¿cómo puede una sola entidad estar al tanto de lo
que sucede en todo momento, y de que manera ejerce su dominio? En este
libro procuraremos responder a esa y otras preguntas. La única forma de
afrontar la realidad del éxito de la conspiración es nombrar y comentar
algunas de las sociedades secretas, organizaciones de fachada,
organismos gubernamentales, bancos, compañías de seguros, empresas
multinacionales, la industria petrolera y los cientos de miles de
entidades y fundaciones cuyas figuras más destacadas componen el Club
de los 300, máxima institución que lleva las riendas del mundo desde
hace al menos un siglo.
Como ya se han publicado bastantes
libros sobre el Consejo de Relaciones Exteriores y la Trilateral,
pasaremos a hablar directamente del Club de Roma y de la fundación
alemana Marshall.
Para algunos fue una sorpresa descubrir que el
Club de Roma y la entidad que lo financia, la cual ostenta el titulo de
Fundación Alemana Marshall, eran dos asociaciones de confabulados que
realizan sus actividades bajo el auspicio de la Organización del
Tratado del Atlántico Norte, y, que en su mayor parte, los ejecutivos
que integran el Club de Roma proceden de la OTAN. Fue el Club de Roma
el que formuló los principios que esta última organización reivindica
como suyos, y el que – por intermedio de Lord Carrington, socio de Club
de los 300, dividió a la OTAN en dos fracciones: un grupo de presión
política (izquierdista) y la alianza militar originaria.
El Club
de Roma sigue siendo uno de los brazos más importantes del Club de los
300, en lo que se refiere a política exterior; el otro es el grupo de
los Bilderberger. Se formó en 1968 a partir de miembros incondicionales
del grupo original fundado por Morgenthau a raíz de una llamada
telefónica del difunto Aurelio Peccei instando a lanzar con urgencia
una nueva campaña con objeto de acelerar la planificación del Gobierno
Internacional Único, actualmente conocido como Nuevo Orden
Internacional. De todos modos, el primer nombre me parece más exacto.
El
llamado de Peccei fue respondido por los más subversivos planificadores
del futuro que se pudieron seleccionar en Estados Unidos, Francia,
Suecia, Gran Bretaña, Suiza y Japón.
Entre 1968 y 1972, el Club
de Roma se transformó en una entidad cohesiva integrada por
neocientíficos, mundialistas, planificadores del futuro e
internacionalistas de toda calaña. Uno de los delegados lo describió
con estas palabras: "Nos hemos convertido en la túnica de diversos
colores de José", en alusión al personaje bíblico.
En líneas
generales, el programa previsto del Club de Roma consistiría en crear y
difundir ideas postindustriales en los Estados Unidos, junto con
movimientos de contracultura como los empeñados en la difusión de la
droga, la revolución sexual, el hedonismo, el satanismo, la brujería y
el ambientalismo, El instituto Tavistock, El Instituto de
Investigaciones de Stanford, el Instituto de Relaciones Sociales y de
hecho todo el amplio espectro de los centros de investigación de
psiquiatría social aplicada, o bien contaban con delegados en la junta
directiva del Club de Roma, o desempeñaban una misión orientadora en la
tentativa de la OTAN de llevar a cabo lo que denominan la conspiración
acuariana.
El Club de Roma es una organización general
coordinadora, una especie de matrimonio entre financistas
angloamericanos y las familias que integran la ancestral Nobleza Negra
europea, en particular la nobleza de Londres, Venecia y Génova. La
clave para el dominio exitoso del mundo está en su capacidad para crear
y dirigir atroces recesiones económicas y futuras depresiones
financieras. El Club de los 300 aspira generar convulsiones sociales a
escala planetaria, seguidas de depresiones, pues ve en ellas un medio
de allanar el terreno para sucesos de mayor trascendencia, un método
para ocasionar que ingentes masas de seres humanos de todo el orbe se
conviertan en futuros beneficiarios de su sistema de beneficencia
social.
El Club de Roma posee su propia central de inteligencia,
y toma prestados además agentes de la INTERPOL de David Rockefeller.
Todos los organismos de inteligencia de los EE. UU. Cooperan muy
estrechamente con él, así como la KGB y el Mossad o Servicio de
Inteligencia Israelí.
¿Cuáles son sus objetivos?¿Qué
se propone esa minoría selecta tan secreta? Sus integrantes se hacen
llamar también los olímpicos, pues están convencidos de que igualan en
poder y talla a los legendarios dioses del Olimpo, los cuales al igual
que su dios Lucifer, se han ensalzado a sí mismos por encima de nuestro
Dios verdadero. Tienen además el convencimiento de que por derecho
divino se les ha encomendado la consecución de las siguientes metas:
1.-
El establecimiento de un gobierno internacional único o Nuevo Orden
Mundial con una iglesia unificada y un sistema monetario común bajo la
dirección de ellos. Pocos saben que el Gobierno Internacional inició la
fundación de su iglesia entre los años veinte y los años treinta, al
comprender la necesidad de canalizar en la dirección deseada por ellos
la fe inherente a todo ser humano.
2.- La destrucción irremediable de toda identidad y orgullo nacional.
3.-
El aniquilamiento de la religión, y más en particular de la cristiana.
La única excepción será la creada por ellos que mencionamos más arriba.
4.-
El dominio de cada habitante del planeta mediante técnicas de
condicionamiento psicológico y de lo que (Zbignew) Brzezinski denominó
tecnotrónica, con la cual se crearían robots humanos y se implantaría
un espeluznante sistema al lado del cual el Terror Rojo de Félix
Dzerzhinsky parecerá un juego de niños.
5.- El fin de
toda industria y de la producción de fuerza eléctrica generada a partir
de la energía nuclear, en lo que llaman sociedad postindustrial de
crecimiento cero. Sólo serán autorizadas las industrias de computación
y los servicios. Las empresas norteamericanas que queden serán
trasladadas a países como México, donde la mano de obra esclavizada es
abundante. Los desempleados a consecuencia de la desaparición de las
industrias se transformarán en adictos a la heroína o a la cocaína, o
integrarán las estadísticas del proceso de eliminación delineado en el
informe El mundo en el año 2000.
6.- Legalización de la droga y la pornografía. ( otro aca )
7.-
Despoblamiento de las grandes ciudades, de conformidad con el ensayo
llevado a cabo por el régimen de Pol Pot en Cambodia. Es interesante
destacar que el plan genocida del dictador asiático fue formulado aquí
en los Estados Unidos por una de las fundaciones de investigación
financiadas por el Club de Roma. Otro dato interesante es que
actualmente los 300 tratan de reinstaurar a los carniceros de Pol Pot
en Camboya.
8.- Eliminación de todo adelanto científico
salvo los que sean considerados provechosos para el Club de los 300. La
producción de energía atómica con fines pacíficos es uno de los blancos
principales. Los experimentos de fusión en frío que actualmente (1992)
se llevan a cabo son objeto de burla y desprecio por parte del Club y
de sus chacales en la prensa. Un soplete de fusión debidamente empleado
pondría a nuestra disposición unos recursos naturales inagotables a
partir de las sustancias más comunes, y el Club ya no podría seguir
insistiendo en "la falta de recursos naturales".
9.- Por medio
de guerras de limitado alcance en los países desarrollados y de la
aniquilación mediante el hambre y las enfermedades de la población de
países del tercer mundo, ocasionar de aquí al año 2050 la muerte de
3000 millones de seres humanos, a los que califican de inútiles
consumidores de alimentos. El Club de los 300 encargó a Cyrus Vance la
redacción de un informe al respecto que expusiera los medios más
eficaces de llevar a efecto semejante genocidio. Dicho informe lleva
por titulo El Mundo en el año 2000 y fue aprobado por el presidente
Carter para el gobierno estadounidense y a nombre del mismo, y aceptado
por Edwin Muskie, a la sazón secretario de estado. Según las
condiciones fijadas en el informe, la población de los EE. UU. Deberá
haber descendido a 100 millones para el año 2050.
10.- Debilitar
la fibra moral de la nación y desmoralizar a la clase obrera mediante
la generalización masiva del desempleo. Cuando el número de puestos de
trabajo disminuya a causa de las normas introducidas por el Club de
Roma con vistas al crecimiento cero postindustrial, los operarios,
sumidos en el desaliento y la desesperación, buscarán refugio en el
alcohol y la droga. Por medio del rock y de los alucinógenos, se
instará a los jóvenes a revelarse contra el status quo, lo cual
socavará a la familia como institución social y acabará por destruirla.
Con este fin, el Club de los 300 asignó al Instituto Tavistock la
preparación de un plan maestro. Tavistock encargó al Instituto de
Investigaciones de Stanford la elaboración del plan, con la dirección
del profesor Willis Harmon. Más tarde, la empresa llegó a ser conocida
como conspiración acuariana.
11.- Evitar que en todo el
mundo la gente pueda decidir su propio destino. Con miras a ello, se
creará una crisis tras otra, y luego se manejarán dichas crisis. Ello
confundirá y desmoralizará hasta tal punto a la población que ante la
superabundancia de opciones se generalizará la apatía. En el caso de
los EE. UU. ya existe un organismo que tiene como fin el manejo de
crisis. Se trata de la FEMA, siglas en inglés de la Secretaría Federal
de Manejo de Emergencias, cuya existencia descubrí en 1980.
12.-
Promocionar a grupos rufianescos de música rock como los Rolling Stones
(pandilla de degenerados que goza ampliamente del favor de la nobleza
negra europea) y todos los conjuntos a los que Tavistock convirtió en
grandes figuras a partir de los Beatles. Seguir promoviendo el
fundamentalismo cristiano, del cual se servirán para fortalecer el
estado sionista israelí identificando a los judíos con el mito del
pueblo escogido de Dios y contribuyendo con sumas bien cuantiosas a lo
que dichos fundamentalistas erróneamente consideran una causa religiosa
que favorece al cristianismo.
13.- Exportar a todo el
mundo el ideario de la liberación religiosa al objeto de minar a toda
religión existente y más en particular la cristiana. Esto empezó con la
teología de la liberación, de origen jesuita, que acarreo la caída del
régimen de los Somoza en Nicaragua y que en la actualidad destruye El
Salvador – cuya guerra civil se arrastra ya embarcada por un curato de
siglo - , Costa Rica y Honduras. Una entidad muy activamente embarcada
en la llamada teología de la liberación es la misión Maryknoll, de
tendencia comunista. Ello explica la amplia cobertura dada por los
medios al asesinato de unas supuestas monjas de la orden Maryknoll hace
unos años en El Salvador.
14.- Provocar el colapso total de la economía a escala internacional y desatar un caos político absoluto.
15.- Tomar en sus manos la dirección de toda política exterior e interior en los Estados Unidos.
16.-
Otorgar el máximo apoyo a instituciones supranacionales como la ONU, el
FMI, el Banco Internacional de Pagos y el Tribunal Internacional de
Justicia y, en la medida de lo posible, disminuir la eficacia de las
instituciones nacionales eliminándolas gradualmente o sometiéndolas a
la autoridad de las Naciones Unidas.
17.- Infiltrarse en
todos los gobiernos y sembrar la subversión en ellos, corroyendo
internamente la integridad de las naciones que estos representan.
18.-
Organizar un aparato terrorista de alcance internacional y negociar con
sus agentes cada vez que estos lleven a cabo sus violentas acciones.
19.- Tomar las riendas de la enseñanza en los EE. UU. con la finalidad de llevarla a la ruina más completa.
Muchos
de estos objetivos, los cuales enumeré por primera vez en 1969, se han
alcanzado ya o están en avanzada vías de ejecución.
Si tenemos
en cuenta los ilimitados caudales que tienen a su disposición, así como
cientos de gabinetes de estrategia y 5000 ingenieros sociales, y siendo
un hecho que tienen en sus manos los medios de difusión, la banca y la
mayor parte de los gobiernos, se comprende que nos las estamos viendo
con un problema de proporciones gigantescas, al cual ninguna nación
está en condiciones de hacer frente en este momento.
Como he
afirmado con tanta frecuencia, se nos ha hecho creer que el problema al
que me refiero tiene su origen en Moscú. Nos han lavado el cerebro para
que creamos que el comunismo es la mayor amenaza que enfrentamos los
norteamericanos. No hay tal. El mayor peligro radica en la multitud de
quintacolumnistas infiltrados entre nosotros. Nuestra Constitución nos
advierte que vigilemos al enemigo interno. Esos enemigos sirven al Club
de los 300, y ocupan posiciones clave en nuestra jerarquía
gubernamental.
Debilitamiento de los EE.UUEl
Club de Roma tiene la seguridad de haber debilitado a los Estados
Unidos, según órdenes del Club de los 300. Tras años de librar una
guerra contra los habitantes de esta nación, ¿quién puede poner en duda
que ha cumplido en efecto su misión? Basta echar un vistazo a nuestro
alrededor para ver hasta qué punto se ha arruinado la moral: droga,
pornografía, rock, libertinaje sexual, el núcleo familiar prácticamente
desmoronado, lesbianismo, homosexualidad y por último él espelúznese
asesinato de millones de niños inocentes a manos de su propia madre.
¿Acaso ha existido alguna vez en la historia crimen tan infame como el
aborto generalizado?
Dada la ruina espiritual y moral de los
EE.UU., con nuestra industria destrozada, 30 millones de desempleados,
las grandes ciudades transformadas en horrendos antros donde se cometen
los crímenes más inimaginables, con un índice de asesinatos que casi
triplica el de otros países, 4 millones de personas sin hogar y la
corrupción en las esferas del gobierno alcanzado proporciones
endémicas, ¿quién va a negar que los Estado Unidos están a punto de
desplomarse roídos por la carcoma, para caer en las garras acechantes
del Gobierno Internacional de la Nueva Era?
El Club de Roma ha
logrado su objetivo de dividir las confesiones cristianas. Ha reunido
un ejercito de carismáticos, fundamentalistas y evangélicos que apoyan
ardientemente el estado sionista de Israel. Durante el genocidio que
fue la Guerra del Golfo me llovieron cartas que preguntaban cómo me
podía oponer a "una guerra cristianan justa contra Irak". ¿Cómo podía
yo dudar que el respaldo de los cristianos fundamentalistas a la guerra
(del Club de los 300) contra ese país oriental no estaba acorde con los
principios de la Biblia? A fin de cuentas, ¿no había rezado Billy
Graham con el presidente Bush justo antes de dar inicio a las primeras
andanadas? ¿Acaso no predice la Escritura "guerras y rumores de guerra?"
Esas
cartas dejaron entrever la eficiencia con que ha desempeñado su labor
el Instituto Tavistock. Los fundamentalistas cristianos constituyen una
fuerza formidable a favor del Estado de Israel, ni más ni menos como
estaba previsto. Qué lástima que tan buenos cristianos no caigan en la
cuenta de que son burdas marionetas del Club de Roma y de que sus
opiniones y creencias no son propias: las formularon para ellos los
cientos de gabinetes de estrategia del Club de los 300 que se hallan
repartidos por la geografía de los EE.UU. Es decir, que como cualquier
otro sector de la población estadounidense, los cristianos
fundamentalistas y evangélicos han sido objeto de un concienzudo lavado
de cerebro.
Es posible que a algunos les cueste aceptar la idea
de una conspiración a escala internacional porque muchos autores han
obtenido lucro a costa de ella. Otros dudan que se puedan promover con
éxito unas actividades de semejante alcance. Observando el enorme
aparato burocrático de nuestra nación, preguntan: << ¿Cómo
quieren que creamos que unos señores particulares tengan más poder que
el Gobierno?>> Esto se debe a que no comprenden que el Gobierno
es parte de la maquinaria de la conspiración. Los que eso afirman piden
pruebas fehacientes, y no es tan fácil hallar tales pruebas.
Otros
dicen: << ¿y qué? ¿Qué me importa a mí que haya una conspiración?
Si yo ni me molesto en votar. >> Esa era precisamente la forma en
que se preveía que reaccionara el grueso de la población
estadounidense. El pueblo de nuestro país está sumido en el desaliento
y la confusión, fruto de la guerra que se libra contra nosotros desde
hace años. Hay muchas más probabilidades de que un pueblo desmoralizado
y despistado acoja con los brazos abiertos la llegada de una gran
figura que prometa resolver todo problema y garantice una sociedad
ordenada en la que no exista el desempleo y con las disputas internas
reducidas al mínimo. A ese dictador - eso será ni más ni menos - lo
recibirán calurosamente.
Programados para el cambio, listos para la destrucciónEse
mismo Club de los 300 ha establecido mecanismos y sistemas de control
mucho más ineludibles que nada que se haya visto hasta ahora. No son
necesarias sogas ni cadenas para sujetarnos. Se nos ha lavado el
cerebro hasta hacernos renunciar al derecho a portar armas que nos
otorga la Constitución; abandonar la Constitución misma; permitir que
las Naciones Unidas dirijan nuestra política exterior y que el FMI
dicte la política fiscal y monetaria de nuestro país; tolerar que el
Presidente vulnere impunemente la ley de los Estado Unidos invadiendo
otro país y secuestrando al jefe del estado. En resumidas cuentas, nos
han condicionado al extremo de que aceptemos a nivel nacional casi sin
rechistar cada uno de los ilícitos perpetrados por el gobierno de
nuestro país.
Gracias al Club de Roma, nuestra capacidad
tecnológica ha sido superada por Japón y Alemania, los países a los que
- según nos dicen- derrotamos en la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo ha
sido posible tal cosa? Porque, por un lado, hombres como el Dr.
Alexander King, y por otro, nuestra ceguera mental inducida nos han
hecho incapaces de reconocer el desmoronamiento de nuestras
instituciones educativas y sistemas de enseñanza. Por esa ceguera
nuestra, ya no formamos los suficientes ingenieros y científicos para
mantener el puesto que ocupábamos entre las naciones industrializadas.
Gracias al Dr. King, a quien muy pocos conocen en los Estados Unidos,
la enseñanza ha caído a su nivel más bajo en el país desde 1786.
Estadísticas facilitadas por el Institute for Higher Learning indican
que los escolares actuales leen y escriben peor que los de 1786.
La
meta era mentalizar a la nación para efectuar cambios programados y que
se acostumbrara hasta tal extremo a ellos que cuando se produjeran
transformaciones radicales éstas fueran prácticamente imperceptibles.
En los últimos años la decadencia se ha acelerado hasta tal punto que
en la actualidad el divorcio no acarrea estigma alguno, el suicidio
alcanza tasas históricas que no horrorizan a muchos y desviaciones de
las normas sociales aberraciones sexuales en otro tiempo innombrables
en círculos decentes hoy son moneda corriente y no suscitan protestas.
¿Somos capaces de reconocer que el país va cuesta abajo y sin frenos?
No, no lo somos. Cuando los que nos dedicamos a hacer ver la verdad al
pueblo norteamericano descubrimos que un gobierno menor, privado y bien
organizado dentro de la Casa Blanca cometía incesantes fechorías,
fechorías que atentaban contra la esencia misma de la nación y las
instituciones republicanas en las que ésta se apoya, se nos dijo que no
preocupáramos al público con esas revelaciones. Una forma común de
reaccionar era decir: "No queremos saber nada de esas conjeturas".
Cuando
la máxima autoridad elegida del país tuvo la osadía de poner las leyes
de la ONU por encima de la Constitución de los Estados Unidos - delito
por el cual se podía demandar al Presidente - la mayoría de la gente lo
vio como lo más natural del mundo. Cuando la máxima autoridad elegida
del país emprendió una guerra sin una declaración oficial por parte del
Congreso, los medios informativos callaron ese detalle y los ciudadanos
lo aceptamos una vez más antes que encarar la verdad.
Cuando
estalló la Guerra del Golfo, maquinada y organizada por nuestro
presidente (Bush), no sólo toleramos alegremente la más descarada de
las censuras, sino que hasta nos lo tomamos a pecho creyendo que era
buena para alcanzar el objetivo de la guerra. El Presidente mintió,
April Glaspie mintió, el Departamento de Estado mintió. Decían que la
guerra estaba justificada porque se había advertido a Saddam Hussein
que no metiera la mano en Kuwait. Cuando por fin se hicieron públicas
las comunicaciones cablegráficas entre la embajadora y el Departamento
de Estado, una caterva de senadores norteamericanos se lanzó a defender
a Glaspie; tanto demócratas como republicanos, daba igual. El pueblo,
nosotros, dejamos impunes sus abyectas mentiras.
El presidente
Jefferson dijo en una ocasión que sentía lástima de los que creían que
con los periódicos se enteraban de lo que sucedía. Disraeli, el primer
ministro británico, afirmó algo muy parecido. Ciertamente, desde tiempo
inmemorial, los que rigen los destinos del mundo se han vanagloriado de
hacerlo entre bambalinas.
Nos dicen que ganamos la Guerra del
Golfo. Sin embargo, la amplia mayoría de los estadounidenses no repara
en que la ganamos a costa de la dignidad y el honor de nuestra nación,
que yacen pudriéndose en las arenas del desierto de Kuwait e Irak,
junto a los cadáveres de las tropas iraquíes a las que aniquilamos en
la retirada previamente acordada de Kuwait y de Basra. No fuimos
capaces de cumplir la palabra empeñada de que nos atendríamos a la
convención de Ginebra y no los atacaríamos. << ¿Qué prefieren -
preguntaron los que nos manejan -, victoria o dignidad? No se pueden
tener las dos cosas a la vez>>.
Hace cien años algo así no
habría sucedido. Hoy en día ocurre y nadie dice nada. Vivimos en una
sociedad desechable, programada para no durar. Los 4 millones de
personas que viven sin techo en nuestro país, los 30 millones de
desempleados y los 15 millones de niños asesinados hasta la fecha antes
de nacer nos dejan indiferentes. Son elementos desechables de una
conspiración tan condenable que cuando se ponen al descubierto estos
datos, la mayoría descarta la existencia de la mencionada conspiración,
razonando que esas estadísticas se deben a que "los tiempos han
cambiado".
Los Estados Unidos de la actualidad se pueden
comparar con un soldado que se duerme en lo más recio del combate. Los
norteamericanos nos hemos dejado vencer por el sueño y hemos cedido a
la apatía que nos ha causado vérnoslas con una multiplicidad de
opciones. Todo ello nos ha sumido en la confusión. Transformaciones de
esa índole alteran el medio en que nos desenvolvemos y eliminan nuestra
resistencia a los cambios, de forma que nos ponemos aturdidos y
apáticos y acabamos por dormirnos en plena batalla.
Para los
oligarcas y plutócratas que integran el Club de los 300, el
narcotráfico tiene una doble finalidad: en primer lugar, generar
ingentes sumas de dinero, y en segundo, convierte a largo plazo a un
amplio sector de la sociedad de una masa de autómatas drogados más
fáciles de dominar que quienes no estén enviciados, ya que la rebelión
se castigará cortando el suministro de heroína, cocaína y otros
alucinógenos. Ellos requieren la legislación de la droga a fin de que
se pueda establecer un monopolio mediante el cual la drogodependencia
alcance gran difusión, a medida que cientos de miles de obreros
constantemente desempleados recurran a los estupefacientes en busca de
alivio.
En uno de los documentos más secretos del Royal Institute for Internal Affaire, se describe - parcialmente- el plan:
"
[...] Desengañados con el cristianismo y con el desempleo generalizado,
quienes lleven cinco años o más desocupados abandonarán la iglesia y se
volverán a la droga en busca de consuelo. A partir de ese momento será
imperioso ejercer un dominio absoluto del comercio de narcóticos, al
objeto de que los gobiernos de todos los países que se hallen sometidos
a nuestra jurisdicción dispongan de un monopolio que dirigiremos
nosotros como suministradores. [...] Se crearán bares que expendan
droga a los revoltosos y descontentos. Los sediciosos en potencia se
convertirán en inofensivos adictos sin voluntad propia. [...]"
El mundo del futuroEn resumidas cuentas, las aspiraciones del Club de los 300 consisten en generar las siguientes situaciones:
El
establecimiento de un gobierno mundialista y un sistema monetario común
bajo la tutela de una oligarquía permanente, hereditaria y no elegida,
cuyos miembros se escogerán entre si mediante un sistema feudal
semejante al del Medioevo. Con dicha entidad universal de gobierno, se
pondrá coto a la explosión demográfica mediante limitaciones al número
de hijos por familia, enfermedades, guerras y hambres, hasta que la
población mundial se estabilice en mil millones de seres humanos útiles
para la clase dirigente, distribuidos en zonas rígidas y claramente
definidas.
La clase media desaparecerá y sólo quedarán siervos y
mandatarios. Las leyes serán uniformadas por medio de una red
internacional de tribunales que se guiarán por un mismo código,
apoyados por un organismo universal de policía y un ejército
supranacional que imponga el cumplimiento de la ley en el territorio de
los que una vez fueron países, y que ya no estarán delimitados por
fronteras. El sistema se basará en el del estado benefactor: quienes
obedezcan al gobierno internacional único y se subordinen al mismo
serán retribuidos con los medios para subsistir; los que se rebelen
morirán de hambre o serán proscritos, convirtiéndose con ello en blanco
de todo el que desee quitarles la vida. Estará prohibida la posesión
privada de armas de fuego o de cualquier otra clase.
Sólo se
permitirá la práctica de una religión, la de la iglesia del Gobierno
Universal. El culto a Lucifer y la hechicería serán reconocidos como
materias de estudio en el sistema educativo estatal, y no habrá
colegios privados ni religiosos. Las iglesias habrán sido infiltradas
por la subversión. En los tiempos del gobierno internacional, el
cristianismo habrá pasado a la historia.
Toda persona
será adoctrinada en la creencia de que es una criatura del Gobierno
Universal. A este fin, se la marcará con un número que facilite su
identificación, número que figurará en los archivos centrales del
ordenador de la OTAN en Bruselas. En un momento dado, todo agente del
Gobierno Universal tendrá acceso a dicho número. Los archivos generales
de la CIA, el FBI, las policías locales y estatales, el Ministerio de
Hacienda, la FEMA y la seguridad social serán ampliados en extremo y
constituirán la base de datos relativos a cada habitante de los Estados
Unidos.
El matrimonio será ilegal. La familia ya no existirá
como la conocemos en la actualidad. Los niños serán separados de sus
padres a temprana edad y criados bajo la tutela del Estado. A título
experimental, esto ya se hizo en Alemania del Este en tiempos de Eric
Honecker: los hijos de ciudadanos sospechosos de rebeldía eran puestos
bajo la custodia del Estado.
Se promoverá la
pornografía, la cual será de exhibición obligada en todo cine y teatro,
sin excluir los temas de la homosexualidad y el lesbianismo. También
será forzoso el consumo de drogas recreativas. A cada uno se le
asignará una cantidad que podrá adquirir en los establecimientos de
venta que el Gobierno Universal habrá diseminado por el planeta. Se
extenderá el empleo de sustancias que permitan manipular la mente, y
serán igualmente de uso obligatorio. Se las administrará por medio de
los alimentos y del suministro del agua potable sin conocimiento ni
permiso de los consumidores. En los bares de narcóticos, atendidos por
empleados del súper gobierno, la clase esclavizada pasará sus horas de
asueto. De esa manera, las masas se convertirán en una suerte de
animales dominados, sin voluntad propia, que se comportarán como tales.
El
sistema económico funcionará del siguiente modo: la clase dirigente
permitirá que se produzca el mínimo imprescindible de alimentos y
servicios para mantener los campamentos en que trabajarán multitudes de
esclavos. Toda riqueza se atesorará en las arcas de los integrantes de
la élite del Club de los 300. A toda persona se la adoctrinará en el
concepto de que su supervivencia depende en todo el Estado. El mundo
será gobernado mediante decretos emitidos por el mencionado Club, los
cuales de inmediato cobrarán valor de ley. Experimentalmente,
BorisYeltsin impone la voluntad del club en Rusia mediante decretos de
ese estilo. No existirán tribunales de justicia, sino de castigo.
La
industria habrá de ser destruida en su totalidad, junto con las plantas
de producción de energía nuclear. Sólo los integrantes del Club de los
300 y sus elitistas tendrán privilegio de beneficiarse de los recursos
de la tierra. La agricultura y la ganadería estarán en manos del Club,
que fiscalizarán rigurosamente la producción de alimentos. Conforme
comiencen a entrar en vigor estas medidas, grandes contingentes de
población urbana serán transferidos a regiones apartadas. Quienes se
opongan serán exterminados a la manera del experimento que llevó a cabo
Pol Pot en Camboya.
Los enfermos incurables y los ancianos
habrán de someterse ineludiblemente a la eutanasia. Para el año 2050
habrán sido eliminados al menos 3.000 millones de consumidores inútiles
de alimentos por medio de guerras de alcance limitado, epidemias
orquestadas de enfermedades virulentas, y hambre. El suministro de
energía, alimento y agua se mantendrá al nivel mínimo de subsidencia
para los ajenos a la élite.
Todo producto farmacéutico, médico,
dentista y profesional de la salud, esencial o no, estará registrado en
el banco de datos del computador central. Será imposible recetar un
remedio o prescribir atención médica sin autorización expresa de los
agentes responsables de imponer la autoridad en cada municipio.
No
habrá moneda ni dinero en efectivo en posesión de las masas. Toda
transacción se llevará a cabo mediante una tarjeta de cobro automático
en la que figure el número de identificación del portador. A quien
transgreda el reglamento establecido por el Club de los 300 le será
inválida la tarjeta por un tiempo que variará con arreglo a la
naturaleza y gravedad de la violación.
El Gobierno Universal
llevará las riendas de todas las agencias noticiosas y órganos de
prensa. Métodos de lavado cerebral se harán pasar por entretenimiento,
de la misma manera en que se practicaba y se convirtió en técnica
refinada en los Estados Unidos. A los jóvenes a los que se aparte de
los padres desleales se les impartirá una educación concebida
especialmente para embrutecerlos. Jóvenes de ambos sexos serán
adiestrados como vigilantes en los campos de trabajo del Gobierno
Internacional.
Por lo anterior, es evidente que quede mucho por
hacer para la instauración del Nuevo Orden Mundial. Hace tiempo que el
Club de los 300 ha perfeccionado los planes para desestabilizar la
civilización tal como la conocemos en la actualidad.
En Europa
Occidental se está construyendo una federación de estados con una
estructura de gobierno que incluye una moneda común. Una vez logrado
esto, el sistema de la Unión Europea se extenderá por etapas a los
EE.UU. y Canadá. De forma lenta pero inexorable, las Naciones Unidas se
están transformando en un sello de aprobación del Gobierno Universal:
EE.UU. le dicta lo que tiene que hacer, como vimos cuando la Guerra del
Golfo.
El impresionante secreto que envuelve al Club de los 300 hace
que muchos pongan en entredicho su existencia. Ningún órgano
informativo ha hecho jamás mención de dicha jerarquía conspiradora. Por
consiguiente, y como era de esperar, la gente reacciona con
incredulidad. El Club de los 300 está en su mayor parte en manos del
monarca británico, en la actualidad la reina Isabel II.
No hay
entidad que escape al dominio del Club, y salta a la vista que éste
ejerce un férreo control en el terreno de las comunicaciones. Si
echamos un vistazo a la RCA, descubriremos que su directorio se compone
de personalidades británicas y estadounidenses que descuellan en
organizaciones como el Consejo de Relaciones Exteriores, la OTAN, el
Club de Roma, la Comisión Trilateral, la Francmasonería, Skull and
Bones, el grupo Bilderberg, Round Table, la Sociedad Milner y la
Jesuits-Aristotle Society. Entre ellos se contaba David Sarnoff, que se
trasladó a Londres hacia la misma época que Sir William Stepherson se
instaló en la sede neoyorquina de la RCA.
El gobierno invisible
del Club de los 300 está ejerciendo una presión inmensa sobre los EE.
UU. A fin de reformar el país para mal. Si logramos evitar que se nos
despoje de la libertad, retrasaremos considerablemente el progreso
hacia el establecimiento del gobierno supranacional. La instauración
del mismo es una empresa de proporciones impresionantes que exige gran
habilidad, talento organizativo y dominio de los gobiernos y su
política. La única organización capaz de llevar a cabo tan ciclópea
tarea con esperanza de éxito es el Club de los 300. Acabamos de ver
hasta qué punto se ha acercado al éxito total.
La batalla para evitarlo será, ante todo, de carácter espiritual.Tags: globalismo, capitalismo, conspracion, finanzas, sionismo, masoneria