Un Observatorio para la denuncia bajo la tiranía demócrata, liberal y progresista.Donde la realidad es una esclavitud, admitida bajo una coerción inconsciente, por y para el dinero.Hoy quienes deciden no son los Gobiernos ni el Pueblo:es la Alta Finanza.
Queridos amigos : Permítanme llamar su atención sobre un artículo sumamente revelador
publicado hace un año en el Journal of "Historical Review" (Brian
Chalmers: "The Spanish Inquisition and the Jewish Question", JHR,
January/February 1996). El artículo en cuestión trata de la inquisición
española y proporciona pruebas concluyentes de que el número de las
víctimas de la inquisición ha sido siempre exajerado de manera
irresponsable por los historiadores oficiales. Sin negar o minimizar
crímenes realmente cometidos por la inquisición, el autor prueba
también
que la historiografía oficial ha exagerado enormemente la crueldad de
esta institución. Por ejemplo, el uso de la tortura durante los
interrogatorios constituía la excepción y no la regla.
El autor del artículo basa sus pruebas en un análisis pormenorizado de
los documentos. La conclusión es lógica e inevitable: Los que hasta
ahora han escrito la historia de la inquisición española han hecho caso
omiso de la objetividad. Sus motivos no eran científicos, sino
políticos. De hecho, todos estos historiadores eran anticatólicos y con
frecuencia igualmente antiespañoles. Exagerando tanto la brutalidad de
la inquisicion como la cifra de sus víctimas, han fomentado el odio
hacia la iglesia católica y el pueblo español, estigmatizándolo como
intrínsecamente reaccionario y oscurantista.
Se trata aquí de un caso
clásico de revisionismo. El revisionismo constituye una pura necesidad
en todos los campos de la ciencia histórica. Nuevos descubrimientos,
excavaciones, nuevos métodos científicos como la radiografia que
permiten determinar con bastante exactitud la edad de tejidos - todo
esto obliga al historiador a hacer almoneda de prejuicios arraigados.
Aunque la historiografia no sea una ciencia exacta como la física o la
química, la obligación de cualquier historiador concienzudo es de
aspirar a la exactitud absoluta y de separar los hechos históricos de
las leyendas.
Traten de imaginarse la situación siguiente: Un historiador español que
ha revisado la historia de la inquisición, reduciendo drásticamente el
número de sus víctimas, es citado ante el juez por "instigación al odio
racial" y "difamación de los muertos". Ante el tribunal, el inculpado
quiere probar su inocencia, presentando sus documentos y sus
argumentos. El tribunal rechaza todas las pruebas, por conluyentes
que sean, con las palabras siguientes:
"El hecho de que la
inquisición española haya hecho millones de víctimas es ampliamente
conocido y, por ende, de notoriedad pública. Negando con argumentos
pseudo-científicos el sufrimiento de estos millones de seres humanos,
el acusado ha difamado la memoria de los muertos. Lo ha hecho para
justificar la institución de la inquisición, cosa que demuestra
claramente que su verdadero objetivo consiste en socavar la democracia
y en instalar en España una dictadura católica reaccionaria. Por eso,
condenamos al inculpado a una pena de 3 años de cárcel."
Pueden imaginarse tal proceso en su país? Naturalmente no; la idea les
parecerá lisa y llanamente ridícula. Desgraciadamente, simulacros de
proceso de este tipo tienen lugar regularmente en Alemania, Austria y
Francia. Las víctimas de esta represión son los llamados "revisionistas
del holocausto" que niegan:
- La voluntad del régimen hitleriano de
exterminar fisicamente a los judíos de los paises bajo su control;
- La existencia de las cámaras de gas homicidas y de los campos de exterminio;
- La cifra de 5 - 6 milliones de víctimas judías del nacionalsocialismo.
¿Por qué esta represión? Tal vez los revisionistas se sirvan de métodos
no científicos? En absoluto. Sus métodos corresponden a los
generalmente reconocidos en cualquier otro campo de la historiografía.
Sin embargo, una revisión radical del llamado "holocausto" de los
judíos es totalmente inaceptable para el sistema vigente en los paises
occidentales por razones puramente políticas. Como la refutación
científica de las tesis revisionistas es imposible, el sistema
"democrático" no tiene más remedio que censurar y reprimir
jurídicamente.
Los revisionistas examinan las pruebas que nos
oferecen los historiadores tradicionalistas para demostrar la realidad
del genocidio sistemático y de las cámaras de gas, y las rechazan como
fraudulentas. ¿De qué "pruebas" se trata? Estudiando la vastísima
literatura holocaustica oficial, el lector atento e inteligente se dará
rápidamente cuenta de que toda la gravísima acusación de un genocidio
industrial está únicamente basada en testimonios y confesiones. Los
historiadores ortodoxos admiten a regañadientes que no existen pruebas
documentales que corroboren la tesis oficial. Basta leer el libro "Les
crématoires d´Auschwitz" (CNRS, 1993) del francés Jean-Claude Pressac
al cual todos los medios de comunicación dieron mucho bombo después de
su publicación. En su introducción, Pressac, que ha visitado los
archivos de Moscú, declara haber hallado documentos comprobantes de las
cámaras de gas. Leyendo el libro, se hace constar que cada vez que
Pressac habla de gasificaciones humanas, la fuente citada es la
declaración de un "testigo ocular". Este hecho se explica con
facilidad: Los pretendidos documentos existen solo en la imaginación
del señor Pressac. Lo sé muy
bien porque durante dos visitas a los archivos de Moscú, efectuadas en
julio/agosto y noviembre/diciembre de 1995 con el historiador italiano
Carlo Mattogno, he visto todos los documentos alemanes sobre Auschwitz
contenidos en estos archivos. Si los documentes comprobantes
existiesen, los propagandistas soviéticos los hubieran triunfalmente
presentado al mundo después de la guerra. ¿Por qué no lo han hecho? La
respuesta es fácil.
La ausencia completa de documentos que corroboren la realidad de los
campos de exterminio ha sido siempre un hueso duro de roer para los
defensores de la verdad holocaustica oficial. Enfrentados a la
necesidad de mostrar por lo menos algunos documentos, ellos recurren al
truco siguiente:
Muestran documentos alemanes
incontestablemente auténticos que hablan de la "evacuación" y de la
"emigración" de los judíos, y emiten la suposición enteramente gratuita
de que los nacionalsocialistas se hayan servido de un "lenguaje
camuflado" en
el cual "evacuación" y "emigracion" tenían el sentido de
"exterminación". En otras palabras, los historiadores oficiales hacen
decir a los documentos lo que no dicen.
A diferencia de estos falsificadores, los revisionistas se sirven de
los documentos para demostrar lo que realmente ocurrió. Me contento con
un solo ejemplo significativo:
Según afirman los defensores de
la verdad oficial, casi todos los judíos húngaros deportados a
Auschwitz entre mayo y julio de 1944 fueron inmediatamente gasificados
en este campo. Se cae por su propio peso que esta afirmación no está
basada en documentos, sino únicamente en testimonios de judíos y
confesiones arrancadas a prisioneros alemanes después de la guerra. De
hecho, existen varios documentos que refutan el mito de la
exterminación de los judios húngaros. Según estos documentos, los
judíos en cuestión estuvieron empleados en numerosas fábricas y campos
de trabajo para producir aviones de caza y otras armas? Que
tipo de argumentos podrían oponer los historiadores ortodoxos a estos
documentos? Claramente ninguno. Es fácil comprender por qué temen un
diálogo público como el diablo teme el agua bendita.
Además del análisis crítico de los documentos, los revisionistas son
los únicos que estudian seriamente las declaraciones de los testigos y
las confesiones de los llamados "criminales nazis". En mi libro
"Auschwitz. Tätergeständnisse und Augenzeugen des Holocaust"
(Auschwitz. Confesiones y testimonios del holocausto), publicado en
1994 (Neue Visionen, Postfach, 5436 Würenlos Suiza), he citado y
analizado 30 de los testimonios más importantes y más frecuentemente
mencionados en la literatura oficial. Llego a la conclusión de que
estos testimonios carecen totalmente de valor porque están llenos de
absurdos técnicos y lógicos; además, están en flagrante contradicción
entre sí.
No cabe duda de que el testigo mas importante es
Rudolf Höss, primer comandante del campo de
trabajo de Auschwitz. En marzo de 1946, Höss fue hecho prisionero por
los ingleses, y al cabo de un interrogatorio de tres días, firmó su
celebérrima declaración (Documento de Nuremberg PS-3868) en la cual
declaró que 3 millones de personas habían muerto en Auschwitz, en su
mayoría en las cámaras de gas, hasta noviembre de 1943. En esta misma
confesión, Höss dice haber visitado el campo de Treblinka en junio de
1941. Sin embargo, como se puede leer en toda la literatura
holocaustica oficial, Treblinka fué abierto en julio de 1942. Höss
afirma igualmente que en Auschwitz se quemaban 3 cadáveres en una mufla
de crematorio en 20 minutos; cosa radicalmente imposible, dado que los
crematorios contemporáneos más eficaces son capaces de incinerar un
cadáver por mufla y hora. Desde hace 14 años, sabemos cómo los
británicos obtuvieron la confesión de Höss. El escritor inglés Rupert
Butler revela en su libro "Legions of Death" (Arrow Press, 1983) que el
primer comandante de
Auschwitz fue torturado sin interrupción durante tres dias y noches por
un grupo de soldados encabezados por el judío Bernard Clarke. En este
tipo de confesiones arrancadas por la tortura o el chantaje se basa la
acusación de un genocidio bestial sin par en la historia del mundo.
A menudo se pone a los revisionistas la objeción siguiente: "Es muy
posible que muchos testigos hayan mentido o exagerado los horrores de
los campos, pero no todos. La existencia de tantos testigos prueba que
las cámaras de gas son una realidad pues no hay humo sin fuego." Es muy
fácil responder a esta crítica citando los numerosos testimonios sobre
gasificaciones en Dachau y Buchenwald. Muchos testigos describieron el
proceso de exterminación en las pretendidas cámaras de gas de estos
campos. Sin embargo, todos los historiadores, incluidos los
propugnadores de la versión oficial del holocausto, admiten desde 1960
que las cámaras de gas de Buchenwald y Dachau eran un producto de la
propaganda antialemana, y que los testimonios eran fraudulentos. ¿De
qué pruebas disponen los historiadores ortodoxos para demostrar la
existencia de las cámaras de gas de Auschwitz y de Treblinka? De
testimonios y confesiones, nada más? Por qué serían estas confesiones y
estos testimonios más dignas de crédito que aquellos sobre las cámaras
de gas de Buchenwald y Dachau? A este sencillo argumento, repetido mil
veces desde Paul Rassinier, fundador del revisionismo, los
exterminacionistas son simplemente incapaces de responder.
Además de someter los documentos y los testimonios a un examen crítico,
los revisionistas se ocupan de un aspecto esencial, totalmente
descuidado por los predicadores de la verdad oficial: El examen
científico de las llamadas cámaras de gas y de los crematorios.
Los métodos usados corresponden a los utilizados por el investigador de
cualquier asesinato apolitico. Permítanme citar un ejemplo:
Un
hombre ha sido acuchillado. A
200 metros del cadaver, la policía halla una navaja cubierta de sangre
en cuyo mango hay huellas dactilares. Varios testigos declaran haber
visto al señor Fulano acuchillar a la víctima antes de darse a la fuga.
¿Cómo procedera la policia en este caso? Comparará el tipo de sangre
del muerto al tipo del sangre en la hoja, y comparará las huellas
digitales en el mango con las del señor Fulano. Así se procede en
cualquier caso criminal. Todo jurista sabe muy bien que las pruebas
materiales y forenses son superiores a las pruebas testimoniales pues
un testigo puede mentir deliberatamente o equivocarse.
En el caso de un crímen tan espectacular y horripilante come la
pretendida exterminación de unos millones de seres humanos en mataderos
químicos, los jueces encargados de juzgar a los acusados hubieran
tenido la obligación de dilucidar escrupulosamente cómo se habían
desarrollado las masacres. En otras palabras: Hubieran debido encargar
a los tribunales elaborar un
peritaje sobre el arma del crimen - aspecto fundamental en todo proceso
apolítico. Este peritaje, los tribunales no lo han exigido jamas. ¿Por
que? Porque tal peritaje habría demostrado la imposibilidad técnica del
genicidio industrial.
Mientras que los primeros revisionistas, como Paul Rassinier,
socialista, miembro de la resistencia francesa y prisionero de
Buchenwald, se contentaban con la crítica de los documentos y
testimonios, el revisionismo actual ha tomado un rumbo nuevo con las
investigaciones del profesor frances Robert Faurisson en los años
setenta. Faurisson fue el primero en estudiar las propiedades del
insecticida Zyclon B, usado en Auschwitz para matar a los piojos y
pretendidamente también para aniquilar a los judíos. Se trata de una
forma del ácido cianhídrico. Este ácido se utiliza en varios estados
americanos para ejecutar a los condenados a muerte. Una ejecución así
es un proceso complicado y peligroso; la cámara de gas debe estar
herméticamente cerrada para evitar que el gas mortal se escape y mate
al verdugo y al personal de la cárcel. El empleo del ácido cianhídrico
en las llamadas "cámaras de gas" - que eran en realidad depósitos de
cadáveres adyacentes a los crematorios, posteriormente bautizados
"cámaras de gas" - habría provocado inmediatamente provocado una
catástrofe: El gas se habría escapado de estos locales que no podían
ser herméticamente cerrados y carecían de una ventilacion eficaz. En
1988, los revisionistas Ernst Zündel y Robert Faurisson encargaron al
ingeniero americano Fred Leuchter, constructor de las cámaras de gas
americanas, examinar las "cámaras de gas" en los campos de Auschwitz I,
Auschwitz-Birkenau y Majdanek. Después de sus investigaciones, Leuchter
redactó su célebre informe que demostró la imposibilidad técnica de las
gasificaciones (véase Robert Lenski, "The Holocaust on Trial", Reporter
Press, 1990). Aunque el informe Leuchter contenga incontestablemente
algunos
errores, la exactitud de sus conclusiones fué confirmada por el
peritaje mucho mas científico y detallado de Germar Rudolf ("Gutachten
über die Bildung und Nachweisbarkeit von Cyanidverbindungen in den
'Gaskammern' von Auschwitz", Cromwell Press, 1993).
El último aspecto esencial de la cuestión fué esclarecido por el
italiano Carlo Mattogno, especialista eminente en la historia de
Auschwitz y sus crematorios. En un estudio publicado al cabo de seis
años de investigaciones ("Die Krematoriumsöfen von Auschwitz-Birkenau",
en Ernst Gauss, "Grundlagen zur Zeitgeschichte", Grabert 1994),
Mattogno prueba irrefutablemente que los crematorios de Auschwitz no
podian incinerar mas de 162,000 cadáveres - cifra que cuadra muy bien
con los decesos documentados en el campo. No se conoce el número exacto
de las victimas de Auschwitz porque nos faltan las listas de los
decesos para el año 1944, pero se puede calcular que el número de los
muertos asciende aproximadamente a 150,000
- 160,000 durante toda la existencia del campo (abril 1940 - enero
1944). Epidemias, sobretodo el tifus, difundido por los piojos que los
alemanes nunca lograron exterminar a pesar de todo su Zyclon B,
procovaron la altísima mortalidad en Auschwitz.
Por supuesto, la cifra de 150,000 - 160,000 muertos es espantosa, pero
hay que recordar que los poderes vencedores han cometido crímenes
peores. Por ejemplo, cerca de 250,000 alemanes fueron quemados vivos en
una noche y un dia en Dresden en febrero de 1945. En este caso, se
trataba de una matanza organizada mucho más digna de la expresión
"Holocausto" (que significa en griego "quemar totalmente") que un campo
de trabajo donde muchos internados sucumbieron a epidemias
incontrolables y a las duras condiciones de vida. Quisiera resumir las conclusiones alcanzadas por los investigadores revisionistas:
- No existe la menor prueba documental para sostener la tesis de un genocidio organizado respecto de los judíos.
- Por otro lado, los documentos prueban claramente que una parte
considerable de los judíos bajo el control alemán fueron enviados a
campos de trabajo forzado donde las condiciones de vida eran con
frecuencia inhumanas y donde muchisimos internados murieron de
enfermedades y, durante la última fase caótica de la guerra, también de
hambre.
- Las declaraciones de los testigos y las confesiones
arrancadas a los vencidos carecen de valor. Para los vencedores, fué
muy fácil obtener cualquier confesión y cualquier testimonio deseado.
- Las pretendidas gasificaciones en las localidades bautizadas posteriormente "cámaras de gas" eran
técnicamente imposibles y, en consecuencia, no han tenido lugar.
- Era radicalmente imposible quemar los cadáveres de los pretendidos millones de gasificiados en los crematorios existentes.
La ausencia de una política de exterminación está igualmente probada
por la abundancia de supervivientes judíos de los campos. Según escribe
Nahum Goldmann, ex-presidente del congreso mundial judío, en su famosa
obra "Das jüdische Paradox" (Europäische Verlagsgemeinschaft, 1978),
había en 1945 600,000 judíos liberados de los campos. Si los
nacionalsocialistas hubiesen realmente seguido una política de
liquidación física de los judíos, casi ningún judío habría sobrevivido
a los campos. Innumerables judíos famosos, de Simone Veil a Simon
Wiesenthal, de Elie Wiesel a Primo Levi, pasaron meses o años de su
vida en los campos sin correr el riesgo de ser gasificados. Hasta el
muy trágico destino de la familia Frank no cuadra con la leyenda. En el
verano de 1944,
esta familia fue deportada a Auschwitz, el pretendido "campo de
muerte". Sin embargo, ninguno de ellos fué a las cámaras de gas. Otto
Frank murió en Suiza 40 años después de la guerra, su esposa Edith
murió en Auschwitz en enero de 1945, cuando según los historiadores
oficiales las matanzas ya habían terminado; sus hijas Anne y Margot
sucumbieron al tifus en el campo de Bergen-Belsen a donde habían sido
transferidas. Las terribles condiciones prevalentes en la última fase
de la guerra son lo suficientemente amplias para explicar la altisima
tasa de mortalidad de los detenidos, judíos y no judíos.
Frecuentemente se objeta al revisionismo el argumento siguiente? Dónde
están los millones de judíos qué faltan si no fueron exterminados? La
mejor respuesta a esta legítima cuestión fue proporcionada por el
demógrafo americano Walter Sanning ("The Dissolution of European
Jewry", IHR, 1983). En su obra fundamental, Sanning demuestra de manera
muy convincente la
dimension de la emigración judía antes de la guerra, durante ella y en
los años de pos-guerra. Según los cálculos de Sanning, basados
exclusivamente en estadísticas oficiales, las pérdidas judías en los
territorios controlados por los alemanes ascienden aproximadamente a
medio millón.
El mito del holocausto empezó como propaganda de guerra. Despues de la
segunda guerra mundial, los poderes vencedores y las organizaciones
judías se dieron cuenta de que la continuación del mito les sería útil
por varias razones:
- Acusando a los alemanes de un crimen monstruoso, los vencedores anglosajones y soviéticos ocultaron sus propias atrocidades.
- La propaganda holocaustica destruyó el orgullo nacional del pueblo
alemán y lo envenenó con un complejo de culpabilidad, transformándolo
así en una grey dócil, siempre dispuesta a obedecer a las órdenes de
America y a ceder a cualquier chantaje judío.
- Los judíos se
hicieron invulnerables a cualquier
crítica. Incluso el implacable régimen de terror israelí en los
territorios árabes robados se disculpa con el argumento que "el pueblo
judío tiene el derecho de protegerse contra un segundo holocausto".
Es muy fácil imaginarse las enormes implicaciones políticas del
revisionismo. Si lograse imponerse, las consecuencias serían
desastrosas no solo para la judería internacional - incluidos los
judíos totalmente inocentes de la propagacion de la mentira -, sino
también para toda la clase dirigente de las llamadas "democracias".
Políticos, historiadores, periodistas - a todos se les caería la cara
de vergüenza por haber defendido, durante medio siglo, un fraude de
estas dimensiones. Las bases de la política internacionalista y
multicultural que aspira a destruir a los estados soberanos y a minar
las tradiciones de los pueblos blancos y cristianos estarían gravemente
amenazadas. El derrumbamiento del mito del holocausto provocaría sin la
menor duda una fuerte reacción
nacionalista. No olvidemos que los manipuladores se sirven regularmente
del holocausto para desalentar cualquier forma de patriotismo y para
inculcar a los pueblos occidentales un complejo de culpabilidad. En
consecuencia, nosotros ya no nos atrevemos a oponernos a la inmigración
masiva de africanos y asiáticos que, a largo plazo, amenaza nuestra
sobrevivencia como pueblos blancos y cristianos y la sobrevivencia de
nuestra civilización.
Dada su incapacidad lamentable de responder a los argumentos
revisionistas con otros argumentos, los regimenes "democráticos" no
tienen más remedio que intensificar la propaganda, la censura y el
terror. En lugar de apacigüarse con el tiempo, el lavado de cérebro nos
hace aumentar en virulencia. En Alemania, Austria y Francia el
revisionismo histórico es hoy considerado como un crimen. Günter
Deckert, jefe del partido nacional-democrático alemán, fué condenado a
dos años de cárcel por haber traducido una conferencia técnica de
Leuchter sobre las cámaras de gas. En Francia, se prepara un proceso
contra el célebre filósofo Roger Garaudy, ex-marxista, convertido al
islam en los años ochenta y autor del libro "Les Mythes fondateurs de
la politique israélienne" (La Vieille Taupe, Paris 1996). El profesor
Robert Faurisson ha sido citado ante el juez diez veces. En Suiza, las
autoridades están preparando un proceso contra mi editor y contra mí en
virtud de una nebulosa "ley antiracista", entrada en vigor en 1995. Sin
embargo, la experiencia muestra que tales medidas represivas nunca han
conseguido impedir la victora de una verdad; pueden solamente
retardarla. Cuando la mentira del holocausto sea públicamente
desenmascarada, los responsables de la mayor estafa de todos los
tiempos se encontrarán entre la espada y la pared. Lo saben muy bien, y
para retardar el ajuste de cuentas, intensifican la propaganda y el
terror. Temo que en los anos que vienen haya numerosas víctimas en
nuestro campo.
Apéndice 1:
¿Dónde se pueden procurar los libros revisionistas?
Las más importantes obras revisionistas en alemán, francés e inglés se
pueden obtener en Bélgica (Vrij Historisch Onderzoek, Postbus 60, 2600
Berchem-2, Bélgica).
Un excelente historiador revisionista es
el español Enrique Aynat, autor de tres libros ("Los 'Protocolos de
Auschwitz': ¿Una fuente histórica?", García Hispán, Alicante 1990;
"Estudios sobre el 'Holocausto'", Graficas Hurtado, Valencia 1994; "El
Holocausto a debate", Valencia 1995).
Apéndice 2:
Cuántos prisioneros murieron en Auschwitz?
9.000.000 según la película "Nuit et brouillard" del director de cine francés Alain Resnais (1955).
8.000.000 según un informe publicado en 1945 por la comisión francesa
para la investigación de los crimenes de guerra (Eugène Aroneanu,
"Camps de concentration", Office français d´édition, p. 196).
7.000.000 según el
ex-detenido judío Raphael Feigelson (ibidem).
6.000.000 según el editor judío Tibère Kremer ("Les Temps modernes", marzo de 1951, p. 1655).
5.000.000 según "Le Monde" (20-4-1978).
4.000.000 según el tribunal de Nuremberg (Documento URSS-008).
3.500.000 según el director de cine judío Claude Lanzmann (Introducción
de Lanzmann al libro de Filip Müller "Trois ans dans une chambre à
gaz", Pygmalion/Gérard Watelet, 1980, p. 12).
3.000.000 según la confesión del primer comandante del campo, Rudolf Höss (Documento de Nuremberg PS-3868).
2.500.000 según el ex-detenido judío Rudolf Vrba (declaración de Vrba en la embajada israeli en Londres, 16-7-1961).
2.000.000 a 3.000.000 según la confesión del SS Pery Broad ("Auschwitz
in den Augen der SS", Verlag des Staatl. Museums Auschwitz, 1973, p.
141).
2.000.000 según la historiadora judía Lucy Dawidowicz ("The war against the Jews", Penguin Books, 1990, p. 191).
1.600.000 según el historiador israelí Yehuda Bauer ("Auschwitz and the Poles", The Jerusalem Post, 22-9-1989, p. 6).
1.500.000 según el gobierno polaco en 1995.
1.250.000 según el historiador judío Raul Hilberg ("The destruction of
the European Jews", Holmes and Maier, New York 1985, p. 895).
1.000.000 a 1.500.000 según Jean-Claude Pressac en 1989 ("Auschwitz.
Technique and Operation of the Gas Chambers", Beate Klarsfeld
Foundation, New York 1989, p. 553).
800.000 a 900.000 el historiador judío Gerald Reitlinger ("Die Endlösung", Colloquium, Berlin 1983, p. 524).
700.000 a 800.000 (entre ellos, 630.000 judíos gasificados) según
Jean-Claude Pressac en 1993 ("Les crématoires d´Auschwitz", CNRS, Paris
1993, p. 148).
630.000 a 710.000 (entre ellos, 470.000 a
550.000 judíos gasificados) según Jean-Claude Pressac en 1994 ("Die
Krematorien von Auschwitz", traducción del original frances, Piper,
München 1994, p. 202.
150.000 a 160.000 (entre ellos, ningun gasificado) según los revisionistas Robert Faurisson y Carlo Mattogno.